Aprendiendo de la adversidad (3)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

Viene del post anterior…

El azar y la necesidad

LA FELICIDAD

Abraham Maslow (1908-1970)
Psicólogo. Fundador de la Psicología Humanista

«…Tal vez debamos redefinir la felicidad como experimentar emociones reales sobre problemas y tareas reales. Aparentemente el acto de buscar la felicidad no funciona psicológicamente como un medio de vivir una vida que valga la pena. Por el contrario, la felicidad puede realmente ser un subproducto, como un epifenómeno de algo que llega de paso. El mejor modo de darse cuenta retrospectivamente de que se es feliz, aunque no se haya tenido consciencia en el momento, es estar comprometido con una tarea, o una causa que valgan la pena y trabajar con dedicación por ellas…»

Hace ya casi veinte años que viví aquella experiencia cercana a la muerte y sin embargo la recuerdo como uno de los más importantes y trascendentales acontecimientos de mi vida.  Fue a partir de aquel momento y de las circunstancias adversas que sobrevinieron, especialmente debidas al cambio total de situación laboral y profesional y otras nuevas situaciones de enfermedad, como descubrí y aprendí algo que además de ayudarme a vivir, me sirvió para desarrollar unas actividades y unas posibilidades nunca antes imaginadas ni en los mejores sueños.

Hasta entonces, yo siempre había creído que mi vida era algo bastante sencillo, rutinario, simple y normal. Algo que consideraba común en todas las personas con las que me relacionaba, aunque cada una fuera muy distinta en características, contextos y circunstancias. Siempre tuve muy claro que había que esforzarse y trabajar si quería sobrevivir y responder con honestidad y coherencia al extraordinario esfuerzo que hicieron mis padres por educarme y regalarme la posibilidad de estudiar. En realidad tuve una suerte enorme gracias básicamente al empeño y el sacrificio de mis padres porque yo estudiara en unos tiempos en los que “estudiar” era más un privilegio que un derecho. En aquella época las grandes mayorías de niños y niñas de las zonas rurales del franquismo no pasaban de la Escuela Primaria, que incluso abandonaban tempranamente para incorporarse al mundo laboral, bien como aprendices o ayudando a sus padres para sacar la familia adelante. Fue por tanto, una cuestión de azar, aunque también de necesidad. En cualquier caso, desde mi adolescencia empecé a concebir mi existencia personal o mi propia vida como una especie de carrera de obstáculos ya fuesen sociales o escolares, con sus etapas, niveles, grados y asignaturas, que necesariamente había que aprobar sí o sí ya que de lo contrario nada de lo que pudieras desear o soñar podrías nunca conseguirlo.

Todo era para mí bastante simple y reducido al principio de causa-efecto. Si te esforzabas, te conformabas y sobre todo si obedecías a las reglas y normas imperantes, ya fuesen sociales o derivadas de las creencias dominantes o de tu familia y, si además el azar era generoso contigo, pues todo saldría bien o al menos dabas por supuestas ciertas garantías de que no todo iba a salir mal. En mi caso, se trataba simplemente de buscar y perseguir por todos los medios tener contentos a mis padres y que se sintieran orgullosos de mí. La verdad es que no pensaba mucho en mi futuro, aunque conforme fui creciendo empecé, como cualquier otro joven, a concebir sueños de felicidad, triunfo, éxito, placer y dinero. Tenía muy claro que debía hacer todo lo que fuese necesario para conseguir aprobar todas las asignaturas en mis estudios. Creía convencido que con los títulos conseguiría también superar las verdaderas asignaturas de la vida de cualquier ser humano: la supervivencia; la satisfacción de mis necesidades materiales, sociales y afectivas; conseguir un empleo o un sueldo para alimentarme, vestirme y tener un techo donde dormir; formar una familia, tener hijos y en definitiva conseguir poseer o tener determinadas “propiedades” ya fuesen materiales, sociales, culturales o mentales. Pensaba que solamente bastaba con tener muy claras las metas, siempre dentro del orden natural evolutivo de toda persona y de las limitaciones de mis circunstancias. Era pues sumamente necesario esforzarse y sacrificarse, teniendo también un poco de suerte y sobre todo tener habilidades para planificar, programar y prever el futuro sabiendo pertrecharse de todas las herramientas y equipajes necesarios para hacer frente a lo inesperado. De este modo creía ilusamente que todas la asignaturas de la vida terminarían por aprobarse, ya fuese en la primera o en la segunda convocatoria y si no las aprobaba pues siempre cabría la posibilidad de optar por otras asignaturas para seguir buscando placer, felicidad, triunfo y éxito.

Sin duda alguna, aunque desde luego hice todo lo posible por esforzarme, creo honestamente que el factor principal de mi cómoda situación actual fue la suerte de haber vivido en una época en la que los jóvenes tenían muchas posibilidades de conseguir unas condiciones de bienestar material muchísimo mejores que las que tuvieron sus padres. Sin embargo, hoy esto no solo no es así, sino que es exactamente todo lo contrario. Cuando hoy desgraciada y lamentablemente veo como miles y miles de jóvenes españoles excelentemente formados y cualificados no encuentran trabajo; malviven con subempleos precarios; se ven forzados a emigrar o sometidos a hacer y pagar un sinfin de cursos de especialización, sin que eso se traduzca después en un futuro profesional y laboral estable en consonancia con sus habilidades y competencias, un sentimiento de indignación profunda me invade. No hay cosa más fatídica, más terrible y más injusta que condenar a los jóvenes a no tener futuro, con lo cual no solo se les hunde en la más terrorífica de las situaciones personales, sino que se condena al planeta entero a ser esclavos del más salvaje, cruel y criminal de los capitalismos. Capitalismos que además de un tremendamente injusto y escarnecedor conjunto de procesos que permiten, legalizan y santifican la apropiación de más del 90 % de la riqueza mundial por menos del 1 % de la población del planeta, destruyen al mismo tiempo de forma sistemática y continua la vida en todas sus dimensiones, agravando y poniendo en peligro la supervivencia de nuestros hijos, nietos y toda forma de vida.

En definitiva yo creía que era capaz de conocer y controlar todas las variables internas y externas que hacían posible que yo estuviese vivo aunque para ello tuviese que someterme a las llamadas “rutinas de normalidad” presentes y actuantes en todas las culturas y civilizaciones. “Rutinas” que por cierto y tras aquel acontecimiento transformador, me di cuenta de que no eran de “normalidad” sino más bien de “anormalidad“, una conciencia que yo ya tenía de forma seminal gracias a las lecturas de Paulo Freire, 1 Ref.FREIRE, Paulo.(1975). Pedagogía del Oprimido . Siglo XXI. Madrid y La educación como práctica de la libertad. (1976) Siglo XXI. Madrid. Erich Fromm 2 Ref.FROMM, Erich. (1969). El arte de amar. Paidós. Madrid; Sobre la desobediencia y otros ensayos. (1984). Paidós. Barcelona y Patología de la normalidad. (1994). Paidós. Barcelona. y Victor Frankl, 3 Ref.FRANKL, Víctor. (1988). El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona. pero que terminó definitivamente por desarrollarse cuando descubrí el genial concepto de “Normosis” elaborado por Pierre Weil. 4 Ref.WEIL, Pierre; LELOUP, Jean-Yves y CREMA, Roberto (2003). Normose. A patologia da normalidade. Verus. Campinas SP. -Brasil-

En suma, antes de mi experiencia cercana a la muerte era básicamente un ser inflado de autosuficiencia, soberbia, prepotencia y con una hiperautoestima, que muchas veces se transformaban en ira y actitudes imperiosas de combate ante cualquier dificultad. Me creía capaz, o al menos lo suficientemente preparado para enfrentarme a cualquier tipo de dificultad o problema y resolverlo. Sin embargo, todo se me derrumbó como un castillo de naipes. Entonces descubrí que por mucho que me empeñara en planificar y programar mi vida como una sucesión de etapas, niveles y cursos, o por mucho que me creyera capaz y competente para hacer frente a cualquier problema, todo y en cualquier momento y de la forma más inesperada, se podía acabar de forma irreversible dejando inacabados para toda la eternidad todos los planes, programas, deseos, ilusiones y sueños.

Así fue como fui aprendiendo poco a poco a darme cuenta de que todo, absolutamente todo, está vinculado, interconectado y profunda, intensa y misteriosamente atravesado por relaciones de interdependencia que son siempre ecológicas, ambientales, físicas, corporales, cognitivas, emocionales, sentimentales, sociales, culturales y misteriosamente espirituales o pertenecientes a una especie de realidad oculta implicada. 5 Ref.BOHM, David. (1988). La totalidad y el orden implicado. Kairós. Barcelona.. Y este tomar conciencia de que todo está relacionado con todo, me llevó a comprender que cualquier crisis, cualquier dificultad, cualquier accidente o cualquier situación inicialmente dolorosa o adversa puede transformarse y convertirse en un trampolín para tu propio desarrollo, sobre todo si estamos lo suficientemente atentos al momento presente y a las posibilidades de aquellas emergencias o acontecimientos que por lo común nos pasan desapercibidos.

Referencia

1 FREIRE, Paulo.(1975). Pedagogía del Oprimido . Siglo XXI. Madrid y La educación como práctica de la libertad. (1976) Siglo XXI. Madrid.
2 FROMM, Erich. (1969). El arte de amar. Paidós. Madrid; Sobre la desobediencia y otros ensayos. (1984). Paidós. Barcelona y Patología de la normalidad. (1994). Paidós. Barcelona.
3 FRANKL, Víctor. (1988). El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona.
4 WEIL, Pierre; LELOUP, Jean-Yves y CREMA, Roberto (2003). Normose. A patologia da normalidade. Verus. Campinas SP. -Brasil-
5 BOHM, David. (1988). La totalidad y el orden implicado. Kairós. Barcelona.

4 comentarios sobre «Aprendiendo de la adversidad (3)»

  1. Me identifico casi al cien por cien con la historia que cuentas. Gracias por recordarmelo.

    1. Muchas gracias querido. Me alegro mucho que te guste esta pequeña reflexión. Tenemos muchísimas cosas en común y hemos vivido mucho pensando, sintiendo y haciendo muchas cosas juntos. Tenemos que seguir alegres, resueltos y sobre todo agradecidos por algo que aunque cuando somos jóvenes lo damos por supuesto, no es tan supuesto como creíamos. Es algo aparentemente sencillo pero al mismo tiempo milagroso y misterioso: ESTAMOS VIVOS !!! UN ABRAZO GRANDE !!! y SIGAMOS !!!

    2. Querido, el otro día te respondí, pero no sé que pasó que el mensaje no apareció. En primer lugar darte las gracias por detenerte, leer y prestar atención a esta ocurrencia de Krisis y segundo, tú sabes de sobra que nos tenemos un aprecio y un afecto mutuo fraguado en numerosas luchas y convergencias. Me encanta que en esta nueva etapa de tu vida hayas encontrado la serenidad, la paz, el amor y la alegría que tanto necesitamos para Vivir. Porque no se trata de sobrevivir, que también, se trata de VIVIR !!! y ESTAMOS VIVOS !!!! Así que agradezcamos. UN GRAN ABRAZO MAESTRO !!!!

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