Organización y liderazgo (26M-6)

Cualquiera que haya leído un poco sobre Teoría de la Organización y la Administración sabe que la estructura funcional y operativa de cualquier grupo, organización o institución tiende progresivamente hacia cotas cada vez mayores de reglamentación, jerarquización y burocratización. Cualquier organización, ya sea una escuela, un hospital, un partido político, una Iglesia o un Ayuntamiento se basa todavía en supuestos de eficiencia y de motivación cuyo origen se sitúa en las primeras décadas del siglo XX con el auge del fayolismo, la departamentalización, la especialización y el trabajo en cadena. Sin embargo estas Teorías de la Organización de hace cien años y que siguen fundamentando y sosteniendo básicamente las estructuras administrativas de muchas organizaciones, no han prestado atención a tres hechos que son necesarios tenerlos muy en cuenta si lo que se pretende es mejorar continuamente la eficiencia y la eficacia de la organización.

El primer hecho, es que todo grupo, organización o institución es, se quiera o no, una entidad compleja, lo que significa que está sometida siempre a emergencias, vinculaciones, interdependencias, imprevistos, anomalías, disfunciones y que por tanto, por mucho que se intente encorsetar y cerrar su estructura, siempre aparecerán grietas en la misma. Y esto es así porque, por una parte, la propia sociedad y los acontecimientos que en ella se producen son de naturaleza compleja y estocástica y por otra, la naturaleza de cualquier ser humano es también compleja, al mismo tiempo que contradictoria, errática y ambivalente. Esto exige que los procedimientos, los métodos y la estrategias organizativas tengan necesariamente que estar caracterizados por la flexibilidad, la autonomía, la creatividad, la multi e interdisplinariedad y por supuesto la responsabilidad y la solidaridad. Características, por cierto que por lo general nunca se encuentran en las organizaciones políticas de derecha y por supuesto completamente inexistentes en las de ultraderecha, ya que en estas, el principio básico de funcionamiento es el del culto y obediencia ciega al líder; el pensamiento único tradicionalista y absoluto y el desprecio a los Derechos Humanos Universales y a la Democracia.

El segundo hecho, es la interconexión, interdependencia y la tranversalidad de muchos de los factores que están en la base de cualquier problema social. Si por ejemplo mi calle está sucia y amanece todos los días con excrementos de perros, lo cual para mi disgusto compruebo a menudo, no cabe duda de que en mi barrio hay un problema de Educación Cívica y Ciudadana, así como también de insuficiencia de medidas municipales preventivas, sancionadoras, de vigilancia y de higiene pública. Con esto quiero decir que ningún problema social o ciudadano puede aislarse de su contexto o independizarse tratando de resolverlo con recetas simples y mecánicas, porque con toda seguridad ese problema aunque se manifieste en forma de emergencia social, siempre va a estar motivado por múltiples causas relacionadas entre sí. Esto en términos prácticos, exige de cualquier organización la apuesta por el trabajo en equipo colaborativo, cooperativo y multidisciplinar. Y obviamente las apuestas por cooperar, colaborar y trabajar en equipo a base de diálogo y consenso nunca existieron en los partidos de corte fascista como Vox. Para la ultraderecha el principio base de toda organización es la centralización y subordinación total de las decisiones al mandato absoluto del líder, decisiones que se ejecutan siempre “manu militari“, es decir, recurriendo a la violencia y a la agresión física y psíquica; a la amenaza y el miedo; a castigos supuestamente ejemplares y por supuesto a la exaltación de todo tipo de emociones irascibles, primarias y salvajes, dado que para ellos la Democracia no es más que un juego que aprovechan para instalarse en el poder e imponer sus criterios. Ellos ontológica y epistemológicamente ni son, ni pueden ser, ni serán nunca demócratas, aunque se aprovechen de las instituciones democráticas para destruirlas, destruyendo al mismo tiempo la concordia, el diálogo y todas esas cualidades tan necesarias para convivir y servir al pueblo de las que hablé en la nota anterior.

El tercer hecho, es que la especialización y la creación de órganos o departamentos administrativos o funcionales con una determinación exhaustiva y operacional de sus competencias y tareas, tiene en principio tres limitaciones. La primera, es la pérdida de la visión global y de conjunto o de la aportación con que dicho órgano o departamento contribuye al desarrollo y a la consecución de las finalidades del organismo entero. La segunda, porque muchas veces, cuando se crea un órgano, un departamento o una Concejalía o Delegación, en el caso de un Ayuntamiento, los criterios que se utilizan para su creación, no están tanto basados en la eficiencia del servicio, sino más bien en criterios ajenos, extraños y algunas veces arbitrarios e incluso contrarios a la eficacia, la eficacia y el sentido común. Y la tercera es la ausencia de creatividad y autonomía para poder dar respuesta a las necesidades, urgencias y emergencias. En el caso de las organizaciones políticas que se dicen democráticas o que participan en las convocatorias electorales, el indicador que muestra su grado de democracia es sin duda su grado de burocratización, jerarquización y de competencias que tiene el líder o la líder. Por eso en las organizaciones de derecha y ultraderecha, como su principio es la obediencia ciega y total al líder y la delegación en él o ella de todos los poderes, su grado de democracia interna es siempre inferior incluso a lo legalmente establecido por la leyes ya que en el fondo, su esquema de funcionamiento se asemeja mucho a las estructuras de las organizaciones militares.

Para hacerse obedecer y asegurar el poder de los líderes, las organizaciones políticas y sociales, utilizan procedimientos muy diversos. Los más visibles desde luego son los procedimientos punitivos, sancionadores, amenazantes, violentos y agresivos, que son como sabemos patrimonio exclusivo de la ultraderecha, aunque desde luego estos métodos existen en todas las organizaciones. Todavía me acuerdo de aquella famosa frase de Alfonso Guerra cuando dijo: “El que se mueve, no sale en la foto“. No obstante existen procedimientos más suaves para asegurar el control del mando y en este sentido, muchas veces las organizaciones e instituciones crean departamentos, comisiones y Delegaciones Municipales en el caso de los Ayuntamientos, no tanto para mejorar la eficacia, la eficiencia y las comunicaciones de la organización, sino para satisfacer las demandas particulares de sus miembros y tenerlos así contentos, agradecidos y cautivos. Con estos procedimientos se controlan mucho mejor las desviaciones, las críticas internas y en definitiva la conducta de obediencia y subordinación al líder que es el que en última instancia tiene la potestad de nombrar o destituir al cargo o al responsable del departamento y al que siempre se le agradece el reconocimiento por haber sido nombrado. Y curiosamente, este agradecimiento, muchas veces lleva a que los nombrados pierdan su conciencia crítica y en ocasiones hasta su ética y su dignidad porque pueden llegar a confundir el servicio y el apoyo, con servilismo y adulación. Obviamente, estos procedimientos que intentan reproducir y mantener el poder en las organizaciones mediante premios, estímulos o compensaciones y tolerando un cierto nivel de críticas, son inexistentes en las organizaciones de ultraderecha, ya que los patrones de funcionamiento de estas residen en la sumisión total y absoluta al líder, a sus cuadros y la demanda permanente de obediencia, de tal forma que si según el criterio del líder no se obedece, pues sencillamente se expulsa, sanciona o extirpa por cualquier procedimiento al miembro que haya osado cuestionar la supuesta divinidad de sus decisiones. Nunca olvido aquello que ponía en la monedas del franquismo: “Franco, caudillo de España por la gracia de Dios”, por eso los líderes de derecha y de ultraderecha creen el fondo que están tocados por la divinidad y que a nosotros, pobres mortales, lo único que nos queda es obedecer, ya que las decisiones de ese supuesto dios, son inapelables.

Tengo clarísimo que en todo trabajo colectivo que persiga objetivos compartidos, es indispensable que exista algún miembro del grupo con capacidad probada para influir en la conducta de los demás y para ilusionar y proporcionar energía a todos los miembros en todo momento. En esto consiste el liderazgo. Por eso es lógico y natural que se proteja y apoye racional, emocional, crítica y responsablemente al líder. Ahora bien, ese necesario e indispensable apoyo, no debería convertirse en adulación permanente, culto a la personalidad, obediencia ciega o racionalizaciones justificativas de cohesión y unidad, sencillamente porque ni las unidades, ni las unanimidades existen, ni en la Naturaleza, ni en la sociedad. Y es que cualquier unidad orgánica, ya se natural o social, está siempre compuesta de diversidad, heterogeneidad e interdependencias y el resultado de lo que aparentemente percibimos como unidad, lleva siempre por detrás y por debajo multitud de relaciones, vinculaciones, conexiones que muchas veces resultan críticas y pueden poner en peligro incluso la vida o la supervivencia del organismo.

Una costumbre común de casi todos los líderes, ya sean políticos, sindicales, eclesiásticos, administrativos, económicos o de cualquier otra índole, es rodearse siempre de aduladores y admiradores que persiguen determinados intereses particulares incluso ajenos a los objetivos de la organización, pero que sirven al líder para que nadie pueda segar la hierba bajo sus pies. Por eso creo con convicción que todo liderazgo democrático, no solo tiene que promover la rotación de cargos, el relevo y estar dispuesto a marcharse en cualquier momento; no solo tiene que rechazar cualquier tipo de culto a su personalidad y ejercer su autoridad de un modo humilde, ecuánime y magnánimo, sino que necesariamente tiene que auxiliarse y rodearse de compañeros, técnicos y personas de confianza capaces de criticar, sugerir y hacer pensar al líder en la perspectiva, no tanto de agradarlo o disgustarlo, sino de contribuir a que su liderazgo beneficie al mejoramiento del organismo entero. Si los líderes son siempre caducables, limitados y prescindibles, los organismos y los procesos sociales que fundamentan y constituyen los pilares de toda Democracia no.

Por todo esto finalmente, las preguntas en unas Elecciones Municipales lógicamente deberían estar dirigidas a discernir quien habla, escucha o dialoga mejor; quien está más cualificado para el ejercicio de las responsabilidades políticas; quien ha mostrado con los hechos resultados de mejora; quien muestra más y mejor credibilidad y confianza; quien es más comprensivo/a, honesto/a; quien ha hecho mejor Campaña, pero sobre todo que tipo de liderazgo muestra la líder o el líder de cada grupo o partido que se presenta. El criterio en este sentido para mí es sencillo: cuanto más antidemocrático, demagógico, amenazante, irascible e insultante sea un líder tanto peor será para una ciudad como Camas y si aun así este tipo de líderes fascistas tuvieran representación, más unidas firmes y solidarias tendrían que estar las fuerzas y organizaciones con liderazgos democráticos para combatirlos, desacreditarlos y denunciarlos pero siempre con el respeto más escrupuloso a las personas. Las ideas y las conductas se pueden y se deben criticar, pero la dignidad de un ser humano es inviolable, aunque las organizaciones fascistas la violen.

No obstante, además de pensar en las cualidades de los o las líderes que encabezan las 8 candidaturas para la Alcaldía de Camas, hay a mi juicio otra pregunta todavía mucho más importante: ¿Cuáles son las cualidades, características y potencialidades del equipo que mejor conviene y es más útil socialmente para que la ciudad siga desarrollándose de manera eficiente en bienestar, convivencia, responsabilidad, democracia, paz, justicia, libertad, equidad, fraternidad y solidaridad? ¿Cómo es el equipo que acompaña al líder?. Así pues, no es solamente el líder o la líder los que tienen que ser observados y analizados, sino sobre todo y ante todo los equipos que hacen posible su liderazgo y que son los que convierten después en resultados las propuestas del Programa Electoral. En fin, la suerte está echada y espero y deseo de todo corazón que Camas sea capaz de arrinconar a los partidos de derecha y mandar a la ultraderecha al lugar que se merece: el basurero y el estercolero de la Historia.

2 comments

  1. La frase “Franco, caudillo de España por la gracia de Dios” siempre me ha producido pavor. Más aún cuando la Iglesia católica nunca se opuso a esa frase que corría de mano en mano en todas las monedas. Ocurrió todo lo contrario; bautizó la guerra civil como “cruzada” o guerra santa para defender a dios y a los intereses de la Iglesia. De acuerdo con lo que tú dices:”Los líderes de derecha y de ultraderecha creen en el fondo que están tocados por la divinidad y que a nosotros, pobres mortales, lo único que nos queda es obedecer, ya que las decisiones de ese supuesto dios, son inapelables”. Un fuerte abrazo, J. Melero.

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  2. Querido José. Tú sabes mejor que nadie que el pensamiento teocrático, ortodoxo y mojigato, no está solamente en mundo árabe. Los europeos hemos sido maestros en eso también y una buena muestra la constituye nuestro país en todos los sentidos. Nosotros en realidad, aunque muchos digan que hemos entrado en la posmodernidad, hemos llegado a todo tarde y mal por eso todavía creo que estamos en la premodernidad y en algunos casos, como lo muestra la efervescencia del voto a VOX se está en la Edad Media y no lo digo yo lo dicen los dirigentes de esa formación cuando claman en lenguaje actual aquello de “muerte al infiel”. Muchas gracias siempre y una gran abrazo.

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