Hacer memoria es mucho más que recuperarla (1)

Es bien sabido para cualquier ciudadano que se haya tomado un mínimo interés por conocer nuestro pasado inmediato, que los años más duros de la represión franquista fueron desde el 18 de julio de 1936 hasta bien entrada la década de 1950. No obstante, un descomunal aparato institucional y policial orquestaba toda la maquinaria de violencia fascista y mecanismos de limpieza política con la colaboración de grupos paramilitares, no sólo hasta la muerte del dictador, sino en los primeros años de la Transición Democrática. Torturas, malos tratos, cargas policiales contra manifestantes, censura en los medios de comunicación y de cualquier expresión artística, secuestro de pasaportes, cierre de Universidades, etcétera, eran las fórmulas habituales.

Por esta razón, a los que ahora dicen que la Libertad fue un regalo o, que la Transición fue una merienda de pactos y que debía haber sido de otra manera más valiente y exigente, hay que responderles que lo que tenemos nunca fue un regalo, sino una conquista a base de sangre, compromiso, sudor y lágrimas y desde luego, por unos más que por otros. Y ahí están los hechos para mostrar que fue sobre todo el Movimiento Obrero organizado, especialmente de las CC.OO; el Movimiento Ciudadano, así como los Movimientos de Mujeres, Estudiantes, Educativos y Culturales los que hicieron realmente posible el cambio de Régimen.

Y a los que ahora dicen o piensan sin atreverse a expresarlo públicamente, como me decían el otro día en un comentario de Facebook, que el Movimiento Memorialista es más o menos una banda de resentidos que almacenan el odio y la venganza en su corazón y que hay que pasar página de todo aquello, pues sencillamente tendría que responderles que mienten o ignoran lo sucedido desconociendo el sentido y el significado de lo que supone una auténtica RECONCILIACIÓN. Y en este punto, aunque les pese a los irreconciliables o a los que no ven más que el estrecho carril de su partidismo, hay que decirles también que fue el Partido Comunista de España (PCE) la primera organización política clandestina que en junio de 1956 estableció una Política de Reconciliación Nacional.

Es evidente también, que a pesar de que la Ley 52/2007 de Memoria Histórica fue a mi juicio una Ley de mínimos muy condicionada por un alterado ambiente social en el que la Iglesia puso en marcha una de las mayores ofensivas contra un gobierno legítimo en este siglo, fue gracias a esa Ley del Gobierno Zapatero, el que hoy sepamos que existen 2382 fosas comunes identificadas por el Ministerio de Justicia, lo que coloca a España en el 2º país del mundo, después de Camboya, en mayor número de desaparecidos y de fosas comunes. Y es evidente por otra parte, independientemente de que se discrepe o no con algunos aspectos de su articulado, o con su estructura legal y de desarrollo, que la Ley 2/2017 de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía es un avance importantísimo, cuando además ha permitido poner en marcha diversas acciones de coordinación y compromiso entre las diversas Comunidades Autónomas en relación con el tema memorialista y todo lo que conlleva. Un avance al que desgraciadamente ya se ha puesto el freno y el bloqueo por el actual gobierno de la Junta de Andalucía.

En este punto soy de la opinión que el Movimiento Memorialista, por su carácter fundado en los principios de Verdad, Justicia y Reparación y dado los extraordinarios y costosos esfuerzos realizados para identificar y localizar fosas, exhumar víctimas, darles honrosa sepultura, acompañar a sus familiares, no ha tenido tal vez todavía el suficiente sosiego y la suficiente coordinación para entender y diferenciar que Recuperar la Memoria no es exactamente lo mismo que Hacer Memoria, aunque evidentemente sean funciones inseparables.

Para el que escribe esto, “Hacer Memoria” es profundizar en las raíces más profundas de nuestra cultura social, política, ideológica, económica e incluso antropológica y psicológica para tratar de explicar, comprender y contextualizar los hechos que han producido estas tragedias que han impactado en la conciencia de todas las personas que las sufrieron. No basta por ello a mi juicio, aunque se hubiesen exhumado todas las fosas, se hubiesen resuelto todas las demandas de entierros dignos para las víctimas o se les hubiesen concedido todos los honores por su compromiso de lealtad con la IIª República y por la conquista de las Libertades, cerrar el ciclo y terminar definitivamente con este asunto. De lo que se trata es de hacer posible y visible de que estas tragedias no vuelvan a suceder y en esta tarea creo que hay que estar permanentemente vigilantes, comprometidos y dando la batalla. Por eso entiendo que a los tres principios de Verdad, Justicia y Reparación, hay que añadirle de forma transversal e inseparable, el de No-Repetición, que es además el complemento indispensable de toda Reparación.Intentaré explicarme.

Es indudable por tanto, que recuperar  y hacer Memoria Histórica y Democrática son antes que nada actividades cuyo objeto es reconocer con gratitud que somos hijos de las generaciones que nos precedieron y que éstas, no sólo nos legaron cultura y formas de vida, sino sobre todo valores imperecederos que hay que mantener y desarrollar.

Los seres humanos somos sin duda seres de memoria. Sin memoria no podemos aprender. Sin memoria no podemos corregir nuestros errores. Sin memoria, en suma, no podemos avanzar, desarrollarnos y progresar personal y colectivamente. Es necesario pues hacer memoria para rescatar la verdad, porque solamente la verdad nos hace libres. Pero además es necesario hacer memoria también para agradecer, porque el agradecimiento es en realidad un acto de reconocimiento y de bondad que sienta las bases de la reparación y abre las puertas a la justicia.

Hacer memoria es entonces reconocer y agradecer sabiendo que los humanos recordamos y aprendemos a partir de las experiencias del corazón, a partir del cariño, los afectos, la amistad, el amor y los buenos sentimientos. Y es esta cualidad afectiva y social, la que nos permite afrontar el difícil trago de las frustraciones, del dolor o del sufrimiento, siendo capaces misteriosamente, de convertir las dificultades en posibilidades.

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