Contra el fascismo en Camas (19)

Patriotismo (y III)

Como todo el mundo sabe, existen muchos tipos de patriotismo, tantos como culturas. Y esto es algo que podemos perfectamente comprobar, no solo en el marco mundial o europeo, sino también en nuestro propio país. No es lo mismo por ejemplo, el patriotismo vasco, el gallego, el cántabro, el catalán, el andaluz, el español o cualquier otro, no solo porque posean rasgos identificatorios diferentes, sino también porque poseen diferente arraigo y diferentes creencias emocionales cada una con diversos grados de profundidad e intensidad. Son pues diferentes en extensión, intensidad y características. Esta es la razón por la que me inclino a pensar que los patriotismos en general, entendidos como creencias emocionales asociadas a determinados rasgos culturales y nacionales, pueden se de dos tipos. Unos inclusivos y abiertos y otros exclusivos y cerrados.

Un patriotismo inclusivo es en mi opinión, aquel que incluye diferentes y diversas formas de sentir y de pensar la Patria que no son contradictorias ni incompatibles sino complementarias y con abundantes elementos en común y por tanto acoge a personas de diferentes culturas y tradiciones haciendo posible que estas sean respetadas y contribuyan con la convivencia y el paso del tiempo al acervo cultural común, dado que las creencias emocionales patrióticas pueden ir cambiando o transformándose, sin que pierdan los elementos esenciales comunes que le dan mayor sentido.

De la misma manera un patriotismo abierto es aquel que es capaz de abrirse a la comprensión de realidades socioculturales más amplias capaces de integrar las características originales de cada patriotismo en particular. Es aquel que comprende que además de las naturales creencias emocionales y las costumbres o tradiciones culturales de cada grupo o de cada pueblo, los seres humanos, la especie humana es solamente una y habita en un solo Planeta que no entiende ni de fronteras, ni de costumbres culturales y que nuestra vida individual y colectiva depende en todo de que ese Planeta viva. En otras palabras: patriotismos abiertos son aquellos que asumen la responsabilidad de creer, sentir y hacer realidad la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todos los Protocolos Facultativos que se han proclamado por la ONU desde 1948. En este sentido, soy de los que piensan que el “andalucismo” o la creencia emocional de sentirse andaluz, pertenece a la categoría de los patriotismos abiertos, aunque evidentemente hay una gran diversidad de grupos que este patriotismo andaluz lo sienten de una particular manera, que algunos casos puede resultar excluyente. No olvido en este sentido que nuestro Escudo e Himno dice textualmente “Andalucía para sí, para España y la Humanidad“.

A partir de aquí, los patriotismos exclusivos y cerrados, son exactamente todo lo contrario de los inclusivos y abiertos. Son cerrados porque se cierran a cualquier influencia externa o a cualquier integración de la diversidad de personas, culturas y costumbres. Y son exclusivos porque se creen exclusivos y únicos intérpretes de las creencias emocionales del patriotismo, además de considerarse superiores a los demás, despreciando y rechazando así cualquier planteamiento que no pase por la dogmatización, glorificación y la imposición de sus planteamientos y creencias.

Los patriotismos inclusivos y abiertos se desarrollan necesariamente en los regímenes democráticos formales siempre que las democracias no sean construcciones estáticas, burocráticas y anquilosadas que impidan la profundización y el desarrollo tanto de la convivencia pacífica en la diversidad, como de los Derechos Humanos Universales. En su contrario, los patriotismos exclusivos y cerrados se desarrollan necesariamente en regímenes autoritarios, dictaduras o en democracias débiles y frágiles que no han conseguido que la ciudadanía integre en su comportamiento diario los valores y actitudes democráticas.

