Prisioneros del franquismo (II)

Hoy hace 43 años que se murió en la cama el dictador y es bueno no olvidar como llenaba la Plaza de Oriente en aquellas fechas, por eso creo, que si duró tanto, fue porque la mayoría de la sociedad española de aquellos años estaba llena de miedo y obligada por ley al silencio. Por eso creo también que esta Constitución y la Democracia no fue una concesión que bajara del cielo, sino que fue el resultado de décadas de lucha del movimiento obrero, ciudadano y estudiantil organizado y de inmensos sacrificios de personas anónimas. 

En cualquier caso, después de 82 años de aquel Golpe de 18 de julio de 1936 que dio lugar a una dictadura militar de 40 años que asesinó, torturó, encarceló y reprimió a toda la ciudadanía que apoyó y defendió la legitimidad social y democrática del gobierno de la IIª República emanado de las urnas. Y después de 40 años de Constitución, tras observar lo sucedido en todos estos años de los que he sido testigo, e intentando reflexionar sobre la realidad económica, territorial, política, educativa y cultural, creo sinceramente que la sociedad española en su conjunto sigue aún prisionera de un franquismo que es al mismo tiempo político, sociológico y cultural.

Un franquismo político, cuya más fiel expresión y manifestación es la supervivencia e incluso el éxito de un partido político como el PP, cuyo fundador fue un consumado falangista e ideólogo del Régimen, autor de aquellos libros de “Formación del Espíritu Nacional” que nos obligaban a tragar, además de ministro de Franco en varias ocasiones. Un partido que a lo largo de estos 40 años ha ido adoptando diferentes máscaras para presentarse ante la sociedad española como una garantía de Democracia y de Constitución, cuando en realidad su práctica siempre fue a la defender los valores tradicionales y conservadores que en alianza estratégica con la Iglesia Católica han plagado de dogmatismo, autoritarismo y corrupción todo el espectro social, además de habernos embarcado en una coalición armada para luchar contra armas de destrucción masiva que nunca existieron. Y a las pruebas me remito: el desgraciado y bochornoso mérito de ser expulsado como Presidente del Gobierno por corrupción, le corresponde al PP y ahí quedará esa mancha para la historia y como ya sabemos “lo que no regenera, degenera”.

A su vez lo que se creía que iba a ser en Cataluña un partido que quería hacer protagonista a la ciudadanía, que quería acabar con la corrupción, hoy lo vemos intentando comerse al PP rescatando para su curriculum la idea más tradicional y rancia de España, envolviéndose y patrimonializando sus símbolos y haciendo tabla rasa de todas las importantes conquistas en derechos sociales conseguidos y que hoy están en bancarrota, además de su oposición a cualquier política capaz de encontrar salida a la realidad actual de una España diversa, heterogénea, plural pero a mi jucio, llamada a construirse unitariamente a partir de la aceptación y el reconocimiento mutuo de la diversidad.

Ahí están los datos de las encuestas más recientes y en ellas se observa que más del 40 % de la sociedad española opta legítimamente por supuesto, por el PP y Ciudadanos, en cuanto que ambos se presentan como garantes de estabilidad, seguridad y unidad nacional y como si todos los que no pensamos como ellos fuésemos separatista, ignorando malévolamente que , cuando una nación no son solamente sus símbolos y sentimientos patrios, sino las realidades sociales de desigualdad e injusticias que la dividen y la enfrentan. Por eso digo que existe un franquismo político porque ambos partidos, con abundante apoyo ciudadano, no solo se ríen, marginan y desprecian la Memoria Histórica y el cumplimiento delas recomendaciones del Relator Especial de la ONU, sino que además tienen la desfachatez de decir que aquí durante el franquismo no pasó nada y si pasó es mejor olvidarlo porque para ellos, aquella tragedia fue una cosa de “dos bandos”.

