Brevísima historia de CC.OO.

El actual sindicato de Comisiones Obreras -CC.OO.- nació siendo un movimiento social ligado a reivindicaciones muy concretas y específicas de los espacios de trabajo. Su principal carácter fue centrarse en denunciar y reivindicar las necesidades más perentorias de carácter material, ya fuesen salariales, instrumentales o de condiciones laborales. Y este carácter reivindicativo se fundaba en la evidencia de que la explotación capitalista en el seno de la fábrica, la empresa o en una ocupación concreta, siempre tiene un doble carácter: intensivo y extensivo. La explotación intensiva obviamente deriva de la tendencia a conseguir bajar continuamente los costos salariales directos o mediante diferentes estratagemas de contratación que se justifican en aras al sacrosanto principio de la competitividad y la llamada ley de la oferta y la demanda. Al fin y al cabo en el sistema capitalista, lo queramos o no, la fuerza de trabajo es y seguirá siendo al parecer, una mercancía. Para un empresario capitalista, cuanto más baratos les resulten los costos salariales, mejor. A su vez, la explotación intensiva no deriva solo de la tendencia a controlar los salarios a la baja, sino que también procede de la reducción al mínimo de los costos derivados de una condiciones laborales de calidad y dignidad. A su vez esta explotación intensiva, que lógicamente es variable y diferente en cada empresa, se completa con la explotación extensiva que es la que procede de las horas extraordinarias, los sistemas de primas y los trabajos a destajos.

        Obviamente, para desarrollar acciones reivindicativas que conduzcan a mejoras visibles de los trabajadores, son necesarias una serie de condiciones o requisitos básicos previos. Los trabajadores tienen que ser los protagonistas de sus propias acciones, en consecuencia tienen que participar democráticamente en las mismas. Es necesario también hacer posible convergencias, confluencias y acciones colectivas que conduzcan a un máximo de unidad orgánica ya sea esta formal o informal pero con fuerza e influencia real en la consecución de las reivindicaciones. Y por último es necesario también que estén garantizadas las libertades democráticas de expresión, reunión y asociación y haya capacidad para relacionar reivindicaciones laborales y sociales. Así y bajo estos principios que no se elaboraron en los despachos, sino a partir de la práctica real en las fábricas, en los años sesenta del pasado siglo nacieron en nuestro país las Comisiones Obreras que inicialmente fue en auténtico movimiento social de carácter reivindicativo, unitario, asambleario, democrático y sociopolítico.

        Así pues, el actual sindicato de CC.OO. nació siendo un movimiento social ligado a reivindicaciones concretas de los espacios de trabajo y se transformó en el eje transversal y movilizador de la lucha contra la dictadura y por las libertades democráticas. Sus valores, principios, esfuerzos, sacrificios y su constante y permanente defensa de los trabajadores de cualquier condición han puesto de manifiesto que sin un fuerte, unitario, reivindicativo, sociopolítico y democrático movimiento sindical todo se perdería.

        Con este nuevo tipo de sindicalismo que además supo brillantemente combinar las posibilidades de lucha ilegal (asambleas, paros, huelgas, concentraciones, marchas, etc) con la legal en el franquista Sindicato Vertical (OSE) , consiguió conquistar nuevos y cada vez mayores espacios de libertad, de tal manera, que la clase obrera española acabó por transformarse en el eje transversal y movilizador, o en el motor de la lucha contra la dictadura y por las libertades democráticas. Sus valores, principios, esfuerzos, sacrificios y su constante y permanente defensa de los trabajadores de cualquier condición han puesto de manifiesto que sin un fuerte, unitario, reivindicativo, sociopolítico y democrático movimiento sindical todo se hubiera perdido.    

        En este punto, los testimonios de Eduardo Saborido y Paco Acosta en este MAGISTRAL vídeo que a continuación ofrezco aquí gracias a CC.OO., es para mí de una riqueza humana, social, sindical y política extraordinaria , no solo para comprender los grandes esfuerzos que los trabajadores protagonizaron para mejorar sus condiciones materiales de existencia, sino también para sentir con profundo y emocionado agradecimiento por los sacrificios y penurias que tuvieron que soportar como consecuencia de la feroz represión del franquismo.

        Qué fácil es hablar “a toro pasado” de que la Transición se debería haber hecho mejor de lo que se hizo. Qué fácil es olvidar los sufrimientos, penurias, despidos, sanciones, encarcelamientos y torturas que aquellos trabajadores de los cincuenta, sesenta y setenta tuvieron que soportar, incluyendo asesinatos, entre muchos otros, los tres obreros de la construcción de Granada de 1970; los cinco muertos de Vitoria de 1976 o los cinco asesinados el 24 de enero de 1977 en el despacho laboralista de CC.OO. de Atocha. Qué fácil es reivindicar, desde nuestra actual situación, que nuestra Transición no fue modélica y que el injustamente llamado “Régimen del 78” fue un pacto humillante . Pues sí, y como dice Eduardo Saborido, la Transición fue modélica, pero no porque su ejecutoria fuese un modelo exportable y universal, o porque no contuviese mancha, mácula o error alguno, sino sencillamente porque gracias al movimiento obrero y en especial a las CC.OO, sus principios, valores y métodos, se pudieron convertir las dificultades en posibilidades, que es siempre “la clave de bóveda” de cualquier movimiento de transformación social en favor de los más necesitados y desprotegidos.. Sin embargo, cuando uno lee, verifica, constata, comprueba, contrasta y analiza en profundidad todo aquello a la luz de testimonios y de la abundante documentación histórica de la que hoy disponemos, no hay más remedio que AGRADECER, AGRADECER y AGRADECER y quitarse el sombrero para felicitar a aquellos obreros por todo lo que hicieron. Larga vida a CC.OO. y en particular a Eduardo Saborido y Paco Acosta. Adelante siempre y sigamos !!!

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