Las nuevas espiritualidades y sus falacias ( y IV)

Por Leandro Sequeiros San Román.
Artículo cedido para Krisis por su autor, al que puede accederse íntegro en Fronteras CTR

La conciencia testimonial

Prosigue Mónica Cavallé: “¿Qué significa, en lo relativo a la tarea del autoconocimiento, reconocer vivencialmente que nuestra identidad central es Presencia consciente, abierta y vacía? La tradición vedanta advaita de la India ilumina una intuición clave sobre nuestra identidad, no dogmática sino experiencial, fruto de la experiencia fenomenológica directa: la intuición de que nuestra realidad más íntima no equivale a nada que pueda ser objeto de experiencia; la de que no equivale, por tanto, a nuestros pensamientos, emociones, sensaciones e impulsos; la de que somos “más” que todo ello”.

Es imposible ahondar en el conocimiento de sí mismo si estamos totalmente identificados con los contenidos de nuestra vida psíquica, con nuestros pensamientos y emociones, con nuestros estados internos de confusión, sufrimiento, duda o conflicto. Si no existiera en nosotros la capacidad de tomar perspectiva frente a dichos contenidos o estados, nuestra voluntad de comprenderlos carecería completamente de sentido.

Esta toma de distancia es posible en la medida en que existe en nosotros una instancia interior cualitativamente diferente que nuestros cambiantes contenidos de conciencia que se caracteriza por la atención lúcida e imparcial.

Esta instancia (que pude ser reconocida experiencialmente sin necesidad de asumir ninguna cosmovisión particular) nos permite la señalada toma de perspectiva que nos libera de la identificación con los contenidos de la mente, una identificación que está en la raíz de los procesos de pensamiento inútiles, compulsivos y repetitivos, aquellos en los que ya no pensamos o usamos de forma activa y libre el pensamiento, sino en los que, más bien, somos manejados por él a nuestro pesar. También nos permite modificar o cuestionar las creencias infundadas fruto del condicionamiento familiar o social, y más genéricamente, las sostenidas por la irreflexión, la inercia y por el hábito.

Siguiendo el hilo argumental de Mónica Cavallé, “La capacidad de “atestiguar” nuestro diálogo interno, nuestros pensamientos y emociones, nos revela algo decisivo: que la conciencia no equivale al pensamiento. La primera es más amplia que el segundo pues, de hecho, podemos atestiguar o ser conscientes del flujo del pensamiento. Esta atestiguación nos muestra, además, que la conciencia es “bifásica” o de doble sentido: la conciencia intencional, dirigida hacia el objeto de experiencia, y la conciencia inobjetiva, no pensada ni “conocida” (si entendemos por conocimiento el conocimiento de un objeto o contenido de experiencia por parte de un sujeto), sino inmediatamente “sentida”, de uno mismo como presencia lúcida, como acción pura de atestiguar, como acto espontáneo y directo de ser (lo que en la tradición Vedanta se denomina el sentido puro “yo soy”) más originario que la autoidentificación con cualquier contenido de conciencia particular”.

Este nuevo sentir sobre nuestra identidad también nos revela que lo que usualmente denominamos “yo” suele ser solo un “imagen” o “idea” de nosotros mismos (la identificación mental con ciertos contenidos de conciencia). Este sentido del yo es legítimo, pero derivado. Cuando este uso derivado se convierte en el único modo de sentirnos ser, la identificación/confusión con los contenidos de nuestra conciencia se convierte en nuestro estado habitual, pues es precisamente esta identificación la que creemos que nos otorga identidad, la que nos hace ser lo que somos.

Reconocernos —no teóricamente, sino experiencialmente— como esa presencia lúcida, equivale a situarnos en el centro de la rueda de la que nos habla el Tao Te King: ese espacio vacío de su interior que posibilita el movimiento de la periferia (el flujo del pensamiento, nuestros estados anímicos pasajeros) pero que, a su vez, es inafectado y no arrastrado por él. Descubrimos que el núcleo de nuestra identidad es incondicionado y libre.