En otro sentido, mantengo también que existe un franquismo sociológico porque los hábitos y procedimientos de gestión de los grupos, organizaciones e instituciones no han asumido todavía formas de convivencia y participación capaces de gestionar democráticamente la diversidad y la discrepancia y de superar las lógicas de ganadores/perdedores o de vencedores/vencidos. En nuestro país, se siguen utilizando maniobras, formas de gestión que niegan principios democráticos básicos, como el de transparencia, la rendición de cuentas, el respeto a las minorías, la rotación de cargos, la resolución pacífica de conflictos, el diálogo, la negociación y la búsqueda de convergencias que unen y no de divergencias que separan. Ser cargo público en este país, en mayor o en menor medida significa tener todo el poder, tanto para controlar y en su caso apropiarse de recursos públicos y privados, como para controlar e imponer el discurso dominante, que es siempre el de las clases o grupos sociales dominantes. El debate sobre el franquismo o el que ahora está tan de moda, de “El Valle de los Caídos”, aunque sumamente necesario a pesar del tiempo transcurrido, funciona también como consecuencia del tiempo perdido, como una gran cortina de humo que nos hace aparcar los temas esenciales de nuestro país, como serían por ejemplo el modelo económico-tecnológico; la situación de los trabajadores y de las mujeres; el medio ambiente y el cambio climático; la desigualdad social; la política fiscal o el modelo educativo o sanitario, etc. Se vio ayer en las intervenciones del PP y Cs en el debate de las Elecciones Andaluzas, cuyo tiempo lo emplearon más en definir las divergencias que las convergencias y sobre todo de hablar de cuestiones ajenas a los problemas que más preocupan a los andaluces, como el asunto de Cataluña. A estos partidos, creo yo, que si los sacas de la bandera, o del “Viva España” o “Viva el Rey”, no saben hablar de otra cosa.

Y finalmente creo también que estamos inmersos en unfranquismo cultural porque aún perviven y se reproducen tradiciones y prácticasculturales que el franquismo utilizó para idiotizar a las masas y alejarlas delas preocupaciones políticas, la participación, el protagonismo y laresponsabilidad social y ciudadana en los asuntos públicos. La promocióninstitucional que se realiza a gran escala de espectáculos, festividades ytradiciones que tuvieron un gran éxito en el franquismo para embrutecer yentretener a las masas, confundiendo lo que es cultura democrática conenajenación y superchería, olvidando la intrínseca naturaleza laica de todopoder democrático o marginando todo lo que suponga producción libre de ideasalternativas y debate abierto sobre la necesidad de cuestionar, renovar y en sucaso eliminar tradiciones haciendo posible la creación de otras nuevas másacordes con la pluralidad y el mestizaje de nuestras sociedades, es unarealidad palpable para cualquiera, que pone de manifiesto aquello de que noimporta que robe con tal que haga obras y nos dé fiestas y espectáculos en losque podamos gritar felicitándonos por un minuto de gloria.

Por último creo también que la sociedad española sigue siendo prisionera del franquismo porque aquí durante los 40 años de Constitución ha existido un olvido intencionado de nuestra Memoria Histórica y Democrática, olvido al que han contribuido, tanto los gobiernos nacionales y autonómicos de estas 4 décadas, algo que al parecer estar cambiando en Andalucía gracias a la Ley de Memoria Histórica y Democrática del año pasado, pero que ha impulsado muy eficazmente la Iglesia Católica Española y toda su jerarquía, que nunca entendió ni quiso asumir la necesidad de pedir perdón por aquella “Cruzada de Liberación”, como tampoco los aires de  renovación, autenticidad y coherencia que el Concilio Vaticano II impulsó para ser más fieles y leales con el mensaje original de Jesús. Pero ya esto se va de largo, así que lo dejo para mañana. Nos vemos.

One comment

  1. Totalmente de acuerdo con tu exposición. Yo también pienso que el franquismo todavía está presente en todas las dimensiones de las sociedad. Tanto es así que la Iglesia, regida por los acuerdos preconstitucionales de 1976, y los políticos de derecha y extrema derecha todavía no han condenado el franquismo, y tengo mis dudas de que lo hagan. Un saludo, José Melero.

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