Krisis

Comunista

Cualquiera que haya visto el reciente Debate de Investidura, se habrá dado cuenta de que uno de los epítetos más repetidos por los tres sectores de la derecha política de nuestro país (PP, Vox y Cs) y dirigido al nuevo Gobierno de Coalición para insultarlo y desacreditarlo ha sido el de “comunistas“, unido también al de “populistas“, “separatistas” y “venezolanos“, algo por cierto que forma parte ya del argumentario habitual de toda esa marabunta de neofascistas y franquistas de nuevo cuño que creen que España es suya y solo suya.

Como todo el mundo sabe, esta estrafalaria y absolutamente falaz y mentirosa estrategia pseudoargumental, comenzó a partir de 2011 con la llegada del 15-M y la entrada de PODEMOS en el escenario electoral y se desarrolló gracias a los inestimables servicios “patrios” del comisario Villarejo, el ex-ministro del Interior Fernández Díaz y de esa prensa irreconciliable e insidiosa que desde el “ABC” hasta Okdiario, pasando por “La Razón”, tienen siempre un altavoz asegurado en la cadena “Atresmedia” o en la COPE, que es la radio de la Conferencia Episcopal Española. Unos medios, que como todo el mundo sabe también, constituyeron y constituyen la conocida “máquina del fango” encargada de distorsionar, confundir y cuando no, mentir todo lo que fuera necesario con tal de destruir la imagen y el éxito inicial de “PODEMOS”, la nueva fuerza política que el próximo 11 de marzo del presente año cumplirá 6 años. En este punto, creo que es de justicia reconocer, que a pesar de todos los errores de libro y de bisoñez, a pesar de toda su juventud y de toda su ansiedad por conseguir lo que no es posible conseguir en poco tiempo y a pesar de todo ese mesianismo asociado al hiperliderazgo, creo sinceramente que sin el nacimiento y la existencia de PODEMOS nada de lo que hoy se ha conseguido hubiese sido posible.

Al menos y aunque desde luego esto es netamente insuficiente y no puedo saber cómo evolucionará, hoy contamos con una nueva fuerza política y electoral, “UNIDAS PODEMOS“, en la que están representados muy diversos y heterogéneos grupos, que procedentes casi todos de los movimientos sociales y de IZQUIERDA UNIDA, constituyen por el momento una seminal recién nacida alternativa política a esa socialdemocracia neoliberal que ha sido y sigue siendo hegemónica en nuestro país y que hasta el momento ha estado representada por el histórico PSOE. Pero como resulta que “sin embargo, se mueve“, como decía Galileo cuando la Católica Iglesia con su Inquisición lo condenó en 1633, pues afortunadamente en el PSOE, en PODEMOS y en IZQUIERDA UNIDA, también se mueven los pisos, los techos e incluso los cimientos, porque creo que están aprendiendo que los métodos, consignas, propuestas y soluciones a los problemas y necesidades de los sectores sociales más desfavorecidos de hoy ya no pueden resolverse con el frentismo, el reduccionismo, el simplismo o las recetas, siempre las mismas, del neoliberalismo, dado que nuestras sociedades son extraordinariamente complejas. Y al decir complejas, estoy diciendo que están sometidas no solo al azar sino también a movimientos permanentes de interacción, retroacción, recursividad y eso que Edgar Morin denomina “ecología de la acción“, que no es otra cosa, que la evidencia de que una vez desencadenada una acción, siempre escapa de las intenciones iniciales pretendidas siguiendo muchas veces cursos imprevisibles que pueden incluso ser contrarios a esas intenciones iniciales.

Pero no es de esto, de lo que quiero realmente hablar hoy. De lo que quiero hablar es de como la palabra “comunista” es utilizada como adjetivo descalificatorio, como insulto, o como desprecio falaz ante cualquier discrepancia que se pueda tener con las tradicionales fuerzas políticas conservadoras o de derecha. O también de como las poderosas fuerzas del capital y del imperialismo norteamericano y de la gran “industria de la conciencia“, siguen utilizando el mismo apelativo como una especie de talismán o jaculatoria que repiten y repiten sin cesar propagándola por todos los medios, para así condenar a los infiernos a cualquier ciudadano que simpatice o se declare de izquierda o que simplemente crea que es necesario profundizar la democracia en la perspectiva del cumplimiento y desarrollo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (DUDDHH).

Los que hemos tenido la gran fortuna de militar en aquel Partido Comunista de España que desde 1956 apostó por la Reconciliación Nacional y por el cambio pacífico del régimen dictatorial de Franco. O los que hemos tenido la gran suerte de conocer y estar al lado de abnegados, sacrificados y heroicos militantes que lo dieron todo por la conquista de las libertades democráticas en nuestro país, sabemos de sobra y asumimos con satistfacción, o al menos esto es lo que realmente siento, que el que me digan o nos digan “comunistas“, no solo no nos enfada, ni mucho menos nos arruga o acobarda, sino que es exactamente todo lo contrario, es decir, nos honra, nos glorifica y nos afirma aun más si cabe en nuestras creencias y convicciones.

El recurso argumental que habitualmente se utiliza para desacreditar a los comunistas, es decir por ejemplo, que somos lo viejo, el pasado, lo antiguo y que ser moderno significa abrazar sin limitaciones el capitalismo, el mercado y el neoliberalismo, ignorando interesadamente, claro está, los datos más elementales de la Historia que prueban que el capitalismo, ya sea un su forma mercantil, financiera o industrial es muchísimo más antiguo que el comunismo como ideología o movimiento político.

El comunismo, como todo el mundo sabe o debería saber, comenzó a tomar cuerpo ideológico y político formalizado a partir de aquel grito de “Proletarios del mundo, uníos” que encabezaba el famoso “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels de 1848. Y esto quiere decir, que los que acusan al comunismo de una ideología vieja, rancia y con escasa capacidad para la transformación social, ignoran interesadamente que eso que conocemos como “civilización occidental cristiana” y que significó durante siglos la Santa Alianza entre la Monarquía, la Aristocracia, la Iglesia, la Espada y ya modernamente la Burguesía, es curiosamente infinitamente más viejo y antiguo que el comunismo.

Otro de los falaces argumentos que ridículamente esgrimen los incansables enemigos de la libertad y de los Derechos Humanos, como hemos visto también en las referencias que los fascistas de Vox hicieron en el Debate al referirse al socialista Largo Caballero y a la insurrección de Asturias de 1934, es asimilar que el ser o el sentirse comunista, significa aceptar y aplaudir todos los errores y horrendos crímenes que en nombre del comunismo se han cometido en el siglo XX.

De esta manera y mediante la falacia de la generalización, interesadamente ignoran o desconsideran el hecho histórico de que el comunismo como ideología ha tenido y tiene muy diferentes corrientes, tendencias, escuelas y formaciones políticas, igual que por ejemplo el cristianismo. Así y de la misma manera que no son comparables el cristianismo de la Inquisición o del nacionalcatolicismo heredero de la Encíclica “Cuanta Cura” del Papa Pio IX (1864), con el cristianismo del Concilio Vaticano II (1962) o el de la Teología de la Liberación (1968), tampoco pueden ser comparables el comunismo de Stalin o el de Corea del Norte, con el comunismo en general. Y es que lo queramos o no, una cosa son las iglesias religiosas o laicas que son indudablemente instituciones de poder, control e imposición de dogmas, credos y líderes y otra cosa muy diferente las creencias y movimientos ideológicos que recogen y asumen los fines y aspiraciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), Declaración que yo sepa, a la que el Estado Vaticano todavía no se ha adherido aunque la defienda públicamente.

En este mismo sentido, las fuerzas políticas de ultraderecha y de ultra-ultraderecha de nuestro país (PP, Cs y Vox) olvidan también, por ejemplo, que el Partido Comunista de España (PCE) cuando condenó la invasión soviética de Checoeslovaquia en 1968, inició un proceso de renovación que aunque no cuajó ni obtuvo el respaldo electoral esperado en 1977 y en las elecciones sucesivas, lo cierto fue que se despegó del orbe soviético y apostó por el llamado “eurocomunismo” que junto al Partido Comunista Italiano y el Francés, intentaron inaugurar un nuevo modo de entender el comunismo y la intervención en política cuya digamos “consagración” se hizo en Madrid en 1977 por los dirigentes Enrico Berlinguer, del PCI, Georges Marchais del PCF y Santiago Carrillo del PCE afirmando, o al menos fue esto lo que yo creía, que no se trataba de hacer “comunismo en libertad“, sino de definir con nuestras prácticas sociales que “comunismo es libertad” ya que sin unas garantías efectivas de igualdad social no puede haber libertad que valga.

Con esto lo que quiero decir, es que para los militantes comunistas del PCE de aquellos años de la Transición Democrática, decir, sentirse, actuar personal y profesionalmente, o participar políticamente era y sigue siendo lo mismo que conquistar, consolidar, garantizar y desarrollar las más amplias libertades de desarrollo humano y social coherentes con los Derechos Humanos Universales. No obstante es obligado decir también que hay algunos Derechos de la DUDDHH que en mi opinión habría necesaria y obligatoriamente que limitar, como por ejemplo el derecho a la propiedad del artículo 17 ya que a todas luces es evidente que choca y se contradice con la situación actual de incumplimiento del artículo 1 que dice que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros“.  Que quede claro pues que para mí, ser o sentirse comunista hoy es defender hasta sus últimas consecuencias y en su máximo desarrollo este artículo 1 de la DUDDHH, algo por cierto que los comunistas españoles hicieron y siguen haciendo desde aquel 1956 de la Política de Reconciliación Nacional. Otra cosa es, claro está, que las actuales iglesias o partidos comunistas hayan tomado derroteros más o menos ortodoxos, bolcheviques, dogmáticos o autoritarios, violentos e incluso criminales como autodefensa o autoprotección para reivindicar supuestas esencias de la ideología comunista y sus iglesias laicas. Pero de lo que no tengo dudas es de que aquel PCE que yo conocí de la Recociliación Nacional, la Alianza de las Fuerzas del Trabajo y la Cultura, del Pacto para la Libertad o de la Junta Democrática de España, o de los movimientos y frentes de lucha sociales, me parece que ya no queda casi nada, por eso es normal y legítimo que muchos de aquellos militantes del PCE se sientan hoy más identificados con el PSOE, con UNIDAS PODEMOS o con las numerosas organizaciones que activan y mantienen los movimientos sociales reivindicaticos y alternativos.

Por otro lado, los que me acusan o nos acusan de “comunistas“, además de desconocer los más básicos y elementales conocimientos de nuestra Memoria Histórica Democrática, ocultan aviesamente que no se puede ser comunista, es decir, que no se puede estar a favor del artículo 1 de la DUDDHH o de la igualdad, si no se es al mismo tiempo socialista, porque al fin y al cabo los partidos comunistas que hemos conocido no son más que el resultado de las escisiones cismáticas de la gran madre común que constituye la gran familia cultural socialista. Una gran familia que nace y comienza su desarrollo en el siglo XIX, cuando todavía no existían Derechos Humanos Universales ni nada que se le pareciese ya que todo era Corona, Cruz y Espada. Así cuando alguien me dice “comunista” pues me siento honrosamente heredero y dignamente discípulo de todos aquellos personajes y movimientos del siglo XIX: de los “socialistas utópicos” Owen, Fourier, Proudom y Saint-Simón; de los “socialistas cientificos” Marx y Engels y tambien de los “socialistas anarquistas” de la “Fraternidad Internacional” y la “Alianza Internacional de la Democracia Socialista” de Bakunin.

Es obvio que ha llovido muchísimo desde entonces y que en nombre de las ideas socialistas y comunistas se han cometido verdaderas barbaries, salvajadas e incluso genocidios, pero eso no me impide sentirme en mi interior heredero, admirador, seguidor y militante ciudadano o social sin iglesia-partido de los valores éticos universales de libertad, justicia e igualdad, porque repito, una cosa son las ideas originales de los filósofos, pensadores y grandes personajes de la Historia de la Humanidad y otra cosa muy diferente cuando esas ideas cristalizan en organizaciones e instituciones de poder que poco a poco se van alejando de esos valores e ideas originales. Y esto es algo que puede verse y comprobarse fehacientemente por ejemplo con el mensaje de Jesús el hijo del carpintero, personaje que ni fundó religión, ni iglesia, ni templo, ni hizo procesiones a imágenes, ni fundó Estados, ni hizo Cruzadas, ni Inquisiciones, ni nada que se le parezca y es que una cosa es la Iglesia Católica y otra cosa por desgracia diferente el mensaje original de Jesús.

Por otra parte que un fascista ya sea de Vox, del PP o de Cs me llame “comunista“, aunque desde luego es un acto de ignorancia total porque todavía creen que la tierra es plana y que nada se mueve, en realidad me están haciendo un favor porque lo que ellos consideran un insulto para mí realmente es una adulación que en mi interior funciona como una especie de test que me confirma que estoy en el buen camino y haciendo lo correcto y conveniente. Y esto lo pienso y lo siento así, sencillamente porque si luchar y comprometerse con la justicia, la libertad, la igualdad y la fraternidad es “ser comunista” pues sí, soy comunista y a mucha honra.

Pero lo que no acabo todavía de entender bien, es como insisten e insisten en ese apelativo o cantinela, aunque creo que si lo hacen es porque saben que en la sociedad española hay todavía como una especie de prejuicio, estereotipo o rechazo hacia todo lo que signifique comunismo o comunista. Un rechazo obviamente heredado de los 40 años de franquismo y de otras actitudes de dirigentes que se dicen de “izquierda” y que condenan arbitraria y generalizadamente todo lo que huela o signifique “comunismo”. Actitud de rechazo que sin duda es debida también a esos comunistas de secta o de salón que se dicen “auténticos” seguidores de la ortodoxia (marxista, leninista, estalinista o de cualquier otra escuela dogmática) que solo discuten de ideas y de poder pero que después en la calle, en la fábrica, en la familia o en la escuela acostumbran a hacer todo lo contrario de lo que predican y dicen defender. Y es que para mí, ser o sentirse comunista o socialista, es en primer lugar rechazar cualquier tipo de dogma, cualquier tipo de culto a la personalidad, cualquier tipo de abuso y permanencia en el poder, cualquier tipo de maniobra para situarse por encima de los demás, cualquier tipo de estrategia basada en la violencia, la guerra, la manipulación, el engaño y en definitiva cualquier tipo de conducta que contradiga con las acciones el mensaje de igualdad, libertad, justicia y fraternidad anunciado en los discursos.

En resumen, que alegría más grande que me llamen “comunista” y de verdad es que no me importa absolutamente nada, porque por encima y por debajo de cualquier adjetivo, insulto, descalificación o daño que puedan infringir a mi credibilidad social o a mi imagen pública, ya a mi edad tengo muy claro que tengo suficiente autonomía moral y suficiente desarrollo de mi conciencia para comprender que la verdad es siempre histórica, concreta y de clase y de que solamente “por sus hechos los conoceréis“. Por eso el Gran Maestro Helder Camara dice que cuando pregunta por qué el pobre no tiene pan, lo llaman comunista, y por eso creo que a mí y a todos los que piensan y sienten como yo nos llaman “comunistas“. Por mí, desde luego que continuen sin parar, porque me dan ánimos para seguir e incluso me resulta divertido en estos tiempos, aunque desde luego el que te dijeran o te acusaran de “comunista” en el franquismo te podía costar la cárcel, la tortura o la vida.

Finalizando ya este larguísimo artículo, no quisiera terminar expresando mi más sentido y profundo agradecimientos por todas las enseñanzas que recibí de los “Comunistas de Camas” desde mediados de los años setenta hasta mediados de los años noventa del pasado siglo. Unos comunistas que afortunadamente hoy constituyen lo más hermoso y auténtico de mis amistades. Sí, sí, me siento comunista ¿y qué?

A %d blogueros les gusta esto: