25.- La tortuga vanidosa

Línea LOTO de paz
Einstein y el Ego
«El hombre de conocimiento, produce, pero no posee. Produce pero no se apropia.
Y hecha la obra, no permanece en ella«
(Lao Tsé)
Línea LOTO de paz

Dos garzas y una tortuga se habían hecho muy amigas, porque las tres vivían a orillas de un lago donde diariamente podían saciar su sed. Pero un año las lluvias no llegaron y se produjo una terrible sequía. Paulatinamente, las aguas del lago iban mermando.

Las garzas pensaron que era necesario tomar la decisión de emigrar a regiones más húmedas para sobrevivir. La tortuga, alarmada, se lamentó:

—Vosotras tenéis alas y podéis volar. Pero ¡pobre de mí! ¿Qué haré yo, torpe y pesada? Moriré enseguida e irremediablemente.

La tortuga comenzó a llorar y las garzas sintieron mucha compasión por ella. Toda la noche estuvieron dándole vueltas a la cabeza para encontrar una solución. Al final y por fortuna, la hallaron.

Consistía en que las dos garzas sostendrían un palo con sus picos y la tortuga se agarraría firmemente a este con la boca, para ser transportada por los aires a regiones húmedas en las que poder sobrevivir.

Al amanecer, las dos garzas y la tortuga se fundían con el horizonte. Recorrieron una larga distancia y, al pasar por algunos pueblos, los habitantes exclamaban maravillados:

—¡Qué tortuga tan inteligente! ¡Mirad con qué habilidad se agarra con la boca a la vara!

La tortuga estaba encantada con aquellos comentarios tan elogiosos, en tanto que las garzas se ocupaban solo de proseguir su perfecto vuelo, sin prestarles atención. Y por cada pueblo que sobrevolaban, las gentes repetían sus elogios, asombradas por la pericia de la tortuga. Al cruzar un valle, sus habitantes comenzaron a exclamar alborozados:

—¡Mirad, mirad, qué garzas tan sabias y tan diestras! ¡Qué animales tan inteligentes y qué bien transportan a la tortuga con la vara que sostienen con sus picos! ¡Qué animales tan sabios! ¡Y qué bien vuelan! ¡Cuán hermosos son!

La tortuga, que se había sentido tan lisonjeada anteriormente y se había henchido de vanidad, al comprobar que ahora solo alababan a sus compañeras, no pudo por menos que decir:

—¡Estúpidos! ¡Qué sabréis vosotros! Al hacerlo, soltó el palo y se precipitó en el vacío.1 Ref.Calle, Ramiro. Cien narraciones espirituales para la transformación interior (Spanish Edition) Grupo Planeta. Edición de Kindle

Decía Lao Tsé que el Ego es un mono saltarín que siempre nos acompaña. Estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos y pensemos lo que pensemos, ahí, en ese instante, en ese lugar y ese preciso momento aparece el Ego para recordarnos que somos lo más importante. Un hiper-Ego (egoísmo) o un centro-Ego (egocentrismo) sin vigilancia y sin control es siempre el desencadenante de todas las emociones destructivas ya sean ambición, lujuria, gula, soberbia, ira, vanidad, envidia y otras tantas. Pero también es el causante de todos los conflictos en las relaciones humanas que son provocados por el odio, la agresión, el racismo, el machismo y otras tantas lacras y patologías sociales.
Por tanto, TRABAJAR EL EGO, identificarlo, conocerlo, observarlo, vigilarlo y ejercer un estrecho control de sus movimientos es no solamente una condición básica para madurar como persona sino también una cuestión de supervivencia y de convivencia. Es imposible llegar a ser pacíficos, serenos, sosegados, equilibrados y armónicos si no trabajamos el Ego.

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