Krisis

El ingreso mínimo vital eclesiástico

Es conocida la opinión de Philip Alston, el Relator de Derechos Humanos de la ONU en su visita a nuestro país: “Existen dos Españas muy diferentes: una la que conoció como turista, que es un país rico culturalmente, diverso, próspero… y otra la que acaba de conocer como relator de la pobreza, en donde hay un porcentaje inusual de población que vive al límite y tienen dificultades para sobrevivir”. Estas palabras, en su visita de febrero de este año, quedaron palidecidas en marzo, cuando la Declaración del estado de Alarma por el Coronavirus y hoy mucho más por las consecuencias sanitarias, económicas, sociales y políticas que traerá esta pandemia mundial, hasta que la investigación nos aporte las vacunas o medicinas que la prevengan o la curen.
 
La COVID19 ha multiplicado ese “porcentaje inusual de personas que viven al límite y tienen dificultades para sobrevivir”, como dice el Relator de la ONU, sin embargo el gobierno de coalición PSOE-UP ha querido paliar sus efectos negativos con el Ingreso Minimo Vital (IMV). El Gobierno se ha mojado, pero preguntamos ¿que mensaje ha ofrecido la Iglesia jerárquica, con motivo de la pandemia de la Covid19? 
 
Ricardo Blázquez, Presidente anterior de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ni siguiera felicitó al Presidente del Gobierno en su elección, es más, manifestó que el gobierno de coalición podía mermar los privilegios  fiscales y educativos de la jerarquía. Y la CEE, por medio de su Secretario general, ya se manifestó en contra del IMV, en caso de establecerse como subsidio permanente, pues “coartaría el desarrollo de las personas”, es decir, que el trabajo asalariado es, para la CCE, el medio fundamental de ingresos para el desarrollo de las personas, todo lo demás no ayuda a desarrollar sus capacidades.
 
Esta es, ciertamente, una de las constantes de la doctrina de la Iglesia jerárquica, desde la época medieval, el considerar al trabajo como fuente única de la propia subsistencia. basándose en la maldición divina del Génesis 3, 17-19: “Comerás el pan mediante el sudor de tu rostro” y en las palabras de S. Pablo en 2 Tes.3, 10-12: “Quien no quiere trabajar, tampoco coma…Rogamos por N.S. Jesucristo que, trabajando tranquilamente, coman su propio pan”,  Como se sabe, el Calvinismo posteriormente transformó la maldición divina del trabajo en bendición y signo de predestinación. El éxito económico que se obtiene por la laboriosidad es, para los evangélicos y especialmente para los calvinistas, una señal de elección y salvación.  De aquí deducía Mas Weber, en su obra: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que la ética calvinista favoreció enormemente el desarrollo del capitalismo, transformándolo incluso en una religión. También esto lo admitió la Iglesia católica, aunque más atenuado, pues en otro tiempo condenó ferozmente la usura, algo que hoy ha olvidado. Todo ello es cierto y sabemos la influencia nefasta que ha originado esta doctrina, en el desarrollo del Capitalismo. Ahora bien, ¿es esa la única tradición existente en la Iglesia cristiana? Pues No, porque existe otra tradición en el Cristianismo primitivo, que la Iglesia jerárquica olvidó por razón de sus intereses  económicos. Tradición que trato de rescatar en este artículo.
 
Hoy se admite por todos los exegetas, que el núcleo primitivo de la fe de la primitiva Comunidad cristiana es, que Jesus es el Mesías, el Ungido o Cristo (Hch 5, 42), anunciado por los profetas, que predicó el Reino o reinado de Dios (1), que murió en una Cruz, pero que “Dios Padre lo resucitó de la muerte” (Gal 1,1 y paralelos). Pues bien, este núcleo primitivo de la fe en el Jesús histórico, se completa con que: el Reinado de Dios o la acción de Dios Padre y su poder, no se manifiesta principalmente en el culto, en el templo y la observancia de la Ley de Moisés, sino  en el servicio a los demás, es decir, en la comunidad de vida y de bienes (koinonia=comunismo) y su distribución según la necesidad de cada uno. Así lo indica Lucas, en la doble descripción que hace de la vida de la primitiva Comunidad de Jerusalem. En primer lugar, en Hch 2, 42-44 dice: “eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan y en las oraciones” y, a continuación, los vv. 44.45 indican que tenían comunidad de bienes: “lo tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. Posteriormente Lucas indica los ritos cúlticos: la visita o frecuencia al Templo: “perseveraban unánimes en el templo” (2, 46), para orar y realizar los sacrificios prescritos por la Ley mosaica y el nuevo rito cristiano : “partían el pan en las casas”, en memoria de la última Cena. En  el c.4, vv. 32-35 ya solo aparece el “testimonio de la Resurrección del Señor” (v.33) y la comunidad de bienes: “poseían todo en común” (koinonia= comunismo) (v.32), por la venta de los bienes que tenían y  poniendo el precio total recibido a los pies de los Apóstoles, para que se distribuyera según la necesidad de cada uno: “porque entre ellos no había ningún indigente, ya que los que poseían campos o casas los vendían, llevaban el producto de la venta y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno” (Hch 4,34-35). La fe en la Resurrección de Jesús, es decir, la convicción de que Jesús ha vencido al mal y la muerte, gracias al Padre y que el Reinado o poder y justicia de Dios Padre se manifiesta, no principalmente en el culto y obras rituales prescritas por la Ley, sino en el  servicio al pueblo, es decir, que los bienes son comunes, de modo que cada miembro de la Comunidad debe recibir aquello que necesita para vivir, es el relato o mensaje revolucionario de la primitiva Comunidad cristiana de Jerusalem. 
 
 El mejor comentario de este relato o praxis primitiva cristiana es, en mi opinión,  el de Rosa Luxemburgo (2), aunque ella lo enmarca en la época del bajo imperio romano, pero está claro que habla de la praxis que hemos visto de la Comunidad primitiva de Jerusalem. Según Rosa Luxemburgo, en el bajo imperio romano: “La religión cristiana aparecía ante estos infelices (los esclavos) como una tabla de salvación, un consuelo, un estímulo y se convirtió, desde sus comienzos, en la religión del proletariado romano…los primeros cristianos levantaron la consigna de la propiedad común: el comunismo” (3). Efectivamente el cristianismo primitivo, además de predicar la igualdad de todos como hijos de Dios, practicaba que nadie de ellos podía pasar necesidad o ser indigente, porque los que tenían bienes los vendieran y el producto lo entregasen a la Comunidad y ésta lo repartía entre los que tenían necesidad, de ese modo “no había entre ellos ningún necesitado”. Esta practica  fue, sin duda, una revolución en su tiempo, aunque siguieran manteniendo la esclavitud, según aparece en la Carta a Filemón.  El cristianismo fue el primer comunismo, por ello se convirtió en la religión del proletariado de los primeros siglos.
 
Ahora bien, este comunismo, dice Rosa Luxemburgo, es diverso del que sostiene Marx. Es un comunismo de consumo, no de producción. No exigían que la tierra, los talleres y las herramientas se convirtieran en propiedad colectiva, sino simplemente que todo se dividiera entre ellos, casa, comida, ropas y todos los productos elaborados necesarios  para vivir” (4). Y es cierto, el Cristianismo de la primitiva Comunidad de Jerusalem, no establecía la propiedad colectiva de los medios de producción, sino que reconocía que los bienes poseídos tienen una primera y fundamental finalidad:  ser básicamente común a todos, la de garantizar un sustento fundamental a todos y para ello se debe distribuir según las necesidades de cada uno, de modo que nadie pase necesidad y no haya indigentes. Pero, como dice ella, esta práctica duró poco, pues se fue extinguiendo en siglos sucesivos y, por ello, los Santos Padres la recordaban una y otra vez al pueblo. San Cipriano, obispo de Cartago, en el año 248, parece ser el primero que recuerda a sus fieles la práctica del tiempo de los Apóstoles, seguramente porque se estaba olvidando. Después fueron los Padres griegos y latinos S. Basilio, S. Juan Crisóstomo, San Ambrosio de Milán (5).
 
Ahora bien, del mismo modo que los cristianos primitivos aplicaron y concretizaron en su tiempo el relato profético del AT y la práctica del Reinado de Dios propuesto por Jesús, hoy nos toca hacerlo a nosotros, los cristianos del siglo XXI.  Yo opino que este es el reto que se presenta, en las actuales circunstancias de la COVID19, a los cristianos de hoy, especialmente a los que el obispo Casaldáliga (6), llamaba Iglesia popular, si, según creo, queremos ser seguidores de la primitiva Comunidad de los Hechos. Pero ¿de qué modo? Estimo que podría ser de dos formas:
 
* En primer lugar, los que nos llamamos cristianos y formamos la Iglesia popular-  proponiendo y trabajando  por la implantación de una Renta Básica Universal e Incondicional, según lo propone la  Red de Renta Básica (RBU) y que se ha concretizado, últimamente, en la Renta Básica de cuarentena, que ha poco comenté en mi blog.
 
* En segundo lugar, creo que le correspondería a la Iglesia jerárquica. Que las Conferencias Episcopales recuperen la primitiva tradición de la Comunidad de Jerusalem o la otra tradición paulina: la del socorro o ayuda a los hermanos necesitados (Rom 15, 26; 2 Cor 8,3; Hch 11, 29). Para ello, podría reconocer y desprenderse de los bienes que posee y son muchos, según el listado enviado por los registradores de los bienes inmatriculados por la Iglesia jerárquica en España, desde 1998. Sin embargo, como este paso es muy lento, podrían empezar vendiendo o donando al Estado los “tesoros de las catedrales” (de Sevilla, de Toledo etc), de los Santuarios etc y con su producto establecer un Ingreso Mínimo Vital Eclesiástico para todas las personas que acuden a Caritas. Y para que no coincidiera con el IMV del Estado, podría establecerse de que esa venta o donación fuera una colaboración y refuerzo del IMV estatal. Sería un buen principio y un buen ejemplo, porque en vez de que la Iglesia reciba tanto dinero del Estado, se trataría de colaborar con él, para que nadie pase necesidad y practicar ese comunismo de consumo, de que hablaba Rosa Luxemburgo.
 

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Notas: 1)Sobre esta expresión véase MEIER, John P. Un judío marginal: Nueva visión del Jesús histórico. Tomo 2/1.Juan y Jesús. El reino de Dios. Tr. de Serafín Fernández Martínez. Estella (Navarra); Verbo divino, 1999. Disponible en: http://www.luisjovel.com/wp-content/uploads/2015/10/Meier.JohnP_Un-judio-marginal-2.1.pdf?fbclid=IwAR2roo_AeWNuHnLmLe0hz4RRdH1ae7oUpoBFzLkvcR8VIJ5mYcjs-96NWTs (Consulta 20-01-2020), pp.271-272. “La expresión “reino de Dios” o sus equivalentes (p.ej.,”reino de los cielos” , “reino de mi Padre”,etc.) figura en trece dichos del Evangelio de Marcos, en unos trece de Q, en unos veinticinco de Mt, en unos seis de Lc y en dos del Evangelio de Juan…Todo el corpus de las epístolas indiscutiblemente paulinas contiene “reino de Dios” sólo en siete pasajes (1Tes2,12; Gál5,21;1Cor4,20;6,9-[2veces] 10 ;15,24.50; Rom14,17)… Es sorprendente que, aunque las epístolas paulinas representan el más antiguo corpus literario cristiano completo que se ha conservado después del ministerio histórico de Jesús, “reino de Dios” no tenga un papel destacado en el pensamiento y en el lenguaje de Pablo”.
2) ROSA LUXEMBURGO. El Socialismo y las Iglesias, pp. 136-141. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/luxem/05Elsocialismoylasiglesias_0.pdf (Consulta 15-05-2020).
3) Ibid., p. 140. La negrita es mía.
4) Ibid., p. 140. La negrita es mía.
5) MARTÍNEZ CEREZAL, Carlos. El pensamiento de los Santos Padres sobre la propiedad privada. En Aula DSI. Disponible en: http://auladsi.net/el-pensamiento-de-los-santos-padres-sobre-la-propiedad-privada (Consulta 1805-2020) «Consideremos, hermanos amadísimos, lo que practicó el pueblo de los creyentes en tiempo de los apóstoles, cuando en los comienzos florecían con vigor grandes virtudes, cuando hervía la fe de los fieles con nuevo ardor. (…) Como leemos en los Hechos de los Apóstoles (4,32): La multitud de los creyentes se comportaba con un solo espíritu e intención, no hubo entre ellos diferencias ni reputaban como propio nada de los bienes que poseían, sino que todo les era común. Esto es hacerse de veras hijos de Dios Padre, según las leyes del cielo. Todo lo que es de Dios nos es común a todos para nuestro uso, y nadie es excluido de sus beneficios y dádivas, de modo que todos los hombres gocen por igual de la bondad y largueza de Dios». Posteriormente, en el siglo IV, serán los Padres griegos, S. Basilio y S. Juan Crisóstomo y el Padre latino, S. Ambrosio de Milán, quienes recordarán la práctica cristiana primitiva, ante su olvido.
6) CASALDÁLIGA, Pedro. Opción por los pobres y espiritualidad. En VIGIL, Jose M.ª(Coordinador). La opción por los pobres. Santander: Sal Terrae, 1991. Disponible en: https://www.academia.edu/20952513/VIGIL_J.M._org._Pedro_CASALD%C3%81LIGA_Albert_NOLAN_Jon_SOBRINO (Consulta 18-06-2020)p. 53.
 “Si decimos «Iglesia jerárquica», con más razón podemos decir «Iglesia popular». Por dos motivos: la Iglesia «tiene» jerarquía, pero «es» pueblo de Dios”. La jerarquía será siempre minoritaria en la Iglesia, mientras que el pueblo de Dios es la inmensa mayoría. Por otra parte, hablar de Iglesia popular significa hablar de una «Iglesia en la base», donde están los pobres”.La negrita es mía.
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Antonio Moreno de la Fuente

Articulo cedido para Krisis por su autor.
Antonio Moreno de la Fuente.
Miembro de las Comunidades Cristianas Populares.
Sevilla, 27 de junio de 2020.

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