Krisis

Aprendiendo de la adversidad (1)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Una experiencia cercana a la muerte (1)

Todo estaba en penumbra y un silencio expectante impregnado de un fuerte olor a asepsia hospitalaria me había dejado atrapado en ese temor inicial que ocultaba mi verdadero miedo ante el dolor y lo desconocido. Tantos años creyendo que la muerte era algo lejano y distante; tantos años sintiendo que nada podría desviarme de mi imperiosa voluntad, para de pronto, darme de bruces con una inesperada realidad que podría definitivamente separarme del mundo de los vivos. Minutos eternos de una angustiante espera sumida en el más vacío y solitario de los momentos para sentir intensamente y comprender que nada me quedaba ya por hacer.

Sumido en el más profundo de los abandonos y en la más oscura de las soledades, todo mi cuerpo comenzó a temblar con sensaciones de frío y calor intensos, producto tal vez del pánico producido por una situación que podría convertirse en el fin absoluto de una vida llena de proyectos, actividades, ilusiones y sueños. ¿Para qué había andado tanto? Me preguntaba mientras el cirujano se disponía a conectar sus aparatos y la enfermera abría mis venas para la sedación. ¿Para qué había corrido tanto? me decía, cuando un calor sofocante quemaba mi cara como si estuviese realmente en un horno. ¿Había valido la pena tanto esfuerzo? ¿Para qué tanto activismo profesional y social? ¿Qué sentido había tenido el haber participado en tantos proyectos siempre inconclusos, para que todo se terminase absoluta y definitivamente allí? Realmente mi estado de confusión, incertidumbre, inseguridad y miedo era total y aunque intentaba racionalmente sobreponerme no fui capaz ni de dar respuestas a mis preguntas, como tampoco de serenarme. Estuve en aquellos primeros momentos totalmente invadido por el miedo y el pánico ante la posibilidad de morir.

Y yo, que había creído soberbia e ilusamente que siempre “estaba para empezar“. Y yo que vanidosamente había fraguado una imagen de mí mismo de hombre fuerte y capaz de afrontar todos los retos y superar todas las dificultades allí estaba completamente derrotado y hundido. Todo en un instante se me derrumbó, todo en un instante se precipitó hacia un abismo del que creía no podría salir. Todo fue en aquel momento soledad y silencio. Una soledad que cuando con posterioridad la he analizado, es la que me hizo y me sigue haciendo creer y comprender que no somos nada, absolutamente nada, apenas una brizna de polvo cósmico desvalida y errante cuyo fulgor desaparece cuando menos lo esperamos. Una soledad que me ayudó a entender, que en los momentos verdaderamente transcendentales de tu existencia únicamente nos tenemos a nosotros mismos, únicamente contamos con nuestro ser y nuestra vinculación con el todo que nos dio la vida. Una soledad en suma, de la que nada ni nadie te puede liberar. Momentos en los que ya no valen los andamios, ni las muletas, ni los apoyos, ni los cuentos, ni los subterfugios, ni las coartadas. Momentos en los que ya no sirven ni las carreras, ni los títulos, ni las posesiones, ni los afanes pequeños o grandes. Eres tú mismo, enfrentado al inexorable hecho de la muerte como destino inevitable y absoluto irreversible y para toda la eternidad. Eres tú mismo como ser único que debes enfrentar un hecho de que ya no sirven ni los apegos, ni los abrazos, ni los afectos, ni siquiera los amores y en el que lo pasado vivido y lo futuro proyectado, carecen de todo sentido. Tú y solamente tú frente a ti mismo sin más recursos que los que tú mismo puedas fabricar en ese instante, sin más defensas que la aceptación de lo inexorable.

El cirujano, al que no había visto nunca y que ahora recuerdo vivamente después de casi veinte años de aquel percance, comenzó su tarea invitándome a presenciar en una gran pantalla el latido de mi propio corazón y el mapa de unas coronarias congestionadas y obstruidas casi en su totalidad. Aquel buen hombre que me salvó la vida, me decía con una seguridad, no sé si calculada o verdadera, que aquello que me estaba haciendo no tenía ninguna importancia y que muy pronto lo olvidaría todo. Sin embargo mi terror me dejó paralizado cuando vi con mis propios ojos como mi corazón era atravesado por un hilo blanco que entraba y se movía al ritmo de mis latidos. Fue entonces cuando le pedí abiertamente que aumentara la dosis de sedación hasta donde fuera posible, sumiéndome así en un estado de semiinconsciencia que paradójicamente recuerdo cada vez con mayor frecuencia e intensidad.

Aunque las luces del quirófano estuvieron encendidas todo el tiempo, percibí como poco a poco fueron perdiendo intensidad hasta encontrarme completamente a oscuras aunque con capacidad para recordar la colocación de los objetos y la posición del cirujano y la enfermera. Sentí vivamente entonces, que se abrió una especie de puerta circular, como las de las grandes cajas fuertes blindadas de los bancos, a la que fui misteriosa y automáticamente conducido completamente desnudo, como cuando nacemos, y completamente solo como cuando te enfrentas a un peligro del que no puedes escapar y en el que nada ni nadie te puede socorrer. Tenía la sensación de estar flotando en el espacio y una fuerza desconocida me empujaba por detrás suavemente para introducirme en ese nuevo lugar que se ocultaba tras la blindada puerta.

Entré entonces en una especie de tobogán, una especie de túnel cilíndrico en pendiente que percibía desde mi posición de tendido y cuyas paredes eran de un gris pálido, aunque con unos brillos que denotaban limpieza y pulcritud, dando la sensación de ser algo completamente nuevo y a estrenar. Mi curiosidad me llevó a levantar la cabeza varias veces, descubriendo así que aquel túnel se alargaba y estrechaba más y más como consecuencia de la perspectiva, pero un cansancio profundo me llevaba otra vez a mi posición de tendido, en la que mi cabeza y todo mi cuerpo reposaban totalmente. Me di cuenta que solamente eran mis ojos los que realmente podía mover y que todo mi cuerpo comenzaba poco a poco a coger velocidad por ese largo túnel-tobogán, en el que me habían introducido sin poder hacer nada para impedirlo. Todo comenzaba a hacerse más y más oscuro, todo se hizo en instantes completamente negro, pero de pronto comencé a percibir unas pequeñas luces laterales que se me aparecían a derecha e izquierda de mi posición, conforme iba avanzando cada vez a mayor velocidad por aquel túnel que parecía de acero.

Curiosamente dejé de percibir cualquier tipo de sensación corporal. Los fríos y calores intensos habían desaparecido y todo mi cuerpo se encontraba en un estado de relajación y flaccidez que me proporcionaban un bienestar nunca antes experimentado. No había ya dolor, ni miedo, ni esperanza, ni sufrimiento. No me preocupaba absolutamente nada, mi mente no podía pensar y recuerdo con nitidez una sensación de plenitud de vida presente, de consciencia absoluta del instante, de una infinita paz acogedora que cuando la recuerdo, me quedo enganchado a ella en el silencio que proporciona la aceptación, de que todo lo que nos sucede tiene siempre un final y un fin que aunque inicialmente nos desesperemos y no seamos capaces de entender, a la larga, si la vida te da la oportunidad de envejecer, somos capaces de encontrarle un sentido liberador.

Continuará…

    JUAN MIGUEL BATALLOSO NAVAS es vecino de Camas (Sevilla) desde 1970, ciudad que lo acogió y en la que ha desarrollado casi toda su actividad social, política y profesional. A su llegada a Camas, se formó y participó activamente en el Centro Juvenil “Al-Kama”, promovido e impulsado por la Parroquia “Ntra. Sra. de La Fuente”, siendo párroco D. Luis Carmona Torres, Centro en el que dio sus primeros pasos en el conocimiento y la comprensión de los valores cristianos. En 1974 se incorporó al círculo formativo y de compromiso sociopolítico, del Barrio de La Fuente, de la Comunidad Salesiana de Buen Aire, círculo que le permitió conocer y adherirse a los planteamientos de la “Teología de la Liberación”. En esta línea, participó activamente también en la histórica y reivindicativa Asociación de Vecinos “Cal y Barro”.
        En el año 1977 se integró en la Agrupación Local del Partido Comunista de España (PCE), hasta que abandona definitivamente su militancia a mediados de los años noventa. En su actividad militante tuvo diversas responsabilidades, formando parte de varias candidaturas, llegando a ser elegido concejal en 1983, actividad en la que permaneció hasta que finalizó el mandato en 1987.
        Terminó sus estudios de Magisterio en 1972, obteniendo su primer destino como “Maestro de Escuela” en el por aquel entonces Colegio “Cervantes”, del barrio de Caño Ronco de Camas, pasando después por diversos centros de la provincia y volviendo nuevamente en 1981 a Camas y al C.P. “Andalucía”, colegio del que fue Director.
        En 1981 finalizó sus estudios de Licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educacíón, doctorándose en el ámbito de la Teoría, Historia de la Educación y Pedagogía Social, obteniendo el título de Doctor por la Universidad de Sevilla en el año 2005 con la tesis “La SAFA de Riotinto (1970.1973). Educación liberadora y personalizada en la cuenca minera onubense. Bases para un nuevo paradigma educativo
        Ha estado también ejerciendo la profesión de Orientador Escolar, siendo su último destino el IES Camas, compatibilizando la misma. con la creación y desarrollo de diversos cursos de formación del profesorado.
        En los últimos veinte años ha escrito numerosos artículos de Educación, habiendo publicado diversos libros relacionados con la Teoría de la Educación, la Pedagogía Social y dos historias de vida de personajes de Camas (Antonio Suárez y Fernando Camacho. Ha dado numerosas conferencias y cursos en Portugal, México, Perú, Brasil y Chile, participando en el Grupo de Investigación “Ecotransd” de la Universidad Católica de Brasilia y formando parte del Consejo Académico de la Universidad Virtual “Universitas Nueva Civilización” de Santiago de Chile.
        Localmente ha sido socio fundador y secretario del FOCODE, asociación a la que ha pertenecido durante veinte años. Actualmente y desde hace diez años pertenece al Grupo de Camas de la Asociación “Memoria, Libertad y Cultura Democrática”, grupo en el que continua y ha desarrollado diversas responsabilidades y actividades.
        Sus temas fundamentales de interés y trabajo intelectual han girado siempre en torno a la Educación Democrática y Liberadora, diversificándose en todos sus aspectos teóricos, filosóficos, psicológicos y de desarrollo personal, así como sociales y políticos. En el presente una gran parte de su tiempo lo emplea en la administración y el mantenimiento de este Blog-Web de “Krisis” del que es autor y que fue lanzado en noviembre de 1918.

Un comentario sobre «Aprendiendo de la adversidad (1)»

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: