Contra el fascismo en Camas (y 20)

En el Día de Reflexión

Toda enfermedad corporal, psíquica o social cuyos síntomas y daños se presentan de forma aguda y dolorosa poniendo en peligro la vida de un ser humano, un animal, una planta o el medio terrenal y atmosférico que la alimenta y sostiene, necesariamente se combate con fármacos potentes que al mismo tiempo que alivian el dolor y minimizan los daños, son capaces de eliminar en el organismo los agentes patógenos. A su vez, si el origen del mal está causado por una malformación o el deterioro de un órgano que no cumple ya su función, se recurre también a la cirugía total o parcial con el fin de conseguir de que ese órgano vuelva a funcionar bien y pueda contribuir al funcionamiento saludable del organismo entero.

Utilizando pues este símil y dado que el fascismo es a mi juicio una grave enfermedad social, política e ideológica que es también individual en cuanto que contamina las actitudes personales, en casos muy graves la única solución posibles es la cirugía total, cirugía que corre siempre el riesgo de la muerte del paciente o de ocasionar daños colaterales irreversibles. Esto fue lo que sucedió con el nazismo, que fue sin duda vencido, pero ocasionó millones de muertos. En total murieron más de 70 millones de personas, de las cuales 27 millones eran de la Unión Soviética y aunque no cabe duda de que la intervención norteamericana fue decisiva, los que se llevaron el record de aquella terrible tragedia fueron los soviéticos. En España tuvimos la desgracia de que la enfermedad del fascismo se desarrolló tan velozmente porque recibió el apoyo infeccioso y patogénico de militares, terratenientes, banqueros, grandes empresarios, la Iglesia, la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, apoyo que ni los fármacos, ni la cirugía pudieron hacer lo necesario para que la legitimidad de aquella IIª República continuara su proceso de transformaciones sociales.

Lo que quiero decir en definitiva, es que si dado el caso de que el germen infeccioso amenazara al cuerpo social entero, pues creo con convicción que aquella historia trágica y terrible de nuestro país no volvería a repetirse porque hoy tanto la ciudadanía como nuestras instituciones están mucho mejor preparadas para hacer frente a estos infortunios No obstante una actitud permanente de vigilancia, prevención, control y de revisiones periódicas para sostener la salud democrática de nuestro país, no solo deberían estar institucionalizadas y garantizadas sino que deberían ser uno de los presupuestos básicos de toda acción de gobierno y de toda militancia política de izquierda que se precie.

Pero de lo cabe tampoco ninguna duda, es de que la única forma legítima, democrática y pacífica de parar, controlar y estrechar el cerco al fascismo en este momento es mediante el voto democrático de la ciudadanía a las fuerzas políticas de la izquierda y si este voto diese la victoria a aquellos partidos en los que está presente el fascismo con mayor o menor grado, habrá que preguntarse necesariamente por qué ha sucedido algo así y que parte de responsabilidad tienen las fuerzas democráticas de la izquierda en ello y en particular los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país. Por eso entiendo que el problema de luchar y comprometerse con los valores democráticos para derrotar al fascismo no puede ser algo coyuntural, momentáneo o quirúrgico, dado que esta enfermedad social es de esas que permanecen largos periodos de tiempo en estado latente y solamente se agudizan en determinadas circunstancias o cuando su caldo de cultivo es los suficientemente beneficioso para que la enfermedad vuelva a reactivarse y extenderse, aunque desde luego con diferente apariencia y con recursos para adaptarse a los nuevos entornos.

Así pues la forma mejor de parar el fascismo es haciendo todo lo posible porque los ciudadanos no lo apoyen con su voto. Sin embargo, aunque esto sea imprescindible no es en absoluto suficiente, porque aunque al fascismo se le venza y derrote con los votos, va a estar siempre ahí presente, ya sea de forma más o menos visible o de forma aletargada o latente, sencillamente porque los enemigos de la Democracia, la Libertad, la Justicia y de los Derechos Humanos Universales no descansan nunca. Por eso entiendo y estoy radical y absolutamente convencido de que el mejor de los instrumentos, la más eficaz y eficiente de las herramientas, el más hermoso de los medios o el más estratégico y táctico de los caminos, es sin duda el ancho, creativo y maravilloso camino de la Educación. Pero no el de una Educación cualquiera, sino de una Educación auténticamente Pública, Gratuita, Democrática, Liberadora, Coeducativa, Laica y desde luego Transdisciplinar. Y es que las semillas del fascismo, no caen del cielo, ni son producto de catástrofes naturales, sino que nacen y se albergan en el corazón humano, en el interior de cada uno, de mí mismo y de mi forma, no solo de ver el mundo y la realidad, sino sobre todo de mis actos, mis acciones y mi comportamiento en todos y cada uno de los momentos de mi vida. Por eso para combatir el fascismo no bastan los discursos, las doctrinas, las conferencias o los libros, que sin duda van a servir siempre de una gran ayuda, sin embargo, lo verdaderamente decisivo son los actos, las conductas que cuando cooperan y son capaces de construir una voluntad democrática colectiva, visible, firme y sin miedo, no hay realmente nada que pueda frenarla.

Si esto es así, un método muy fácil para descubrir a los colectivos y partidos políticos que en mayor o en menor grado contienen gérmenes fascistas, es el posicionamiento que adoptan en relación a la Educación. Si por ejemplo se oponen a la Educación Pública Universal y a la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos argumentando que eso es adoctrinamiento y al mismo tiempo defienden la Religión Católica como asignatura obligatoria en todos los Centros Educativos Públicos, pues la identificación es nítida y total en cuanto que prefieren que la ciudadanía sea adoctrinada con creencias particulares e íntimas, antes de que sea educada, formada e informada en valores democráticos, éticos, universales y de carácter colectivo y planetario.

Así pues, la herramienta o el camino definitivo y permanente para prevenir y evitar el fascismo a corto, medio y largo plazo es de la Educación. Pero ojo, que cuando digo Educación no estoy hablando en exclusividad de los Centros Escolares, Profesionales o Universitarios, sino que estoy hablando también de las familias como unidad o célula básica donde se construyen hábitos, valores y creencias; de los grandes medios de comunicación de masas; de los testimonios educativos que ofrecen los líderes políticos y sociales; de la pedagogía social y política de las instituciones democráticas y sus representantes, así como de las diferentes organizaciones y movimientos sociales; y por supuesto también de las religiones e Iglesias que desde las comunidades de fieles y en sus templos pueden y deben a mi juicio, realizar un papel muy importante en el combate contra el fascismo, a pesar de que estas hayan estado y sigan asumiendo el papel y la función de social de dar amparo, cobijo y legitimación al pensamiento más conservador y reaccionario. Y es que lo queramos o no, la Educación es un asunto demasiado importante como para dejarlo solo en manos de profesores, funcionarios, burócratas, mandarines, sacerdotes, clérigos y aparatos políticos, ya que es, no solo un derecho ciudadano reconocido en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino también un deber de los Estados y por supuesto una responsabilidad de cada ciudadano. Corresponde pues a cada uno de nosotros, a ti que lees esto o a mí que lo escribo, responsabilizarme de mi propia Educación y de la Educación o de la cooperación y colaboración con la Educación de los demás, ya que a menor Educación en todo momento y en todo lugar, mayor pensamiento mágico, dogmático y autoritario y por tanto mayor fascismo.

No este es lugar para desarrollar en profundidad la naturaleza y el tipo de Educación que creo necesaria para prevenir y combatir el fascismo, pero sí al menos para señalar las tres grandes autopistas que interconectadas y retroalimentadas pueden y tienen capacidad demostrada para transformar la sociedad al mismo tiempo que nos transformamos a nosotros mismos. Autopistas educativas que son básicamente las mismas que el famoso Informe Delors de la UNESCO titulado “La Educación encierra un tesoro” publicado hace más de veinte años y que según todos los datos de los que dispongo, no solo se ha olvidado por los Estados, sino que además se ha implementado un tipo de Educación deshumanizada y orientada únicamente por los valores del capitalismo, del mercado y del patriarcado, como así nos indican numerosos y prestigiosos estudiosos como Martha Nussbaum.

En primer lugar considero que toda Educación entendida en el sentido más amplio y como responsabilidad social y política de los Estados y de los más diversos grupos, organizaciones e instituciones, así como de cada ciudadano considerado como individuo, debe proporcionar todos los medios y oportunidades para que todo ser humano realmente pueda APRENDER A SER PERSONA y esto tal como yo lo entiendo no es otra cosa que APRENDER A SER RESPONSABLE sencillamente porque cada individuo o cada ciudadano particular no solo es siempre responsable de lo que hace, lo que dice o lo que defiende, sino también de lo que no hace, de lo que calla y de lo que tolera. Y esto significa en términos más específicos aunque no menos amplios aprender a conocernos a nosotros mismos; educarnos en valores éticos, sociales y políticos; formarnos e instruirnos para aprovechar al máximo nuestros talentos en la perspectiva de nuestra autorrealización; aprender a tomar decisiones sabiendo discernir las ventajas e inconvenientes de las mismas; aprender a ser creativos, a innovar y apostar por nuestras facultades intuitivas; aprender a hacer apuestas y diseñar proyectos y estrategias personales y por supuesto aprender a manejar nuestros conflictos y contradicciones internas siendo capaces de equilibrio, serenidad, armonía y sobre todo de esperanza.

La segunda autopista educativa que en realidad es un conjunto de carreteras integradas y que funcionan en paralelo, es la compuesta por diversos tipos complementarios de aprendizaje que son APRENDER A CONOCER y a DESARROLLAR NUESTRA INTELIGENCIA COGNITIVA, EMOCIONAL, SOCIAL y ESPIRITUAL y esto en términos un poco más concretos significa: aprender a pensar racional, científica, humanística, filosófica y críticamente; aprender a producir conocimiento; aprender a manejar información relevante, procesarla y sistematizarla; aprender a aprender de forma autónoma, original y creativa sabiendo utilizar críticamente los medios y métodos; aprender a identificar nuestras emociones, sentimientos y las emociones y sentimientos de los demás; controlar, prevenir y eliminar nuestras emociones negativas haciendo todo lo posible para que no se transformen en pensamientos, creencias, dogmas y acciones; desarrollar nuestra autoestima sin depender de las opiniones y valoraciones de los demás; identificar y conocer los autoengaños producidos por nuestro Ego; aprender a escuchar activamente y a expresar nuestras ideas y opiniones aceptando la posibilidad de que podemos estar equivocados; aprender a dialogar; aprender a negociar y a resolver conflictos sin ganadores ni perdedores; autoeducarnos para la Democracia representativa, participativa y profunda; aceptar que el dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional; comprender la complejidad humana y social y aceptar la incertidumbre; comprender, sentir y conectarse con todo lo existente y en definitiva ser capaz de encontrar un maestro y un refugio interior que nos proporcione paz, esperanza y sabiduría.

Por último la tercera autopista educativa para combatir el fascismo, ya esté fuera o dentro de nosotros, es la que me gusta denominar como APRENDER A SER FELIZ, pero no esa felicidad del consumo incesante, de los halagos o de los placeres momentáneos; no esa felicidad que el capitalismo nos impone como obligación y como búsqueda incesante e infinita de gozo y bienestar; como tampoco esa felicidad de ultratumba de la que muchas religiones e ideologías hablan y que únicamente podemos encontrar en el cielo o en paraísos terrenales inéditos. No, la felicidad tal y como yo la entiendo es otra cosa diferente, por eso creo que APRENDER A SER FELIZ no es más que aprender a caminar, sencillamente porque no hay atajos ni caminos que no estén llenos de piedras y baches. Por eso me inclino a pensar y a sentir como Don Antonio Machado nos dijo “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino, sino estelas en la mar“. Y esto significa para mí que debo y debemos aprender a idear, elegir, diseñar y realizar proyectos ya sean individuales, grupales, sociales o institucionales; aprender a asumir, enfrentar y resolver problemas, obstáculos, dificultades y limitaciones; pensar positivamente abriéndonos siempre a la esperanza; dar y recibir afectos, cariño y amor; vivir saludablemente con desapego y autonomía; construir el sentido y el significado de nuestra propia vida y en definitiva aprender a comprometernos con nosotros mismos, con los demás y con la sociedad. Cada día estoy más convencido que sin sensibilidad y compromiso social, sin generosidad, sin fraternidad, sin solidaridad y en definitiva sin amor en todas sus acepciones no se puede ser feliz.

Así pues y para dar por terminados estos veinte artículos cuya finalidad más radical es pronunciarme con la mayor o menor claridad de mis pensamientos y con la fuerza apasionada de mis sentimientos, CONTRA CUALQUIER FORMA DE FASCISMO-Especialmente en Camas- no veo mejor forma de finalizar este día de Reflexión que volver a meditar sobre el clásico, impresionante, maravilloso, motivador y hermosísimo poema de Kontantin Kavafis: ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 
pide que el camino sea largo, 

lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

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