Aprendiendo de la adversidad (7)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

ANTERIOR: Aprendiendo de la adversidad (6)

Aprendizajes generales

LA EDUCACIÓN ACTUAL ES UN COMPLETO FRACASO

«…La educación actual es un completo fracaso porque le da demasiada importancia a la técnica. Al subrayar la técnica, destruimos al hombre. Cultivar la capacidad y la eficiencia sin la comprensión de la vida, sin tener una percepción completa de cómo funcionan el pensamiento y el deseo, sólo logrará aumentar nuestra crueldad, que es lo que engendra las guerras y pone en peligro nuestra seguridad física. El desarrollo exclusivo de la técnica ha producido científicos, matemáticos, constructores de puentes, conquistadores del espacio; pero, ¿comprenden ellos acaso el proceso total de la vida? ¿Puede algún especialista sentir la vida como un todo? Sí, sólo cuando deje de ser especialista…»

Jiddu Krishnamurti (1895-1986)

Filósofo, escritor, conferenciante universalmente conocido por sus aportaciones al desarrollo de la conciencia espiritual, y la responsabilidad individual.,

Desde aquel día, hace ya casi veinte años y, como ya he dicho, multitud de acontecimientos y de actividades que nunca antes había experimentado pasaron a formar parte de mi memoria personal y del patrimonio que cada ser humano acumula de aprendizajes vitales. No creo que sea este el lugar para relatarlos, pero por encima de cualquier otra actividad, lo cierto fue que me sumergí en un proceso de investigación personal lleno de nuevas lecturas, encuentros y vínculos que me han permitido ir poco a poco descubriendo que la mente humana y el cuidado de la misma, así como las relaciones sociales y los vínculos afectivos, siempre están en la base y en la cima de todos los procesos corporales. Descubrí así, que cualquier enfermedad, cualquier patología es en mayor o menor medida el resultado de las dinámicas que se establecen, en expresión de Edgar Morín, 1 Ref.MORÍN, Edgar. (1999) Los siete saberes necesarios a la educación de futuro. UNESCO. París. Puedes consultarlo o descargarlo AQUÍ . entre los bucles individuo-naturaleza-sociedad, así como del cerebro-mente-cultura y todo esto en la continua espiral de retroacciones y recursiones entre cuerpo, pensamientos, sentimientos, valores, conductas y creencias espirituales.

        Todo está pues nuevamente conectado, de forma que todo cambio, toda transformación es siempre y al mismo tiempo externa e interna. Es esto lo que me ha ayudado también a comprender, que cualquier proceso educativo, no puede consistir ya exclusivamente en la adquisición de destrezas, habilidades, conocimientos o competencias, sino también en el descubrimiento de uno mismo, en el análisis y reflexión, no sólo de nuestras emociones y sentimientos, sino sobre todo de aquellas visiones  y expresiones que como las artísticas nos acercan a dimensiones que la ciencia o el puro empirismo no nos pueden proporcionar. Urge pues un cambio de perspectiva, en el que el desarrollo humano no esté restringido a las competencias que exige el mercado y a las demandas que las instituciones educativas burocráticas dominantes establecen.

        En cualquier caso, si algo he aprendido, es que no hay caminos, no hay recetas ni universalmente válidas, ni incluso igualmente útiles en cualquier circunstancia o lugar aunque seas tú mismo el inventor y el aplicador de esas recetas. Nada puede librarnos de las emergencias; nada puede proporcionarte recursos formativos que no pasen por tu propio esfuerzo en hacer caminos; nada ni nadie puede sustituirte en el afrontamiento del dolor, el sufrimiento, la vejez o la muerte. Es algo que únicamente puedes construir en soledad, sabiendo que la identidad de tu ser no puedes obtenerla ni hacerla consciente si no es a partir de los vínculos afectivos, si no es a partir de la interacción social y si no es a partir de las razones del corazón. Razones que como tú sabes, la razón no llega a entender como decía Pascal y afirma Leonardo Boff en sus numerosas obras y en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle aquí en Sevilla.

        Únicamente desde el corazón podemos entonces acercarnos a la comprensión de lo que somos. En realidad y aunque no tengamos todas nuestras necesidades materiales satisfechas, si somos capaces de dar y recibir afectos; si somos capaces de producir cariño y regalarlo; si somos capaces de generar y contagiar alegría y humor, o mejor, si somos capaces de aprender a amar y a ser amados sin condiciones, dependencias o esas formas psicopatológicas de las que nos habla Erich Fromm, 2 Ref.FROMM, Erich. (1969). El arte de amar.  Paidós . Madrid. seremos capaces también de superar todas las dificultades y de traspasar todas las barreras.

        En el fondo, los asuntos que más preocupan y ocupan a cualquier ser humano son precisamente los asuntos del corazón, de aquí que como dice Humberto Maturana, 3 Ref.MATURANA R., Humberto (1996) El sentido de lo humano. Dolmen. Santiago de Chile. todas las enfermedades son en realidad provocadas por una falta de amor, ya sea ésta una falta de amor hacía sí mismo, hacia los demás, hacia la vida, o hacia el momento presente o el instante que nos toca vivir en lo cotidiano. Y este es otro de los grandes aprendizajes de la experiencia que tuve, sobre todo porque a partir de aquel momento dejé de hacer planes de futuro, dejé de hacer carrera en el sentido de perseguir continuamente objetivos para redimensionar mi ego, lo cual no quiere decir que siga estando ahí a la caza de ocasiones para la vanagloria o cayendo en nuevos errores, pero al menos me tranquilizo cuando recuerdo que todo se puede ir de este mundo en un instante inesperado.

        Como ya he dicho, antes de mi ECM, mi vida estaba completamente programada, reglamentada y estructurada en rutinas que me proporcionaban no sólo seguridad, sino también una cierta imagen de mi mismo de persona eficaz, operativa, resolutiva. Creía que bastaba con definir con precisión mis objetivos, disponer los recursos necesarios, poner en marcha las acciones previstas y esperar sin más el resultado programado. Y esto es curiosamente, lo que siempre se ha hecho y se sigue haciendo en la mayoría de las escuelas del mundo, negando y cegando así muchas posibilidades de innovación, creatividad, diálogo y comprensión humana. Sin embargo los procesos de vida, las relaciones e interacciones sociales te enseñan, que el ser humano no solamente es el ser más imprevisible de la naturaleza, sino que además es imposible definirlo como si de una máquina programada con entradas y salidas se tratase.

        Ahora, veinte años después sigo aprendiendo a prestar atención a los contextos en los que me desenvuelvo, al mismo tiempo que pongo atención también a mis procesos internos, de tal suerte que descubro que cuanto más o mejor soy capaz de observar mis procesos mentales, más y mejor puedo entender y comprender los lenguajes del contexto, ya sean estos sociales, naturales, políticos o institucionales. Dicho de otra manera, estoy comenzando a darme cuenta de que cuando un ser humano cambia, todo el contexto en el que interactúa y se desenvuelve cambia también, de aquí que constate una vez más, que si la educación que recibimos o que ofrecemos en nuestras instituciones está desprovista de procesos de aprendizaje interno, ya sean de autoconocimiento o de desarrollo de la conciencia en todas sus dimensiones corporales, emocionales, sociales, políticas, etc la educación carece de sentido, porque no puede entonces contribuir a la mejora y a la transformación del mundo y de nosotros mismos.

        En este punto, fue de transcendental importancia para mí, además de todas las lecturas psicológicas y espirituales que ya relaté, volver a sumergirme en el paradigma de educación liberadora creado por Paulo Freire, evitando así cualquier tentación de individualismo o enclaustramiento olvidando que hay una realidad de pobreza, miseria, explotación y violencia a la que debemos y tenemos que dar respuesta.

