Krisis

Las nuevas espiritualidades y sus falacias (III)

Por Leandro Sequeiros San Román.
Artículo cedido para Krisis por su autor, al que puede accederse íntegro en Fronteras CTR

La perspectiva de Mónica Cavallé

En un interesante artículo de síntesis, la filósofa Mónica Cavallé, ha sistematizado su perspectiva insistiendo en la dimensión sapiencial. Resume dos de sus ensayos: Sabiduría de la no-dualidad. Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger, editada por Kairós; y La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia, editada por Martínez Roca.

Inicia su reflexión con un texto de Nisargadatta Maharaj. Nisargadatta (1897-1981) fue un gran maestro espiritual de la corriente Advaita. Su enseñanza es admirada por ser directa, provocativa y radical. Considerado por muchos como un iluminado, su obra más conocida es I am that (Yo soy eso). A los 34 años un amigo le presentó a quien sería su gurú: Sri Siddhararneswhar Maharaj. Este encuentro cambiaría su vida para siempre. Tras un corto período de visiones y trances se encontró con el Ser, única Realidad y fuente del Amor que todo lo abarca.

Tomando entonces el nombre de Nisargadatta, decidió en un principio retirarse a los Himalayas pero pronto abandonó esta idea. Desde ese momento todo sucedió en su vida de un modo espontáneo, sin esfuerzo consciente alguno. Se ocupaba de su humilde negocio y en el tiempo que tenía libre hablaba a los buscadores que comenzaban a sentirse atraídos hacia él. Vivió en Mumbai durante el resto de su vida, vendiendo cigarrillos en una tienda que había sobrevivido a su ausencia. Un pequeño grupo de personas se reunía a menudo en la tienda para escucharle hablar de la naturaleza no-dual de la realidad. Y, después de retirarse en 1966, daba charlas en su apartamento dos veces al día. Muchas de esas conversaciones fueron grabadas y transcritas, y unas cuantas fueron filmadas.

La maravillosa sencillez de su enseñanza ha convertido a Sri Nisargadatta Maharaj en uno de los principales maestros de la filosofía Advaita del siglo XX.

“El amor dice: ‘Yo soy todo’. La sabiduría dice: ‘Yo soy nada’. Entre ambos fluye mi vida.” (Nisargadatta Maharaj: Yo soy Eso)

La interpretación de Nisargadatta de Mónica Cavallé

En una ensayo de síntesis, Mónica Cavallé ha sistematizado y justificado filosóficamente las ideas de Nisargadatta. Abre su artículo con un texto del místico advaíta: “Su mundo es producto de la mente, es subjetivo, está encerrado en la mente, es fragmentario, temporal, personal, y cuelga del hilo de la memoria. Yo vivo en un mundo de realidades, mientras que el suyo es de imaginaciones. El mundo de usted es personal, privado, incompartible, íntimamente suyo. Nadie puede entrar en él, ver como usted ve, oír como usted oye, sentir sus emociones y pensar sus pensamientos. En su mundo, usted está verdaderamente solo, encerrado en su sueño siempre-cambiante que usted toma por vida. Mi mundo es un mundo abierto, común a todos, accesible a todos. En mi mundo hay comunidad, comprensión, amor, calidad real; el individuo es lo total, la totalidad… en el individuo. Todos son uno, y el Uno es todo.” (Nisargadatta: Yo soy Eso)

Qué significa no-dualidad

Según Mónica Cavallé, la expresión “no dualidad” —traducción del término sánscrito advaita, que significa “no-dos”— es novedosa y relativamente desconocida tanto en el lenguaje común como en los ámbitos filosóficos. Pero la intuición a la que apunta, la de la no-dualidad de lo real, tiene un amplísimo alcance intercultural y constituye, de hecho, el eje central de numerosas tradiciones sapienciales, metafísicas y espirituales.

Encontramos esta intuición no-dual en el mundo indio (en el vedanta advaita, en el shaivismo de Cachemira, etcétera), en el budismo (particularmente en el budismo mahayana, chan y zen, en el vajrayana y en el dzogchen tibetanos), en el taoísmo metafísico, en el núcleo esotérico del islamismo (en el sufismo y la gnosis shiíta), en la cábala hebrea, etcétera.

Pero no solo esto. Cavallé cree encontrar este paradigma “dentro de tradición occidental, está latente (si sabemos ir más allá de las interpretaciones convencionales) en el pensamiento presocrático (Parménides, Heráclito), en las filosofías antiguas inspiradas en la noción heraclitana de Logos, en el neoplatonismo (Plotino, Pseudo Dionisio Areopagita), en los desarrollos medievales y renacentistas del neoplatonismo (Juan Escoto Eriúgena, Nicolás de Cusa), en el hermetismo filosófico, en la mística especulativa (Meister Eckhart, Angelo Silesio, Jakob Böhme), etcétera. También —aunque con matices— esta intuición puede ser una clave interpretativa de pensadores occidentales como Spinoza, Schelling, Schopenhauer, Emerson, Bergson, Simone Weil, Whitehead, Jaspers o Heidegger, entre otros”.

Y apunta que con matices, porque en algunos de estos pensadores la no-dualidad no queda establecida con la misma radicalidad que en las enseñanzas no-dualistas por excelencia, y porque hay un elemento diferencial entre las aproximaciones eminentemente teóricas al no-dualismo y las sabidurías no duales: estas últimas no pretenden erigirse como sistemas filosóficos, sino como medios para expresar una experiencia interna y para despertarla en los demás.

La expresión “no-dualidad” alude a la intuición y a la constatación vivencial de que el fondo de la realidad es no-dual, es decir, de que, en su última raíz, no hay separación ni dualidad entre el fundamento de la realidad, lo Absoluto, y el mundo, ni entre lo Absoluto y el yo, ni entre el yo y los otros, como no la hay entre el percibidor y lo percibido, el sujeto y el objeto. Si bien en ningún caso los no-dualismos niegan que la dualidad sea la lógica propia del mundo relativo, consideran que la visión no-dual es la modalidad más profunda y radical de experimentar la realidad.

Siguiendo la línea de Mónica Cavallé, “En un segundo sentido, la expresión no dualidad también apunta al hecho de que, si bien el mundo fenoménico es estructuralmente dual, un juego de opuestos (luz-oscuridad, bien-mal, unidad-multiplicidad, yo-no yo, amor-odio…), dicha realidad fundamental reconcilia todos los opuestos sin tener opuesto a su vez: es “Uno sin segundo”.

Vacuidad, Tao, Supradeidad, Brahman, Conciencia pura, Budeidad… son denominaciones que, en las distintas tradiciones, han buscado apuntar a esta realidad fundamental”.

Muchas de estas ideas las hemos visto reflejadas en el reciente libro de Paul Knitter, “Sin Buda no podría ser Cristiano” del que hemos escrito en Tendencias21 de las religiones. En las enseñanzas no-dualistas en que se mantiene la palabra “Dios”, este término pasa a simbolizar la Base inmanente-trascendente de todo lo que es. Meister Eckhart hablará de “la divinidad más allá de Dios”: no equivale al Dios creador de las religiones, Ente supremo diverso esencialmente de la criatura y del yo humano, sino a aquello que los unifica en su raíz y donde son uno y lo mismo.

Según Cavallé, para estas tradiciones, lo apuntado no es una conclusión de especulación —cualquier articulación al respecto es una simbolización inadecuada y autocontradictoria— sino de experiencia. Arraiga en la experiencia directa del fundamento de nuestra identidad como Ser y Conciencia pura no objetivables, como Presencia ontológica despierta a sí misma, incondicionada, abierta, sin estructuras, en la que desaparece la dualidad entre el percibidor y lo percibido, y donde se resuelve toda dualidad. Esta es, para estas tradiciones, el pináculo de la autorrealización, en el que se saborea una perfecta intimidad con la fuente y la totalidad de la vida.

 

Artículo elaborado por Leandro Sequeiros: Doctor en Ciencias, Asesor de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

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