Contra el fascismo en Camas (13)

Autoritarismo (I)

Una de las características centrales y transversales de cualquier forma de fascismo, tal y como han señalado numerosos estudiosos e historiadores, es sin duda el “autoritarismo“, un término que según la Real Academia Española de la Lengua significa: “1.. Actitud de quien ejerce con exceso su autoridad o abusa de ella. 2. Régimen o sistema autoritario“. Un significado que ya nos está indicando de entrada, que el autoritarismo no es patrimonio exclusivo del fascismo o de los partidos de derecha y ultraderecha, sino que al ser una actitud del comportamiento individual y un rasgo de determinados regímenes políticos o de sistemas organizativos o institucionales, se trata de una característica que puede presentarse en cualquier comportamiento humano ya sea éste individual, grupal, colectivo, organizativo o político. En otras palabras: del autoritarismo ningún ser humano está libre de tenerlo y por tanto “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra“.

No obstante es obvio, que de la misma manera que una persona es más o menos autoritaria que otra, un grupo, una asociación, una iglesia, un sindicato, un partido político o un Ayuntamiento tienen también diferencias en relación al autoritarismo, aunque su autoridad emane de la soberanía popular y el voto democrático. Nada más que hay ver nuestra Historia para darnos cuenta que también hay partidos políticos que se dicen de izquierda que son o han sido profundamente autoritarios. En consecuencia no podemos concluir que los únicos autoritarios son los que comulgan con las ideas conservadoras y de derechas, aunque es indudable que estas ideas se fundan en una concepción de la autoridad completamente diferente a la que emerge de la participación democrática.

En cualquier caso y después de haber revisado algunas definiciones del término “autoritarismo ” que he buscado en Internet, la que más me ha gustado de todas y que transcribo aquí, es la que he visto en la Wikipedia que textualmente dice así: «Autoritarismo. En las relaciones sociales, es una modalidad del ejercicio de la autoridad que impone la voluntad de quien ejerce el poder en ausencia de un consenso construido de forma participativa, originando un orden social opresivo y carente de libertad y autonomía. La sociedad preindustrial está marcada por la imposición de una fuerte autoridad y jerarquía en todos los órdenes (religioso, político, económico, etc.), con una indiscutida autoridad paternalista dentro de la familia (patriarcado, matriarcado), frente a los grados cada vez mayores de libertad y autonomía propios de la sociedad industrial y la sociedad postindustrial. En el contexto psicológico individual, pero también social, se define la personalidad autoritaria. En educación, se define la pedagogía autoritaria, heterónoma o tradicional, frente a la pedagogía progresista.​ En ciencia política y sociología el concepto de “autoritarismo” no tiene una definición unívoca, lo que permite identificar como autoritarias muchas y muy diferentes ideologías, movimientos y regímenes políticos. Algunas definiciones lexicográficas son simplificadoras: “sistema fundado primariamente en el principio de autoridad” -es decir, que no admite -;“se acuñó por el fascismo como término apreciativo, para pasar a ser utilizado … [en el contexto de la lucha contra el fascismo y el nazismo] para denotar la “autoridad malvada” … el abuso y el exceso de la autoridad que aplasta la libertad … más que representar lo opuesto de democracia … significa lo contrario de libertad”.Otras se hacen por acumulación de términos que, si bien pueden entenderse como relacionados, no son estrictamente sinónimos (“la doctrina política que aboga por el principio del gobierno absoluto: absolutismo, autocracia, despotismo, dictadura, totalitarismo”).​ Las que pretenden precisar rasgos se centran en cuestiones como “la concentración de poder en manos de un líder o una pequeña élite que no es constitucionalmente responsable ante el cuerpo del pueblo”, el “ejercicio arbitrario del poder sin consideración de otros cuerpos” que puedan limitarles (separación de poderes), y la inexistencia de mecanismos que permitan una efectiva alternancia en el poder, como las elecciones »

Ante esta amplia caracterización del término “autoritarismo” no creo que nadie tenga ninguna duda de que éste, al ser una actitud o una tendencia de comportamiento individual y colectivo, se manifiesta siempre por unas relaciones de poder en las que se prima y prevalecen las funciones de mando que exigen obediencia, sumisión y subordinación total e incondicional a las órdenes del que ostenta, se apropia, usurpa o ejerce la autoridad independientemente de que ésta sea legítima o no. En consecuencia, no solo las personas podemos ser autoritarias, sino también las democracias y por tanto, si la ciudadanía no lo evita, pueden transformarse en su propia negación, como de hecho está sucediendo en gran parte del mundo gracias a la participación en los gobiernos de fuerzas de ultraderecha.

