Profundizar y extender la Cultura Democrática en Camas (26M-14)

Confieso que este artículo me ha salido demasiado largo y puede dificultar de entrada el que lo lean más personas, pero como resulta que este tema de la Cultura Democrática me apasiona y además estoy disfrutando con la elaboración de estas disoñaciones, pues ahí va para quien tenga la paciencia de tener algo más de 5 minutos para leerlo.

El título de este artículo de disoñaciones, bien podría ser un gran objetivo sociopolítico y sociocultural que a mi juicio debería estar siempre presente en todos los gobiernos municipales de la Camas del siglo XXI, porque como me gusta decir a menudo, no basta con aumentar y mejorar el “bien-estar” sino que es necesario y sobre todo, atender, cuidar y profundizar en el “bien-ser“. No basta con que una ciudad crezca, se mantenga, se mejore y se cuide en su cuerpo físico, pavimentando calles, haciendo rotondas, inaugurando edificios públicos, mejorando jardines y zonas deportivas, promoviendo el empleo, etc, porque ¿de que sirven tantas comodidades y mejoras si el Ayuntamiento y la ciudadanía no se comporta de manera más democrática, pacífica, comprensiva, responsable, fraterna y solidaria?

Para hacer y construir “Cultura Democrática” o para “cultivarse democráticamente” individual o colectivamente, o “sembrar y cultivar Democracia” tenemos necesariamente que educarnos, formarnos, leer, estudiar y en definitiva aprender a conocer, aprender a ser, aprender a convivir y aprender a comprometernos y ser responsables socialmente, algo por cierto que ya dejó dicho, hace más de veinte años, el famoso Informe Delors patrocinado por la UNESCO, “La Educación encierra un tesoro“. En fin, lo que quiero expresar con esto es que Educación y Democracia van de la mano en el sentido que a mayor y mejor Educación, mayores y mejores posibilidades de profundizar y extender la Democracia. Otro argumento más para que las Delegaciones de Educación y Cultura estén integradas y fuertemente unidas en una sola Área.

Para profundizar y extender la Democracia y reducir o minimizar las limitaciones de los mecanismos de representación, hoy podemos hablar de “Democracia Participativa” como aquella que proporciona procedimientos de “Democracia Directa”, es decir, sistemas para que la ciudadanía o los miembros de una organización, haciendo uso de su indelegable poder de decisión personal, participen, corrijan, enmienden, sugieran o cambien las decisiones que los representantes políticos adoptan. Así, por ejemplo, encontramos procedimientos tales como asambleas populares, vecinales o por sectores sociales; consejos ciudadanos; referéndums consultivos o decisorios; comisiones de garantía y control; iniciativas legislativas ciudadanas; presupuestos participativos; encuestas periódicas y otros muchos que nacen de la creatividad de los grupos ciudadanos más comprometidos en la conquista de derechos sociales. Estos procedimientos, obviamente, pueden perfectamente aplicarse a ámbitos muy diversos, pero por lo general se utilizan muy poco o no son asumidos por las grandes mayorías de la población, dado el costo de reuniones, esfuerzos y sobre todo la perniciosa inercia de dejar que los representantes hagan lo que consideren más conveniente en cada momento. Pero también, y especialmente, dados los intereses de las grandes formaciones políticas y grandes corporaciones empresariales que por lo general siguen procedimientos muy burocratizados, centralizados y jerarquizados con el fin de que los sistemas de expropiación del poder ciudadano se acepten como naturales. De hecho y en la práctica, todo gobernante, sea nacional, autonómico o local, generalmente sigue las inercias burocráticas que las normativas y rutinas de la gestión marcan, inercias y rutinas en las que el asunto de la participación ciudadana ocupa escaso espacio en sus agendas. Y claro, sin tener que estar continuamente activando procedimientos de participación de ida y vuelta, pue el trabajo aparentemente se hace más cómodo y tranquilo, que cuando se tiene tiene que estar tomando en consideración las aportaciones de la ciudadanía. Por eso creo que la Participación Ciudadana no se reivindica por la gran mayoría de la ciudadanía, a la que le basta ir a votar cada 4 años, algo que incluso no hace (en 2015 la abstención en Camas fue superior al 50 %) ya sea por pereza o indolencia o incluso porque desconfían de que sus peticiones y aportaciones sean tomadas en consideración o que su voto sirva realmente para algo..

Disoñando sobre este asunto, soy de la opinión que más que un Reglamento de Participación Ciudadana que regule escrupulosamente todas las situaciones y posibilidades de participación como así hace el Reglamento Genérico de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) el cual desde luego tiene unas valiosas aportaciones y especificaciones que no sé si conocerán todos y cada uno de los 168 candidatos a concejal, hacen falta, de acuerdo con mis disoñaciones otras cosas. En principio creo que podrían ser tres:

  1. Que el Ayuntamiento encargase y financiase un estudio empírico de carácter sociológico acerca de la Participación Ciudadana que nos ofreciera datos fiables y contrastados sobre lo que piensa, interesa y sugiere toda la ciudadanía y cada uno de los barrios y sectores. Y entonces nos dejaríamos de especular y tendríamos un diagnóstico sólido de la situación y seguramente descubriríamos elementos que nos permitirían crear un Plan de Acción para promover, fomentar y activar la Participación Ciudadana.
  2. Que antes de elaborar y ejecutar un Reglamento de Participación que me consta que ya está elaborado, se redactara en base a los datos obtenidos del Estudio Empírico anterior una especie de Código de Buenas Prácticas para la promoción de la Participación Ciudadana en todas y cada una de las Áreas de Gestión, incluida la Alcaldía que lógicamente se sometería al Pleno para su aprobación y que desde luego exigiría responsabilidades y actuaciones no solo a los concejales del Gobierno, sino también a los Concejales de la Oposición. Y a partir de ese Código, que contendría lógicamente principios, orientaciones, recomendaciones y algunos procedimientos, se dejase pasar por ejemplo un año para volver después a comprobar que resultados se han obtenido del trabajo y la responsabilidad que cada uno de los concejales han desarrollado para promover la Participación Ciudadana.
  3. Una vez transcurrido este año, creo que ya el Ayuntamiento podría reelaborar un Reglamento de Participación, que aunque respetase obviamente lo exigido por las Leyes, introdujese novedades y procedimientos en base al estudio realizado, la práctica desarrollada por los concejales y sobre todo que la participación de la ciudadanía no tuviese que someterse a mecánicas engorrosas, prolijas o muy burocratizadas haciendo posible un máximo de flexibilidad y naturalidad en los procedimientos. Y en este Reglamento original del Ayuntamiento de Camas, lógicamente habría que introducir elementos y procedimientos de lo que conocemos como Democracia Participativa.

Evidentemente no puedo negar que la Democracia Participativa también tiene sus limitaciones que se derivan por un lado de la complejidad para tomar decisiones continuas por un gran número de personas, o por la situación de superioridad de aquellos miembros que manejan más información y controlan cuando y como debe ofrecerse, o que tienen “piquitos de oro“, como sucede en los movimientos asamblearios, aunque esto es una realidad que está cambiando mucho gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que proporcionan informaciones, consultas o decisiones colectivas casi instantáneas.

Además, hay que tener en cuenta también, que lo que entendemos por Democracia, o lo que se asume como Cultura Democrática es un asunto que solamente se preocupa y se ocupa de temas sociales y políticos, sin entrar en temas de organización, personales o en el mundo de las experiencias de convivencia, las emociones y percepciones de las personas. De hecho sucede que aunque en nuestra vida pública y visible nos comportemos como ciudadanos democráticos, en nuestro mundo privado de relaciones de convivencia cotidiana, ya sean laborales, familiares o grupales, podemos comportarnos, dado el caso, como auténticos dictadores o tiranos por aquella necesidad de nuestro Ego de llevar siempre razón e imponer de una u otra manera nuestras concepciones y criterios, utilizando para ello todos los ardides y falacias que sean necesarias con tal de salir victorioso en las contiendas de debate. Por eso la Democracia como sistema de convivencia y como conjunto de procedimientos formales para tomar decisiones no podrá funcionar jamás si solamente es un sistema de reglas mecánicas para cuestiones externas o ajenas a nuestras percepciones, emociones y creencias, o independientes de nuestra vida privada y de pertenencia a pequeños grupos.

Por otro lado, la Democracia, ya sea representativa o participativa, se funda en el concepto de poder ciudadano o poder de los miembros de una sociedad o una organización para tomar decisiones de forma autónoma conforme a criterios que garanticen la participación de todos. En este punto es obvio que a mayor empoderamiento de la ciudadanía, es decir, a mayores posibilidades de ejercer su poder de decisión personal no mediado, ni representado, pues mayor desarrollo democrático. Sin embargo, la Democracia pasa de puntillas o no se basa en la necesidad de una mayor conciencia y responsabilidad personal por parte de cada ciudadano o cada uno de los miembros de la organización. Es como si el asunto de la Democracia fuese exclusivamente una cosa de los “piquitos de oro” de las organizaciones, los políticos profesionales o de los militantes de los partidos y el resto de los ciudadanos nada tuviera que decir o hacer. En consecuencia, la Democracia no es exclusivamente un sistema para tomar decisiones o dirimir conflictos de intereses, sino es sobre todo y especialmente, una actitud interior que se alimenta de la conciencia personal y del modo en que nuestra conducta diaria se corresponde con esa conciencia, es decir, es una Cultura ya sea esta material o inmaterial de responsabilidad.

Toda “Cultura Democrática” es pues como una especie de patrimonio colectivo e individual de Democracia en todas las dimensiones de nuestra vida personal y social, en la que necesariamente hay que incluir todas aquellas acciones organizadas o espontáneas, individuales o colectivas dirigidas a la defensa y conquista de las Libertades Democráticas y los Derechos Humanos que se han producido en la Historia. Dicho de otra manera: toda Cultura Democrática tiene necesariamente que alimentarse de todas aquellas realizaciones, conquistas y luchas sociales que nuestros antepasados nos legaron con su compromiso, con su sacrificio y con su vida defendiendo valores éticos universales. Por eso, toda Cultura Democrática tiene que estar indisociablemente unida a la Memoria Histórica y Democrática de los pueblos, porque dicha Cultura no nace del vacío, se construye a partir del patrimonio inmaterial ético, político y de hábitos sociales heredados, pero también de los ensayos y apuestas de creatividad e innovación democrática, fueran o no exitosas.

La “Cultura Democrática” de una sociedad, un país o un pueblo bebe necesariamente de su Historia y de los esfuerzos y grandes sacrificios que nuestros antepasados hicieron por construir, sostener, defender y ampliar la Democracia. Un ejemplo: cuando el Grupo de Camas (Sevilla) de la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática” está empeñado en homenajear anualmente a “La Columna Minera de Riotinto” no lo hace solamente para recordar y denunciar un luctuoso y criminal acontecimiento o generar sentimientos de repulsa para obtener réditos de protagonismo o de prestigio democrático, lo hace porque dicho Grupo, al que me honro en pertenecer, considera que con este Homenaje estamos en realidad aumentando y mejorando la calidad de la Cultura Democrática de Camas e incluso de toda Andalucía y de toda España. Y el hecho de que se siga celebrando y sea cada vez más participativo y mayoritario, es una prueba no solo de la Cultura Democrática de Camas, sino también de la sensibilidad y valores presentes en nuestra ciudad.

Pero vayamos a disoñaciones más concretas que pueden contribuir de forma efectiva a profundizar y extender la Cultura Democrática en Camas. ¿Qué medidas creo que podrían ponerse en marcha dentro de nuestro marco legal y normativo? Se me ocurren las siguientes:

  1. Realizar un proyecto municipal aprobado por el Pleno, que desembocase en el diseño y la ejecución de unos “Presupuestos Participativos“.
  2. Poner en marcha procedimientos de consulta popular o de referendum municipal con el fin de que toda la ciudadanía se pronuncie sobre determinadas iniciativas, estrategias, proyectos y programas municipales. Ejemplos: ¿Qué tal si el Ayuntamiento comienza a caminar para dejar claro cual es la opinión de la ciudadanía respecto a la fiesta de los toros y la promoción de la misma en nuestra ciudad? ¿Por qué no un debate público seguido de referendum sobre este asunto sin que esto signifique prohibir dicha fiesta de maltrato animal en Camas por el momento? ¿Por qué no consultar sobre el destino de grandes solares como el actual campo de Feria, su necesidad o no de traslado y el destino del gran solar de aparcamiento existente en el Centro? ¿Por qué no consultar sobre la opinión que tienen todos los vecinos respecto a las grandes obras que son necesarias? ¿Por qué no pedir opinión haciendo encuestas de diagnóstico por cada barrio o sector social, profesional o económico?
  3. Celebrar anualmente Asambleas por barrios para dar cuenta de las gestiones realizadas y para recibir públicamente sugerencias, quejas y comentarios. Si los militantes de los partidos y los candidatos y candidatas solamente movilizan a la ciudadanía cada 4 años para pedir el voto y de la forma más comercial y propagandística, no nos podemos extrañar que muchos ciudadanos se cansen de participar en las elecciones, cuando se dan cuenta de que para lo único que se les quiere es para pagar impuestos y tasas o elegir a tal o cual representante. Y es que lo queramos o no, o por muchos que sean los dispositivos tecnológicos que permiten consultas e informaciones instantáneas, no hay absolutamente nada que pueda sustituir el contacto y la comunicación humana en vivo y en directo. Aprender a participar se aprende participando, igual que a bailar se aprende bailando o a leer, leyendo, por eso considero que los argumentos exculpatorios del tipo “la gente no quiere” “la gente es muy apática e indolente” etc, no pueden contemplarse ya que en mi opinión la animación y el impulso de la Participación Ciudadana es una responsabilidad de cada concejal ya que se quiera o no, ellos son solamente representantes y no sustitutos de la voluntad popular.
  4. ¿Por qué no activar o poner en marcha un Consejo Municipal de Participación Ciudadana en el que estuvieran representados todos los barrios, asociaciones y sectores sociales de la ciudad para que con carácter anual o cuando se estimase necesario estudiase e informase al Pleno Municipal de aquellos asuntos de especial relevancia?

En fin, comprendo que todo esto es muy fácil pensarlo y decirlo desde mi sillón, cuando además una gran mayoría de la población, no está acostumbrada a participar ni tampoco se la ha estimulado a ello durante todo este tiempo de Ayuntamientos Democráticos. Y comprendo también que no todos los idearios y programas de los partidos políticos representados en el Ayuntamiento estarían a favor de estas iniciativas. No obstante, si seguimos reduciendo la participación democrática única y exclusivamente a la movilización del voto cada cuatro años, dificilmente seremos capaces de crear nuevos espacios de encuentro y de responsabilidad social. En fin, insisto, esto son disoñaciones para la Camas del siglo XXI que como es lógico, no tienen que ser compartidas y suscritas por nuestros representantes municipales, pero al menos creo que pueden hacer pensar y ayudar para que realmente nuestra ciudad siga avanzando en todas las dimensiones.

3 comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tu exposición. Pienso, como tú, que la Democracia no debe limitarse a votar cada cuatro años. Debe ser participativa como organizar asambleas anuales y promocionar referéndums para que los ciudadanos decidan sobre cuestiones que le afectan. Un abrazo J. Melero.

    Me gusta

  2. Suscritas para seguirlas fielmente no, pero como fuente de inspiración sí que les debería servir a los futuros regidores. Tal vez implicaría más a la ciudadania en la toma de decisiones, disminuiría la opinión negativa sobre sus gobernantes y evitaría el apogeo de los populismos quee usan las medias verdades para prosperar.

    Me gusta

Responder a José Melero Pérez Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s