Quién se beneficia y quién se perjudica

Es una evidencia que las Democracias Representativas que nos hemos dado para convivir y ejercer nuestra soberanía, atraviesan por unas dificultades enormes. Y es una evidencia también que las Democracias son siempre sistemas frágiles sometidos tanto al imperio de las clases y grupos sociales que dominan el mundo, como a las castas de políticos profesionales que se instalan de por vida en las estructuras burocráticas de los Estados, ya sean estas estatales, autonómicas o locales.

Las democracias son frágiles y pueden llegar a desnaturalizarse o a romperse, cuando no existen procedimientos legales capaces de garantizar el control de las desviaciones y de los poderes fácticos que desean dominar las instituciones, o cuando la ciudadanía es incapaz de asociarse, organizarse, movilizarse y autogestionar creativa y solidariamente sus propias y genuinas necesidades. No obstante, su fragilidad también procede de su inestabilidad, porque se quiera o no, su equilibrio es siempre la resultante de diversos sistemas de poder y contrapoder o de las diversas correlaciones de poder que configuran cada coyuntura sociopolítica y socioeconómica concreta. Pero lo realmente curioso y hasta paradójico, es que el valor de las Democracias para resolver los problemas sociales, reside precisamente en ese equilibrio inestable que al abrir espacios de posibilidad puede convertirlos efectivamente en espacios de probabilidad e incluso convertir las dificultades en posibilidades de superación.

No cabe duda también, de que los conflictos, tensiones, enfrentamientos y luchas sociales forman y formarán parte siempre de nuestra convivencia. No existe ningún grupo, organización o institución, ni ninguna sociedad en la que todo sea armonía, paz, sosiego, tranquilidad, quietud y bienestar para todos sus miembros. Por mucho que individualmente intentemos aislarnos y refugiarnos en nuestro interior buscando una felicidad desprovista de contaminación o de contagio social y exterior, nunca lo podremos conseguir. Sencillamente porque somos seres de relaciones y de emociones, vivimos y convivimos gracias a multitud de relaciones sociales interdependientes, pero al mismo tiempo porque somos siempre afectados, conmovidos o influidos por estas relaciones. En cualquier caso, mientras que existan unos grupos o unas clases sociales que dominan a otras y se apropien de casi toda la riqueza del Planeta o de nuestro país, los conflictos y las luchas por la supervivencia y contra la discriminación siempre estarán presentes. En otras palabras: da igual que la gente se declare o no marxista, porque «la lucha de clases» está siempre ahí lo queramos o no. Por eso la cuestión reside, como diría Paulo Freire, en identificar quién se beneficia y quien se perjudica con todo esto, lo que implica inevitablemente, un posicionamiento a favor o en contra de los beneficiarios o de los perjudicados. En consecuencia, los problemas de las Democracias no podrán jamás superarse o resolverse con menos democracia y más autoritarismo, como pretenden hacernos creer los nuevos salvadores de la triple alianza neofascista, sino por el contrario, con más y mejor democracia, con más y mejor participación y protagonismo de la ciudadanía.

Es obvio, que las elecciones están muy bien y hay que felicitarse por ellas, pero si mediante el ejercicio de nuestro indelegable poder de decisión no aprendemos al mismo tiempo a identificar quien nos engaña, quien nos manipula y nos seduce con alarmismos catastrofistas, con canciones de futuro imposibles de cantar con armonía, o con mensajes de que todo va bien y llevamos el ADN de ganadores en la sangre, nada habremos conseguido y una vez más las voces de salvadores de la patria, de vendedores de sueños inviables o de tecnócratas apegados a sus poltronas incapaces de hacer política de frente dando cuenta diaria de sus gestiones, se alzarán para que todo siga igual o peor.

Se impone pues, por puro sentido común y como he dicho en una nota anterior, considerar el acto de votar a tal o a cuál partido político como un acto de enorme responsabilidad social e individual. Sin embargo, para ejercer con un mínimo de coherencia nuestra responsabilidad como electores considero que es sumamente necesario denunciar la existencia de lógicas políticas o rutinas de poder que contribuyen a desnaturalizar o a impedir el desarrollo y la profundización de la Democracia.

Una de esas lógicas o rutinas políticas habituales, que aparecen con bastante frecuencia en todas las campañas electorales, es la lógica de ganadores/perdedores que son las que por lo general conducen a debates absolutamente estériles que embrutecen e idiotizan a la ciudadanía o que fomentan emociones reactivas negativas; o a cánticos paradisíacos sobre fines últimos y objetivos máximos para “asaltar los cielos”; o a lógicas burocráticas y tecnocráticas que eternizan la permanencia de las mismas personas en los cargos públicos como efecto de un supuesto voto útil que después se transforma en inútil u olvidándose de las promesas realizadas en campaña electoral. Con esta lógica, las Democracias estarán siempre bloqueadas por su incapacidad para generar, producir y sostener respuestas, acciones, programas y proyectos creativos e innovadores concretos y viables que sean el resultado del diálogo, la negociación y el máximo consenso. Si los partidos políticos y sus dirigentes en vez de “hacer política” se dedican a tirarse los trastos a la cabeza unos a otros con el fin de que su “pelea de gallos” salga más o menos triunfadora y visible en los medios de comunicación nos estamos comiendo “un pan como unas hostias”.

Por esto creo, que a la ciudadanía nos corresponde por un lado, organizarnos con autonomía, responsabilidad y creatividad, no sólo para denunciar, reivindicar y vigilar estrechamente las promesas que nos hacen los representantes políticos, sino también para satisfacer y demostrar con hechos, acciones, programas y proyectos independientes que los problemas se pueden resolver y las necesidades se pueden satisfacer sin estar dependiendo continua y eternamente de las políticas estatales de turno que solamente los especialistas y profesionales de la política producen y realizan. De nuevo Paulo Freire: no basta pues con denunciar, no es suficiente, además de inútil, realizar diagnósticos que no comporten a su vez terapias y condiciones de curación, es necesario e indispensable anunciar y mostrar con nuestras conductas individuales y organizativas que los cambios son posibles a partir de la responsabilidad individual y colectiva de los ciudadanos organizados.

Por otro lado, si la  ciudadanía no actúa con responsabilidad y vota a aquellos que más sobresalgan por su coherencia ética; por su solidez y realismo programático; por su experiencia, voluntad y esfuerzo demostrado en anteriores periodos de gobierno; por las posibilidades que brindan para que la Democracia se profundice y expanda a todos los ámbitos de la convivencia social y por su capacidad de dialogar, integrar y producir propuestas creativas, sin dejarse engañar por la truculencia y la imbecilidad de muchos de los mensajes y citas altisonantes que muchos candidatos vociferan, pues también habremos contribuido a que la Democracia vaya muriendo poco a poco o de un síncope provocado por el salvador o salvadora de turno.

3 comments

  1. Totalmente de acuerdo con lo que escribes . Sobre todo con el último párrafo dirigido a la ciudadanía para que actúe con responsabilidad en las próximas elecciones del 28 de abril . “Si la ciudadanía no actúa con responsabilidad y vota a aquellos que más sobresalgan por su coherencia ética; por su solidez y realismo programático; por su experiencia, voluntad y esfuerzo demostrado en anteriores periodos de gobierno; por las posibilidades que brindan para que la Democracia se profundice y expanda a todos los ámbitos de la convivencia social y por su capacidad de dialogar, integrar y producir propuestas creativas, sin dejarse engañar por la truculencia y la imbecilidad de muchos de los mensajes y citas altisonantes que muchos candidatos vociferan, pues también habremos contribuido a que la Democracia vaya muriendo poco a poco o de un síncope provocado por el salvador o salvadora de turno”.

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