Aunque desde luego puedo estar equivocado, creo con convicción, si no consigo pruebas de lo contrario, que el patriotismo españolista proclamado, difundido y exaltado por los partidos políticos de derecha y ultraderecha de nuestro país, que se atribuyen además el poder de decidir quien es constitucionalista o no, es de carácter exclusivo y cerrado aunque lógicamente con diferentes grados porque quiero pensar que el patriotismo de Cs es diferente del de VOX o del PP. Pero además, creo también que el patriotismo catalanista actual que reivindica el independentismo como suprema aspiración, es también exclusivo y cerrado, dada la fractura social que se ha producido a partir del garrafal error que dio comienzo a todo este proceso de crispación y fractura social, como fue la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, lo cual evidentemente contrasta con el hecho demográfico y sociológico de que Cataluña ha sido siempre tierra de acogida de ciudadanos nacionales e internacionales de las más diversas procedencias. En cualquier caso, cualquiera puede comprobar que los patriotismos cerrados y excluyentes aunque sean de diferentes características, se retroalimentan el uno al otro provocando así nuevas emociones individuales y colectivas que hacen muy difícil la convivencia mediante la creación y el mantenimiento de conflictos patrióticos o simbólicos. En otras palabras: a mayor catalanismo independentista y mayores sentimientos colectivos de victimización o de sentirse afrentados, humillados y heridos, mayores serán también las manifestaciones y expresiones del patriotismo españolista decimonónico y franquista. Y unos por otros, “la casa sin barrer“, es decir, los problemas sociales que afectan a la vida cotidiana de las personas, eso ya si acaso otro día.


Cualquier persona, grupo, organización o institución, sabe muy bien que las emociones y los sentimientos se contagian, se comunican y se aceptan con suma facilidad sin necesidad de que intervenga la razón, de aquí que tanto las religiones e Iglesias, como los partidos políticos nacionalistas o de otro tipo, se doten de un lenguaje simbólico y de toda una parafernalia de liturgias y ceremonias cuya intención es objetivar algo que es subjetivo, hacer concreto algo que es abstracto y en suma institucionalizar lo que es simplemente una creencia emocional subjetiva. Y en estos procesos de comunicación, al mismo tiempo que se asocia a aquellas instituciones que están en posesión del uso legítimo de la violencia (Ejércitos) o que son depositarias de supuestas verdades reveladas y eternas (Religiones) lo que son creencias emocionales subjetivas acaban por independizarse de los individuos y pasan a formar parte de las verdades absolutas objetivas ya sean reveladas por los dioses o impuestas por la fuerza, la amenaza o el respeto temeroso que siempre tienen los ejércitos. Y esto es algo que podemos ver hoy cuando el presidente militarista de Brasil Jair Bolsonaro afirma sin titubear “Dios, Patria y Familia” como los elementos más fundamentales de su ideología y de su propuesta política. Algo que aquí también pudimos ver a la perfección en el franquismo nacionalcatólico y militarista y que ahora pregona de forma frenética e histérica ese nuevo partido de la ultraderecha española que es VOX, como todos los simpatizantes y adheridos al pensamiento conservador, cuya tesis central consiste en hacernos creer que únicamente pueden ser patriotas y constitucionalistas ellos y solamente ellos.

Como colofón de esta ya larga reflexión personal sobre el patriotismo voy a tomar prestada la voz de uno de los más eminentes intelectuales e historiadores estadounidenses, Tymothy Snyder que en una entrevista del pasado diciembre de 2018 declaró que “Vivimos dentro de un apocalipsis acolchado por la creencia de que disponemos de nuevas tecnologías que nos ayudan a entender el mundo. Pero no nos damos cuenta de que esas armas de comunicación están manejadas por autoritarios que están manejando la conciencia y las libertades en el mundo. Los autoritarios están matando el futuro. Y es Rusia, con la anuencia de Donald Trump, a quien Putin ayudó a ser presidente de los Estados Unidos, la que está manejando los hilos que desprestigian el ejercicio de la democracia en Europa y en el mundo. Uno de los objetivos de esa alianza es la debilitación de Europa como unidad. Al matar el futuro, estos nuevos autoritarios, en Rusia, en Estados Unidos, en Francia, ahora en España, han decretado que tampoco hay futuro; se practica la política de lo inevitable y de lo eterno, y en ese marco el autoritarismo decreta de dónde viene la amenaza. La amenaza viene de fuera, de los emigrantes, los países deben preservarse de nuevo, dentro de sus fronteras. El símbolo mayor de esta autocracia es el muro que los asesores británicos de Cambridge Analytica aconsejaron a Trump que construyera para separar Estados Unidos de México.”

Así que después de leer esta entrevista y dado que era un autor desconocido para mí, conseguí su obra “Sobre la tiranía” que recomiendo muy especialmente a todas aquellas personas interesadas en defender y profundizar la democracia y en combatir y oponerse a cualquier forma de fascismo. En esta obra el profesor Timothy Snyder, refiriéndose a Estados Unidos, conceptualiza, define y caracteriza el patriotismo, palabras que hago mías y que transcribo íntegramente aquí dada su relevancia e importancia para desenmascarar, denunciar y oponerse a cualquier forma de fascismo.

SÉ PATRIOTA, Da buen ejemplo de lo que significa ser estadounidense para las generaciones venideras. Lo necesitarán. ¿Qué es patriotismo? Empecemos por lo que no es patriotismo. No es patriótico evadir el servicio militar y burlarse de los héroes de guerra y de sus familias. No es patriótico discriminar a miembros activos de las fuerzas armadas en nuestras empresas ni hacer campaña para mantener a los veteranos discapacitados lejos de nuestra propiedad. No es patriótico comparar la búsqueda de parejas sexuales en Nueva York con el servicio militar en Vietnam que uno evadió. No es patriótico evitar el pago de impuestos, en especial cuando las familias trabajadoras estadounidenses sí los pagan. No es patriótico pedir a las familias trabajadoras, que pagan impuestos, que financien la campaña presidencial personal, y luego gastar sus aportes en empresas propias. No es patriótico admirar dictadores extranjeros. No es patriótico cultivar una relación con Muamar Gaddafi; o decir que Bashar Al-Assad y Vladimir Putin son líderes superiores. No es patriótico pedir a Rusia que intervenga en una elección presidencial estadounidense. No es patriótico citar propaganda rusa en mítines de campaña. No es patriótico compartir un asesor con oligarcas rusos. No es patriótico pedir consejos de política exterior a alguien que posee acciones en una compañía rusa de energía. No es patriótico leer un discurso de política exterior escrito por alguien que figura en la nómina de una compañía rusa de energía. No es patriótico nombrar un consejero de seguridad nacional que recibió dinero de un órgano propagandístico ruso. No es patriótico nombrar como secretario de estado a un magnate petrolero con intereses financieros rusos que es el director de una compañía rusa-estadounidense de energía y ha recibido la “Orden de la Amistad” de Putin.

El punto no es que Rusia y Estados Unidos deban ser enemigos. El punto es que el patriotismo implica servir a tu propio país. El presidente es nacionalista, lo que no es lo mismo que patriota. Un nacionalista nos alienta a ser lo peor, y luego dice que somos lo mejor. Un nacionalista, “aunque pasa la vida obsesionado por el poder, la victoria, la derrota y la venganza”, escribió Orwell, tiende a ser “ajeno a lo que sucede en el mundo real”. El nacionalismo es relativista, puesto que la única verdad es el resentimiento que sentimos cuando contemplamos a los demás. Como señaló el novelista Danilo Kis, el nacionalismo “no tiene valores universales, ni estéticos ni éticos”. Un patriota, en cambio, desea que la nación viva sus ideales, lo que significa exigirnos ser mejores. Un patriota debe preocuparse por el mundo real, el único lugar donde su país puede ser amado y apoyado. Un patriota tiene valores universales, normas por las cuales juzga a su nación, siempre deseándole el bien, y deseando que haga lo mejor. La democracia fracasó en Europa en los años veinte, treinta y cuarenta, y hoy fracasa no solo en gran parte de Europa sino en muchas partes del mundo. Esa historia y esa experiencia son las que nos revelan la oscura gama de nuestros posibles futuros. Un nacionalista dirá que “no puede ocurrir aquí”, lo cual es el primer paso hacia el desastre. Un patriota dice que podría ocurrir aquí, pero que lo impediremos.

En consecuencia y como resulta que yo me identifico plenamente con esa concepción de patriotismo y además mi patriotismo es abierto, incluyente y escasamente nacionalista, pues necesariamente me veo obligado a impedir por todos los medios democráticos a mi alcance que las fuerzas políticas de derecha y ultraderecha (PP, Cs y Vox) impongan a todo el país una visión unilateral sesgada, rancia y dogmática de patriotismo, nacionalismo y constitucionalismo. Por eso me pronuncio CONTRA TODA FORMA DE FASCISMO -especialmente en Camas- y te invito a que repliques y difundas esta humilde reflexión.

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