Los tres elementos de la Cultura Democrática (26M-13)

La Cultura Democrática no necesariamente se expresa o se visualiza exclusivamente en resultados concretos, ni tampoco en procesiones, misas o liturgias laicas. La Cultura Democrática, a mi entender y dado que la Democracia, tal como yo la veo, es sobre todo una actitud personal o una forma de vida que se manifiesta en todas las esferas de nuestra conducta personal y organizativa, es algo profundamente vivo y en continuo proceso de pensarse, repensarse, hacerse y rehacerse. Exige permanentemente de reflexión y acción para volver de nuevo a pensar y valorar la acción y rehacerla con criterios y enfoques nuevos que la mejoren, profundicen y amplíen. Por eso en toda Cultura Democrática siempre están presentes los tres elementos que configuran y expresan toda actitud personal: el conocimiento, los sentimientos y la voluntad.

Hacer Cultura Democrática, promoverla y estimularla, exige necesariamente de conocimiento y de memoria, no solamente social e histórica, sino también personal y biográfica. Dicho de otra forma: la Cultura Democrática exige investigación, conocimiento, estudio, formación, pensamiento crítico y autocrítico, es decir, capacidad para ver las relaciones, correspondencias y contradicciones entre lo que decimos y lo que hacemos de la forma más objetiva posible. De aquí que la Cultura Democrática debería ser promovida, no solamente en los círculos o grupos políticos interesados por ella, sino sobre todo en las familias, en los barrios, en las instituciones, pero desde luego y de forma obligatoria y transversal en todos los Centros Educativos y de Formación de la infancia y la juventud.

A su vez la Cultura Democrática exige de unos grados mínimos de sensibilidad social o si se me apura, de compasión por el sufrimiento y el dolor de nuestros semejantes, pero también de rebeldía interior o de indomable exigencia de no tolerar bajo ningún concepto que seamos tratados injustamente o lesionando nuestra dignidad más esencial. Y esto tiene mucho que ver con el grado de valentía, coraje, firmeza y pasión que cada persona es capaz de expresar, pero también con el grado de generosidad, desprendimiento y si me apuráis de amor y pasión por la utopía de un mundo, un país, un pueblo más justo y más humano. Sin sensibilidad social, sin capacidad para conmoverse por lo que le sucede a los demás o sin sensibilidad y conciencia para ser capaces de analizar nuestros propios errores personales, no podrá desarrollarse jamás la Cultura Democrática.

Por último, otro componente de la Cultura Democrática es la voluntad de trabajar, comprometerse, hacer cosas, con uno mismo y con los demás, con el fin de que los valores éticos que están en el fondo de los ideales democráticos formen parte de nuestra conducta individual y social y sean perfectamente visibles por nuestras acciones, compromisos y responsabilidades. Y cuando digo voluntad, no me estoy refiriendo al deseo de “tener buena voluntad” o buenas intenciones (no hay cosa peor que un ignorante con buena voluntad o buena intención), sino al hecho concreto de apostar por hacer algo y hacerlo efectivamente con independencia de que lo que hagamos conduzca o no a los resultados previstos o programados y con independencia también de que cometamos errores o no. Sin voluntad de apuesta, o mejor, sin capacidad de asumir riesgos y de afrontar las incertidumbres que se generan en toda acción, es imposible aumentar y mejorar nuestra Cultura Democrática individual y colectiva. Y esto evidentemente exige dosis de creatividad e imaginación, siendo capaces siempre de experimentar y de ir más allá de las rutinas a las que nos hemos acostumbrado, o de las creencias que damos siempre por supuestamente verdaderas.

Para que se vea más claro y se entienda mucho mejor lo que es y como se construye y desarrolla la Cultura Democrática en las organizaciones e instituciones voy a poner el ejemplo de lo que podría ser una Escuela Democrática o en la que se promueve, impulsa y se hace Cultura Democrática.

