Vivir es peregrinar (I)

Antonio Machado (1875-1939)
Proverbios y cantares (XXIX)

Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.

Las personas que hemos tenido la fortuna de hacer “El Camino Santiago” , generalmente sabemos que “El Camino“, además de una gran experiencia, es sobre todo una extraordinaria alegoría de la vida humana. Una alegoría por cierto, repleta de acontecimientos que aunque aparentemente se nos presentan como insignificantes, en realidad no lo son. Y es que después, conforme van sucediendo otros nuevos y vas construyendo relaciones, les otorgas un significado y un sentido mucho más profundo.

        En mi opinion, “El Camino de Santiago“, si se intenta hacer desde la experiencia interior estando siempre muy atento y consciente de lo exterior, es sin duda una experiencia muy gratificante y sanadora. No importa el credo religioso, espiritual o ideológico que profeses, porque es realmente, o al menos lo fue para mí, una experiencia inefable, o de esas a las que Abraham Maslow llamaba “Experiencias cumbre“. El Camino de Santiago me proporcionó una de esas grandes experiencias, mágicas, misteriosas e incluso milagrosas, en las que cualquier detalle por pequeño o insignificante que parezca, siempre adquiría un sentido mayor que lo trascendía. Y es en esa trascendencia, que es básicamente una construcción personal, singular y creativa de significados y conexiones, como me di cuenta de que estoy, estamos, inmersos en una aventura extraordinaria de bienestar y felicidad inigualable e intransferible.

        Es verdaderamente una pena que El Camino de Santiago se haya convertido casi exclusivamente en un negocio turístico o folclórico-religioso de excursiones y consumo. Cualquiera que lo haya hecho varias veces, se habrá dado cuenta de que el espectáculo de caminantes que compiten entre sí para llegar a la meta de los albergues o para demostrar a los demás que son los más fuertes ha ido a más. Pero lo más penoso es por desgracia, que en estos tiempos de pandemia, numerosas empresas familiares que vivían de su trabajo de servicio a caminantes y peregrinos, hayan prácticamente quebrado como consecuencia de esta terrible crisis que nos asola. Vaya para ellos desde aquí, toda mi solidaridad y ojalá puedan volver de nuevo a ofrecer sus servicios con normalidad y ojalá también pueda yo algún día a hacer de nuevo “El Camino“.

        En cualquier caso, es necesario que aclare, que no es lo mismo “ser caminante” que “ser peregrino“. Un peregrino, es necesariamente siempre un caminante. No se puede ser peregrino si no estas dispuesto a andar y andar haciendo camino para lo cual obviamente tienes que prepararte físicamente. Sin embargo, no todo caminante es un peregrino. Toda peregrinación, en el fondo de los fondos, es un viaje interior mediado por las sensaciones, observaciones y acontecimientos del viaje exterior. Toda peregrinación carece en realidad de expectativas y metas porque lo importante son las emociones que experimentas en el día a día y como esas emociones van configurando una experiencia interior única e irrepetible pero que queda ahí marcada en tu vida para siempre. La meta del peregrino es simplemente el propio caminar de cada día en el que nunca sabes que te puede suceder o que encuentros vas a tener la oportunidad de realizar. Por eso creo con convicción, que para hacer “El Camino” es necesario tener y mostrar unos mínimos de apertura, atención, observación, generosidad y paciencia. Mínimos a los que hay que sumar también, voluntad, perseverancia, silencio, agradecimiento y sobre todo contemplación de la magnificencia de la Naturaleza, la vida y la cultura. Por experiencia me atrevo a decir, que en el caso de “El Camino de Santiago“, son muy numerosos y abundantes los caminantes, senderistas, ciclistas, corredores, paseantes, turistas, buscavidas etc, pero verdaderos peregrinos, yo al menos, he visto pocos.

        El test que creo se puede utilizar para distinguir a un caminante de un peregrino, es muy simple y sencillo. Bastaría preguntar por los recuerdos que cada uno tiene de la caminata y si los recuerdos solo consisten en anécdotas de lo que vio, comió y bebió, o sobre el tiempo que tardó en culminar las etapas, está claro que se trata de un caminante. Por el contrario, si los recuerdos se centran en las emociones, las personas y sus historias, en los acontecimientos de solidaridad y fraternidad, o en las conmociones o experiencias interiores inefables, está claro que estamos ante un peregrino.

        En fin, sirva esta breve introducción para adentrarme en lo que verdaderamente quiero contar esta serie de pequeños artículos que ahora inicio: el paralelismo que he podido constatar y sentir, entre la vida de un ser humano cualquiera, y la peregrinación al “Camino de Santiago

Recuerdos del CAMINO DE SANTIAGO

Joan M. Serrat
Cantares
Joan M. SerratCantares
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Un comentario sobre «Vivir es peregrinar (I)»

  1. Me ha sorprendido tu faceta de peregrino por los caminos de Santiago.
    Me alegra verte con la mochila a cuestas pasando por lugares con tanta tradición: Boadilla del Camino, Canal de Castilla, Frómista, Astorga…
    Yo pasé por ahi hace unos años y guardo profundos recuerdos de la experiencia.

    ¡¡¡Ultreia!!!

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