Krisis

1.- ¿Qué es el laicismo?

A nadie se le oculta, que las grandes cuestiones que marcan las preocupaciones de los seres humanos de nuestro tiempo están sin duda alguna centradas en nuestra supervivencia planetaria, el creciente y escarnecedor aumento de las desigualdades sociales, la discriminación y la violencia contra las mujeres, además del drama humano representado por los movimientos migratorios y la ausencia de políticas de acogida y solidaridad por parte de los países enriquecidos, cuya riqueza la obtuvieron gracias al saqueo, expolio y robo a mano armada de continentes enteros.

Estamos pues en un momento histórico realmente crítico en el sentido de que no solamente está en peligro el necesario equilibrio ecológico planetario que garantice la sostenibilidad de la vida, sino también el descrédito, la inoperancia y la ausencia de modelos y estrategias políticas nacionales e internacionales capaces de hacer frente de una forma coherente y responsable socialmente a todos los problemas originados por el modelo depredador representado por el capitalismo y el neoliberalismo como sistemas económicos de producción y distribución profundamente insostenibles e insolidarios.

Todo está sin duda en crisis, una crisis que es al mismo tiempo externa e interna, material y personal, social e individual en el sentido de que nunca antes, o al menos esto es lo que pienso en el instante en que escribo esto, me había sentido tan perplejo, desorientado e incapaz de dar una mínima respuesta, aunque fuese meramente intelectual, a tanta barbarie, tanta catástrofe, tanta calamidad y tanta ignorancia. Y todo esto sin hablar de esa corriente general de dogmatismo, autoritarismo y neofascismo que recorre el mundo entero y que desprecia no solo el ecologismo, el feminismo, sino que ignora, vitupera y renuncia al cumplimiento, desarrollo, expansión y profundización de los Derechos Humanos Universales.

Ante esta situación planetaria en la que todos los seres humanos estamos inmersos, hablar de laicismo tal vez pueda parece un asunto sin importancia, pero realmente no lo es porque es precisamente ahora que vivimos en sociedades multiculturales y axiológicamente plurales, cuando necesitamos con urgencia poner en práctica en nuestra conducta y convivencia cotidiana los valores de tolerancia, respeto, diálogo, paz, cooperación y convivencia democrática. Algo por cierto, que es sumamente necesario e indispensable en España, un país que como todo el mundo sabe o debería saber, ha estado atravesado y condenado a lo largo de toda su historia al dogmatismo, al autoritarismo, al militarismo, al pensamiento único y al adoctrinamiento gracias a la alianza estratégica de la monarquía, el clero, la espada y las clases dominantes.

Estas son las razones, por las que estoy convencido de que hablar y reivindicar el laicismo hoy, es realmente una una forma nueva  de entender y afirmar que los supremos valores de libertad, igualdad y fraternidad que fundamentan toda sociedad democrática que se precie, siguen estando ahí como la expresión más humana y solidaria de responsabilidad social y de convivencia pacífica. Unos valores por cierto, que nunca estarán del todo completamente conseguidos, concretados y visibles en nuestras prácticas sociales, pero que necesariamente tienen que estar siempre ahí como el horizonte al que únicamente podemos aspirar si somos capaces de interiorizarlos y hacer que los mismos se articulen en actitudes personales capaces de encarnarse en conductas concretas y cotidianas de relación con nuestros semejantes.

El laicismo, tal y como lo conocemos hoy es sin duda todo un conjunto de concepciones cuya base fundamental reside en el reconocimiento y aceptación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el sentido de que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Art. 1) y también de que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la  libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia” (Art. 18).

En consecuencia, la definición que normalmente se hace de lo que debe entenderse por laicismo consistente en decir que es la “Independencia del individuo o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa” tal y como aparece en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es, aunque obviamente acertada, evidentemente incompleta o al menos insuficiente. En este sentido la definición que aparece en la Wikipedia es un poco más precisa, definiendo así el laicismo como “La corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o política de gobierno que defiende o favorece la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas“.

También me parece de sumo interés recoger aquí la aportación realizada por Miguel Ángel Fernández Sañudo y propuesta por la organización Europa Laica que define el laicismo como “El pensamiento y la actuación orientados a la consecución y defensa del Estado Laico, de la Laicidad de sus Instituciones y de la actuación consecuente de los Cargos Públicos en el ejercicio de sus funciones. El laicismo es una posición política de reclamación del cumplimiento por parte del Estado de una nota esencial de la democracia y de los Derechos Humanos: la laicidad que es la Igualdad de los Individuos en el Derecho Fundamental a la Libertad de Conciencia. En el propio ámbito de laicismo se confunde muchas veces con elementos del ateísmo, del secularismo, del racionalismo, del librepensamiento, etc.”

Con esta definición de Europa Laica, me identifico plenamente porque coloca el acento en la dimensión política fundada en valores democráticos cuya base hay que encontrarla en los Derechos Humanos Universales. No obstante y aun así, creo también que es incompleta, dado que el laicismo o la laicidad, no es un asunto o un concepto exclusivamente político y de Derechos Humanos, sino que es al mismo tiempo histórico y cultural que afecta sobre todo a las relaciones sociales, a los valores éticos y a las actitudes personales. Así, este concepto no solo se ha ido llenando de matices diversos con el tiempo, sino que también se manifiesta de forma diferente en los diversos Estados Nacionales actuales. No obstante, sigue siendo a mi juicio, más que una concepción ideológica de las relaciones entre las Iglesias y los Estados, o un posicionamiento político concreto de esas relaciones, una actitud interior que se expresa en nuestra conducta con mayor o menor intensidad o coherencia y cuya base sigue y seguirá siendo la triada axiológica de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Sin embargo es necesario reconocer que, los orígenes más remotos del laicismo, no están en el siglo XVIII con la Ilustración y la Revolución Francesa como se suele creer y aducir por aquellos que consideran al laicismo la bestia negra de las religiones e iglesias, sino que pueden encontrarse en filósofos para nada ateos, anticlericales o antirreligiosos, como fueron Marsilio de Padua (1274-1349) y Thomas Hobbes (1588-1679), los primeros que señalan que la Religión es un asunto de creencias personales, privadas e íntimas cuyo poder debe estar subordinado al Estado Soberano, que en aquellos tiempos era el Rey o Monarca.

2 comentarios sobre «1.- ¿Qué es el laicismo?»

  1. No cabe la menor duda de que España ha estado sometida a lo largo de toda su historia al dogmatismo, al autoritarismo, al militarismo, al pensamiento único y al adoctrinamiento gracias a la alianza estratégica de la monarquía, el clero, la espada y las clases dominantes. Solo el laicismo nos puede liberar de esas bestias que nos atenazaron durante siglos. ¿Cómo? Defendiendo los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad . Un paso imprescindible para conseguir esos valores es aplicar sin más dilaciones la aconfesionalidad del Estado como defiende la Constitución.

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