Así pues y aun reconociendo que el autoritarismo puede manifestarse en cualquier tipo de relación social y que ninguna organización ni ningún individuo está exento de él, lo cierto y verificado es, que el autoritarismo en todas sus formas y hasta llegar incluso a la violencia y la agresión física como forma habitual de ejercer el poder, se constituye como una de las columnas vertebrales de cualquier tipo de fascismo. Es más, cuando calificamos a una persona, una organización o una institución como autoritaria, en realidad lo que estamos haciendo es suavizar o disfrazar el carácter protofascista que la anima, como así podemos comprobar con las afirmaciones de ciertos historiadores que han calificado el franquismo como un régimen autoritario más, cuando en realidad fue un tipo peculiar de fascismo constituido por un partido único que accedió al poder mediante un golpe de Estado y que se consolidó gracias a la matanza y la represión de todos sus opositores y a la alianza con terranientes, banqueros, grandes empresarios y la Iglesia Católica.

En consecuencia, para luchar y combatir desde el fondo cualquier actitud o manifestación fascista, no basta con decir que el fascismo es criminal, xenófobo, racista, violento, patriotero, militarista y antidemocrático. Sino que a su vez es necesario rechazarlo, no solamente con argumentaciones, sino con acciones e intervenciones sociales públicas y visibles en el comportamiento individual y social. Y esto a mi juicio implica, no solamente acciones firmes y comprometidas de rechazo, sino sobre todo y de forma permanente, un trabajo educativo y cultural enorme dirigido a eliminar cualquier forma de autoritarismo en nuestra conducta individual y social. Corresponde pues a la familia, a la Escuela, a los grupos, organizaciones e instituciones, a los medios de comunicación y en general a la Educación promover una auténtica Cultura Democrática que esencialmente consiste en respetar escrupulosamente a las personas y su derecho a la libertad de expresión, creación, manifestación y organización promoviendo, entre otros, hábitos de escucha activa, tolerancia, diálogo, construcción de convergencias, resolución pacífica de conflictos y toma de decisiones democráticas. Así pues, cuando en estos breves artículos me pronuncio CONTRA CUALQUIER FORMA DE FASCISMO-especialmente en Camas, lo que en realidad estoy diciendo es que el fascismo se alimenta y se sostiene con el autoritarismo, un autoritarismo que no solo está presente en los partidos políticos de derecha y ultraderecha, sino por desgracia también en organizaciones y grupos que se autodefinen como de izquierdas y en todas las organizaciones sociales sin excepción, pero sobre todo en nuestro propio interior, en mí mismo. Luchar contra el fascismo exige entonces en mi opinión, revisar mi/nuestra propia conducta privada y pública para evitar que ésta no sirva nunca a los intereses del fascismo ideológico y político y para hacer posible una convivencia pacífica y democrática.

7 comentarios

    1. Más que una forma peculiar de autoritarismo, el estalinismo ya sea como corriente o movimiento político, o también como estrategia y táctica organizativa o incluso como actitud y comportamiento personal o social, es autoritarismo puro y duro por lo que evidentemente, tiene una vinculación y un factor común con el fascismo. Por eso creo que todo antifascista de cabeza y corazón tiene que ser al mismo tiempo antiestalinista.

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  1. Una excelente exposición del autoritarismo que conlleva la obediencia ciega o la sumisión. Es cierto que el autoritarismo puede afectar a los individuos y a todo tipo de organización social. Hay que combatirlo a favor de la libertad de expresión y de decisión para no dar alas al fascismo, la panacea del autoritarismo sin concesiones a las libertades mencionadas.Para conseguirlo es necesario que los educadores – maestros, padres, políticos y la sociedad en su conjunto – luchen sin descanso para que las libertades individuales y sociales defendidas por los derechos humanos se impongan sobre el autoritarismo y sobre toda forma de fascismo. Un gran abrazo desde Ibiza , donde estamos pasando la Semana Santa por el Imserso.

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