Aquellos enfoques, disciplinas o psicoterapias que pretenden superar las contradicciones y condicionamientos de la mente individual sin ir más allá de la mente, caen necesariamente en falacias y contradicciones internas. Ningún problema puede resolverse en el mismo nivel de conciencia en el que se creó. Su resolución ha de conllevar siempre un salto de nivel, y este último, a su vez, un ahondamiento en el sentido de nuestra identidad. Es esencial situarla en un nivel más originario: lo que la tradición vedanta denomina “testigo” (saksi), o la tradición estoica el “regente” o “principio rector” (hegemonikon).

¿Está agotado el paradigma epistemológico y psicológico que postula el modelo de conocimiento occidental?

Al inicio de estas páginas nos preguntábamos si estamos en el despertar de un nuevo modo de interpretar el mundo, y sobre todo, en el despertar de un nuevo modo de acceder al mundo interior del ser humano, a la experiencia de lo que las religiones llaman Dios, o la divinidad, o lo misterioso, lo numinoso, o al menos lo trascendente o lo que algunas escuelas de psicología llaman lo transpersonal.

Enrique Martínez Lozano representa uno de los exponentes más mediático de una postura (que no llamamos todavía paradigma). En sus conferencias y numeroso escritos accesibles a través de las redes sociales, postula que “hay signos de que se está agotando, no solo un paradigma mítico y heterónomo, sino el mismo modelo dualista de cognición – o modelo cartesiano -, basado en la dualidad sujeto/objeto” [hay aquí una extensa nota justificativa, a la que aludimos más adelante]. Y concluye: “Ello indicaría el final del estadio egoico de la conciencia y el umbral colectivo de uno nuevo: el nivel transpersonal” [los subrayados son del autor].

CONCLUSIÓN

¿Nos encontramos en los albores de un nuevo paradigma? ¿Qué peso tiene esta perspectiva en el contexto global de la reflexión filosófica que fundamentaría una nueva manera de mirar la realidad?

Si se pasa revista a cualquier manual de filosofía de la ciencia o de historia de la psicología, se podrá mostrar varias cosas. Primera, que a lo largo de la historia del pensamiento occidental (y respetamos otras filosofías) se han postulado y desarrollado una gran cantidad de modelos epistemológicos (inductivistas, deductivistas, racionalistas, empiristas, constructivistas, kantianos..) siendo el modelo posmoderno un apéndice casi irrelevante en la comunidad científica.

De igual modo, se han propuesto una gran cantidad de modelos psicológicos para explicar la estructura y desarrollo de la mente humana. Por ello, en otro artículo que esperamos ver publicado en FronterasCTR repasamos algunas de las líneas más sobresalientes de la filosofía del conocimiento racional humano, de la historia de la construcción social de la realidad, de las reflexiones filosóficas sobre las posibilidades del ser humano para conocer la realidad. E incluso, si la nueva epistemología occidental ayuda o es un obstáculo para acceder al conocimiento de la trascendencia, de la experiencia espiritual y religiosa, y en definitiva si cierra el acceso a la posibilidad de experimentar a Dios.

Respetando las opiniones de otros, sobre todo si están bien fundamentadas, postulamos que los fundamentos filosóficos que intentan justificar la no-dualidad, al menos desde los supuestos de los procesos mentales de reflexión lógica del pensamiento occidental, son débiles y falaces.

La falacia del pensamiento que defiende la no dualidad puede estribar en difundir (consciente o inconscientemente) la falsa concepción de que el pensamiento epistemológico occidental se debate solo entre dos polos: el pensamiento dualista de la modernidad y el pensamiento posmoderno de la no dualidad. Sin embargo, como veremos, el desarrollo de la epistemología en el siglo XX y en los albores del siglo XXI muestra que la producción de pensamiento filosófico sobre el conocimiento en occidente (asumido también por la mayoría de los filósofos orientales) sigue las pautas de la racionalidad surgida de la modernidad.

Es más: desde su punto de vista, la epistemología posmoderna está en creciente auge, cosa que –al menos hasta ahora- por parte de los filósofos no parece seguir esa pauta. Las llamadas epistemologías posmodernas siguen siendo un pensamiento marginal, considerado por algunos como “basura epistemológica”.

 

Artículo elaborado por Leandro Sequeiros: Doctor en Ciencias, Asesor de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

Linea decorativa KRISIS

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: