Aprendiendo de la adversidad (8)

Por Juan Miguel Batalloso Navas

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Aprendizajes específicos

La verdad es que esto que voy a especificar ahora, no es más que algo subjetivo, personal e incluso íntimo. Todo es producto de mis particulares experiencias, convivencias, lecturas, reflexiones y ocurrencias. Por eso, no voy a pretender en ningún caso generalizar o convertir en consejos de vida o autoayuda para nadie, si bien, deseo hacerlo público por si a alguien le puede servir para pararse y pensar un poco, o simplemente para distraerse. Pero además aunque yo esté plenamente convencido de que estos aprendizajes significan algo muy importante para mi, esto no significa en absoluto, que los mismos los haya adquirido de una vez y para siempre creyendo que forman parte de todas y cada una de las vivencias y situaciones en las que mi conducta real se manifiesta. En realidad, la vida de cada día, lo que me sucede y experimento en cada momento, independientemente de que yo lo quiera o no, siempre es un examen, siempre es una prueba, siempre es un test que me demuestra si estos aprendizajes están o no verdaderamente desarrollados y consolidados. Lo dijo una vez mi entrañable, querido y nunca olvidado Lorenzo Rastrero Bermejo:

ES VERDAD LO QUE SE HACE

Lorenzo Rastrero Bermejo (1945-2013)

Maestro de escuela. Poeta. Músico. Cantautor. Cristiano y comunista.

«…Es verdad lo que se hace. Por sus hechos los conoceréis. Obras son amores y no buenas razones. Los hechos son la prueba de nuestra honradez. La verdad es histórica, concreta y de clase …»

        En cualquier caso, parto del convencimiento de que cada ser humano tiene, como así dijéramos, “un maestro interior” y en consecuencia es cada persona en particular la que tiene que buscar o simplemente “darse cuenta” lo que vale realmente la pena ser aprendido a través de su propio maestro interior. Además “nadie escarmienta por cabeza ajena” y por mucho que leamos, oigamos o veamos las experiencias de los demás, nada podremos aprender si cada uno no aprende con su propia, original y singular experiencia. De todas maneras, me atrevo a decir aquí, lo que personalmente creo que he ido aprendiendo y todavía no he acabado de aprender en estos últimos veinte años. Estos aprendizajes, que obviamente están siempre en desarrollo y nunca terminan por adquirirse, son en mi opinión los siguientes:

  1. PAZ y FELICIDAD. Aprender a serenarte a y tener paz contigo mismo. A buscar la paz en tu interior y a no entregar la llave de tu felicidad a dioses, vírgenes, imágenes, reyes, tribunos, gurús, líderes, instituciones, personas o creencias de ningún tipo. Si entregas la llave de tu felicidad a cualquier persona, institución, organización o causa, llegará el momento, más tarde o más temprano, que no satisfarán tus expectativas. Y esto es así, lo queramos o no, sencillamente porque la condición humana es compleja, imprevisible, errática, contradictoria e inconsecuente y en cualquier momento lo que decimos creer lo negamos con los hechos de nuestra conducta incluso sin darnos cuenta de ello. Además, hemos de saber que los seres humanos no estamos en este mundo para satisfacer las expectativas de nadie, sino más bien para aprender lecciones como dice Elisabeth Kübler-Ross. 1 Ref.KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (200). La rueda de la vida. Punto de Lectura. Barcelona. — Puedes leer o descargarte el libro AQUÍ
    Necesitamos serenidad y paz interior para conocernos a nosotros mismos y en la medida en que nos conozcamos mejor a nosotros mismos, seremos más capaces de producir, generar y estimular posibilidades de felicidad y ambientes de calma, sosiego y serenidad que nos permitan retroalimentarnos y animarnos en el desarrollo de nuestra conciencia. La felicidad, no puede ser un proyecto, ni una condición, ni tampoco un estado o un deseo momentáneo, sino más bien una emergencia, un sentimiento que surge a partir de experiencias de autoaceptación, autoconocimiento, autorrealización y sobre todo de fe, paz y amor. Puedo asegurar en base a mi propia experiencia que perseguir o buscar la felicidad es una tarea estúpida, porque precisamente cuando la persigues y buscas con insistencia o llegas a crees que la has conseguido haciendo, teniendo muchas cosas, nuevamente aparece la infelicidad en otras formas diferentes. La felicidad tampoco es un estado permanente, es más bien como las olas del mar que aparecen y desaparecen e intentar apresarlas en nuestro beneficio es también otra tarea de estúpidos. La felicidad es en realidad como un ciclo, un proceso continuo de emergencias, unas buenas y otras malas, unas dolorosas o sufridas y otras placenteras y gozosas, que nunca permanecen y se nos escapan como agua entre los dedos. Ahora bien, de lo que sí estoy seguro, es de que si no tengo paz interior; sino soy capaz de hacer silencio en mi mente; si no soy capaz de conmoverme, comprender y ayudar a los demás; si no soy capaz de identificar mis emociones y mis sombras; o si no soy capaz de apostar y arriesgar por aquello que creo que me hace más humano, la felicidad jamás aparecerá. Además, ser feliz no puede en ningún caso ser una obligación, sobre todo cuando diariamente nos están vendiendo una supuesta felicidad en cómodos plazos a base de supercherías, estupideces y creencias irracionales, o en base a desear y tener los más inútiles objetos y los más caros caprichos. Por desgracia, estamos demasiado acostumbrados a confudir la excitación con alegría y esta con la felicidad.

  2. CONFORMIDAD y DESOBEDIENCIA. Aprender, como me enseñó mi amigo Antonio Durán, a no reparar lo irreparable, a no desear lo indeseable y a no creer lo increíble. Aprender a “darte cuenta” de que si lo comprendes las cosas son como son y si no lo comprendes las cosas son como son. Aprender poco a poco a adquirir esa conformidad y aceptación de aquello que no tiene solución sin menoscabar el inalienable derecho a la desobediencia, a la rebelión, a la afirmación de la vida en todas sus dimensiones y a la fuerza que siempre emerge incluso de la entropía, como nos ha mostrado Ilya Prigogine.

  3. MIEDOS y DESEOS. Aprender a conocer y controlar nuestros impulsos primarios para nuestro propio bien y el bien de los demás. «Todo será para el bien » decía la mística Juliana de Norwich. Los seres humanos estamos la mayor parte de las veces movidos por los deseos y por el miedo, como le gusta decir a Jean Ives Leloup. 2 Ref.LELOUP, Jean-Yves (2001) Caminhos da realização. Dos medos do eu ao mergulho no Ser. Vozes. Petrópolis. RJ. Brasil.
    Nuestras conductas o son de consecución o de huida y ¿No es posible otra conducta que no sea la de desear o temer? En nuestra loca carrera por ganar más, triunfar, o llegar el primero hemos ido dejando poco a poco tal vez lo más sabroso de nuestro caminar por la vida. De tanto correr y correr, de tanto hacer y hacer o de tanto tener y tener, puede que estemos perdiendo el SER o nuestra más esencial humanidad. Por eso ahora, nuevos valores y conductas se me han presentado como enormemente positivas y productivas: no tener prisa; saber pararte a contemplar; poner atención en los más pequeños detalles o en las tareas más ordinarias; escuchar con más atención a las personas; renunciar aquello que consideras finalmente perjudicial para tu desarrollo vital aunque paradójica e inicialmente se te presente como deseable y apetitoso; dejar de hacer tantas cosas; hacer de tu vida y especialmente de nuestro cuerpo y nuestra mente algo verdaderamente sostenible.

  4. ARTE, POESÍA, SILENCIO, HUMOR. Aprender a sorprenderte con lo nuevo y con lo viejo, a disfrutar con todo y con nada, como dice Anthony de Mello,3 Ref.DE MELLO, Anthony (1982) El canto del pájaro. Sal Terrae. Santander; DE MELLO, Anthony (1988) Autoliberación interior. Lumen. Buenos Aires.; DE MELLO, Anthony (1991) Una llamada al amor. Sal Terrae. Santander. — Este último libro está constituido por 31 meditaciones pensadas para saborearlas a razón de una al día y las puedes leer o descargar AQUÍ
    a reírte de ti mismo y de lo azaroso de tu existencia; a ver la vida de forma que puedas generar o irradiar vida a los que están a tu alrededor, pero sin pretenderlo, de una forma totalmente espontánea y natural, sin desplegar conductas seductoras, teatrales o manipuladoras. Aprender a emocionarte con los rayos del sol que un día entran sin permiso por tu ventana y de pronto te das cuenta de que nunca reparaste en la belleza de ese instante. Aprender a escuchar la voz del silencio en la noche estrellada o la música del viento, de las olas del mar y del agua en los días lluviosos.

