Krisis

Lorenzo: hermano en la fe y camarada en la lucha

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Antonio Moreno de la Fuente nació en Villalba del Rey (Cuenca), en el año 1935, pero toda su vida ha transcurrido en Andalucía. Tras sus estudios de Teología en la Universidad Franciscana de Roma (Italia), fue profesor en el Seminario Mayor Franciscano de Chipiona y en el Centro Teológico de Sevilla.
        Obtuvo el Título de Diplomado en Enfermería por la Universidad de Sevilla eAntonio Moreno de la Fuente ingresó por oposición en el Cuerpo de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidad de Sevilla, jubilándose como jefe de información bibliográfica médica en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Sevilla en el año 2002.
        Como profesional ha publicado diversos libros y numerosos artículos sobre biblioteconomía, historia eclesiástica e historia local de Sevilla entre los cuales se encuentran
(director), Auxiliar de Archivos y Bibliotecas. Temario de Oposiciones (Sevilla, 2009-2011).
→El Estudio de San Miguel de Sevilla en la primera mitad del siglo XVI.
Historia. Instituciones. Documentos, n.º 22, 1995, págs. 329-370.
→En autoría con GARCÍA MAURIÑO, José M.ª, Estado laico. Iglesia laica (Sevilla, 2012)
→La casa del cabildo catedralicio sevillano. ¿Sede de la primitiva Universidad se Sevilla? (Sevilla, 2018)
        Pero lo que atraviesa de forma más destacable y significativa la trayectoria personal de Antonio es sin duda su radical, firme y permanente compromiso humano, social, político y cristiano con los sectores sociales más vulnerables y marginados.
        Ha sido y sigue siendo miembro de las Comunidades Cristianas Populares de Sevilla y toda su trayectoria de militancia social, política y cristiana arranca a partir de los principios, valores y elaboraciones del Concilio Vaticano II para desembocar finalmente en los planteamientos de la Teología de la Liberación.
        Ha escrito numerosos artículos en revistas web de contenido social, cristiano y liberador, como son Atrio, Redes Cristianas o Fe Adulta y en los que defiende tanto la necesidad de un Estado Laico como la extensión y aplicación de la Renta Básica Universal. Actualmente tiene un Blog personal titulado con su propio nombre en el que cada cierto tiempo escribe reflexiones de actualidad social y política.
        Antonio es también una persona que estado ligada a Camas desde los primeros años setenta del pasado siglo, manteniendo estrechos lazos de fraternidad y colaboración con la Comunidad Salesiana de Buen Aire. Además ha estado muy en contacto con destacados militantes cristianos de Camas, como Antonio Suárez, Fernando Camacho y Lorenzo Rastrero.
        Finalmente y como primer artículo de esta breve presentación, ofrecemos el texto que expresamente redactó con motivo de la edición del libro colectivo dedicado a Lorenzo “Dejadme la Esperanza” . Así pues, solo me queda ya agradecer de todo corazón a Antonio por autorizarnos a recoger aquí algunos de sus trabajos y su cooperación y apoyo a Krisis

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LORENZO: HERMANO EN LA FE Y CAMARADA EN LA LUCHA

Lorenzo Rastrero Bermejo
Lorenzo Rastrero Bermejo (1945-2013)

Mis recuerdos de Lorenzo se entrelazan con los acontecimientos vividos en nuestra Transición a la Democracia.

         Los años setenta supusieron para un montón de curas, religiosos y seglares unos años pletóricos de ideales y entusiasmo, pero también de dudas y de luchas internas, de toma de decisiones difíciles y de cambio de rumbo en la propia vida, que supusieron enfrentamientos en la familia y con la institución a que pertenecíamos.

         La dictadura franquista en esos años, estaba en las últimas y, por ello, los coletazos de su represión eran más fuertes y sonados contra el pueblo y el mundo obrero, en particular.  El 24 de enero de 1969 se había declarado el Estado de excepción, suspendiendo las pocas libertades públicas existentes y desatándose una feroz represión contra las manifestaciones de trabajadores y estudiantes. El hecho que provocó la proclamación del Estado de excepción fue, sin duda, el miedo a la reacción del mundo obrero y estudiantil ante el asesinato del estudiante Enrique Ruano, el 20 del mismo mes, al ser arrojado por la policía desde la ventana de un sexto piso. Al año siguiente, en diciembre de 1970, se inicia el famoso Proceso de Burgos contra dieciséis miembros de ETA, entre ellos a dos sacerdotes: Jon Etxabe Garitazaleya, párroco en Eíbar y Julen Calzada Ugalde, coadjutor en Durango. El 28 del mismo mes, 6 de ellos son condenados a muerte y el resto a muchos años de cárcel. Pero, ante las manifestaciones en España y las presiones internacionales, Franco tuvo que conmutar la pena de muerte por la cadena perpetua. El 10 de marzo del 72 son asesinados por la policía, en los astilleros Bazán (hoy Navantia) de A Coruña, los obreros Amador Rey y Daniel Niebla, mientras pedían en una manifestación  mejoras salariales y, en junio de este mismo año, son detenidos diez dirigentes del sindicato clandestino CCOO y cuyo juicio posterior, conocido como el Proceso 1001, coincide, el 20 de diciembre de 1973, con el asesinato por ETA del almirante Carrero Blanco, a quien el dictador Franco había nombrado en junio del mismo año su sucesor en el gobierno. Por este golpe y por acercarse a su final, la represión de la dictadura se hace más feroz. Pruebas de ello fueron la ejecución a garrote vil, el 2 de marzo del 1974, del anarquista catalán Salvador Puig Antich, la muerte del joven Miguel Roldán Zafra, de Carmona (Sevilla), en agosto de ese año, en una manifestación por pedir agua potable, las represalias por el atentado de la cafetería Rolando de Madrid, el 13 de septiembre de ese año y, sobre todo, la  ejecución de ocho miembros de ETA y del FRAP, el 27 septiembre del 1975, poco antes de la muerte del dictador, que causó una oleada de repulsas nacionales e internacionales.

          Las clases populares, mediante sus organizaciones sindicales (CCOO, UGT, USO) y políticas clandestinas (PCE, PSOE, PTE, ORT etc), mantuvieron una lucha constante contra este estado represivo. En Euskadi y Cataluña a esta lucha se unió el combate por la identificación como pueblo.

           También en la Iglesia católica española se notaron cambios, pero en su base no en la jerarquía dirigente, que seguía bendiciendo al régimen dictatorial franquista. Muchos grupos cristianos, procedentes de los movimientos apostólicos de Acción católica: HOAC, JOC, VO etc., se incorporaron a esta lucha contra el franquismo, al tomar conciencia de la situación de opresión del pueblo, gracias al Concilio Vaticano II, por su nueva concepción de la Iglesia como Pueblo de Dios. La jerarquía, a través de Ms Morcillo y su brazo derecho Guerra Campos, condenó rápidamente, en junio de 1966, estos compromisos  socio-políticos asumidos por los cristianos de la AC, acusándolos de seguir criterios  “temporalistas” y de mezclarse con militantes comunistas, destituyendo en octubre de ese mismo año a los siete consiliarios sacerdotes de la AC.

         Muchos sacerdotes participaban también en ese compromiso de lucha con el pueblo pobre y oprimido, particularmente párrocos y sacerdotes de las barriadas periféricas de las ciudades españolas. Inestimable fue el apoyo que estos sacerdotes prestaron al movimiento obrero, especialmente a las CCOO clandestinas y a los partidos de izquierda, particularmente al PCE, facilitándoles locales para sus reuniones y asambleas clandestinas, así como denunciando la represión franquista mediante octavillas, en sus homilías y en los encierros que protagonizaron defendiendo la causa del pueblo. Por ello, también sufrieron ellos la represión franquista, al ser multadas sus homilías, ser recluidos en conventos o encarcelados en la famosa “cárcel concordataria de Zamora“.

         Este movimiento de sacerdotes y cristianos unidos a las luchas populares pudo cambiar la marcha de la Iglesia católica española, que de estar totalmente entregada a los dictados del régimen franquista, pasara a pedir perdón por ello y se alineara a favor del pueblo, siguiendo las orientaciones del Concilio Vaticano. La Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes, inaugurada el 10 de septiembre de 1971, pudo ser ese punto de inflexión, pero no fue así. Al abogar por un Estado aconfesional, declarar caduco el Concordato de 1953, optar por el ejercicio de los derechos humanos y civiles, saliendo en defensa de los sacerdotes, religiosos/as y cristianos que estaban represaliados, fueron propuestas muy arriesgadas para ser admitidas por la jerarquía católica, al seguir manteniendo todavía estrechas relaciones con la dictadura.  Propuestas que tampoco gustaron a la Congregación del Clero de Roma, que publicó un documento el 9 de febrero de 1972, inspirado por miembros españoles destacados del Opus Dei, desautorizando estas conclusiones. Todo lo cual dio al traste con la tímida apertura que había suscitado dicha Asamblea.

         Este fracaso de la jerarquía junto a la represión de los obispos a los miembros de la AC, creó una frustración en los cristianos y sacerdotes comprometidos con el pueblo que aumentó su enfrentamiento con la jerarquía, como se manifestó en el encierro de sacerdotes en el Seminario de Madrid, en 1973 y fue la causa de la deserción y salida masiva de ellos de la institución clerical y de religiosos/as de sus respectivas Congregaciones religiosas, integrándose muchos de estos sacerdotes, religiosos/as y cristianos rebotados de la AC en las nacientes Comunidades Cristianas de Base, llamadas Populares a partir del año 1974, en Cristianos por el Socialismo, así como en los sindicatos y partidos políticos clandestinos. Así ocurrió también en Sevilla, que fue punto de encuentro y encrucijada entre diversos grupos de exsacerdotes y cristianos que vivíamos en pisos de la barriadas sevillanas y en el pueblo de Camas, en cuya Comunidad cristiana  participaba Lorenzo.

         Nuestra Comunidad Cristiana de Base estuvo integrada, en un principio, por sacerdotes seculares que provenían de La Linea de la Concepción,   religiosos franciscanos que veníamos de Chipiona, un capuchinos de la Pastora de Sevilla, un trapense que se vino de Antequera y un grupo de cristianos amigos de Sevilla y un matrimonio que se trasladó de Madrid a Sevilla. Habíamos vivido en la barriada de Torreblanca la Vieja de Sevilla, donde nos conocimos y, tras secularizarnos y casarnos en los años 1974-1975, nos reuníamos semanalmente en casa de Mina y Manolo, en la barriada de S. Diego. Nuestra fe cristiana pretendíamos vivirla en semejanza a las primeras comunidades cristianas, celebrando semanalmente la Eucaristía en nuestras casas particulares y comprometiéndonos en las luchas político-sociales del pueblo, afiliándonos a los sindicatos de clase y a los partidos políticos de izquierda clandestinos.

         La vivencia de estos mismos principios nos hicieron enseguida coincidir con otros grupos de sacerdotes y cristianos sevillanos, como el grupo de jesuitas que vivían en el Cerro del Águila y, sobre todo, a partir del año 1975, con tres grupos de salesianos: los profesores del Seminario de Sanlúcar la Mayor, que al ser cerrado por sus superiores y expulsados, vivían en la calle Pintor Rosales del barrio de Nervión; con el grupo de seminaristas de Cádiz y estudiantes salesianos de la Bda La Palmilla y con el grupo de ex salesianos que vivían en Camas, compuesta por Antonio Durán Sánchez, Miguel Fernández Villegas, José Matías Gil González y Luis Martín Blanco, al que más tarde se les unió Lorenzo. 

         La vida de la  Comunidad de Camas, según me contó Lorenzo y supe también por Miguel, era muy semejante a la nuestra.  En la pequeña casita de la calle Buen Aire, donde vivían, se celebraban los sábados por la tarde la Eucaristía, a la que asistían cristianos comprometidos deseosos de profundizar en el evangelio y en su mensaje liberador. Les inspiraban los principios renovadores del Concilio Vaticano II, asumidos por las Comunidades Cristianas Populares, Cristianos por el Socialismo y desarrollados por el filósofo marxista y sacerdote salesiano, Giulio Girardi, cuya venida a Sevilla la organizamos ambas Comunidades, la de Camas, en la que Lorenzo tuvo una actuación destacada y la nuestra de S. Diego. Girardi nos impartió un cursillo sobre cristianismo y marxismo titulado “Fe cristiana y lucha revolucionaria!“, en la Parroquia de La Corza, del 30 de noviembre al 1 de diciembre del 1976, con amplia participación de personas, aunque también, justo es reconocerlo, con cierto extrañeza y escándalo de muchos parroquianos. Estas relaciones fructíferas que manteníamos ambas comunidades cristianas se manifestaron también en el fuerte impulso que experimentaron entonces las Comunidades Cristianas Populares de Sevilla y provincia, gracias al entusiasmo de Antonio Durán y Lorenzo, a quienes se sumaron Antonio Muñoz y Carlos Escudero, de la Comunidad de Pintor Rosales, quienes todos juntos fuimos responsables de la organización y desarrollo del III Encuentro andaluz de Comunidades Cristianas Populares, que se celebró en Sevilla, del 12 al 15 de abril de 1979 y en el que Lorenzo y Antonio Muñoz tuvieron una activa participación.  De este Encuentro salimos todos con más empeño en vivir nuestra fe cristiana en clave liberadora del pueblo. Ser cristiano lo entendíamos, no al estilo tradicional de asistencia a Misa, práctica de sacramentos y demás devociones cristianas, bajo las orientaciones de los párrocos de la las parroquias, sino estando comprometidos, ante todo, en la consecución de mejores condiciones de vida materiales y culturales del pueblo y de las libertades sociales, sindicales y políticas que la dictadura le negaba, integrándonos dentro de los sindicatos y partidos políticos que luchaban por esto mismo. El estudio de los Evangelios, la oración y la Eucaristía, que celebrábamos en nuestras casas, nos ayudaban y nos mantenían firmes en estos compromisos.

         Y así era el compromiso cristiano de Lorenzo en su Comunidad de Camas. La reflexión y la celebración de la Eucaristía se proyectaba en sus compromisos con los ciudadanos de Camas, a través de su militancia en el Partido Comunista.

          Lorenzo participó  en las movilizaciones ciudadanas que demandaban mayor libertad y trabajo para la clase trabajadora, organizando y apoyando manifestaciones y participando en encierros de protesta, como el realizado en el Seminario de San Telmo de Sevilla, en el año 1977, en el que coincidí con él pidiendo la salida de la cárcel del cura obrero José Antonio Casasola. Su militancia sirvió de apoyó a Miguel F. Villegas, en su elección de Concejal por el PCE en el Ayuntamiento de Camas, en las primeras elecciones municipales democráticas, en abril de 1979, continuando su tarea cuando salió elegido, a su vez, concejal de Cultura de Camas, en los años 1983 a 1987. Durante su mandato y apoyado también por Juan Miguel Batalloso Navas en este tiempo, se imprimió a la concejalía un nuevo carácter y estilo, más abierto y más en contacto directo con todo el pueblo, haciéndose notar su impronta cultural en todos los sectores de la ciudadanía. Apoyó al desarrollo de la Asociación de vecinos “Cal y barro”, la fundación de una guardería laboral, organizando conferencias y actos culturales, en los que destacaron la música y el teatro, en lo que siempre fueron maestros los religiosos salesianos y apoyando reivindicaciones del pueblo, como la iluminación de la carretera de Sevilla — Mérida, a su paso por Camas, después de sufrir varios accidentes de peatones. Gracias a él y sus compañeros, la Biblioteca y la Escuela de Cultura Popular adquirió un desarrollo extraordinario y una estabilidad productiva. También participó en la fundación de La Casa de la Juventud, de un Certamen de Cine amateur, de las Fiestas de Primavera en las que participaba grandemente el pueblo, etc.  Lorenzo fue además uno de los fundadores de la Asociación de Vecinos “Balcón de Sevilla”, siendo su presidente durante varios años. De hecho gran parte del triunfo electoral del PCE en el 83 se debe a Lorenzo, porque en su barrio consiguió articular una fuerte unidad vecinal.

         La militancia comunista de Lorenzo fue siempre, sin embargo, muy critica. En las concentraciones y manifestaciones en las que coincidíamos, celebrábamos los aciertos tomadas en el Partido: la elección de Julio Anguita como Alcalde de Córdoba y posteriormente su elección como coordinador de IU, el triunfo de IU en las elecciones andaluzas del 1986 y 1994, pero, criticábamos también las decisiones erróneas, a nuestro juicio, de los dirigentes del Partido, como la decadencia en su momento de Anguita, la rigidez de Frutos, el comportamiento contemporizador de Llamazares, las razones internas, aparte de las propias, de la deserción de Rosa Aguilar, pero sobre todo, los chanchullos inmobiliarios de Agustín Pavón, el Alcalde de IU en Camas.

         Lorenzo finalmente, participó activamente en la Asociación cultural llamada “Foro de Comunicación y Debate” (FOCODE) que los miembros de la Comunidad de Camas fundaron en 1994 y que hoy pervive y es punto de estudio, de encuentro y referencia, pero cuyo relato corresponde a sus compañeros.

         Estos son mis recuerdos que viví con Lorenzo, como hermano en la Fe y camarada en la lucha política.

                                                        Antonio Moreno de la Fuente

                                                            Sevilla. Diciembre del 2013

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