Aprendiendo de la adversidad (4)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

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Investigando y renaciendo

NO SE PUEDE SANAR EL MUNDO SIN SANARSE PRIMERO A SÍ MISMO

Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004)
Escritora y psiquiatra especializada en el estudio de la muerte y los cuidados paliativos.

«…Todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios, son en realidad regalos. Son la oportunidad para crecer, que es la única finalidad de la vida. No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo. Si estamos dispuestos para las experiencias espirituales y no tenemos miedo, las tendremos, sin necesidad de un gurú o un maestro que nos diga cómo hacerlo…»

Tras aquel acontecimiento de mi experiencia cercana a la muerte (ECM), me dediqué a investigar si lo que me había sucedido era algo fortuito y exclusivamente debido a mi imaginación, o por el contrario, le había ocurrido a otras personas y estaba siendo objeto de investigación por la Psicología o la Psiquiatría. En esa búsqueda y por mero azar, cayó en mis manos un libro titulado “Yo vi la luz“, del médico sevillano ya fallecido D. Enrique Vila1 Ref.VILA, Enrique. (2009). Yo vi la luz: experiencias cercanas a la muerte en España. Absalon. Cádiz. y cuál no sería mi sorpresa, cuando al leerlo comprobé similitudes y regularidades de mi experiencia en el quirófano, con las que el doctor Vila exponía en su libro.

        No sé a ciencia cierta, si la experiencia que viví, fue fruto de una síntesis de ideas que yo ya tenía en mi cabeza, o simplemente la consecuencia de una situación de especial excitación emocional. En un principio pensé que fue una construcción mental distorsionada como sucede en los sueños. También creí que era un “estado alterado de conciencia” bien fuese producido por la sedación, la anoxia o los contenidos de mi subconsciente. Intenté por todos los medios buscar una explicación racional y científica a aquella experiencia e incluso encontré respuestas plausibles y probables relativas al funcionamiento cerebral. Sin embargo, lo verdaderamente cierto fue que aquello lo experimenté y lo viví intensamente como una experiencia cumbre de primer orden que ha trastocado mi vida y la ha dividido en dos grandes periodos, antes de la ECM y después de la ECM. Y en este segundo periodo, no solo he aprendido y descubierto cosas que ignoraba completamente, sino que también he desarrollado nuevos valores. Un desarrollo que me ha servido también para fundamentar con mayor solidez y firmeza, los valores éticos que desde joven fueron orientando mis decisiones y compromisos.

        El propio doctor Vila nos dice básicamente en su libro, que todas las ECM, fielmente registradas y documentadas en su investigación, tienen una serie de regularidades, que son precisamente las que yo viví, como sensación de flotación; movimiento a través de un tobogán; aparición de escenas de vida pasada; llegada a una puerta en la que se ve una luz potente, etc. Sin embargo y aunque ya con esta información, me quedé extraordinariamente impresionado, sobre todo, lo que más sorpresa me produjo, fue el hecho documentado por el Dr. Vila, de que la gran mayoría de las personas que vuelven de esa experiencia y tienen capacidad para recordarla e integrarla en su conciencia, experimentan después cambios altamente significativos en sus vidas. Alrededor del 95 % de las experiencias documentadas y registradas por el doctor Vila en su libro, coincidieron en que a partir de ellas, todas las personas cambiaron radicalmente sus vidas, su pensamiento y su forma de ver el mundo, prestando una especial atención al estudio, la investigación, la lectura y la escritura, haciéndose más contemplativas, meditativas e interesadas por la espiritualidad, así como perdiendo en una gran medida el miedo a la muerte. Y de alguna forma, esto es precisamente lo que he tenido la oportunidad de vivir en estos últimos casi veinte años de aquello, algo que el doctor Vila había constatado en todas las historias que él registro y sistematizó.

        Pero además del Dr. Vila y su sorprendente libro, en mi afán de encontrar una explicación racional a lo que me había sucedido, comencé a investigar el fenómeno irreversible de la muerte interesándome por todos los procesos fisiológicos, neurológicos y psicológicos que la acompañan. Leí diversos artículos, hasta que me encontré con la obra de una autora excepcional y una académica especializada en Psiquiatría, mundialmente reconocida por sus trabajos en torno al tratamiento y los procesos psicológicos de los moribundos. Me estoy refiriendo a Elisabeth Kübler-Ross, una autora que ha producido en mí un impacto emocional extraordinario y a la que le tengo un respeto, una admiración y una devoción que son para mí esenciales para afrontar el día a día de mis pequeñas y grandes decisiones o dificultades. De hecho, en estos últimos veinte años de mi segundo periodo que lo entiendo como una especie de “renacimiento”, la he releído varias veces porque el conocimiento y la sabiduría que aporta al relatar su historia de vida, es de un valor supremo y excepcional para mí. Cuando me encuentro mal, desanimado o triste por alguna razón o sin ella, vuelvo siempre a Elisabeth para descubrir de nuevo que la vida es un regalo misterioso ante el que únicamente cabe agradecer, agradecer y agradecer.

        El primer libro de Elisabeth Kübler-Ross que llegó a mis ojos, a mi mente y a mi corazón es el titulado “La muerte: un amanecer2 Ref.KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2008). La muerte: un amanecer. Luciérnaga Cas. Barcelona. -Puedes leerlo en línea y/o descargarlo aquí . Con este libro conocí y comprendí lo esencial de las distintas fases por las que todo humano atraviesa en el trance de morir. Pero si ya con esta pequeña obra aprendí mucho, cuando descubrí “La Rueda de la vida3 Ref.KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2000). La rueda de la vida. Punto de lectura. Barcelona. -Puedes leerlo en línea y/o descargarlo aquí mi disfrute fue total, Fue esta última obra la que me sirvió y me sigue sirviendo para orientar los diversos cambios, aconteceres y decisiones que he vivido y experimentado en este nuevo periodo. De hecho, la releo con cierta frecuencia y cuando me dio por escribir estos artículos, me he inspirado de algún modo en lo que Elisabeth Kübler-Ross cuenta, enseña y contagia en “La Rueda de la vida“.

        En el primer año, después de aquel acontecimiento, atravesé uno de los periodos más silenciosos  y tristes de mi vida. A nada le encontraba sentido; creía realmente que todo había terminado y que nadie necesitaba ya de mi presencia; pensaba que al no poder seguir trabajando nada podía aportar ya a la sociedad; presenciaba un futuro sin expectativas en el que ya no tenía nada que hacer, ni ningún proyecto en el que valiese la pena embarcarme. Ni sabía, ni se me ocurría, ni me sentía capaz de recomponer toda mi forma de vivir. Fueron tiempos de sufrimiento interior, de incertidumbres, de zozobra e inquietud y también de tristeza y una profunda melancolía con estados depresivos intermitentes que incluso tuve que tratar con psicofármacos. Me había dado cuenta de mi pequeñez, de mi provisionalidad y de que realmente nada podía ya programar y controlar porque todo podía trastocarse en el momento más inesperado, como a mí realmente me sucedió.

        Hoy, después de tanto tiempo de aquel primer año, recuerdo que, a pesar de que fue de sufrimiento interior que procuraba siempre no manifestar para evitar que mis seres queridos no se preocuparan por mí, lo considero como extraordinariamente positivo, natural y el preludio de una nueva forma de pensar, sentir, hacer y vivir. Si hasta aquel acontecimiento, toda mi vida había sido de una actividad enorme intentando siempre buscar ideas, proyectos e iniciativas por las que apostar llevándolas a cabo incluso algunas al mismo tiempo, aquel parón de tristeza e incertidumbre verdaderamente me vino fenomenal. Fue entonces, cuando decidí que no podía quedarme parado, como tampoco sentado siendo preso de lamentaciones y de un pasado que nunca tiene solución. Así que me puse en acción y dado que tenía mucho tiempo libre disponible, gracias a que me jubilaron por incapacidad laboral, decidí continuar mi proyecto de tesis doctoral inacabado que presenté en 2005 y aventurarme en una de las más grandes experiencias que he tenido en mi vida: “El Camino de Santiago“.

        En este punto, tengo que reconocer sin ninguna duda, que con mayor o menor intensidad siempre fui preso del estrés, la ansiedad, el activismo y las llamadas “comeduras de coco”, algo de lo que todavía no me he librado del todo. Sin embargo, cuando poco a poco he ido analizando esas tendencias impulsivas a estar continuamente inventando y realizando actividades, he conseguido identificar algunas claves, procedentes de mi infancia y adolescencia, que explican como mi temperamento, carácter y personalidad llegaron a alcanzar tan alto grado de activismo profesional, social, político y sobre todo mental. Así que tal vez sea también esa genética de hábitos consolidados de activismo la que contribuyera de algún modo a iniciar una nueva etapa en mi vida. Y es que “La loca de la casa“, como decía Santa Teresa de Jesús, al menos en mi caso, estaba verdaderamente loca y creo que todavía lo está, aunque sea en menor medida y en otra dirección. Y es que yo nunca supe encontrar sosiego, serenidad, paciencia y todo intentaba resolverlo con el hacer y hacer cada vez más cosas con una intensidad y una pasión como si me fuese en ello la vida. De hecho creo, que el atreverme a escribir esto y hacerlo público, tal vez sea una “locura” más de las mías, pero así creo que soy y “No me arrepiento

Referencia

1 VILA, Enrique. (2009). Yo vi la luz: experiencias cercanas a la muerte en España. Absalon. Cádiz.
2 KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2008). La muerte: un amanecer. Luciérnaga Cas. Barcelona. -Puedes leerlo en línea y/o descargarlo aquí
3 KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (2000). La rueda de la vida. Punto de lectura. Barcelona. -Puedes leerlo en línea y/o descargarlo aquí

3 comentarios sobre «Aprendiendo de la adversidad (4)»

  1. Lo que pasa Juan Miguel es que eres un grande. Y eres capaz, con tu gran generosidad, de volcar tus vivencias para los que te leemos y compartir no solo conocimientos sino sentimientos y valores éticos vitales que ya no se llevan en esta sociedad. Sociedad que, como siempre, serán las nuevas generaciones las que luchen por conseguir la que ellos quieran o puedan, sin mirar atrás y avanzando como tú siempre haces y dices: ¡Sigamos adelante! como cada uno oportunamente crea. Un abrazo sincero y mi afecto.

    1. MUCHÍSIMAS GRACIAS !!!! querido !!! A mí también LA SAFA DE RIOTINTO y conocerte, tratarte y hacernos amigos junto a todos los demás cambió mi forma de entender los cambios sociales. Y es que un amigo mío muy sabio dice que “LOS AFECTOS SON LOS EFECTOS”. Te reitero mi agradecimiento porque tus comentarios me ayudan y estimulan a seguir. Vamos a cuidarnos y a ver si esto del jodido bicho se termina o se va suavizando. UN ABRAZO GRANDE !!!

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