¡No al fascismo! Esté donde esté

Después de todo lo dicho sobre el fascismo en notas anteriores, no tengo la menor duda de que sus actitudes dogmáticas, narcisistas, egocéntricas, autoritarias, impulsivas, agresivas y violentas están también en mi interior, en nuestro interior. Somos nosotros, soy yo, con mis reacciones emocionales negativas y primarias el que proporciona el substrato psicológico para que el fascismo anide y persista. Soy yo, somos nosotros, los que, al aferrarnos dogmática y sectariamente a nuestras opiniones y a nuestros sistemas de creencias, siendo incapaces de contextualizar, relativizar y cuestionar nuestras propias convicciones, los que estamos “dando cancha” a que el pensamiento único, simplificador, reduccionista y dogmático se instaure en la vida social como algo natural. Y es que lo queramos o no, nuestra condición humana no solo es compleja, sino también errática, contradictoria y egocéntrica, es al mismo tiempo “sapiens-demens” como diría Edgar Morin. Lo queramos o no, nuestra mente produce y hace emerger emociones, conocimientos y conductas a partir de la mezcla misteriosa de los tres tipos de cerebro de McLean: el neocortex (sede del pensamiento racional), el cerebro límbico (sede de nuestras emociones) y el cerebro reptiliano (sede de nuestros impulsos de supervivencia, de agresión o de huida). De aquí que sin Educación Ética, Estética y Espiritual (laica) no vayamos a ningún sitio que nos diferencie de los animales más primitivos y salvajes.

Dicho de otra manera. El fascismo está por desgracia extraordinariamente implantado como una bacteria o un virus que se alimenta y se reproduce en nuestro interior. Somos todos nosotros, yo mismo que escribo esto, el que proporciono al fascismo su alimento en la medida en que me veo atrapado, desbordado y bloqueado por sentimientos de ira, venganza, odio, resentimiento, desprecio y marginación a todo aquel que no piensa como yo o no pertenece a mi país, a mi grupo, a mi etnia, a mi religión, a mi asociación o a mi partido político. Somos nosotros los que alimentamos el fascismo, cuando nos dejamos llevar por la ira, el odio o el desprecio de todo aquel que no encaja en nuestros sistemas de pensamiento y en nuestras organizaciones de pertenencia. De este modo estamos reproduciendo constantemente un maniqueísmo absolutamente demencial que clasifica a los ciudadanos en buenos y malos, o conmigo o contra mí y de esta manera nos sometemos obedientemente a nuestros impulsos más primarios y salvajes hasta el punto de querer destruir, denigrar, ignorar, humillar, ridiculizar o marginar a todo aquel que no encaje en nuestro sistema de creencias o en nuestra forma de ver la realidad. Y no cabe ninguna duda, como han dejado dicho numerosos sabios de oriente y occidente, que el enemigo más potente, viral y mortífero es nuestro propio interior, que es donde reside nuestro Ego, que siempre se disfraza y manifiesta con las más diversas justificaciones.

Así pues para vencer al fascismo en estas Elecciones y en todas las que se convoquen, no basta con identificar a esos falsos y apocalípticos profetas que vienen a decirnos que en España, en Andalucía o en Camas todo está muy mal sin aportar propuestas y credibilidad de vida y trayectoria, sino que tenemos también que mirar a nuestro interior y preguntarnos acerca de nuestra responsabilidad sobre el crecimiento de la intolerancia, la mentira, la falsedad, la deshonestidad y los trucos seductores que se utilizan para hacernos creer que todo lo que tenemos, que todo lo que disfrutamos es perfecto y que en España, en Andalucía o en Camas no hay ningún problema y si los hay son fácilmente resolubles si votamos a los que han originado siempre el (des)orden social establecido.

¡Pero ojo! Porque además de residir en nuestro interior, el fascismo reside y se expresa también en las diversas formas con que los gestores y servidores públicos, conectan, interaccionan y se comunican con la ciudadanía, a la que por lo general tratan como pobres e ignorantes electores cuya única salida es adherirse a lo vigente, a lo conocido, a lo experimentado despreciando así cualquier forma de alternativa innovadora y creativa de nuevos tipos y modalidades de democracia.

Esta es la razón por la que creo de suma necesidad desenmascarar a los nuevos y antiguos “flautistas de Hamelín” que siempre aparecen en los periodos electorales para engatusarnos, unos diciendo que todo está muy mal y que toda la culpa la tiene “el otro” al que me opongo, y otros tratando de convencernos de que en España, Andalucía y Camas todo marcha bien o que únicamente la gestión burocrática y técnica de lo ya conocido, es la única fuente capaz de desarrollar, profundizar y ampliar la democracia. En cualquier caso, lo verdaderamente importante es que el pueblo tendrá siempre la última palabra, al menos en esto de las Elecciones y nuestra responsabilidad ciudadana y moral creo que está en comprometernos resueltamente con nuestras acciones y decir, afirmar y expresar con contundencia y unidad democrática: ¡NO AL FASCISMO! esté donde esté.

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