Krisis

Las nuevas espiritualidades y sus falacias (I)

Por Leandro Sequeiros San Román

«Las propuestas de una espiritualidad no-dual tal como las describen algunos difusores de gran poder mediático (como Enrique Martínez Lozano) se sostienen desde una determinada epistemología. Respetada la posible racionalidad de su propuesta, conviene situarla en el marco del desarrollo actual de las ideas epistemológicas para mostrar que encubre una falacia. Dentro de la comunidad científica de los filósofos de la ciencia, la epistemología posmoderna, y más en concreto, la epistemología no dual tiene un carácter más bien marginal dentro del ámbito del saber sobre el mundo. Postulamos como más conforme con la filosofía de la ciencia actual una reconstrucción de las creencias desde los supuestos epistemológicos y psicológicos de la modernidad»

 

      Las espiritualidades que se sustentan en lo que en el mundo indio denominan la “no-dualidad” están teniendo cada vez más difusión en occidente. En España hay algunos autores que, a través de sus conferencias y de sus libros, de extensas tiradas, llegan cada vez más a un público cristiano insatisfecho de las respuestas que la Iglesia católica da a los deseos espirituales de mucha gente.

      En el volumen II del interesante estudio Encuentros en la fe a orillas del Ganges de Gaspar Rul-lan Buades (autoedición, 2015) se encuentra un capítulo sobre “La no-dualidad. Una interpretación cristiana del Vedanta”. Para el autor, que vivió muchos años en India y conoce bien esta cuestión, en el llamado Oriente del Hinduismo, ya en los Vedas (2000 a.C) ya se habla de un Dios Personal que crea el universo y al que el devoto se dirige con oraciones de petición, adoración. Vedānta significa el “fin de los Vedas” y es el conjunto de diversas interpretaciones filosófico-teológicas de las Upanishads, siendo el tema central la relación entre el alma (atman) y el Absoluto (Brahman). Aunque, generalmente, se le identifica con la no-dualidad (advaita) de Sankara, los mismos textos de las Upanishads han sido interpretados de muy distintas maneras: el puro dualismo (dvaita) de Madhva, el no-dualismo cualificado (vishisādvaita) de Rāmānuja, el no-dualismo puro (shuddhādvaita) de Vallabha, y el incomprensible dualismo monístico (asinita-bhedabedha) de Chaitanya.

      En las Upanishadas (800-400 a.C), los místicos se hunden en profundas disquisiciones filosófico-teológicas en las que predomina un pensamiento más bien “monista”. Pero como reacción a estas especulaciones, desde el siglo VIII al XVI, un grupo de filósofos-teólogos reaccionan frente al peligro del monismo y desarrollan diversas teorías de la no-dualidad: Shankara, la “no-dualidad”, Ramanuja la “no-dualidad cualificada”, Vallabha el “puro no-dualismo”, y Nimbarka, “el dualismo en la unidad”.

      El profesor Rul-lan concluye que todos ellos, al hablar de la no-dualidad no quieren afirmar el monismo (como en Europa muchos hacen “si no hay dualidad, hay unicidad”). Todos ellos sólo dicen que entre el Absoluto y la criatura NO HAY dualidad, pero esto no significa que sean UNO, simplemente QUE NO SON DOS. Y esto cualquier cristiano debería admitirlo, pues si Dios y la criatura fuesen UNO, la criatura dejaría de ser un “alguien o algo”, y si fuesen DOS, Dios dejaría de ser pues no sería infinitamente perfecto.

La perspectiva de Enrique Martínez Lozano

      Uno de los representantes más seguidos de esta tendencia es Enrique Martínez Lozano, cuya página web es muy visitada. Para tener una visión global de su pensamiento, recomendamos a los lectores asistir a esta conferencia que clarifica mucho su pensamiento:

      Un resumen del paradigma epistemológico en el que se fundamenta el modo de entender el universo material y espiritual está expresado en la última parte del ensayo de Enrique Martínez Lozano, “Recuperar a Jesús. Una mirada transpersonal” (Desclée de Brouwer, 2010, del que van publicadas tres ediciones). El autor postula que está emergiendo un nuevo paradigma que se va haciendo hegemónico. “Se ha modificado nada menos que el filtro a través del cual accedíamos a la realidad, el marco cultural o paradigma” (pág. 100).

      Esta nueva perspectiva es una alternativa al paradigma de la modernidad. “El nuevo paradigma que se inició en la Modernidad hizo un doble subrayado del que la humanidad ya no podrá prescindir: la racionalidad y la autonomía. (…) Un paradigma que subraya estos dos aspectos habría de cuestionar radicalmente la visión heredada de lo religioso, la cual, fruto de la historia de donde venía, se caracterizaba precisamente por un pensamiento mítico y marcadamente heterónomo. Por eso, tal como pone de manifiesto una obra reciente [R. Lenaers, Otro cristianismo es posible. Fe en lenguaje de modernidad. Quito, 2008], aquella visión religiosa ha entrado en un conflicto irresoluble con el nuevo momento cultural” (pág. 100).

Tal vez una primera falacia en el discurso de los defensores de la no-dualidad estriba en su reduccionismo. En repetidas ocasiones afirman que en el pensamiento humano han existido dos modelos cognitivos: el modelo cognitivo dual (que identifican como mental o cartesiano), y el modelo cognitivo no-dual, aplicado sobre todo a los fenómenos transpersonales. Para los no-duales, el modo dual hace separación entre lo pensado y el pensamiento. El concepto de separatividad es básico.

      Este reduccionismo cognitivo hace que identifiquen la “verdad” con la definición de Santo Tomás, “adaequatio intellectus cum re”. Desde esta perspectiva, marginan el debate en todo el siglo XX sobre el concepto de verdad en el ámbito de la filosofía moderna. Suponen los no-dualistas que todos los que no son de su opinión defienden que toda definición de la verdad implica dualismo, separatividad y pretensión de objetivación.

      Por ello, abogan por defender la herramienta epistemológica de la psicología transpersonal (sin matizar las muy diversas interpretaciones que hay de ella). Las críticas de la psicología transpersonal han llegado de varios autores. El campo de la psicología transpersonal ha sido criticado por su falta conceptual, probatoria, y el rigor científico. En una revisión de las críticas del campo, Cunningham escribe, “los filósofos la han criticado porque su metafísica es ingenua y su epistemología está poco desarrollada. Por su multiplicidad de definiciones y la incapacidad de operacionalizar muchos de sus conceptos ha dado lugar a una confusión conceptual sobre la naturaleza de la psicología transpersonal en sí (es decir, el concepto se utiliza de manera diferente por diferentes teóricos y significa cosas diferentes para diferentes personas). Los biólogos la han criticado por su falta de atención a los fundamentos biológicos de la conducta y la experiencia. Los físicos la han criticado por acomodar inapropiadamente conceptos de la física como explicaciones de la conciencia”.

      Por tanto, la aceptación poco crítica de la psicología transpersonal puede ser una falacia para la aceptación del pensamiento no dual.

      Otro argumento falaz, largamente difundido, es que la vía de la modernidad está agotada. Martínez Lozano postula que “hay signos de que se está agotando, no solo un paradigma mítico y heterónomo, sino el mismo modelo dualista de cognición – o modelo cartesiano -, basado en la dualidad sujeto/objeto” [hay aquí una extensa nota justificativa, a la que aludimos más adelante]. Y concluye: “Ello indicaría el final del estadio egoico de la conciencia y el umbral colectivo de uno nuevo: el nivel transpersonal” [los subrayados son del autor].

      Sin embargo, otros autores siguen defendiendo la validez hoy de una epistemología nacida de la modernidad. Lenaers cree que la vía de la modernidad no está atascada y que desde ella se puede acceder también a la experiencia religiosa cristiana.

      ¿Nos encontramos en los albores de un nuevo paradigma? ¿Qué peso tiene esta perspectiva en el contexto global de la reflexión filosófica que fundamentaría una nueva manera de mirar la realidad?

La novedad de la perspectiva no dual o transpersonal

En la extensa nota a pie de página del ensayo citado de Enrique Martínez Lozano [“Recuperar a Jesús. Una mirada transpersonal” (Desclée de Brouwer, 2010, página 101)] leemos: “Comprendo que la “novedad” de la perspectiva no-dual o transpersonal pueda dificultar el acceso a la misma. Sin embargo, hay más que indicios claros de que el futuro pasa necesariamente por ella. Para favorecer la comprensión de este “giro copernicano” en el modelo de cognición, pueden resultar útiles estos libros: J. N. Ferrer, Espiritualidad creativa. Una visión participativa de lo transpersonal. Kairós, 2003; K. Wilber, Espiritualidad integral. El nuevo papel de la religión en el mundo actual. Kairós, 2006; M. Corbí, Hacia una espiritualidad laica, sin creencias, sin religiones, sin diosesHerder, 2007; M. Cavallé, La sabiduría de la no-dualidad. Una reflexión comparada entre Nisargadatta y HeideggerKairós, 2008; La sabiduría recobrada. Filosofía como terapiaMartínez Roca, 2006; E. Martínez Lozano, ¿Qué Dios y qué salvación? Claves para entender el cambio religiosoDesclée De Brouwer, 2009; La botella en el océano. De la intolerancia religiosa a la liberación espiritualDesclée De Brouwer, 2009”.

      Pero, ¿es esta la única alternativa? ¿Es el único paradigma posible? Si aceptamos que dentro de sus limitaciones es posible superar lo que Thomas S. Kuhn y Paul Feyerabend denominan la “inconmensurabilidad de los paradigmas”, es posible una comparación entre ambos modelos.

      Intuyo que el discurso de Lenaers es crítico hacia el lenguaje que se ha empleado para la teología y para la espiritualidad. Pero no pretende romper con la modernidad. Parte de la hipótesis de que se puede hacer una relectura teológica buscando nuevos lenguajes (como pretende la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión, entre otros) asumiendo los valores de la modernidad.

Los partidarios de la no-dualidad suponen agotada la vida de la modernidad y apuestan por otra epistemología. Para Martínez Lozano, en una breve explicación en Fe Adulta, y apoyándose en la alegoría de la vid y los sarmientos del evangelio de San Juan, escribe: “Juan nos regala una alegoría –la de la vid y los sarmientos-, cargada de simbolismo, hondura y belleza. Una alegoría que nos introduce directamente en la sabiduría de la no-dualidad.

      Ciertamente, la vid y los sarmientos son no-dos. La mente dualista no puede sino verlos separados –lo característico de la mente es separar la realidad-, pero no hay separación alguna. Es cierto que el sarmiento puede percibirse como sarmiento, pero no por ello deja de ser vid. Una rama es árbol, del mismo modo que mi dedo es cuerpo.

La trampa radica en el hecho de que la mente, al separar –la característica primera de la mente es la separatividad, ya que es el único modo en el que ella puede funcionar-, se queda mirando únicamente el sarmiento, la rama o el dedo. Da origen, de ese modo, al dualismo que fractura incesantemente toda la realidad.

      Cuando somos capaces de aquietar la mente, alcanzamos a ver “más allá” de esas aparentes separaciones, percibiendo la unidad de lo que es. Con otro ejemplo: ante un conjunto de joyas de oro, la mente ve la especificidad de cada una de ellas, con su propio nombre y su forma peculiar. Pero, si no nos quedáramos en las formas, lo que percibiríamos sería el oro que es, de hecho, la única realidad que se halla presente en todas ellas.

      Esto no es monismo o panteísmo, que reduciría a la nada la asombrosa y maravillosa diferencia y variedad de lo real. Es algo que la mente no puede pensar –porque la mente es dualista en sí misma: sólo puede pensar el uno o el dos-; es la no-dualidad de todo lo que es.

No-dualidad que reconoce la variedad y la diferencia, pero descubre el engaño de la separatividad. Todo es diferente, pero nada es separado. La joya se distingue del oro, pero es oro; el dedo se distingue del cuerpo, pero es cuerpo; el sarmiento se distingue de la vid, pero es vid; la ola se distingue del mar, pero es mar.

La afirmación de que todo está interrelacionado, como formando una inmensa red en la que todo repercute en todo, constituye una de las más revolucionarias aportaciones de la postmodernidad. Se trata, además, de una percepción avalada por accesos tan diversos a lo real como la mística, la física cuántica y la teoría transpersonal. En todos esos campos, se ha experimentado la verdad de la no-dualidad. Por el contrario, tanto el dualismo como en monismo (o panteísmo) se ven abocados a un callejón sin salida.

Los lectores interesados pueden leer el texto completo en el enlace antes citado.

 

Artículo elaborado por Leandro Sequeiros: Doctor en Ciencias, Asesor de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

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