Krisis

¿Qué es la espiritualidad?

¿QUÉ ES LA ESPIRITUALIDAD?
Aquello que produce un cambio interior La palabra “espiritualidad” Maestras y maestros Una experiencia única e intransferible Religiones e iglesias Espiritualidad y compromiso
Experiencias cumbre Características de las iglesias Infinir frente a definir Cierre que abre Libro recomendado Nº 1 Libro recomendado Nº 2
© BATALLOSO NAVAS, Juan M.

Aquello que produce un cambio interior

«…Preguntaron una vez al Dalai Lama “¿Qué es la espiritualidad?” Y él les respondió: “Espiritualidad es aquello que produce en el ser humano un cambio interior” Y esa persona preguntó nuevamente “Pero si yo practicara la religión y observara las tradiciones ¿Todo eso no es espiritualidad?” Y el Dalai Lama comentó: “Puede ser espiritualidad, pero si eso no produce en ti ninguna transformación, no es espiritualidad. Una manta que no es más que una manta que no calienta, deja de ser manta” Aquella persona le contestó: “Entonces la espiritualidad cambia” Y el Dalai Lama le dijo: “Como dicen los antiguos, los tiempos cambian y las personas cambian con ellos. Lo que ayer fue espiritualidad hoy no necesita serlo más. Lo que un momento se nombra como espiritualidad, no es otra cosa que el recuerdo de antiguos caminos y métodos religiosos. Hay que cortar de tal manera el manto para que se ajuste a los hombres, no corte a los hombres para que se ajusten al manto”. De ese pequeño diálogo del Dalai Lama, lo más importante es que la espiritualidad es aquello que produce dentro de nosotros un cambio y no necesariamente la religión produce dentro de nosotros un cambio. …» (Leonardo Boff)

La palabra “espiritualidad”

La palabra o el término «Espiritualidad» es para mí indefinible. Cada vez que intento analizar este concepto, no soy capaz ni siquiera de acotarlo o reducirlo a un espacio personal concreto. En realidad se me escapa de los esquemas e ideas de mi mente porque nunca puedo clasificarla o encerrarla en un apartado o en una categoría de conceptos.

          Pero lo más curioso, es que cuando intento hacer un análisis con objeto de describir o explicar de que se trata, más lejana e indefinible se me presenta esta palabra-idea. Sin embargo cuando no pienso, ni intento apresarla en las paredes de mis preconceptos y creencias; cuando menos me lo espero y en cualquier momento fortuito, se me aparece en todo su esplendor para mostrarse en mí como una especie de conexión total con todo lo existente. Paradójicamente, cuanto más la busco, menos la encuentro y cuanto menos, de repente se me presenta como una especie de luz que todo lo ilumina dotando de sentido y validez a la experiencia, al estado o a la acción concreta que en ese momento estoy realizando.

Maestras y Maestros

         Ya sé, que son muchísimos los sabios personajes de las más diversas culturas, filosofías, tradiciones, religiones de todos los tiempos que han conseguido tener una idea clara y precisa de lo que es la “espiritualidad“. Pero por mucho que se haya escrito y dicho de ella, para mí es algo indescriptible, indefinible e irreductible que no puede ser comunicado con palabras. Y es que la “espiritualidad” pertenece a la categoría de los fenómenos humanos inexplicables y por supuesto irreductibles. Únicamente cobran forma, sentido y materialidad en la experiencia íntima de cada ser humano y por tanto son también intransferibles. No pueden ser comunicados o enseñados de forma directa. He constatado por experiencia, que todas las experiencias humanas de espiritualidad que he conocido y vivido presenten rasgos aparentemente semejante. Sin embargo, estos rasgos en realidad son siempre singulares y únicos de la persona que las vive o experimenta. Rasgos que están compleja e indisolublemente unidos al contexto, el momento o la circunstancia concreta en que esa experiencia surge.

Una experiencia única e intransferible

         Es conocido, que todas las nuevas investigaciones de la psiconeurología, han encontrado ya las zonas del cerebro que se activan con la experiencia espiritual, así como los procesos químicos que subyacen en la misma. No obstante, la experiencia de cada ser humano cuando la encuentra y la goza, además de ser irrepetible, es siempre particular y específica. Entiendo pues que todo intento de catalogarla, patrimonizarla, teorizarla o convertirla en doctrina, es un encerrarla en una jaula de dogmas. Y no digamos si esas experiencias terminan cristalizadas en religiones o en iglesias con profesionales que la administran organizados en estructuras de poder religioso, eclesiástico o político.

         Puedo entender y entiendo, que dado que nuestra naturaleza humana es de carácter simbólico, los seres humanos tengamos la necesidad de expresar culturalmente estas experiencias. Pero lo que para mí es claro es que la experiencia espiritual me sobrepasa y me sitúa siempre más allá o más acá, de lo puramente sensitivo. Esta es la razón por la que las experiencias espirituales las califico como trascendentes en el sentido de que supera a cualquier otra, al mismo tiempo que impregna, colorea y estructura el sentido de todo lo que vivo y experimento.

Religiones e iglesias

         Es cierto que los fenómenos y experiencias espirituales históricamente se han asociado siempre a religiones e iglesias; a doctrinas, ceremonias, iconos e imágenes de culto, así como a los dogmas establecidos por ellas. También a las tradiciones sagradas, a los ceremoniales colectivos y  a todo tipo de liturgias y rituales. En este punto, no puedo olvidar que la experiencia espiritual ha estado siempre patrimonializada y administrada por profesionales , funcionarios eclesiásticos especializados. Igualmente por visionarios, predicadores y gurús que intentan convencernos de que únicamente su experiencia es la verdadera.

Desde hace mucho tiempo me he dado cuenta que el sacerdocio y todas sus variedades de predicadores, diáconos, curas, obispos, cardenales, popes, pastores, imanes, monjes, brahmanes, gurús a mí no me sirven absolutamente para nada. Pero lo que más me solivianta e indigna es comprobar como esos administradores de la fe en un supuesto y específico “Dios”, socialmente son en realidad funcionarios eclesiásticos sometidos a una estructura de poder antidemocrática. Funcionarios cuya misión esencial no es que el mensaje llegue de forma directa y encarnada a las personas que se le acercan. Su misión, como la de todo funcionario, es que la estructura organizativa y de poder, funcione y se mantenga.

Espiritualidad y compromiso

Claro es, que el hecho de que esto sea en el fondo así, no significa que debamos generalizarlo o convertirlo en un principio inmutable. Por eso cuando he tenido la fortuna de conocer a personas profundamente religiosas, sacerdotes o no, que en su conducta personal de humildad, perseverancia, bondad y amor, prefiguran el mensaje que anuncian he comprendido que a la experiencia espiritual también se puede acceder por la vía religiosa. Y he comprendido igualmente que aunque para la experiencia espiritual no necesito de intermediarios ni de sacerdotes, para poder mantenerla, desarrollarla, hacerla útil y fértil es necesario vivirla en comunidad. Y aun así, esa experiencia, sin la proyección concreta de compromiso con la realidad natural, social y política únicamente serviría como una especie de droga que me enajena. En otras palabras: muchas formas de religión y espiritualidad pueden convertirse y de hecho se han convertido en “el opio del pueblo” como decía Don Carlos Marx. Por eso una religión o una espiritualidad que no te libere de tus opresiones externas e internas no es más que una dosis de “soma” para tranquilizarnos. Por eso también, las personas más auténticamente religiosas y espirituales que he conocido, estaban totalmente despreocupadas por el “más allá” y por las parafernarlias litúrgicas de ostentación. Esas personas, solamente estaban ocupadas por el “más acá” y por resolver los problemas y dificultades de los más desfavorecidos, discriminados y vulnerables social o individualmente. Por eso en suma, coincido plenamente con mi amigo y maestro Leandro Sequeiros San Román cuando dice que para llegar a ser cristiano hay que ser primero y en todo momento desesperadamente humano.

Experiencias cumbre

Es cierto también que las experiencias espirituales corren de la mano de lo que el prestigioso psicólogo humanista Abraham Maslow denominó como “experiencias cumbre“, que son aquellas experiencias humanas totales e integradoras que nos producen estados de conciencia llenos de armonía, paz, gozo, conformidad, plenitud, aceptación y sobre todo autorrealización. Pero tampoco Maslow nos puede enseñar nada, si no hemos sido capaces de experimentarla. En el fondo creo que a la espiritualidad se le puede aplicar aquello que decía Krishnamurti cuando afirmaba que “la verdad es un territorio sin caminos

Sin embargo, la «Espiritualidad», aunque esté evidentemente relacionada y en mayor o menor conexión con todo eso, en realidad no es nada de eso, dado que ella pertenece al reino de lo abstracto, sutil, inmanente y al mismo tiempo al mundo interior de emociones, sentimientos y creencias íntimas y profundas  que cada ser humano, de una u otra manera, o con mayor o menor intensidad, alberga o puede albergar en su interior. Pero además porque esta palabra y su significado ha sido, regulado, dogmatizado, dirigido y manipulado por las estructuras de poder de las diferentes iglesias que en el devenir histórico han orquestado un sinfín de tradiciones, mitos, ritos y costumbres cuya misión, entre otras, ha estado siempre orientada a visibilizar y mostrar quien tiene realmente el poder y que es lo que debe hacerse o no para seguir manteniendo la superioridad de los supuestamente “elegidos” para interpretar y decidir que es lo que debe o no creerse.

Características de las iglesias

No en vano, todas las iglesias de las más diversas religiones tienen en mayor o menor intensidad, varias características comunes. Característica que dicen mucho, tanto del interés por adoctrinar, catequizar y en definitiva doblegar las conciencias de las personas. como de ejercer un poder tanto en sus fieles como en el conjunto de la sociedad.

Entre estas características se encuentran por ejemplo:

  • El patriarcado o el ejercicio del poder de los hombres sobre la otra mitad de la humanidad que son las mujeres.
  • Los nombramientos de sus cargos por designación sustrayendo a sus fieles el poder de decidir y elegirlos democráticamente.
  • La promoción cubierta y encubierta del miedo, la culpabilidad y la represión, especialmente en lo relativo a asuntos sexuales.
  • La adhesión incondicional a todo el conjunto de ritos y liturgias que en muchos casos se consideran preceptivas y de obligado cumplimiento.
  • Las alianzas estratégicas y tácticas con los poderes económicos, políticos y culturales de las sociedades que en última instancia siempre han servido históricamente para consagrar, legitimar y naturalizar la dominación de unas clases sociales sobre otras.

Infinir frente a definir

Por todo esto considero que la palabra «espiritualidad» y el significado que lleva implícito, es de esas palabras que no pueden realmente definirse porque es cada ser humano en particular el único que puede encontrar el sentido, el significado y el valor de la misma. No se puede definir, porque sus significados no pueden acotarse con términos precisos y exactos, como tampoco encerrarse en un cuerpo determinado de doctrinas eternas o universalmente válidas y verdaderas.

La espiritualidad es entonces un término, al decir del prestigioso psicólogo, ensayista, conferenciante y maestro espiritual franco-brasileño Pierre Weil (1924-2008), que hay que «infinir». Y esto en otras palabras quiere decir:

  • Que  hay que entenderla como todo aquello que no tiene ni principio ni fin.
  • Remite a lo que siempre está abierto y por su propia naturaleza es sintético, integrando las diversas perspectivas y dimensiones de cualquier hecho humano.
  • Que la experiencia espiritual siempre está en movimiento, en proceso de cambio, siendo susceptible de ser recreada, reconstruida, reaprendida.

Por el contrario si deseamos «definir» lo que es la experiencia espiritual, estamos haciendo referencia al análisis, descripción, enumeración de elementos constitutivos, delimitación, acotación y/o cuantificación. En consecuencia la espiritualidad no es definible, sino infinible, algo que sucede por ejemplo también con la palabra «Amor».

Cierre que abre

Esta breve reflexión acerca de la confusión entre religión y espiritualidad, o entre la apertura, la flexibilidad y la integración de la espiritualidad en todas las dimensiones y facetas de la vida individual y social de cualquier ser humano me lleva a traer aquí una de las a mi juicio más bellas y esclarecedoras descripciones del significado de la espiritualidad tomada del Hua-Hu-Ching, que es atribuido a Lao Tsé

«El pensamiento dualista es una enfermedad. La religión es una distorsión. El materialismo es cruel. La espiritualidad ciega es irreal. Cantar no es más sagrado que escuchar el murmullo de un arroyo, pasar las cuentas de un rosario no es más sagrado que simplemente respirar, los hábitos religiosos no son más espirituales que la ropa de trabajo. Si deseas alcanzar la unidad con el Tao, no te dejes atrapar en superficialidades espirituales. Por el contrario, vive una vida tranquila y simple, libre de ideas y conceptos. Encuentra la satisfacción en la práctica de la virtud sin hacer distinciones, que es el único verdadero poder. Dando a los demás de manera generosa y anónima, irradiando luz por el mundo e iluminando tu propia oscuridad, tu virtud se convierte en un santuario para ti mismo y para todos los seres. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de encarnar el Tao. »

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