El falso dilema entre “ciencias” y “letras” (5)

Por Leandro Sequeiros San Román

La broma de Sokal

En la orilla literaria, las pretensiones —seguramente trucadas— de algunos humanistas, filósofos, psicoanalistas y científicos sociales habrían de encontrar un serio correctivo en el celebérrimo “caso Sokal” cuyos efectos higiénicos y dialécticos sobre la teoría de la ciencia no pueden dejar de señalarse. Como se ha avanzado ya, el punto álgido de las guerras de la ciencia se alcanzó con este famoso caso. Alan Sokal, un físico teórico harto de la mistificación de que era objeto el lenguaje científico por parte de ciertos pensadores posmodernos, tras empaparse del estilo y de la jerga de éstos, pergeñó una parodia titulada nada menos que “Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity” (“Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica”) que envió a la revista Social Text. La parodia lanzaba, desde una posición supuestamente progresista, una sarta de críticas a la ciencia del tipo de las que circulaban en medios post-estructuralistas, relativistas, antirracistas y feministas. También ironizaba contra las objeciones denunciadas por Paul R. Gross y Norman Levitt en Higher Superstition. El consejo de redacción, presidido por Andrew Ross (de la Princeton University) no sólo aceptó el texto de Sokal —que apareció en un número especial de Social Textde mayo de 1996 dedicado precisamente al tema de la “Guerras de la ciencia” (cinco de los artículos publicados en este número emplean esta expresión en el título)— sino que para redondear el chiste, los editores añadieron el siguiente comentario en el prólogo: “Un intento serio de un científico profesional de buscar a partir de la filosofía posmoderna afirmaciones útiles para los desarrollos de su especialidad”. 

Tan solo tres semanas después de aparecer el artículo, Sokal hizo pública la broma a los editores de Social Texten otro artículo: “A Physicist Experiment with Cultural Studies”, publicado en Lingua Franca(núm. 6, mayo-junio 1996). Tal vez si Sokal se hubiera demorado algo más en publicarlo hoy nos podríamos seguir regocijando al comprobar los altos índices de impacto y aceptación de su parodia, pero, en cualquier caso, el escándalo suscitado fue mayúsculo.

Un año más tarde, en 1997, Alan Sokal y Jean Bricmont publicaron el libro Impostures Intellectueles, en el que se exponen las razones de la parodia de Sokal y se discuten varios textos “postmodernos” (de Lacan, Kristeva, Irigaray, Latour, Baudrillard, Deleuze, etc.) objetos de la burla de Sokal. El texto, de una claridad meridiana, supone una aportación coherente y brillante al debate entre las dos culturas desde el realismo cientifista que va más allá del simple experimento que supuso la parodia. Por cierto que los autores no se proponen “criticar a la izquierda, sino ayudarla a defenderse de un sector de ella misma que se deja arrastrar por la moda”. En palabras de Sokal y Bricmont (1997: 17): “confundir la hostilidad a la injusticia y a la opresión, con la hostilidad a la ciencia y a la racionalidad es un sinsentido”.1 Ref.Sokal, A. & J. Bricmont. 1997. Impostures intellectuelles. Paris: Odile Jacob. (Imposturas intelectuales/ trad. J. C. Guix Vilaplana. 1999. Barcelona: Paidós).

A fin de cuentas, admitir algunos privilegios a la ciencia que dejaran así determinados contenidos de la misma al abrigo de según qué interpretación delirante no debería suponer una abrupta separación entre las dos culturas. El affaire Sokal puso freno a un fenómeno un tanto desquiciado de la cultura contemporánea que Basarab Nicolescu denominó la “absolutización de lo relativo”. El lenguaje de las ciencias había sido sacado de su contexto y manipulado hasta demostrar lo que fuese preciso. La primera víctima de esa desconstrucción habían sido las ciencias exactas que de esta forma pasaban a ser una construcción social más. No es extraño que en poco tiempo Alan Sokal se convirtiera en el héroe de “una comunidad científica que percibía la contradicción entre su práctica diaria y su representación social2 Ref.B. Nicolescu, “Au delà des extrémismes”, Transversales Science/Culture, n° 47, septembre-octobre 1997 .

Cómo se ríe una broma

Pero tras airearse el escándalo, la reacción de muchos científicos fue sumamente virulenta. Abundaron las mofas dirigidas hacia Social Texty hacia el progresismo sociológico y relativista. Aparentemente entre ciencias y humanidades se había abierto un gran abismo. Con Sokal se destapó la caja de Pandora. Steven Weinberg argumentó en The New York Review of Booksque las humanidades jamás podrían alcanzar los estándares de precisión científica. Para el premio Nóbel una de las condiciones del nacimiento de la física moderna había sido justamente la ruptura entre el mundo de la física y el mundo de la cultura. Poco espacio pues para la tercera cultura y menos aún para quienes cuestionasen la realidad de las leyes físicas, la realidad objetiva o la hegemonía intelectual de las ciencias naturales; ningún crédito a quienes no tengan claro lo que significa que una teoría sea verdadera o falsa o desconozcan la existencia de leyes impersonales y eternas que garanticen el progreso objetivo de la ciencia. La ciencia detentaría la verdad que por definición no puede depender del ambiente social.

La revancha de los científicos realistas fue ciertamente subida de tono. Sin embargo, el debate filosófico —a diferencia del científico— nunca se acaba de cerrar y —como era de esperar— los humanistas, relativistas y posmodernos en general tardaron poco en encajar el golpe de efecto que supuso la broma de Sokal. 

El 30 de septiembre de 1997, Robert Maggiori publicó en el diario parisino Libération un artículo titulado “Fumée sans feu” en que acusaba “a ciertos científicos pedantes” de dedicarse a corregir errores gramaticales en cartas de amor. Ian Hacking, tras reconocer en ¿La construcción social de qué? lo equivocado que había estado cuando afirmó —tras estallar el asunto en 1996— que Sokal había tenido ya sus quince minutos de gloria, se reafirma en la denuncia constructivista, especialmente en lo que suponen la construcción social y el relativismo en el ámbito de lo político.

Si lo de Sokal fue un experimento no sería correcto extraer conclusiones precipitadas: que una revista supuestamente prestigiosa como Social Text (editada por la Universidad de Duke, en Carolina del Norte) publicara el artículo de marras no prueba “que la ciencia esté amenazada por la falta de rigor imperante en medios intelectuales que practican un cierto relativismo cultural”. Como denuncia el editorial de La Recherchen° 292 de noviembre de 1996, por la misma época, la no menos prestigiosa publicación científica (nada sospechosa de relativismo cultural) Journal of Physics D: Applied Physics estuvo a punto de sacar a la luz un artículo sobre cierto “dispositivo antigravedad” tras ser valorado positivamente por tres informantes de su consejo de redacción.

Ni que decir tiene que el asunto volvió a ser valorado en los términos maniqueos de las dos culturas (científicos / humanistas), además de los consabidos dualismos ideológicos 3 Ref.En Who rules the Science?, J. R. Brown observa que —a diferencia del debate de “las dos culturas” de Snow en el que los científicos eran generalmente gente de izquierdas y los humanistas parecían más conservadores— en “las guerras de la ciencia” mucha gente opina que los científicos se alinean a la derecha mientras que sus críticos lo hacen a la izquierda. Rebatiendo esta impresión, en una simplificación candorosamente ingenua, Brown describe cuatro posicionamientos al respecto cruzando pro o anti-cientifismo con ideología derechista o izquierdosa. Esto le permite a él situarse en la casilla pro-science Left, la misma en la que con tan manifiesto interés se situara Sokal. (izquierda / derecha), nacionalistas 4 Ref.Bruno Latour acusa a Sokal de encabezar una cruzada antifrancesa: “La France, à leurs yeux, est devenue une autre Colombie, un pays de dealers qui produiraient des drogues dures -le derridium, le lacanium…-, auxquels les doctorants américains ne résistent pas plus qu’au crack. Détournés de la vie joyeuse et saine des campus, oubliant même de prendre leur dose quotidienne de philosophie analytique claire comme de l’eau pure, ils se débiliteraient dans le relativisme!” (Le Monde, 18-1-1997). (franceses / americanos) o filosóficos (racionalistas / relativistas) que han gastado mares de tinta y ocupado cientos de páginas web, amén de amenazar con seguir haciéndolo en el futuro. En tal sentido, Etienne Klein (La Recherche, 297, abril 1997, p. 95) señala dos efectos perversos, que también los tuvo, del asunto Sokal una vez disfrutados los indudables beneficios críticos e higiénicos. El primero sería un cierto efecto descorazonador hacia aquellos epistemólogos comprometidos en sentar las bases de una ciencia moderna que acogiera a las ciencias humanas bajo el mismo prisma crítico que a la ciencia “dura”. El segundo efecto sería el de dar paso a una arrogancia cientifista que se creería así a salvo de todo examen crítico. 

LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
      En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla)
     La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio.

Referencia

↑ 1. Sokal, A. & J. Bricmont. 1997. Impostures intellectuelles. Paris: Odile Jacob. (Imposturas intelectuales/ trad. J. C. Guix Vilaplana. 1999. Barcelona: Paidós).
↑ 2. B. Nicolescu, “Au delà des extrémismes”, Transversales Science/Culture, n° 47, septembre-octobre 1997
↑ 3. En Who rules the Science?, J. R. Brown observa que —a diferencia del debate de “las dos culturas” de Snow en el que los científicos eran generalmente gente de izquierdas y los humanistas parecían más conservadores— en “las guerras de la ciencia” mucha gente opina que los científicos se alinean a la derecha mientras que sus críticos lo hacen a la izquierda. Rebatiendo esta impresión, en una simplificación candorosamente ingenua, Brown describe cuatro posicionamientos al respecto cruzando pro o anti-cientifismo con ideología derechista o izquierdosa. Esto le permite a él situarse en la casilla pro-science Left, la misma en la que con tan manifiesto interés se situara Sokal.
↑ 4. Bruno Latour acusa a Sokal de encabezar una cruzada antifrancesa: “La France, à leurs yeux, est devenue une autre Colombie, un pays de dealers qui produiraient des drogues dures -le derridium, le lacanium…-, auxquels les doctorants américains ne résistent pas plus qu’au crack. Détournés de la vie joyeuse et saine des campus, oubliant même de prendre leur dose quotidienne de philosophie analytique claire comme de l’eau pure, ils se débiliteraient dans le relativisme!” (Le Monde, 18-1-1997).

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