  5. ALEGRÍA. Aprender a no quejarte, a saber soportar y trascender el dolor, como me enseñó mi madre y sobre todo a identificar, manejar y utilizar el sufrimiento para tu propio crecimiento personal de manera que no lo contagies, que te lo comas tú solo por muy amargo que sea el menú, como me enseñó mi amigo Ramón con su largo y penoso camino de enfermedad,4 Ref.Ramón fue un amigo que cuando era muy joven, tuvo que jubilarse por incapacidad laboral absoluta ya que sus riñones dejaron de funcionar. Por ello, con tan solo treinta años tuvo que someterse a sesiones de hemodiálisis cada cuatro o cinco días de forma permanente, hasta que pudieran hacerle un trasplante de riñón. Lo sometieron a dos trasplantes y los dos los rechazó hasta que por fin el tercero le funcionó, hasta que se le presentó una diabetes que pasado el tiempo le provocó complicaciones circulatorias hasta el punto de que tuvieron que amputarle los dedos de un pie. Finalmente falleció con no más de sesenta años. Lo traigo aquí, porque fue una persona de una humildad, humanidad y resistencia extraordinaria que siempre me recibía con una sonrisa en los labios y una mirada de cariño inolvidable. Además, supo buscarse la vida a pesar de su enfermedad e incapacidad laboral. Lo recuerdo vivamente porque yo cuando lo veía le preguntaba: “Ramón: ¿cómo estás?” y enseguida él me contestaba: “Estoy extraordinario. ¿No me ves? Además, si yo estuviese mal ¿crees que tú o cualquier otra persona me podría resolver algo? “. Después lo visité con cierta frecuencia cuando su enfermedad avanzaba y jamás observé en él, ni queja, ni lamento, ni sentimientos de autocompasión o de victimismo, sino siempre una sonrisa, dándome pues unas lecciones de entereza y dignidad humana que nunca olvidaré. Va por ti Ramón. Descansa en paz querido. porque a la postre los demás no son nunca responsables de lo que a ti te ocurra y no tienes ningún derecho a complicarlos en tus dolores, problemas, aventuras, excentricidades, sufrimientos o psicopatías. Solamente contagiando alegría y optimismo es cómo podemos realmente liberarnos de nuestras propias miserias y dolores.

  6. AYUDA e INTERDEPENDENCIA. Aprender a pedir ayuda y a recibirla, dándonos cuenta de que por mucha autonomía o libertad que tengamos o queramos disponer, en realidad nuestra existencia es siempre condicional, determinada, dependiente y finita. De la misma manera que hemos sido arrojados a este mundo sin que nos pidieran permiso, nos pueden expulsar igualmente de él sin consultarnos. Y aun así, somos seres capaces de esperanza porque podemos tomar decisiones y todo está siempre en permanente proceso de cambio. Sería un terrible error ignorar nuestra naturaleza interdependiente, relacional y compleja, así como nuestras necesidades de atención, afecto, cariño y amor. Por mucho que creamos que somos libres, los seres humanos no nos pertenecemos del todo, por ello, aprender a solicitar apoyo y ayuda aceptando todo lo que nos ofrecen aunque no lo hayamos pedido, es una actitud esencial para a partir de ella, hacer de la gratuidad y la humildad nuestras guías para el camino de la vida.

Referencia

1 KÜBLER-ROSS, Elisabeth. (200). La rueda de la vida. Punto de Lectura. Barcelona. — Puedes leer o descargarte el libro AQUÍ
2 LELOUP, Jean-Yves (2001) Caminhos da realização. Dos medos do eu ao mergulho no Ser. Vozes. Petrópolis. RJ. Brasil.
3 DE MELLO, Anthony (1982) El canto del pájaro. Sal Terrae. Santander; DE MELLO, Anthony (1988) Autoliberación interior. Lumen. Buenos Aires.; DE MELLO, Anthony (1991) Una llamada al amor. Sal Terrae. Santander. — Este último libro está constituido por 31 meditaciones pensadas para saborearlas a razón de una al día y las puedes leer o descargar AQUÍ
4 Ramón fue un amigo que cuando era muy joven, tuvo que jubilarse por incapacidad laboral absoluta ya que sus riñones dejaron de funcionar. Por ello, con tan solo treinta años tuvo que someterse a sesiones de hemodiálisis cada cuatro o cinco días de forma permanente, hasta que pudieran hacerle un trasplante de riñón. Lo sometieron a dos trasplantes y los dos los rechazó hasta que por fin el tercero le funcionó, hasta que se le presentó una diabetes que pasado el tiempo le provocó complicaciones circulatorias hasta el punto de que tuvieron que amputarle los dedos de un pie. Finalmente falleció con no más de sesenta años. Lo traigo aquí, porque fue una persona de una humildad, humanidad y resistencia extraordinaria que siempre me recibía con una sonrisa en los labios y una mirada de cariño inolvidable. Además, supo buscarse la vida a pesar de su enfermedad e incapacidad laboral. Lo recuerdo vivamente porque yo cuando lo veía le preguntaba: “Ramón: ¿cómo estás?” y enseguida él me contestaba: “Estoy extraordinario. ¿No me ves? Además, si yo estuviese mal ¿crees que tú o cualquier otra persona me podría resolver algo? “. Después lo visité con cierta frecuencia cuando su enfermedad avanzaba y jamás observé en él, ni queja, ni lamento, ni sentimientos de autocompasión o de victimismo, sino siempre una sonrisa, dándome pues unas lecciones de entereza y dignidad humana que nunca olvidaré. Va por ti Ramón. Descansa en paz querido.

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