Contra el fascismo en Camas (15)

Autoritarismo (III)

Volviendo al tema del autoritarismo como actitud que fundamenta y configura el comportamiento individual y social de cualquier tipo de fascismo, creo necesario aclarar el significado de la palabras “actitud“, que aunque sea de uso común en nuestro lenguaje cotidiano, tal vez no sea la suficientemente conocido, especialmente en las implicaciones que este concepto tiene, sobre todo en relación a su extraordinaria importancia a efectos educativos y de Cultura Democrática.

El término “actitud” puede ser definido como la tendencia, la costumbre, la inclinación o la predisposición a comportarse de una determinada manera ya sea en nuestra vida social, laboral o incluso en la forma que tenemos de analizarnos, reflexionar y conocernos a nosotros mismos. Las actitudes no pueden confundirse con los hábitos y aunque una actitud persistente y duradera puede convertirse en hábito, éste se diferencia de aquella, en que el hábito es una respuesta automática de nuestro organismo a una situación dada en la que no están presentes algunos elementos de las actitudes. Sin embargo la actitud implica no solo la existencia de emociones, sino también de pensamiento y de una fuerza o impulso interno que nos conduce a la acción efectiva.

Así pues toda actitud, como han señalado numerosos estudiosos, tiene siempre tres componentes fuertemente integrados: 1) El componente cognitivo que es el pensamiento, las ideas, las creencias o las opiniones que cada ser humano tiene acerca del mundo, la realidad, lo que sucede y de sí mismo. 2) El componente afectivo, compuesto por aquellos sentimientos, emociones, valoraciones que el individuo experimenta frente a las creencias e ideas que posee, que como es lógico pueden ser de diferente grado o intensidad. Así por ejemplo, tenemos creencias e ideas que valoramos y sentimos como muy importantes o fundamentales y las colocamos en los primeros lugares de nuestra escala de valores y otras que sentimos o valoramos menos y les otorgamos menos importancia situándolas en lugares inferiores de nuestra particular escala. Y finalmente el tercer componente es el que los psicólogos llaman el “tendencial“, es decir el impulso, el deseo interno, la voluntad firme de realizar una acción o desarrollar una conducta conforme a las creencias y a las valoraciones que hacemos de ella.

Los psicólogos han intentando de muy diversas maneras estudiar y determinar las actitudes de los individuos mediante muchos instrumentos, especialmente mediante tests, cuestionarios y entrevistas, sin embargo estos instrumentos nunca fueron suficientes porque una cosa es lo que un individuo piensa, siente o desea y otra cosa bien diferente es lo que ese mismo individuo hace y muestra con su conducta. Esta es la razón por la que creo, que las actitudes deben inferirse de la observación de la conducta y de las acciones concretas que los individuos ponen de manifiesto de una forma continuada, pero si además de esta acción el individuo es capaz de justificar racional, sentimental y valorativamente su conducta repetida, entonces podremos saber con mayor veracidad si ese individuo posee o no un grado suficiente de desarrollo de una determinada actitud.

A partir de aquí, en las características que voy a relacionar de la “actitud autoritaria” es necesario pensar, que cada una de ellas siempre van a estar compuestas en mayor o en menor grado por pensamientos-ideas-creencias, por sentimientos-valoraciones y por conducta observable objetivamente. ¿Cuáles son entonces las características de las actitudes autoritarias?

  1. Adhesión rígida, dogmática y ortodoxa a creencias, pensamientos, ideas, opiniones y valoraciones de difícil o imposible justificación racional, científica y ética. Creencias y pensamientos que por lo general son abstracciones e idealizaciones que se aceptan como resultado de costumbres, tradiciones y opiniones que se asumen como propias sin más, o sin que sean sometidas al pensamiento crítico y racional. De un modo más suave o con menos intensidad dogmática, la adhesión a creencias y valoraciones puede expresarse también como “convencionalismo“, es decir como aceptación incondicional de convenciones o suposiciones de ideas y opiniones que se consideran como “normales” por el hecho de que sea costumbre o de que las piense mucha gente. En el caso del fascismo y sus mensajes, siempre van dirigidos a defender los supuestos valores (abstractos) de las clases medias, tales como bienestar, orden, seguridad, familia, confort, prestigio, etc. de aquí que cuando estos valores se ponen en peligro, bien sea como el resultado de las crisis económicas, de los movimientos de población o de la aparición de nuevos modos de relación social, los fascistas siempre recurren a los valores de la tradición o del pasado. Y esto es algo que se puede comprobar fácilmente tanto en los mensajes de VOX y de los otros dos partidos de derecha (PP y Cs) como en las altisonantes declaraciones que muchos dirigentes políticos realizan cuando dicen regirse por la “trinidad” “Dios, Patria y Familia“, como así repite sin cesar el presidente de Brasil Jair Bolsonaro, una “trinidad” a la que se completa también con los términos “Ejército“, “Orden“, “Ley” y a la que en su caso se añade el término “Rey” o “República“.
  2. Exigencia de obediencia y sumisión incondicional, es decir, obligación imperiosa de acatar las órdenes, deseos, exigencias, demandas, declaraciones u opiniones procedentes del líder o del funcionario de la escala de mando correspondiente, o miembros de la élite dirigente que son los exclusivamente autorizados para interpretar y hacer cumplir las órdenes del líder por cualquier medio y sin necesidad de dar justificaciones o aclaraciones. Claro está, que esta conducta de exigir y garantizar obediencia incondicional que caracteriza a la actitud autoritaria se realiza de formas muy diversas, que van desde la violencia física (agresión) o psíquica (industria de la conciencia y prácticas de seducción y manipulación), el castigo o la amenaza física y psíquica ya sea real o imaginada (el “infierno” de todas las religiones), hasta el chantaje, la argumentación falaz o la mentira. Cuando hablamos pues de actitudes autoritarias, hay que tener en cuenta que hay un gradiente de intensidad que depende siempre del tipo de comportamiento que se exhiba, porque para hacerse obedecer se pueden utilizar muy diferentes estrategias, unas más imperiosas y dañinas y otras más blandas y suaves. Incluso la propia palabra de “con-vencer” contiene implícitamente el deseo de imponer, aunque sea con autoridad argumentativa o racional, un pensamiento, una creencia o una opinión a otros, lo que visto desde la perspectiva del “vencedor” el que “con-vence“, no es más que una sútil manera de situarse en el plano superior de ganador o poseedor de una verdad indiscutible (dogmatismo).
  3. Las actitudes autoritarias se caracterizan también por la expresión o la manifestación de diversas formas de agresividad, es decir por conductas de ataque o defensa ya sean estas espontáneas o premeditadas para provocar determinados efectos, pero siempre acompañadas de determinados tipos de violencia que van desde la física, pasando por la verbal o por la violencia seductora que se compone de sadomasoquismo. Las personas autoritarias que utilizan la agresividad para imponer sus discursos y hacer cumplir sus órdenes tienen por lo general un “Ego” inflado, desproporcionado y distorsionado, que en realidad esconde un complejo de inferioridad porque no soportan que sus opiniones y convicciones sean cuestionadas o no seguidas por los demás. De esta forma reaccionan agresivamente haciéndose las víctimas, ocultando o disfrazando así su insaciable sed de poder sobre los demás y aunque con cierta frecuencia expresan ira, soberbia y odio a todo aquel o aquella que no sea su seguidor o no se someta a sus imposiciones, acostumbran a disfrazar estas emociones con aparentes actitudes de comprensión y tolerancia. En este punto, necesito decir, que ningún ser humano está libre de haberse comportado agresivamente alguna vez y si se asume conscientemente el error pues la persona se abre a la mejora, pero cuando los comportamientos agresivos forman parte de la conducta cotidiana de la personas, es entonces cuando podemos hablar de que estamos ante una persona autoritaria.
  4. Incapacidad para la empatía, el diálogo y la aceptación de la pluralidad de perspectivas para conocer y valorar los hechos de la realidad. Las personas con actitudes autoritarias están cognitivamente apegadas al simplismo y al reduccionismo, es decir, son incapaces de adoptar formas de conocimiento y de pensamiento complejo. Razonan de un modo reactivo y está imposibilitadas para comprender los contextos en los que se producen los hechos, reduciéndolo a todo a supuestas leyes de causa-efecto, esperando así que los acontecimientos se desarrollen siempre conforme a sus deseos e intenciones, ignorando que nuestras acciones pueden tomar cursos y derivarse en hechos contrarios a los que inicialmente se pretenden con éstas. Al mismo tiempo que temen todo lo que venga del exterior y se colocan en una actitud defensiva ya que lo externo se considera de entrada como amenaza o peligro, tienen miedo también de sí mismos en el sentido de que desprecian, desconsideran o ignoran la necesidad de autocrítica, de reflexión interna, de conocimiento de sí mismo o de introspección y en esta medida siempre prefieren depositar su total confianza o adhesión en otros. Oscilan como diría Erich Fromm entre las conductas sádicas (imponer nuestra voluntad a otros infringiendo daño y obteniendo placer con ello) y las conductas masoquistas (someterse, doblegarse y obedecer ciegamente a la voluntad de otros, obteniendo gozo o placer en ser humillado, obligado o coercionado).

Así pues y aunque todavía no he terminado de explicar a mi manera todas las características que tienen las actitudes autoritarias, tema que continuaré en el siguiente artículo, no deseo finalizar sin volver a repetir que esto de combatir, luchar y oponerse de forma escrupulosamente democrática y reflexiva al fascismo no puede ser exclusivamente algo coyuntural, definido en el tiempo o reducido al hecho o a la emergencia de la ultraderecha, sino que por el contrario, la lucha CONTRA CUALQUIER FORMA DE FASCISMO-Especialmente en Camas- debe ser permanente, continua y en ella deben estar, a mi juicio implicadas, todas aquellas personas e instituciones que defienden y desean ampliar y profundizar la Democracia. Además y aunque a los fascistas no podamos combatirlos con razones y argumentos, sino con acciones concretas y con votos, creo sumamente necesario exigir a todas las organizaciones sociales, desde la familia, pasando por la Escuela, aterrizando en el Ayuntamiento y siguiendo por los medios de comunicación y todas la Instituciones, que asuman la responsabilidad moral de hacer PEDAGOGÍA POLÍTICA y llevar estos temas a aquellos espacios en los que nuestra infancia y juventud inicia su original proceso de aprendizaje de valores y actitudes.

2 comentarios

  1. Un buen artículo. Has descrito muy bien la actitud como la predisposición a comportarse de una determinada manera en la que se implican las emociones, los pensamiento y una fuerza o impulso interno que nos conduce a la acción efectiva.La actitud autoritaria, como no podía ser de otra manera, exige una adhesión rígida, dogmática y ortodoxa a creencias, pensamientos, ideas, opiniones y valoraciones de difícil o imposible justificación racional, científica y ética. Manifiesta diversas formas de agresividad y carece de empatía. Mejor descripción, imposible. Completamente de acuerdo. Un gran abrazo, José.

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