Contra el fascismo en Camas (16)

Autoritarismo ( y IV)

En el artículo anterior acerca del autoritarismo he señalado cuatro de las características de las actitudes autoritarias: rigidez y dogmatismo de creencias; exigencia de obediencia y sumisión; agresividad e incapacidad para la empatía y el diálogo. Así pues y continuando con el análisis iniciado, considero que el autoritarismo, se caracteriza además por lo siguiente:

  1. Pensamiento prejuicioso, estereotipado e incluso supersticioso. Las personas u organizaciones autoritarias o que manifiestan estas actitudes protofascistas fundamentan sus creencias y opiniones así como sus formas de razonar en prejuicios, es decir, en pensamientos evaluativos o calificativos de los demás que no tienen base objetiva, o que carecen de pruebas probatorias basadas en hechos. El pensamiento prejuicioso, en si mismo carece de contenido sustantivo, en cuanto que solo califica, etiqueta, califica y atribuye cualidades a las personas y grupos siendo incapaz de probarlas o argumentarlas de forma racional y empírica. Su estilo de atribución lo realiza utilizando la generalización, la transferencia y en muchas ocasiones la proyección. La persona prejuiciosa utiliza un hecho, un acontecimiento o una supuesta cualidad de una persona o un grupo y la extiende al resto de la población sin ninguna distinción y por supuesto desconsiderando las situaciones y contextos en que dichas acciones se producen. Así por ejemplo, si un inmigrante, una persona de una determinada cultura, etnia o país, realiza una acción reprobable, sin mediar ningún tipo de argumentación extiende la reprobación a la cultura, la etnia o al país entero, algo que puede comprobarse cuando la derecha y la ultraderecha propagan la mentira de que todos los inmigrantes son potencialmente delincuentes. Los prejuicios pues son el fundamento de cualquier tipo de xenofobia o de racismo. Cuando los prejuicios se encadenan y se integran, dan lugar a lo que se conoce como estereotipos, es decir, la atribución generalizada y sustantiva de una determinada cualidad peyorativa o negativa a un grupo o un colectivo de personas, cualidad que se cree forma parte de los rasgos esenciales de ese grupo, fijando así de forma permanente ese rasgo, con lo cual y con el paso del tiempo, esa opinión o valoración infundada del grupo pasa a formar parte de lo que socialmente se considera como “normal”. Por último el pensamiento supersticioso, es aquel que participa de creencias basadas en lo inexorable del supuesto destino personal o grupal, en supuestos dogmas o verdades procedentes del ultramundo o de realidades que se consideran sobrenaturales o reveladas por supuestos dioses que manejan los destinos del mundo, o también de creencias relativas a que siempre hubo buenos y malos, ricos y pobres, poderosos y siervos, pastores y rebaños o sacerdotes y fieles y que nada se puede hacer para construir un mundo, un país, una ciudad o un ser humano más justo, más libre, más autónomo, más creativo y más solidario.
  2. Las personas o grupos autoritarios al ser incapaces de contextualizar y de comprender la complejidad del mundo, la sociedad, la vida o el propio ser humano, piensan y razonan de un modo bipolar, maniqueo y excluyente. Bipolar porque son incapaces de ver las relaciones y vinculaciones entre los hechos, las personas y los grupos, percibiendo siempre las situaciones divididas y fragmentadas de forma excluyente entre los unos (los míos) y los otros (los demás), los ganadores y los perdedores, los poderosos y los débiles, los hombres y las mujeres, etc. Un pensamiento que se convierte automáticamente en maniqueísmo, es decir, la tendencia a ver el mundo y la realidad mediante la división entre “buenos” (los míos) y los “malos” (todos los demás). Un maniqueísmo que no solo genera división social y dificulta enormemente la convivencia, sino que provoca situaciones, acontecimientos, hechos y conflictos de crispación social, odio, venganza, resentimiento y en general toda una gama de emociones negativas. Se trata de un pensamiento “panchovillista“, en cuanto que se adhiere, acepta y generaliza aquel viejo mensaje de Pancho Villa en la revolución mexicana que decía “Aquí hay dos bandos, los hijoputas y nosotros” que en aquel contexto y aquellas circunstancias pues podría considerarse justificado, pero cuando ese tipo de pensamiento se asume como dogma o como principio universal nos conduce inevitablemente hacia la destrucción. Este tipo de pensamiento bipolar y maniqueo es el que está en la base del pensamiento político de la derecha y la ultraderecha, de lo cual es un ejemplo las diversas declaraciones del PP en la pasada legislatura de Mariano Rajoy.
  3. Pensamiento negacionista, proyectivo y represivo. El pensamiento negacionista, es aquel niega los hechos ya sean estos históricos, sociales, políticos, económicos o la propia conducta realizada. Es un tipo de pensamiento que confunde hechos con opiniones y deseos con realidades, consiguiendo que las opiniones y deseos sustituyan los hechos reales, los datos objetivos o las pruebas empíricas de verificación. Este pensamiento está muy extendido en la derecha y la ultraderecha política y nada más que hay que ver sus posicionamientos y declaraciones cuando niegan que el franquismo fue una dictadura, que Franco fue un criminal dictador y se oponen al reconocimiento y dignidad de las víctimas, defendiendo también la derogación de Leyes de Memoria Histórica, como hace VOX aquí en Andalucía y en toda España. El autoritarismo también se alimenta del pensamiento proyectivo que consiste básicamente en atribuir a los demás aquellos rasgos, características o cualidades que vemos en nosotros pero que no nos gustan o no aceptamos. El pensamiento proyectivo, hay que señalar también, que no es solamente un atributo de la ultraderecha sino de cualquier ser humano que ante el miedo, la inseguridad o la incertidumbre que le provoca una determina situación o un determinado hecho en el que se ha visto implicado, se exculpa y no asume su responsabilidad, atribuyendo a los demás toda la responsabilidad del mismo: “La culpa la tiene el Gobierno, el Alcalde, el Director, el jefe, el extranjero o el inmigrante“. Finalmente el pensamiento represivo es aquel que cree dogmáticamente que todo está desordenado, es caótico, ha llegado a límites intolerables porque se han perdido los (supuestos) auténticos valores tradicionales y que la única medida posible para poner orden en el supuesto caos es la “mano dura”, la persecución y represión de cualquier forma de pensamiento divergente o alternativo y que por tanto hay otorgar y dotar de autoridad absoluta al padre, al profesor, al médico, al director, al jefe, al Alcalde, al Presidente, al sacerdote o al empresario ya que de lo contrario todo será una catástrofe ingobernable (fatalismo).
  4. Pensamiento patriarcal y sexista. Las actitudes autoritarias y la personalidad autoritaria, como así han demostrado numerosos estudios e investigaciones, antropológica y socioculturalmente se fundna y se alimentan en lo que se conoce como “cultura patriarcal” que a su vez se expresa en las más diversas conductas sexistas y de discriminación, minusvaloración, marginación e inferiorización de las mujeres. No hay que ir muy lejos para saber lo que es el “Patriarcado“, basta con ver, aunque sea de pasada, como funciona la Iglesia Católica Apostólica y Romana y como están articulados y se nombran sus órganos de gobierno, para comprobarlo. En cualquier caso y siguiendo al chileno Humberto Maturana Romesín la cultura patriarcal es aquella que “hace de nuestra vida cotidiana un modo de coexistencia que valora la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, el poder, la procreación, el crecimiento, la apropiación de los recursos y la justificación racional del control y de la dominación de los otros a través de la apropiación de la verdad“. Dicho a mi manera, la cultura patriarcal es la que ha originado el actual modelo de civilización capitalista, armamentista, productivista, mercadotécnica, esquilmadora de recursos naturales, burocrática y machista, por tanto todo lo que suponga o signifique avanzar hacia la cultura de la paz, del cuidado, de la no violencia, del afecto y la amistad, de la igualdad de dignidad entre hombres y mujeres, contribuirá tanto a eliminar o a disminuir las actitudes autoritarias y fascistas, como a construir un nuevo modelo de civilización, algo desde luego que jamás podrá llevar a cabo el pensamiento y la acción política de las derechas y ultraderechas.

Por último y antes de finalizar esta reflexión sobre el autoritarismo como actitud que fundamenta y alimenta cualquier forma de fascismo, deseo dejar aquí una cita de Theodor Adorno que en su famosa y conocida obra “La personalidad autoritaria” nos dice: “…no existe otra tendencia político-social que suponga una amenaza tan grave para nuestras instituciones y valores tradicionales como el fascismo, y el conocimiento de las fuerzas de la personalidad que favorecen su aceptación puede ser, en última instancia, útil para combatirla (…) El fascismo, para tener éxito como movimiento político, debe contar con el apoyo de la masa. Debe asegurarse no sólo la sumisión temerosa sino la cooperación activa de la gran mayoría de la gente. Dado que por naturaleza favorece a unos pocos a expensas de la mayoría, posiblemente no pueda demostrar que mejorará la situación de la mayoría hasta el punto de servir a los verdaderos intereses de ésta. Por tanto, deberá apelar, sobre todo, no al interés personal racional sino a las necesidades emocionales; a menudo, a los deseos y temores más primitivos e irracionales. Si se arguye que la propaganda fascista engaña a la gente haciéndole creer que mejorará su suerte, entonces aparece la siguiente pregunta: ¿por qué es tan fácil engañar a la gente? Suponemos que es debido a la estructura de la personalidad, a patrones de esperanzas y aspiraciones, angustias y temores, largamente mantenidos, que predisponen hacia ciertas creencias y hacen resistente a otras. En otras palabras, la tarea de la propaganda fascista resulta más fácil cuanto mayor es el grado de potencial antidemocrático todavía existente en la gran masa de la gente (…) queda demostrado que no podemos conseguir la modificación de la estructura potencialmente fascista por medios exclusivamente psicológicos. La tarea es similar a la de eliminar la neurosis, la delincuencia o el nacionalismo. Todos son producto de la organización global de la sociedad y sólo pueden modificarse con el cambio de la sociedad (…) Para cambiar el potencial fascista o, al menos, para contenerlo, debe producirse un incremento en la capacidad de las personas para verse a sí mismas y para ser ellas mismas (…) el fascismo es algo que se impone a la gente, que va en contra de sus intereses fundamentales y que cuando las personas toman plena concienciade sí mismas y de su situación, son capaces de comportarse en términos realistas. El hecho de que a menudo la gente no sea capaz de comprender el funcionamiento de la sociedad o su propio papel dentro de ella se debe no sólo a un control social que se niega a contar la verdad, sino también a una «ceguera», cuyas raíces se encuentran en la propia psicología de las personas (…) Si el miedo y la destrucción son las principales fuerzas emocionales del fascismo, eros pertenece principalmente a la democracia

En consecuencia, después de todas estas reflexiones, una vez más me pronuncio y me seguiré pronunciando CONTRA CUALQUIER FORMA DE FASCISMO-Especialmente en Camas-. Pero claro, mi deseo de que las actitudes autoritarias y fascistas podamos arrojarlas al basurero de la Historia y de una civilización que lleva el camino de acabar con la vida en el Planeta, no depende ni de mis intenciones, ni de mis actos, sino de una suma expansiva de voluntades y corazones capaces y resueltos a aportar lo que puedan para que nuestra ciudad sea más libre, más justa, más pacífica, más responsable, más creativa y más solidaria. Por eso, ahora te toca a ti hacer algo para decir, mostrar y conseguir en Camas o en cualquier otro lugar, un rotundo ¡NO AL FASCISMO!

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