Krisis

Cómo nace, vive y muere el sujeto (2)

El sujeto alienado en busca de su emancipación

Alienación es un concepto hegeliano que significa extrañamiento. En Hegel tiene un carácter neutro, lo entiende como objetivación, e indica la simple exteriorización del hombre en el universo, la apertura que le permite contemplarse a sí mismo en el mundo que él ha creado. En Marx, como en Feuerbach, cobra un carácter negativo, la entiende como privación o enajenación de algo que pertenece a la esencia del sujeto.

        Pero mientras Feuerbach sólo se fija en la alienación religiosa, extrañamiento del hombre en un más allá que le impide realizarse aquí abajo, Marx considera que se da una alienación económica que es la que hace que la exteriorización se vuelva contra el hombre.  En la historia real las relaciones de producción están en conflicto con las fuerzas productivas, el trabajo está alienado, el hombre no se reconoce en su propio producto y su labor se convierte en una fuerza enemiga. Esta alienación se manifiesta en la relación del obrero con su producto y con su actividad.

Relación obrero-producto:

        Cuanto más trabaja el obrero, más poder adquiere el capital y menos medios tiene el obrero para apropiarse de su producto. El trabajo es víctima del poder que él mismo genera. El producto es una entidad ajena, una fuerza que se ha hecho independiente de su productor y se vuelve contra él esclavizándolo.

Relación obrero-actividad.

        El obrero, alienado de su producto, es alienado de sí mismo. El trabajo que debería ser medio de autorrealización del hombre, de desarrollo pleno de sus potencialidades; en su forma actual es medio de autonegación, contradice la esencia del hombre, mortifica el cuerpo y arruina el espíritu.

         El obrero se siente consigo cuando no trabaja y separado de sí cuando trabaja. Se siente libre en sus funciones animales: comer, beber, procrear… Es como un animal en sus funciones humanas: en el trabajo.

El resultado de la alienación es el deterioro de las relaciones humanas.

        La separación entre el trabajo y su objeto lleva consigo la separación del hombre con el hombre: los hombres aislados y enfrentados entre sí se relacionan a través de los bienes que intercambian y no a través de sus personas.

        Reificación de la sociedad capitalista y fetichismo de la mercancía: no se dan relaciones personales entre hombres sino relaciones objetivas entre cosas; esto hace que se presenten las relaciones sociales como relaciones objetivas sin contenido humano desconectadas de su origen y sin posibilidad de plantear su modificación.

        Marx desengañado de la fiebre romántica da un giro a la idea de sujeto colectivo. Serán las clases sociales los sujetos que con sus antagonismos irán haciendo la historia. Y en particular será la clase obrera, la clase que ve la realidad desde un total despojamiento, la que encarne con pleno derecho los ideales emancipatorios de la humanidad.

La filosofía de la mañana.

         Ya Kierkegaard y Unamuno ponen sus reparos a toda idea de sujeto abstracto y desencarnado. Pero serán Nietzsche y luego Heidegger quienes centren sus críticas en la misma idea de sujeto, considerada como empobrecedora de la diversidad de cosas que contiene la realidad del hombre. El ideal del hombre nietzscheano – dice Vattimo – rechaza toda idea de reapropiación de su esencia alienada al modo de Hegel y Marx. Eso supone la visión tradicional de que hay un sujeto real en los orígenes. Pero, al desaparecer el significado del origen, “la realidad más próxima, lo que está alrededor de nosotros y dentro de nosotros, comienza poco a poco a mostrar colores y bellezas, enigmas y riquezas de significados… cosas en las que la humanidad más antigua ni siquiera soñaba.” (Aurora. & 44). El pensamiento orientado a lo próximo constituye lo que Nietzsche llama “la filosofía de la mañana“. Y vive esta filosofía, el que, convaleciente de la fiebre metafísica del pasado, goza de buen temperamento y no tiene nada “del tono regañón y gruñón: las notas características de los perros y de los hombres envejecidos en la sujeción“. (Humano demasiado humano. & 34).

        Heidegger, en su Carta sobre el humanismo,1Ver Vattimo, Fin de la modernidad. C. 2. afirma: es un hecho que el humanismo está en crisis: el hombre de hoy tiene conciencia de haber dejado de ser centro del universo, artífice de la historia, al sentirse perdido en las cosas por obra de la técnica que le rebasa y se le va de las manos: “La democracia no puede reapropiarse del control de la técnica” – dice Heidegger en su entrevista póstuma. 2V. Farías, Heidegger y el nazismo. Ed. Muchnik. Pg. 404.

        La solución no está en recuperar la función central del sujeto, en centrar la atención en las ciencias del espíritu más que en las de la naturaleza, como piensan Husserl y el existencialismo.  

        En realidad el desarrollo técnico no es más que el resultado del humanismo: de una afirmación desmesurada del sujeto surge un ahondamiento de la distancia con los objetos y estos cobran una peligrosa autonomía; frente a la “res cogitans” (cosa pensante) que afirma el racionalismo idealista surge la “res extensa” del racionalismo empirista y de la ciencia. Toda afirmación o defensa del sujeto es defensa de la objetividad científica que no es más que un desarrollo de las representaciones que se forma este sujeto. Por lo demás el humanismo es insostenible puesto que sólo hay humanismo cuando hay una metafísica o marco en el que el hombre se determina un papel (el hombre es centro del universo sólo si hay universo). Pero para que haya metafísica hay que negar el humanismo que reduce todo al hombre (cuando todo se reduce al hombre desaparece el marco en el que éste encuentra su sentido).  

        De nuevo aquí se ha puesto un ente (ser aquí) en lugar del ser (la totalidad), se ha confundido el pensamiento, las representaciones, con la realidad global, se ha centrado la atención en el ser como presencia sin contar que tras él está el ser como acaecer, como existencia. Dicho de otra manera sería como poner el carro por delante de los bueyes, o ver en la escoba un caballo como hace el niño.

Referencias   [ + ]

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