Una Escuela tiene Cultura Democrática cuando todos sus elementos materiales, personales, profesionales, programáticos, pedagógicos y educativos están integrados en un participado y compartido Proyecto Educativo Común (explícito o implícito), de carácter democrático y cada uno de ellos, en conjunto y por separado y, en las funciones o competencias que tienen asignadas, realizan actividades para promover dicha Cultura Democrática. Una Escuela es democrática y fomenta la Cultura Democrática cuando todos los órganos de gobierno y gestión de la misma, profesorado, alumnado, familias, directivos y todo el personal de esta, se comportan o realizan esfuerzos intencionados para conducirse de una manera democrática. Y desde luego también, cuando en sus normativas, programas curriculares, en sus actividades de aula, en su estructura de gestión y coordinación, realizan acciones concretas y continuadas en las que se visibilizan y expresan actitudes democráticas.

Sabemos que la Democracia y en general todas las actitudes o formas de comportamiento humano no se enseñan con discursos, doctrinas, palabras y escritos. La conducta concreta de cualquier persona es siempre la expresión de su carácter, su temperamento y en suma de su personalidad, que como sabemos también, es el resultado de una complejísima red de innumerables influencias, condicionamientos, costumbres y hábitos arraigados en los grupos sociales de procedencia y de pertenencia. Y esto es algo sumamente importante para toda Educación Democrática que se precie, en cuanto que nos indica que por mucho que intentemos introducir conocimientos en las mentes de las personas, obligándolas mediante determinados procedimientos de estimulación, seducción o coerción, no por eso vamos a obtener las conductas esperadas, es decir, no por eso vamos a producir aprendizaje en ellas. Y de esto los españoles tenemos un ejemplo muy sencillo: por mucho que machacaron e inculcaron en las mentes infantiles y juveniles durante los 40 años de franquismo aquella “Formación del Espíritu Nacional” y aquel “nacionalcatolicismo” represivo, condenatorio, generador de culpabilidad y justificador de conductas autoritarias y sexistas, jamás consiguieron sus propósitos porque por mucho que se obligue a una persona a pensar o actuar de una determinada manera, siempre saldrán nuestros innatos deseos de libertad, curiosidad y creatividad. Pero además, el deseo de democracia y libertad se interioriza, refuerza y consolida muchas veces como consecuencia del daño y el dolor que nos infringen las conductas dictatoriales. Y es que en la Educación de la infancia y la juventud se producen siempre paradojas: cuanto más autoritarios somos con nuestros hijos o nuestros alumnos, más alimentamos la desobediencia y cuanto más permisivos y tolerantes con las normas básicas de convivencia, más promovemos o facilitamos los comportamientos autoritarios. En suma, la Cultura Democrática se adquiere y desarrolla haciendo Democracia y no dando consejos, realizando discursos o estudiando leyes y normas.

Sin embargo y continuando con el ejemplo de las Escuelas como lugares indispensables para el aprendizaje y el ejercicio de la Cultura Democrática, esto no significa que los conocimientos haya que marginarlos o desconsiderarlos, sino por el contrario activarlos, combinarlos e integrarlos con la práctica concreta de conductas y compromisos, ya que toda conducta, sea la que sea, tiene siempre un componente cognitivo, además de emocional y comportamental. De aquí la extraordinaria importancia que tiene que en todas las Escuelas e Instituciones educativas se enseñe Filosofía, Ética, Historia de las ideas y realizaciones sociales,
políticas y religiosas; Memoria Democrática; los Derechos Humanos Universales y en general se eduque para el ejercicio de los derechos y deberes democráticos, lo cual no es posible sino se enseña y se desarrolla al mismo tiempo el pensamiento crítico y autocrítico y la responsabilidad social individual.

Para la Educación Democrática no se trata de inculcar, obligar, adoctrinar, seducir, manipular, chantajear o utilizar procedimientos coercitivos como hizo el franquismo con todos los de mi generación, sino de combinar pensamiento y reflexión crítica con acción coherente, responsable, comprometida y susceptible de ser evaluada. Así por  ejemplo, cuando los políticos del PP o los jerarcas de la Iglesia Católica española discursean y nos dan orientaciones sobre el adoctrinamiento, atreviéndose a denigrar y descalificar iniciativas de Educación para la Ciudadanía o de Educación para la Igualdad de Género, mienten a sabiendas e intencionadamente, negando y ocultando que los mejores ejemplos de dogmatismo y adoctrinamiento son ellos mismos, tal y como han demostrado en la historia pasada y reciente. Para terminar con este ejemplo, diré que testimonios y realizaciones de Escuelas Democráticas que promueven la Cultura Democrática hay muchísimos. Pero si hay una que para mí sobresale sobre todas las que yo he tenido la oportunidad de conocer en nuestro contexto, fue sin duda la Escuela Profesional SAFA de Riotinto, que en pleno franquismo y dirigida por el recientemente fallecido sacerdote jesuita Miguel Ángel Ibáñez Narváez (qepd) durante su periodo 1970-1973, supo crear las condiciones psicológicas, pedagógicas, ambientales y educativas para que cada uno de sus alumnos se comprometiese libremente en la gestión, realización y producción de su propio aprendizaje, y en la defensa de los valores democráticos. Seguro que algunos de los que leen esto, coincidirán conmigo en esta valoración y pueden responder con su propia experiencia y testimonio lo que afirmo.

Pero ¿A que viene todo este discurso sobre la Cultura Democrática que vengo haciendo? Pues viene por dos cosas. La primera porque entiendo que las actuales Delegaciones de “Cultura, Identidad Local y Participación Ciudadana“; “Educación e Igualdad” y “Juventud y Cultura Democrática” no deberían estar separadas y a cargo de personas diferentes, sino que deberían estar unidas, integradas e intimamente coordinadas lo cual permitiría diseñar iniciativas más transversales y eficaces que pusieran el foco en el desarrollo de la Cultura Democrática en todas sus dimensiones. Pondré un ejemplo: ¿Por qué no se ha realizado un Programa Educativo para Primaria y Secundaria en el que se ofrezcan al profesorado, materiales, recursos, intervenciones sobre la Memoria Histórica y Democrática de Camas? Pues yo creo que no se ha hecho, porque cada Delegación como es natural y haciendo uso de sus competencias, pues se ha dedicado a su ámbito o especialidad, cuando precisamente hay temas transversales que exigen una unidad de criterio, de programación e intervención indispensables.

Y la segunda razón por la que me he metido en este asunto de la Cultura Democrática, es porque objetivamente hay grupos y formaciones políticas que están en contra en mayor o en menor grado de que se desarrolle la Cultura Democrática y se amplie y profundice la Democracia, aunque después sibilina e hipócritamente hablan de que son “constitucionalistas“. En este punto, no puedo olvidar que el gobierno del PP de Rajoy, que ahora lo han hecho santo los defensores de Casado, ha supuesto para el conjunto de la ciudadanía española una regresión democrática enorme y si no se quiere ver, ahí están la Reforma Laboral, la Ley Wert o la Ley Mordaza y otras muchas medidas. Como tampoco puedo olvidar que en esta ciudad hay 3 formaciones de derecha y una de ultraderecha que se presentan a las Elecciones del 26M y lo que está claro, es que este tipo de formaciones no quieren y combaten incluso furibundamente cualquier medida social o participativa que amplie la Democracia en la ciudadanía. Ahora bien, eso sí, las instituciones democráticas las utilizan para ir poco a poco o de golpe introduciendo medidas que niegan los Derechos Democráticos en la práctica, porque en el fondo creen que los problemas que tenemos son producto de un supuesto exceso de Democracia y por tanto proponen medidas autoritarias y de golpes de timón para que los ciudadanos estemos calladitos, obedientes y pongamos solamente la papeleta que queramos cada 4 años. Y es que los problemas, dificultades y debilidades de los Sistemas Democráticos, no se pueden resolver con menos Democracia, sino con más, mucha más. ¿A quien votar entonces? Sencillo: a todas aquellas formaciones y personas que en sus idearios, programas y trayectorias han mostrado con hechos que quieren promover, desarrollar y extender la Cultura Democrática de Camas.

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