Democracia

Todo el mundo sabe lo que significa la palabra “Democracia“, pero tal vez lo que a muchos se les olvide, es que este sistema político cuya legitimidad se basa en la soberanía popular y la “regla de mayorías”, es también y al mismo tiempo un sistema de convivencia social. Dicho de otra forma: puede suceder y de hecho sucede, que nuestras leyes, representantes e instituciones aun siendo legítimamente democráticas, nuestra convivencia social no lo sea tanto, algo que puede observarse ya sea en la conducta individual de cualquier ciudadano o en el funcionamiento y la conducta colectiva de los más diversos grupos, organizaciones e instituciones.

En mi opinión, añadir el adjetivo “democrático” a cualquier comportamiento, ya sea individual o colectivo, implica una trascendental responsabilidad: la de fundamentar dichos comportamientos en valores éticos universales y en los Derechos Humanos. Una fundamentación que no es teórica, declarativa, discursiva o programática, sino práctica coherente concreta y visible. Mis pensamientos, por tanto, pueden ser hermosamente democráticos, pero si mi conducta diaria y en todos los ámbitos de mi convivencia social no lo es, pues evidentemente yo no puedo ser en ningún caso un auténtico demócrata. Esta es la razón por la que cuando líderes políticos promueven y propagan la crispación social mediante mentiras, frases altisonantes y agresivas, declaraciones rimbombantes o cualquier forma de maniqueísmo, polarización, enfrentamiento o colisión entre supuestos bandos de buenos y malos, están en realidad y en la práctica, destruyendo la democracia como sistema de convivencia, algo, por cierto, que por desgracia podemos ver en estos días pre-electorales, especialmente en los líderes de los 3 partidos que creen que España es lo que ellos dicen que es y que por tanto les pertenece solo a ellos como una suerte de “gracia divina“. Recuérdese aquello que venía impreso en las monedas de la dictadura: “Franco, caudillo de España por la Gracia de Dios“.

Todos sabemos también que la “Democracia” es una gran aspiración o un hermoso ideal que no termina nunca de conseguirse dado que está sometido permanentemente a una espiral histórica y muy compleja, de avances, retrocesos, retroacciones y recursiones. En realidad, a la Democracia le pasa algo parecido a lo que le sucede a la Educación y así de la misma manera que nadie en su sano juicio podrá decir nunca que está completa y definitivamente educado, tampoco nadie puede darse por satisfecho con la Democracia de la que se disfruta, porque necesariamente siempre habrá algo que resolver, subsanar o mejorar.

La Democracia, por su propia naturaleza de sistema político y de convivencia social es, por tanto, de una complejidad enorme en cuanto que exige constantemente de equilibrios y reequilibrios entre las estructuras del poder económico, político e ideológico y las estructuras de contrapoder procedentes de las demandas, reivindicaciones, luchas y movilizaciones populares, obreras, ciudadanas o culturales y educativas. En realidad, se trata de sistemas políticos frágiles e inestables, pero es ahí precisamente donde reside su fuerza para garantizar la justicia, la libertad, la igualdad, la cohesión y la convivencia social. En este sentido, me parece de suma importancia destacar que la lucha por conquistar los derechos democráticos que hoy se disfrutan con relativos y diferentes grados de profundidad en todos los países del mundo , ha sido extraordinariamente sangrienta y heroica, pero a su vez siempre insuficiente, pero no porque el desarrollo democrático sea un proceso interminable, sino porque los enemigos de la democracia no descansan nunca, enemigos que curiosamente no están solamente fuera de nosotros, sino como he dicho en notas anteriores, en nuestro propio interior. No podemos entonces olvidar y debemos tenerlo siempre muy presente, que cuando la ciudadanía y las clases populares conquistan un derecho, en las legislaturas siguientes, de forma inmediata o décadas más tarde, las clases sociales dominantes vuelven siempre a la carga para moderar o para retrotraer esos derechos a antiguas situaciones de privilegio.

Desde que era jovencito, he tenido siempre muy claro, que la Democracia no es solamente una fórmula electoral o un procedimiento aritmético para tomar decisiones o  para legitimar mediante votación popular, la necesidad de representantes, organizaciones e instituciones que gestionen los asuntos públicos. La Democracia no puede ser confundida con esas ceremonias cuatrienales caracterizadas por campañas electorales que se convierten en espectáculos circenses que idiotizan y obnubilan a grandes masas de ciudadanos y los llevan a seguir los instintos y las emociones más primarias para que no piensen y reflexionen. Sobre todo, porque la Democracia no es solamente un medio para dirimir las discrepancias de los diferentes modos de concebir la gestión y la solución de los problemas colectivos, sino también un conjunto de actitudes y valores orientados por la igualdad esencial en dignidad de todos los seres humanos sin excepción, tal y como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 1º. Pero también y especialmente porque, como estamos viendo, una democracia formal, constitucional e institucionalizada, no solamente puede transformarse en su propia negación, haciéndose puramente procedimental e incluso autoritaria, sino además porque sus leyes, normas y reglamentos pueden convertirse en “papeles mojados” vacíos de contenido e incapaces de afrontar los problemas y conflictos sociales relativos a la justicia, la libertad y la solidaridad que se manifiestan en la vida real y que siempre afectan directamente a la clase obrera o a las capas sociales más débiles. Y no digamos, si tenemos en cuenta el proceso de globalización neoliberal en el que estamos inmersos consistente en vaciar de contenido social las competencias de todos los Estados y sustituirlas por las leyes del Mercado.

La Democracia es por tanto el mejor de los sistemas para dirimir los conflictos y garantizar la convivencia, pero siempre claro está, que se asuman en la conducta personal y organizativa valores como respeto, comprensión, tolerancia, honestidad, sinceridad, verdad, dignidad, justicia, libertad, solidaridad y otros muchos que forman parte de cualquier Cultura que sea auténticamente Democrática. Y evidentemente, esto es algo que no se adquiere de la noche a la mañana por el hecho de votar a tal o a cuál, sino con el compromiso constante por fomentar la participación, la responsabilidad social y el desarrollo permanente del pensamiento crítico, autocrítico y ético como procedimiento esencial y transversal para que nuestra conciencia política y democrática se amplíe a niveles cada vez más elevados de verdad, justicia, libertad, igualdad y fraternidad.

4 comments

  1. Una excelente explicación de lo que significa la Democracia. Pero mucho me temo, como tú dices , que ” cuando líderes políticos promueven y propagan la crispación social mediante mentiras, frases altisonantes y agresivas, declaraciones rimbombantes o cualquier forma de maniqueísmo, polarización, enfrentamiento o colisión entre supuestos bandos de buenos y malos, están en realidad y en la práctica, destruyendo la democracia como sistema de convivencia.” No estamos viviendo buenos momentos de la Democracia, sino todo lo contrario , desde que la derecha tripartita ” cree que España es lo que ellos dicen que es y que por tanto les pertenece solo a ellos como una suerte de “gracia divina“.

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  2. Lucidísima reflexión. Nos recuerda que, etimológica y prácticamente, no existe democracia sin contar con el “pueblo”, y que no será real sin la integración de todas, entendiendo todas no como la mayoría autorizada y autoritaria sino, especialmente, como las excluidas tantas veces olvidadas. El olvido es un ingrediente fundamental de la injusticia histórica y social, y está ampliamente extendido en la actualidad entre quienes llenan sus bocas con la palabra democracia mientras descuidan a su vecino. Este tipo de personajes, más preocupados por mayorías necesarias que por las necesitadas, son tan numerosos hoy que, utilizando la misma raíz latina, podemos hablar de epidemia de demagogos.
    ¡Enohorabuena, camarada! Le animamos a seguir iluminándonos con sus hermosas palabras. Otro día discutimos si la democracia es el mejor de los sistemas, jeje. !Un millón de gracias¡

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