        Aunque a Paulo Freire lo descubrí siendo muy joven quedando muy influenciado por su pensamiento, su obra y su especial y viva manera de concebir y practicar la coherencia y la educación, cuando en realidad lo he redescubierto con nuevas perspectivas que van más allá de lo puramente metodológico o epistemológico, ha sido en este nuevo periodo de mi vida, en el que he visto en él dimensiones más amorosas, más esperanzadoras y más espirituales. Tal vez sea Freire y la propia interpretación que me he ido haciendo de la profundidad de sus mensajes y el testimonio de su compromiso, el que me ha permitido explorar y recrear esa idea que tan sabiamente han expresado otros personajes para mí muy queridos como Buda, Lao-Tsé, Jesucristo, Anthony de Mello, Krishnamurti, Erich Fromm, Leonardo Boff, Carl Roges, Abraham Maslow o Humberto Maturana, por citar algunos, además de una significativa lista de personas a las que admiro y quiero por lo que viven y no por lo que escriben. Todos ellos de alguna manera, los he ido metabolizando junto a mis experiencias, mis vínculos y mis afectos, descubriendo que no vale la pena perder ni un gramo del amor de y a los demás por querer empeñarse inútilmente en descubrir caminos inexistentes, recetas universales o de andar por casa, o por querer llevar la razón a toda costa intentando hacer prevalecer tu ego a base de argumentos. Ni tampoco vale la pena sacrificar tu vida, o esa energía térmica que te insufla el ser, por querer estar acogido, protegido o seguro.

        Dice Boris Cyrulnik, 4 Ref.CYRULNIK, Boris y otros (2009) Escuela de felicidad.  RBA Libros. Barcelona.uno de los psiquiatras más prestigiosos y reconocidos del mundo en el estudio y la investigación de la “resiliencia“, que la capacidad para superar problemas y hacer frente de forma eficaz y positiva a las adversidades, comienza realmente en la infancia a partir de las posibilidades que el medio social ofrece para que niños y niñas puedan explorar el mundo a partir de seguridades afectivas básicas. No se trata pues de una capacidad especial de carácter innato, ni tampoco de una virtud o del ejercicio de un esfuerzo intencional, sino más bien de una emergencia que nace como consecuencia de unos fuertes vínculos afectivos que sirven de plataforma segura para explorar el mundo y también de un ambiente caracterizado por el ejercicio indispensable de la autonomía. Amor, libertad y responsabilidad son pues exigencias básicas  no sólo para la estimulación de conductas resilientes, sino para cualquier proceso educativo y/o formativo. Una vez más se confirma la hipótesis que educar y educarnos es lo mismo que una peregrinación en la que lo único importante es el camino hecho en libertad y en la creación de vínculos afectivos.

        ¿Qué vale la pena entonces? ¿Cómo podría resumir o condensar los aprendizajes en los que me he visto inmerso a partir de aquella experiencia del túnel? ¿Cuáles han sido las enseñanzas que creo haber obtenido de las situaciones de adversidad? Es obvio, que esto no son más que consideraciones subjetivas sin más pretensión que aportar algunas reflexiones personales y que dado que la verdad es un territorio sin caminos como decía Krishnamurti, es cada ser humano en particular el que puede y debe determinar qué es aquello que ha aprendido. Así que partiendo de esta premisa me arriesgo a declarar que los aprendizajes más significativos y relevantes que ido construyendo o en los que me he visto implicado y envuelto en los últimos años a partir de aquella ECM, los detallaré en el artículo siguiente.

Referencia

1 MORÍN, Edgar. (1999) Los siete saberes necesarios a la educación de futuro. UNESCO. París. Puedes consultarlo o descargarlo AQUÍ .
2 FROMM, Erich. (1969). El arte de amar.  Paidós . Madrid.
3 MATURANA R., Humberto (1996) El sentido de lo humano. Dolmen. Santiago de Chile.
4 CYRULNIK, Boris y otros (2009) Escuela de felicidad.  RBA Libros. Barcelona.

2 comentarios sobre «Aprendiendo de la adversidad (7)»

  1. – Mar, ¿qué está hahablando?
    – Una pregunta eterna.
    – Tú, cielo, qué respondes?
    – El eterno silencio.
    (R. Tagore)

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: