8.- La Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (SAFA)

8.- LAS ESCUELAS PROFESIONALES DE LA SAGRADA FAMILIA (SAFA)
8.1.- El Padre Villoslada 8.2.- Los fines originales 8.3.- El empuje de Bermudo
8.4.- Los nuevos principios educativos 8.5.- Conclusiones 8.6.- Referencias bibliográficas

«Las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia parten de una base fundamental: la familia, que hay que restaurar y vigorizar a toda costa, pues ella es el semillero natural de buenos cristianos… La restauración de la familia cristiana obrera. Por eso se llaman de la Sagrada Familia…»

 P. Rafael Villoslada Peula SJ.  BERMUDO, M.; 1996: 6

          Las Escuelas Profesionales de la SAFA nacen gracias a la intuición y al esfuerzo del sacerdote jesuita Rafael Villoslada Peula y tienen en realidad su origen más remoto en 1932, fecha en la que las Casas de la Compañía de Jesús fueron disueltas y el Padre Villoslada es responsabilizado de la dirección del Patronato de Damas Apostólicas, una institución católica y caritativa constituida para «…evangelizar a los pobres, enfermos y necesitados de todas clases…». Movido por este objetivo organiza unas escuelas nocturnas para jóvenes mayores de 15 años, en las que al mismo tiempo que se les proporcionaba formación básica e incluso específica de cara a la inserción laboral, se les ofrecía  educación e instrucción religiosa: «…Dos veces en semana les hacía una explicación de Catecismo que escuchaban atentamente, y al proponerles yo que expusiesen las dificultades que tenían contra la Religión, ellos manifestaban prejuicios que contra ella sentían, por las continuas predicaciones socialistas de aquellos tiempos…» (BERMUDO DE LA ROSA, M.; 1996:4)

          Con estos orígenes y tras el paréntesis de la Guerra Civil, el Padre Villoslada, fuertemente motivado y sensibilizado por las necesidades educativas y sociales de los sectores de población más desfavorecidos, entre los que se encontraban los andaluces de Jaén, decide ponerse manos a la obra: «Triste es decirlo y bochornoso. Andalucía hay que considerarla Tierra de Misión. Hay que conquistarla espiritualmente. Hay que irse abriendo paso y colocar estaciones estratégicas desde donde se haga labor de evangelización a fondo… La provincia más necesitada es Jaén, que tiene el tanto por ciento mayor de analfabetos y aquí todos son del campo, ya que apenas hay industrias establecidas… Jaén ha sido una provincia desgraciada, que teniendo fuentes diversas de riquezas, yace en el abandono y no puede ya, por sí misma librarse de las amenazas que la aprisionan…» (BERMUDO DE LA ROSA, M.; 1996: 3 y 4)

          No será hasta julio de 1940 cuando la Compañía de Jesús designe a Villoslada para la dirección y la organización del proyecto de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, proyecto al que se consagra con los objetivos y al estilo nacionalcatólico de la época: «Corazón Sacratísimo de mi Jesús, que por vuestra inefable misericordia me habéis escogido para organizar esta Obra, de consagrarme yo una vez más y pidiendo humildemente que aceptéis Vos el cargo de Director y Organizador de esta Obra que los Superiores ponen en mis manos, como representantes Vuestros. Extiéndelas por toda Andalucía, por España entera; que se cristianice el obrero y se reorganice la Familia Cristiana que tanto ha sufrido por la revolución y la república.» (BERMUDO DE LA ROSA, M.; 1996: 5)

8.1.- EL PADRE VILLOSLADA

«… La SAFA no fue algo anecdótico, ni algo que surgió porque sí,  la SAFA surgió como surgen las cosas importantes, en el momento y el sitio justo. Terminada la guerra de España, la cosa estaba bastante mal, la enseñanza estaba en Andalucía negada a todo aquel que no fuera terrateniente o propietario, los únicos que podían acceder a la cultura, el resto del personal, a los diez o a los once años iban al campo, a la aceituna o lo que fuera. Providencialmente un hombre, que fue el Padre Rafael Villoslada empezó con una obra que se cuenta y no se cree, porque hacer lo que se hizo, sin un duro; eso no se lo explica nadie… El Padre pretendía sacar a los que no podían estudiar, a los que no podían acceder a la cultura y darle algo de eso, por eso se llamaban “Escuelas Profesionales”, porque en un principio se aspiraba a darles una profesión…»

Antonio Luque Muñoz. Profesor de la SAFA de Riotinto. Ríotinto, 3.06.1998.

          De acuerdo con Bermudo, gran parte del mérito de la puesta en marcha de un proyecto social y educativo de esta envergadura, se debió al carisma, al empuje y al incansable trabajo de su fundador, el Padre Villoslada, el cual a pesar de su permanente mala salud, que le hacía retirarse con frecuencia de sus actividades, supo imprimir un entusiasmo y una intensidad de trabajo a toda la obra, que fácilmente contagió a numerosos seguidores. De alguna manera Villoslada era una especie de revolucionario en cuanto que su afán y su entrega en el proyecto de la SAFA, para la creación de nuevas Escuelas e Internados era de un tesón infatigable que le hacia impertérrito a cualquier tipo de obstáculos, lo cual también le granjearía algunas dificultades con los Provinciales de la Compañía Jesús, que tuvieron que aminorar con frecuencia sus ímpetus. (BERMUDO, M.; 1996: 37).

          Rafael Villoslada Peula nació Granada el 8 de junio de 1900 en el seno de una familia de clase media y fallece el 30 de diciembre de 1985. Ingresa en la Compañía de Jesús teniendo quince años recién cumplidos, exactamente el 9 de junio de 1915, siendo ordenado sacerdote en 1928. Hasta 1940 permanece ejerciendo su labor pastoral en Granada frecuentando ambientes rurales y obreros, lo que le lleva a conocer de primera mano la situación en que se vivía en la provincia de Granada y de Jaén. A partir de esta fecha comienza a dedicarse a la fundación de Escuelas trasladándose finalmente en 1942 a Úbeda, ciudad en la que permanece completamente dedicado a la Institución por él creada hasta 1954, fecha en la que deja la Dirección General de las Escuelas, dedicándose a partir de entonces al apostolado social en Huelva y Granada.

          Sus compañeros y los que le conocieron de cerca destacan de él su extraordinario e infatigable esfuerzo y coraje por llevar adelante el proyecto de la SAFA sin que le paralizase ningún tipo de dificultades y esto a pesar de que tuvo que soportar las consecuencias dolorosas derivadas de su permanente mala salud, circunstancia que tampoco le impidió afrontar con tesón y valentía la tarea que había emprendido: «…Los vibrantes ojos del Padre Villoslada están llenos de una pasión que es activa y por ello se convierte siempre en una enconada lucha por llevar a cabo eficazmente sus proyectos. Es tesonero, constante hasta el agotamiento. No retrocede nunca, se crece en las dificultades. Cuando una puerta se le cierra, acude a otras diez. Su eficacia nace al mismo tiempo, de su confianza en Dios y de su atrevida estrategia humana. Cuando baja a la palestra de la acción es astuto como la serpiente y sencillo como la paloma…Algunos llaman disparatados a sus planes pero al final tienen que darle la razón y muchos de sus sueños los puede, al cabo del tiempo, presentar hechos realidad…» (BERMUDO, M.; 1996: 11)

          Desde un principio, Villoslada se propone explícitamente el objetivo de poner en marcha diversos tipos de Escuelas con profesores de competencias específicas, cuyo ámbito geográfico de actuación está dirigido a pueblos, villas, aldeas y cortijos y así según el tipo de localidad y población se asignaba un tipo determinado de Escuela:

«1)     Escuela Profesional Completa: Cabeza de partido. Enseñanza Primaria. Talleres de orientación, aprendizaje y perfeccionamiento. Formación profesional de directivos. Escuela de Agricultura.

2)       Escuela Profesional Menor: Pueblos grandes. Enseñanza Primaria. Talleres de orientación y aprendizaje. Preparación profesional de directivos.

3)       Escuela Profesional Rural: Pueblo pequeño. Enseñanza Primaria. Iniciación en los oficios.

4)       Maestro Rural: Aldeas y cortijadas. Enseñanza Primaria.

5)       Maestro Ambulante: Su cargo es recorrer periódicamente una zona de cortijos y dar enseñanza de leer, escribir, cuentas y catecismo a niños y adultos y hacer labor de formación religiosa.» (BERMUDO, M.; 1996: 7).

          Además de las numerosas gestiones que Villoslada y sus colaboradores tuvieron que realizar para conseguir el patrimonio y los recursos materiales y humanos necesarios que hicieran posible el funcionamiento de las Escuelas e Internados, hubieron de afrontar también las tareas jurídico-administrativas de organización, así como de gobierno y control de una institución que comenzaba a dar sus primeros pasos, para lo cual se crea un Órgano de Gobierno, que en el caso de todas las Fundaciones se le denomina “Patronato”, de tal modo que se contempló la posibilidad de que los fines de la Fundación pudieran también realizarse mediante otras instituciones, fueran religiosas o seglares, no obstante y tal como quedaba recogido en la Cláusula cuarta de la Escritura sería finalmente la «la Compañía de Jesús, en todo caso, (la que) llevará la dirección e inspección de toda la labor apostólica, formativa y docente que la Fundación ha de desempeñar» (BERMUDO, M.; 1996: 19).

          Con el fin de que el Patronato fuese un miembro ágil, capaz de garantizar de un lado la independencia jurídica y patrimonial de la Fundación y de la Compañía de Jesús al mismo tiempo que se aseguraba la más íntima colaboración y coordinación entre ambas instituciones, se opta por incluir en el Patronato tanto a miembros bienhechores y donantes como a jesuitas que desempeñasen competencias de dirección en la Compañía.

          La legalización definitiva de la Fundación se produce el 25 de noviembre de 1944 mediante una Orden de Ibáñez Martín, a la sazón Ministro de Educación en aquella fecha, Orden que aparece en el BOE nº 341 de 6 de diciembre del mismo año, con lo cual la Fundación adquiere ya carta legal para actuar con entera libertad en el cumplimiento de sus fines, si bien, con la limitación de no poder adquirir cualquier tipo de bienes y de contraer obligaciones sin el concurso del Poder Público, ordenando incluso vender en subasta pública aquellos bienes inmuebles propiedad de la Institución no necesarios para el cumplimiento de sus fines. (BERMUDO, M.; 1996: 20).

          Como es fácil de suponer, el ambicioso proyecto educativo, de evangelización y de promoción social que desde el principio albergaban los fundadores, tenía necesariamente que financiarse con suficientes garantías de permanencia, dado que los bienes patrimoniales iniciales apenas cubrían las necesidades previstas. En concreto, únicamente se contaba con la propiedad de varias fincas rústicas y urbanas, de entre las que destacan las que formaban el cortijo de “El Valle” de Villanueva del Arzobispo y algunos olivares de Alcalá la Real, por ello el propio Villoslada plantea desde el principio una doble actuación económica y organizativa. Por una parte se pretendió obtener capital de las fincas agrícolas y los talleres de producción de las propias Escuelas, especialmente de los de carpintería, y por otra se comenzó a solicitar y a gestionar con el Estado todo tipo de subvenciones y peticiones dirigidas a financiar las Escuelas, tarea esta última en la que Villoslada desarrolla una infatigable labor de visitas a personalidades para que actuasen como benefactores.

          A cualquier observador imparcial podría resultarle evidente que el éxito de un proyecto educativo y social de esta naturaleza y envergadura, estuvo ligado en sus orígenes al carácter ideológico y político de la Institución que lo propiciaba, dado que como es sabido, la Compañía de Jesús en particular y la Iglesia Católica en general, salieron tremendamente reforzadas y beneficiadas tras la Guerra Civil, sin embargo y aunque aparentemente pudiera percibirse así, las cosas no sucedieron de forma tan simple y con tantas facilidades como podrían suponérsele a los jesuitas.

          Lo realmente cierto fue que aunque la SAFA recibió el amparo legal e institucional de las más altas instancias del nuevo régimen y de importantes familias acomodadas que cedían sus propiedades para que los jesuitas pusieran en marcha sus primeros proyectos de escuelas[1], dichas ayudas no se materializaban sin antes recorrer un largo camino de peticiones, gestiones y sobre todo de esfuerzos de los padres jesuitas fundadores y de los rectores de la Institución. Así por ejemplo Bermudo de la Rosa nos habla de que sin los primeros bienhechores que cedían sus fincas y viviendas, las Escuelas no hubiesen sido posibles, pero también nos recuerda las penurias a las que en numerosas ocasiones había que hacer frente porque materialmente se carecía de recursos para satisfacer las necesidades más elementales, como eran las de dar de comer a los alumnos que estaban en régimen internado, aspecto que hoy todavía recuerdan muy vivamente aquellos estudiantes de magisterio de Úbeda de los primeros años de la década de los cincuenta :

«…Villoslada era trabajador, incansable y lo veíamos poco en Úbeda porque casi siempre estaba en Madrid o viajando a la búsqueda de subvenciones. Hizo una gran obra para atender a los más pobrecitos con objeto de que estudiaran. Recuerdo las vigilias y las peticiones. Te despertaban a las 4 y media o a las cinco para rezar para que al padre Villoslada le dieran las subvenciones. También pasábamos hambre en la SAFA. Allí cuando no había dinero no había comida. Recuerdo que la cena era un caldo muy simple que no sabía nada, era agua con algo amarillo y unos “patajotes” una harina frita, pero como sabíamos que en el desayuno no iba haber nada, pues guardábamos el patajote para el desayuno, con el café que no tenía café. Aquello se fue arreglando un poquito aunque terminábamos comiendo lentejas con chinos. Allí a menos dinero pues menos comida…»[2]

          Desde el principio, cuando comenzaron a producirse las primeras donaciones y a habilitarse los primeros centros de este proyecto social y educativo, la Compañía de Jesús dejó bien patente su interés por separar los bienes patrimoniales que procedían de las donaciones, de los bienes propios de la Compañía, así como también su decisión de organizar, dirigir y gestionar el proyecto. De este modo se crea un organismo independiente que adquiere forma jurídica como una Fundación Benéfico-Docente, cuya Escritura Fundacional se firma el 16 de agosto de 1943 ante el notario de Granada, D. Antonio Moscoso  y Ávila, por los padres jesuitas José A. Aldama y Rafael Villoslada y cuya cláusula primera dice así : «Se constituye una Fundación de carácter Benéfico-Docente, que se denominará “Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia” y que será independiente de cualquier otra persona jurídica, individual o colectiva y que gozará de plena capacidad para adquirir derechos, contraer obligaciones y obrar por sí misma» (BERMUDO, M.; 1996: 18).

          Lo realmente valioso y digno de alabanza fue que en aquellos tiempos de autarquía, de penuria económica y de represión política, y durante el periodo comprendido entre 1940 y 1953, Villoslada y Aldama consiguieron poner en marcha casi una veintena de Escuelas en las que no solamente se proporcionaba formación primaria y profesional en régimen de externado, sino también en internado, con lo que se atendieron las necesidades de supervivencia y cuidado de numerosos  niños huérfanos de guerra o que por cualquier otra circunstancia carecían de medios económicos suficientes. De la década de los cuarenta proceden las primeras fundaciones de las Escuelas de la SAFA, como son las Escuelas de Alcalá la Real y Villanueva del Arzobispo (Jaén) en 1940; Úbeda y Andujar (Jaén) en 1941; Baena (Córdoba) en 1942; Villacarrillo (Jaén) en 1943); Puerto de Santa María (Cádiz) y Almería en 1946; Linares (Jaén) en 1949 y Escuela de Cádiz en 1953.

          Desde los primeros tiempos las Escuelas de la SAFA estuvieron pensadas para atender educativamente a las clases populares, para lo cual optan por la Formación Profesional como el ámbito de intervención más adecuado para sus fines sociales y evangelizadores. De un lado se pretende ayudar a aquellos sectores sociales más desfavorecidos, las clases obreras más modestas, pero de otro también se declara, una finalidad ideológica e inculcadora, en perfecta sintonía con las posiciones eclesiásticas y jesuíticas de entonces, que como es sabido, eran netamente antiliberales y antirrepublicanas. En consecuencia,

podría decirse que el nacimiento de SAFA se debió básicamente a una triple convicción de sus fundadores: su interés por ayudar a la promoción social y cultural de los más necesitados; su afán por el apostolado y la evangelización de la clase obrera, tradicionalmente anticlerical y por último, la consideración de la importancia de la adolescencia como tramo de edad y etapa educativa en la que se realizan las opciones profesionales y se establecen los primeros sistemas de creencias.

          Visto desde hoy, tal vez pueda parecer algo sin importancia, sobre todo cuando consideramos como un hecho normal la escolarización obligatoria hasta los dieciséis años y la oferta educativa de Formación Profesional Pública, pero si nos situamos en aquellos años de hambre y penurias económicas de todo tipo, años en los que únicamente estudiaban los hijos de los medianos y grandes propietarios agrícolas y de las clases urbanas acomodadas, y en los que las pocas Escuelas que había en las zonas rurales finalizaban a los doce años, la preocupación por dotar a los adolescentes de recursos formativos, profesionalizadores y laborales fue sin duda un hecho netamente revolucionario desde el punto de vista social y educativo.

          Desde la perspectiva académica y de escolarización, aquellas Escuelas del Padre Villoslada eran una especie de anticipación de lo que hoy conocemos como Educación Secundaria Obligatoria y Ciclos Formativos, anticipación singular de profundo calado educativo, en cuanto que se puso el énfasis, no sólo en lo técnico y profesional, sino especialmente en lo humano, en lo formativo, aunque obviamente bajo la perspectiva del catolicismo.

          Como el propio P. Villoslada nos vendrá a decir «…Notas peculiares de la naciente Institución son el instalarse solamente en los pueblos; dedicarse especialmente a la clase obrera, sin desatender por ello a los otros sectores de enseñanza media y primaria, pero procurando hacer girar toda su labor educativa alrededor de la formación profesional, de manera que el alumno que entra párvulo en sus aulas, salga de ellas con un oficio o profesión aprendida. La razón es clara: nuestra finalidad es educar, formar totalmente al joven y para que esta labor sea eficaz, no puede concluir a los diez o doce años, sino que debe continuarse hasta el momento en que, desarrolladas todas las facultades del individuo, la formación haya podido adquirir un grado de madurez que se traduzca en sólidos principios grabados profundamente en el alma del joven, que sean la norma habitual de su manera de proceder, de donde deducimos que según el sistema actual,  la educación de la niñez en la escuela primaria, no es todo lo eficaz que deseamos, por salir de ella los niños cuando necesitan más de ayuda y dirección en la orientación de su vida. Ahora bien, para retener en las Escuelas a los hijos de las familias de la clase modesta, se necesita tener organizado el aprendizaje de algún oficio o de otra cosa similar…» (BERMUDO, M.; 1996: 7)

          Al margen de que hoy resulta indudable que las Escuelas Profesionales de la SAFA se han constituido en una extraordinaria obra social, sobradamente reconocida pública, institucional, educativa y profesionalmente, que se ha destacado precisamente por acudir a aquellos lugares de la geografía andaluza a los que la mayoría de las otras órdenes religiosas no iban y que su semilla de opción por los sectores sociales más humildes, llevada hasta sus últimas consecuencias, fue precisamente la que guío la apuesta por la Experiencia de Reforma de Riotinto, es necesario señalar también que concepciones como las señaladas, impregnaron fuertemente su ideario educativo, aunque con el tiempo irían progresivamente transformándose al hilo de la evolución del Régimen y de la propia Iglesia, experimentando un cambio sustancial en la década de los sesenta y de forma ya abiertamente radical, a finales de la misma con la Experiencia.

[1]     En 1958 el Patronato de las Escuelas Profesionales de la SAFA estaba constituido por los siguientes miembros: «…Presidente honorario: S.E. el Jefe del Estado. D. Francisco Franco Bahamonde. Presidente efectivo: D. Francisco Gómez de Llano.(Ministro de Hacienda). Vicepresidente: D. Federico Mayo Gayalde.(Director General del I.N.V.). Vocales: D. José Antonio Aldama y Pruaño, S.J.; D. Rafael Villoslada Peula S.J. (Secretario);D. José María Benavides Bueno; D. José León de Carranza. (Alcalde de Cádiz); D, José Fernández Arroyo y Cano. (Director General de lo Contencioso del Estado)…» (BERMUDO, M.; 1996: 21).

[2]     Declaraciones realizadas por José María del Rosal Saro, alumno de la SAFA en Úbeda y posteriormente profesor y secretario de la Escuela Profesional SAFA de Riotinto.

8.2.- LOS FINES ORIGINALES

«El fin primordial y esencial es la creación de las Escuelas gratuitas para darles enseñanza religiosa, patriótica, social y profesional, de modo gratuito entre las gentes necesitadas de las poblaciones rurales, con preferencia en la clase obrera y artesana, sin descuidar la educación de otros sectores sociales y bien entendido de que los alumnos no habrán de pagar cantidad alguna por recibir la instrucción que se les da…»

         Cláusula 2ª de la Fundación de las EE. PP. de la SAFA.BERMUDO, M.; 1996: 18

          Las finalidades originales de esta nueva Fundación de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia eran prácticamente las mismas que guiaban las intenciones originales del P. Villoslada: su especial interés y opción por las clases más modestas y populares, con su ya conocida mezcla de nacionalismo, catolicismo y conservadurismo; su radical apuesta por la promoción social y gratuita de la juventud, utilizando para ello todos los medios e innovaciones a su alcance; la concentración geográfica en las zonas rurales más necesitadas de Andalucía; su apuesta por la inserción laboral y social; su enfoque por la formación humana integral y sobre todo su vocación pedagógica institucionalizadora creando para ello su propia Escuela de Magisterio: «…La labor docente de la Institución “Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia” tiene por objeto promover en las clases modestas y humildes de los pueblos y campos andaluces la educación cristiana y patriótica de la juventud, su cultura y enseñanza de una manera armónica. Para ello da, no sólo la enseñanza primaria, sino la formación total del joven, iniciándoles además en un arte, oficio o profesión correspondiente a su capacidad, a sus aptitudes y al medio moral en que ha de desenvolverse. Aspira a la renovación total del obrero, no sólo del pueblo sino también del campo… El anterior fin no excluye otros que tengan la misma misión de la enseñanza gratuita, como son la creación del Seminario para maestros, el establecimiento de bibliotecas, de círculos de Estudio, de ciclos de conferencias y el usar todos los medios de propaganda, educación o instrucción que puedan utilizarse a tal fin. (Cláusula 3ª)» (BERMUDO, M.; 1996: 18).

          Desde los comienzos el interés de Villoslada no sólo se distinguió por la creación de Escuelas en los lugares geográfica y socialmente más necesitados, sino también por su iniciativa de consolidar ideológica y pedagógicamente toda la obra, para lo cual además de fundar una Escuela de Magisterio[1] para preparar y cualificar a los futuros profesores, va poco a poco imprimiendo a todo el conjunto de una serie de principios fundamentales, que aunque bastante simples y muy en consonancia con el nacionalcatolicismo dominante de la época, serán los que caracterizarán a toda la Institución SAFA durante un largo periodo, que comienza a extinguirse a partir de la década de los sesenta . Estos principios iniciales y fundacionales eran:

  1. Educación católica y apostólica. Para Villosladael anticlericalismo y el laicismo de la sociedad española de los años treinta, se debía fundamentalmente a la falta de formación de las clases obreras y populares y por tanto, para garantizar el acercamiento de estos sectores sociales a la religión católica y a la Iglesia, había necesariamente que incrementar el nivel cultural de las mismas. La cultura por tanto era el instrumento privilegiado para favorecer la religiosidad y la propagación del catolicismo tanto en las clases populares como en las clases acomodadas. La educación, la escuela, la instrucción, la formación, además de fines en sí mismos eran también medios e instrumentos para la inculcación de la verdadera educación, que no era otra que la de la representada por el dogma de la fe católica. «…La labor de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia se concibe como una extensión de la labor apostólica de la Compañía, por medio de los maestros y demás colaboradores de la Institución… Para nosotros el maestro es un apóstol que desde el campo seglar coopera con el sacerdote para una regeneración del espíritu cristiano…» (BERMUDO, M.; 1996: 56 y 57).
  2. Educación selectiva. La labor de apostolado mediante la educación requería para Villosladade profesores altamente cualificados en su formación religiosa y cultural, había por tanto que seleccionar únicamente a aquellos alumnos que reuniesen las mejores condiciones y capacidades para desempeñar las tareas docentes y para ello no eran adecuados los seglares, se necesitaban personas entregadas e identificadas plenamente con la Institución al mismo tiempo que dotadas de una buena formación cultural y unas profundas convicciones religiosas,  «… es indispensable disponer de maestros perfectamente preparados. De elevado nivel personal en vida espiritual, educación, en conocimientos científicos e históricos, en la formación de su temperamento artístico…  Se escogían los mejores alumnos que terminaban la Enseñanza Primaria en todos los grupos escolares de la Institución y eran presentados por los respectivos Directores. Se hacía después un examen selectivo. Se valoraba sobre todo la piedad, la docilidad y la aptitud para el estudio. Consecuencia de esa selección es que entraban pocos niños y muchos quedaban a fin de curso en la cuneta debiendo salir del Seminario. Se realizaba una previa selección al final del cuarto año; los alumnos que no obtenían la nota de sobresaliente o notable, reducían las materias en los cuatro últimos años y eran destinados a enseñar en los centros más pequeños llamados Escuelas Profesionales Menores…»[2] (BERMUDO, M.; 1996: 56 y 59).
  3. Educación paternalista. Para los fundadores de la SAFAla familia era considerada como el núcleo fundamental para la iniciación y el mantenimiento de la religiosidad. Era en el ámbito familiar en el que la propagación de la fe quedaba garantizada y por ello y en la medida en que la Escuela fuese capaz mediante la instrucción y la educación, de influir en los hábitos y concepciones de los hijos, la vieja familia obrera laica y anticlerical se transformaría. Al mismo tiempo la educación en régimen de internado para los aspirantes a futuros profesores de la SAFA necesariamente tendría un carácter familiar, tanto desde el punto de vista de la protección y la satisfacción de necesidades, como en el de la inculcación de los principios básicos de convivencia, de los fundamentos de la fe y de las prácticas religiosas, así como también desde el escrupuloso control y corrección de su conducta «…No es en una clase ni en una mesa de estudio, donde un niño revela mejor los pliegues de su carácter y las desviaciones de una educación defectuosa. Al niño que deseamos llegue a ser maestro modelo, hay que observarlo en todo momento, en el juego y en la mesa, en sus ratos de alegre expansión optimista y en sus depresiones. Hay además que aprovechar esas mil pequeñas ocasiones en que se empieza a manifestar el desorden de las pasiones para instruirlo y educarlo… El régimen de nuestro internado es esencialmente paternal. Alumnos y profesores forman una verdadera familia que, si no puede ni debe reemplazar a su familia natural, sitúa, sin embargo, al alumno en un ambiente tranquilo y alegre, al lado de unos Superiores que procuran hacer más bien el papel de padres que el de vigilantes o inspectores. Parte esencial de este régimen es el del P. Espiritual, distinto al del P. Director. Al primero pueden acudir los alumnos siempre que gusten, con la seguridad de encontrar en todas las ocasiones alivio y consuelo…» (BERMUDO, M.; 1996: 57 y 58)
  4. Formación técnica y profesional. Para los fundadores de la SAFA, las enseñanzas que proporcionaba la Escuela Primaria eran consideradas netamente insuficientes, no bastaba con proporcionar instrucción básica, sino que había que garantizar la continuidad formativa con enseñanzas profesionalizadoras capaces de ofrecer un puesto de trabajo, un oficio o una profesión a los hijos de las clases obreras y populares y consecuentemente los objetivos generales a conseguir con los alumnos consistíanen una combinación de principios religiosos e ideológico-políticos con cultura general y conocimientos técnico-profesionales: «…Nuestra aspiración es que nuestros alumnos posean una cultura general muy completa, una formación religiosa muy sólida, un conocimiento práctico de sus deberes ciudadanos y un dominio absoluto y completo de la profesión que ejercitan. De esta forma serán, no sólo buenos para sí, sino que además influirán en la sociedad, como elementos que se impongan y arrastren a los compañeros a las organizaciones patrióticas y católicas…»

          Otro aspecto importante a destacar en la materialización de los principios educativos señalados, no solamente fue el hecho de la exigencia de una fuerte formación religiosa que pasaba lógicamente por la realización de toda clase de actividades litúrgicas y especialmente de “Ejercicios Espirituales” que con carácter anual se celebraban para todos los profesores de los Centros de la Compañía de Jesús, sino sobre todo la percepción y la satisfacción de la necesidad de reflexión colectiva, para lo cual se instituyen las denominadas “Asambleas Pedagógicas”, encuentros anuales de todos los profesores y responsables de la Institución, que fueron concebidas por Villoslada para facilitar el encuentro personal y el clima familiar, así como también para coordinar, aunar criterios, proponer normas y proporcionar también formación profesional específica de carácter pedagógico y docente.

          Obviamente, los principios pedagógicos de la SAFA de aquellos años vistos desde la óptica de hoy, como ya veremos más adelante, son casi irreconocibles en su totalidad . Su evolución fue pareja al propio devenir histórico, a la revolución operada por el Vaticano II y a la propia sensibilidad innovadora de sus Rectores, profesores y directores de sus escuelas, no obstante, lo que nos interesa destacar aquí a es que prácticamente hasta 1968, fecha en la que se incorpora por 2ª vez como Rector, Manuel Bermudo de la Rosa, la inercia pedagógica de la Institución estuvo marcada por ese estilo nacionalcatólico  de la “Educación en el Franquismo”, y que como ya hemos señalado, básicamente consistía en una combinación de conocimientos culturales y memorísticos junto a dosis relativas, según los casos, de elementos inculcadores, dogmáticos, autoritarios y selectivos, estilo con el que la Experiencia de Riotinto rompe de forma absolutamente radical, conservando de una forma completamente nueva, el valioso y original espíritu fundacional de la SAFA de promocionar a las clases obreras y populares más desfavorecidas de Andalucía mediante una formación profesional y humana.

[1]     La primera promoción de profesores de la SAFA comienza con el Seminario de Maestros de Villanueva del Arzobispo en 1944, y finaliza en la Escuela de Magisterio de la SAFA de Úbeda en 1951.

[2]     Según los datos aportados por Bermudo, del conjunto de los 101 alumnos que ingresaron en la Escuela de Magisterio a lo largo de las seis primeras promociones, únicamente concluyeron sus estudios un total de 33, lo cual da una idea aproximada del carácter selectivo que dominaba en la Institución, especialmente cuando se trataba de estudios posteriores a la Enseñanza Primaria.

8.3.- EL EMPUJE DE BERMUDO

«…Fue un hombre que estuvo entregado a la causa de los trabajadores desde los primeros tiempos de la JOC, allá por la década de los cincuenta. Se destacó desde entonces por su labor, no sólo a favor de los trabajadores, sino de sus familias, enseñando el Evangelio sin presionar a nadie. Colaboró estrechamente con Comisiones Obreras y trabajó fervientemente por el progreso de la enseñanza…»

Pedro Alcocer Rivas-Montero. El Correo de Andalucía. Domingo 07.03.1999.

          Después de los padres fundadores, si hay alguna persona que sobresale por su esfuerzo y entrega a los fines de la SAFA, por su empeño en la renovación y en la adaptación de la misma a las nuevas exigencias sociales,  por su decidida voluntad y compromiso de hacer de la obra SAFA una obra de una mayor profundidad y fidelidad evangélica, y sobre todo por poner la misma al servicio del mundo obrero y al de los valores de solidaridad y justicia, esa persona fue sin duda, el Padre jesuita Manuel Bermudo de la Rosa.

          Manuel Bermudo de la Rosa nació en Sevilla el 19 de marzo de 1921 en el seno de una familia de clase media alta e ingresa en la Compañía de Jesús, al igual que Villoslada, a los quince años. Su padre llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Sevilla en la época del gobierno de la CEDA y era un hombre de reconocido prestigio social, político y religioso. En el mismo sentido, toda su familia, gozó siempre de una importante posición de relieve social y económico, así por ejemplo ha tenido hermanos empresarios y profesionales de prestigio, incluso en la actualidad, en el momento en que escribimos estas páginas y después de su fallecimiento, todavía tiene un familiar ejerciendo como concejal del Ayuntamiento de Sevilla.

          En su larga vida de servicio a la SAFA y a la causa cristiana, todos los que lo han conocido han destacado en él no solamente su compromiso con el mundo obrero, sino también su apuesta por el mundo de la educación, como ámbito privilegiado para el desarrollo humano como personas y para la transformación social en el sentido de conseguir mayores cotas de justicia, igualdad y democracia.

          En diciembre de 1953 se hace cargo de la dirección de las Escuelas de la SAFA del Puerto de Santa María (Cádiz) y pone en marcha la Formación Profesional para lo cual desarrolla una ingente labor de reclutamiento de alumnado y profesorado, llegando a crear dos planes de estudio, uno el académico u oficial y otro destinado aquellos alumnos de ritmo de aprendizaje más lento o menos avanzados y en el que incluía más horas de práctica y taller. En su mandato se crean nuevos talleres profesionales, como el de Automovilismo, Encuadernación y en 1957 el taller de Tonelería, una tarea fundamentalmente artesanal de muchísimo arraigo en la comarca dado su carácter vitivinícola, taller que aunque de corta duración, fue el primero y único de España en su género. Pero tal vez lo más significativo de su labor, además de su gestiones para mantener y ampliar los servicios sociales y profesionales de las Escuelas, fue el decidido impulso renovador con que dotó a la formación religiosa, en el sentido de orientarla por las emergentes corrientes sociales de la Iglesia.

          El Padre Bermudo, durante su estancia en el Puerto de Santa María como director de las Escuelas SAFA funda en 1954, junto a obreros de la comarca y antiguos alumnos, la “Vanguardia Obrera” que vendrá a ser la primera organización auspiciada por los jesuitas dirigida a desarrollar valores cristianos en el mundo obrero y por tanto orientada también a la toma de conciencia de las condiciones sociales en las que vivían los trabajadores, en la línea en la que ya venían haciendo la HOAC y la JOC. Concretamente será en diciembre de 1954 cuando se funda la Vanguardia Obrera en el Puerto de Santa María y con motivo de la celebración de un cursillo de formación religiosa amparado por el propio Bermudo, cursillo en el que se echan las primeras raíces de lo que sería la “Vanguardia Obrera Juvenil” (VOJ), que posteriormente dará lugar a la Vanguardia Obrera de obreros adultos que quedará constituida formalmente el 1 de mayo de 1957, aprovechando también la celebración de otro cursillo de formación.

          De esta circunstancia, que marca de alguna manera los orígenes del movimiento obrero en Andalucía en el franquismo, hemos obtenido un importante testimonio en el que se pone claramente de manifiesto tanto el estilo y la orientación con que va impregnando Bermudo a toda la Institución SAFA, orientación fundamentalmente obrera y democrática y que terminará por hacerse netamente visible en el periodo 1968-1974, en el que asume la responsabilidad de su 2º Rectorado:

«…Conozco a Manuel Bermudo de la Rosa con diecisiete años en el primer cursillo de la Juventud Obrera Católica que se celebra en España y que se celebra en el Puerto de Santa María en la Residencia de los Padres Jesuitas en 1957 y aquel curso, en aquellas fechas siendo consiliario nacional de la JOC D. Mauro Rubio… en aquel cursillo cuando Manolo se fijó en mí como un posible discípulo y un embrión o una posibilidad de un dirigente obrero a pesar de que yo no estaba de alumno en la SAFA. Él entonces estaba de director del Centro SAFA del Puerto de Santa María… En aquel curso aprendimos la forma teórica que tenía la JOC de analizar los problemas, el famoso Ver, Juzgar y Actuar que era muy parecida a la tesis marxista de ver la realidad concreta en el lugar concreto para tomar una actuación, que era prácticamente lo que veníamos haciendo en la Juventud Obrera de Acción Católica (JOC) que era más bien el modelo de la HOAC, que consistía en obtener consignas de las encíclicas papales. Por aquella fecha estaba la Rerum Novarum y posteriormente salió la Mater et Magistra. Para nosotros era el compromiso, es decir la formación por la acción, es decir, una vez vistos los problemas pues plantear campañas para resolver las cuestiones y así fuimos organizando el movimiento obrero y alrededor de Manuel Bermudo de la Rosa, se empezó a constituir la Vanguardia Obrera Juvenil, que era la VOJ, que era igual que la JOC, lo que pasaba que era que esta dependía de la jerarquía eclesiástica,  mientras que la VOJ estaba bajo la dirección espiritual de los jesuitas…» (VELASCO SÁNCHEZ, F.; 2001)

          Tras casi cinco años de permanencia como director del Centro SAFA de El Puerto de Santa María, Bermudo es llamado por la Compañía de Jesús para desempeñar una más alta responsabilidad: la de dirigir todas las Escuelas SAFA mediante el ejercicio del cargo de Rector, cargo en el que es nombrado el 25 de julio de 1958.

          En un primer momento, se encuentra la SAFA con muchos problemas, especialmente económicos, una deuda de seis millones de Ptas. y el personal de la misma sin poder percibir sus emolumentos con regularidad, una situación crítica en cuanto que en aquellas fechas los internados, si les faltaban las subvenciones oficiales o de los benefactores particulares, pues no podían prácticamente subsistir.

          Ante la gravedad de la situación, el Padre Bermudo decide inmediatamente un plan de intervención dirigido a obtener de las autoridades del régimen todas las ayudas necesarias para que la Institución sobreviviese. Y así armado de todo un coraje ignaciano se entrevista con Carrero Blanco, va a San Sebastián con su padre, persona muy conocida en medios políticos, e incluso habla con el Ministro del Ejército y el de la Marina. Aunque en agosto no consigue concretar nada, en septiembre se entrevista con Carrero para exponerle la situación de las Escuelas. También se entrevista con Franco, (BERMUDO, M.; 1996. 130) al que aborda deliberadamente para que ayude a subsanar la situación económica de las Escuelas, hasta que antes de fin de octubre Camilo Alonso Vega concede los primeros cuatro millones, que de un total de diez, había concedido el Fondo Benéfico-Social a la SAFA con el fin de satisfacer las deudas contraídas con el personal, donación que fue el resultado de la audacia en la gestión de un jesuita inteligente.

          En esta misma línea de intervención, el Padre Bermudo frecuentó los ambientes políticos oficiales y tuvo mucho contacto con  las autoridades del régimen, siendo habituales sus entrevistas con ministros y directores generales hasta el punto de que en diciembre de 1958 consigue arrancar una reunión entre el Ministerio de la Gobernación, el Ministerio de Educación Nacional y sus representantes de Enseñanza Laboral y Enseñanza Primaria, y el Ministerio de Hacienda, con el fin de subsanar definitivamente la situación económica, objetivo que se consigue aunque dadas las necesidades sociales y el compromiso de la SAFA en atenderlas, generalmente siempre se planteaban nuevos déficit, a lo que había siempre que hacer frente recurriendo a las subvenciones oficiales, que eran en muchos casos el fruto de extenuantes gestiones y visitas.

          Entre los años 1958 y 1964 en los que Bermudo se hace cargo por vez primera del Rectorado de la SAFA, es cuando puede decirse que el estilo de educación cristiana y espiritual de la Institución comienza incipientemente a cambiar. Aunque todavía permanecían muchas actividades litúrgicas y de piedad como misa diaria, rosario, despedida nocturna en la capilla, etc, Bermudo pone un especial interés en estimular reuniones de pastoral en consonancia con los nuevos aires preconciliares con las que pretendía responder también a las exigencias de los alumnos mayores, que ya por aquel entonces se quejaban de las prácticas religiosas obligatorias.

          Con esta orientación, Bermudo continua con el fomento de las Vanguardias Obreras iniciado en El Puerto de Santa María y en Septiembre de 1962 convoca un cursillo en Andújar para dirigentes de la Vanguardia, con el fin de prepararlos técnicamente pero también evangélicamente y poder así orientarlos como líderes del mundo obrero. Y en el mismo sentido estimula el nacimiento del periódico SAFA en octubre de 1960, y la reedición de las Asambleas Pedagógicas iniciadas por Villoslada que no se celebraran desde 1952. Concretamente la Cuarta Asamblea Pedagógica se convoca en 1961, con el título «La formación religiosa en la escuela» y en la que curiosamente interviene un personaje de importancia capital para la Escuela de Riotinto, el Padre Gil Varón, participación que concreta mediante una ponencia titulada «La formación litúrgica».

          Con posterioridad, en abril de 1963, Bermudo decide poner en marcha la primera Asamblea Pedagógica de la Enseñanza Profesional, encuentro que se convoca fundamentado en las aportaciones obtenidas de la realización de cuatro grandes encuestas sobre Iniciación Profesional, Formación Humana, las Enseñanzas Teóricas y el Taller. En este encuentro pedagógico es cuando se pone por primera vez de forma manifiestamente clara y documental, las exigencias de una educación centrada en valores sociales, de solidaridad y de sensibilidad hacia los problemas humanos, llegándose a concretar como propuesta curricular y didáctica el uso de métodos activos e intuitivos y la creación de una clase semanal de Información basada en la utilización por profesores y alumnos de revistas y prensa diaria.

          La quinta Asamblea Pedagógica de las Escuelas SAFA de Primaria se celebra en abril de 1964 bajo el lema «Escuela y Comunidad» y en ella se desarrollan ponencias con epígrafes que ponen de manifiesto la nueva orientación social que iban tomando los principios pedagógicos de la SAFA, así por ejemplo se ofrecieron entre otras «La formación social por la Escuela »; «El desarrollo social en Andalucía »; «El desarrollo económico de Andalucía »; «Nueva Escuela para una Nueva Era », ponencias que quedaron estructuradas en cuatro grandes bloques: la Escuela como comunidad; Escuela y comunidad familiar; la Escuela y la comunidad local y el espíritu social del magisterio.

          En la misma línea dinamizadora de la comunicación y la formación pedagógica, no hay que olvidar tampoco que Bermudo es el responsable de la convocatoria de la 6ª Asamblea de Directores de Primaria de 1961, Asamblea en la que se aprueba el Reglamento de Enseñanza Primaria de las Escuelas de la SAFA y que será un poco el embrión del gran documento educativo de los «Principios Educativos de la SAFA» aprobado en 1974. La primera parte de este reglamento de 1961 decía lo siguiente: « Hemos de educar a nuestros alumnos obreros con un legítimo orgullo de la clase social a la que pertenecen, insistiendo en aquellas virtudes propias de los trabajadores como la solidaridad, generosidad, sinceridad, etc. Formándolos en un decidido empeño de promoción obrera (Art. 6) Ha de ser distintivo de la formación en el espíritu y la sensibilidad social mediante convicciones enraizadas en las enseñanzas sociales de la iglesia y hábitos adquiridos (Art. 15) » (BERMUDO, M.; 1996: 149)

          Una vez concluido su mandato como Rector de la SAFA en 1964, nuestro personaje es nombrado Consiliario de la organización apostólica “Vanguardia Obrera”, responsabilidad que le planteó muy variados problemas y dificultades, entre otros la persecución y vigilancia de las autoridades civiles, llegando incluso a iniciarse su procesamiento por actividades ilícitas, procesamiento que fue evitado por el Cardenal Bueno Monreal (BERMUDO, M.; 1996: 239).

          Es en este interregno entre su dos mandatos como Rector, cuando el Padre Bermudo da el salto definitivo de lo que podría denominarse su conversión, en el sentido de que su compromiso con el mundo obrero se hace más firme tanto en la acción como en la reflexión: «…Manolo estuvo trabajando de obrero en los años sesenta, época en que un grupo de sacerdotes jesuitas se dedicaron a trabajar. No recuerdo la fecha, pero fue antes de 1969, entre el 64 y el 68 o 69. Él estuvo trabajando de ayudante de oficial electricista, de peón, porque él no quería ser otra cosa y eso que él podía haber estado de relaciones públicas o en la oficina porque él tenía bastante capacidad para todo eso, pero él quería ser peón, quería comprobar en sus propias carnes la experiencia obrera. No era una fábrica, era una empresa de montaje y era curioso, porque a veces íbamos a hacer cualquier tipo de reparación a  casa de un amigo de la familia y a veces se escondía para no tener que dar explicaciones. Él intentó, el tiempo que estuvo allí trabajando, hacer reuniones  familiares con los trabajadores que eran socios de la cooperativa y él siempre insistía en dar misa en el mismo centro de trabajo, la mayoría iban, pero yo ya me estaba despegando de las creencias religiosas y el tomó como militancia, conseguir hacerme volver al redil. En cambio él veía en mí, que a pesar de que yo cada día creía menos en realidad me comprometía más, y él veía que mis valores humanos no deberían de perder la fe…» [1]

          Bermudo se hace cargo por segunda del Rectorado de la SAFA el 15 de diciembre de 1968, mandato en el que realmente se gestan los grandes cambios de la Institución, en consonancia con todo el ambiente de renovación que se estaba viviendo en el país y en todo el mundo, cambios que aborda con un marcado estilo democrático y muy acorde con los nuevos aires conciliares. Un periodo especialmente significativo para el objeto de nuestro estudio, en cuanto que es en él, cuando se desarrolla la Experiencia de Reforma educativa de la Escuela Profesional SAFA de Riotinto.

          En un primer momento Bermudo decide poner en marcha todo un proceso de cambios en la organización y en la política económica en la Institución. En este periodo ya no se confía en bienhechores particulares porque siempre resultaba muy inseguro por lo que comienzan a pedirse créditos, y la misma Compañía de Jesús se implica en financiar la Institución, así por ejemplo y en 1971, la SAFA debía un total de 10.173.000 pts, débito que se saneó gracias a las subvenciones y Becas del alumnado y también a un aportación de la Compañía de 6.400.000 pts. Es a partir de esta fecha cuando comienza a valorarse que lo mejor era establecer unos seguros y buenos Conciertos con el Estado, que garantizasen la permanencia de la Obra.

          En gran medida, fue Bermudo el que procedió a racionalizar todo el conjunto de la SAFA, en cuanto que estableció un nuevo organigrama, en el que tras el Rector, se contemplaron también cuatro Responsables Generales: Formación, Económico, Relaciones Públicas y de la Familia, Responsables que busca entre profesionales especializados y con vocación de servicio a la causa social de la SAFA. De este modo se contrata a José Corbella Madueño para la Dirección General, personaje que había sido Presidente Nacional de la “Vanguardia Obrera Juvenil” y con el que crea el Departamento de Formación Humana y Social de la SAFA, y también al abogado y economista Ángel Camacho Laraña que es nombrado en 1971 Responsable General Económico.

          Con la creación del Departamento de Formación Humana y Social, cuyo responsable era Corbella se pretendía «…promover una formación humana en la SAFA, a todos los niveles, de acuerdo con el espíritu de los Evangelios y del Concilio Vaticano II que tenga en cuenta los verdaderos valores personales y sociales del hombre y las circunstancias de nuestro tiempo y del mundo en el que se integrarán los alumnos…» (BERMUDO, M.; 1996: 245), para lo cual se pone en marcha todo un vasto Plan de Formación Social y Humanística dirigido a tomar conciencia de la realidad en sus estructuras políticas, económicas e ideológicas. En la práctica este Plan se concretó en medidas como el decidido impulso de las Asociaciones de Padres de Alumnos, o en la radical transformación de la tradicional F.E.N. (Formación del Espíritu Nacional), o la nueva implantación de la asignatura de Sociología. En definitiva, todo un conjunto de acciones formativas dirigidas a estimular el desarrollo de valores democráticos y sociales y que quedaron concretadas en un documento, cuya autoría se debe a Corbella, titulado « Pedagogía social de la SAFA ».

          El 5 de enero  1969, Bermudo convoca una Asamblea General de todos los jesuitas y religiosos de la Institución en Linares y con su renovado estilo conciliar y democrático, vuelve nuevamente a hacer encuestas, en las que se cuestiona abiertamente el valor de la formación religiosa que recibían los alumnos de la SAFA, y todo con el fin de acercarla a posiciones más coherentes y comprometidas con los valores evangélicos: «…¿Nos preocupa la formación en una verdadera libertad religiosa? ¿Qué grado de compromiso religioso sacan nuestros alumnos tras su estancia con nosotros? ¿conseguimos en nuestros Centros grupos cristianos en los que se viva la fe en su dimensión comunitaria?…» (BERMUDO, M.; 1996: 248)

          En 1970 se crean en la Institución los Consejos de Centro, que aunque ya funcionaban en algunos centros desde 1966, ahora se impulsan y se hacen oficiales en todos las Escuelas SAFA, y en el mismo sentido, se consolidan institucionalmente las Asambleas Generales de Directores, las Asambleas Pedagógicas, etc, es decir todo un conjunto de acciones con las que se mejora considerablemente la comunicación, el diálogo y el necesario y fluido contacto entre la dirección SAFA, los distintos Centros y el profesorado. En este sentido y en consonancia con ese nuevo espíritu conciliar y de renovación formativa, destacaron las convivencias religiosas para los educadores, organizadas en la Yedra (Úbeda) del 1 al 3 de diciembre de 1969 y en Córdoba del 19 al 21 de abril de 1970, dirigidas por Tomás Malagón, Consiliario General de la HOAC, y en las que se desarrollaron ponencias tales como « El cristiano ante la civilización técnica »; «¿Ha fracasado históricamente el cristianismo?»; «Ascesis cristiana y sentido social»; «Compromiso temporal y estrategia militante»

          En cuanto a la promoción de reformas e innovaciones educativas hay que señalar que la nueva Ley General de Educación de 1970 fue estudiada como proyecto de Ley en todos los Claustros de la Institución, redactándose las oportunas sugerencias que fueron enviadas a la Dirección General del Ministerio. Se crearon e institucionalizaron además las Tutorías, como mecanismo de ayuda y orientación efectiva a los jóvenes, comenzándose a ensayar también en algunos centros métodos de enseñanza activa y personalizada. En este punto, se hizo un importante esfuerzo de dinamización formativa llegando a convocar cursillos de formación en los que intervino Pierre Faure, el padre de la «Educación personalizada y comunitaria». Acciones que obviamente contribuyeron de forma notable a estimular la Experiencia protagonizada por el Padre Ibáñez en la Escuela Profesional SAFA de Riotinto.

          Por último, otro dato de interés a destacar es la iniciativa de Bermudo, en noviembre de 1971, de hacer una gran encuesta sociológica en toda la Institución, encuesta que puso claramente de manifiesto el nuevo clima de cambio sociopolítico y educativo que se respiraba, en cuanto que los alumnos mayoritariamente declararon que la formación educativa y religiosa recibida estaba fundamentalmente enfocada a la transformación social; que la actividad política era una responsabilidad personal;  que las libertades democráticas eran una exigencia básica de derechos humanos y que sus opciones políticas orientaban hacia posicionamientos de izquierda. (BERMUDO, M.; 1996: 253 y 254).

          Todo esta pequeña muestra del extraordinario impulso de renovación que Bermudo supo imprimir a la SAFA, no estaría completa si no añadiésemos también que nuestro personaje no solamente estuvo comprometido con el mundo obrero y el mundo educativo, sino que también se convirtió en todo un intelectual, profundo conocedor del marxismo que había estudiado en París en la École Normale Supérieur, y en la que recibió clases de profesores de la talla de Luis Althuser y con el que mantenía correspondencia. Concretamente y en noviembre de 1976, cuando ejercía como profesor de Teología y Sociología en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, recibió una carta de Althuser en relación a la crítica marxista a la religión[2]. Y en el mismo sentido tampoco puede olvidarse que Bermudo fue autor de la conocida obra «Antología sistemática de Marx» editada en Salamanca por Sígueme en 1982.

          Pero además de esta triple faceta social, educativa e intelectual que combinaba con una profunda e insobornable vocación religiosa, hay que decir que el Padre Bermudo fue un tenaz defensor de las libertades democráticas y de los derechos humanos que adoptó un posicionamiento sociopolítico de alto riesgo en aquellos años, posicionamiento que le granjeó una importante desconfianza en la propia SAFA[3], así como variadas dificultades con el régimen franquista, pero con el que sin embargo supo mantener la suficiente distancia como para hacer la doble tarea de mantener la SAFA con subvenciones oficiales, pero al mismo tiempo convertirla en un semillero de demócratas y sindicalistas.

          Así por ejemplo, los que lo conocieron íntimamente lo recuerdan como el cura impulsor del movimiento obrero en Sevilla, como uno de los fundadores del nuevo tipo de sindicalismo representado por las Comisiones Obreras e incluso como afiliado del Partido Comunista de España : «… Hay que tener en cuenta que cuando constituimos Comisiones Obreras de Andalucía, que se constituye en casa de D. Adolfo Cuéllar en la C/ Harinas en 1967, Manuel Bermudo estuvo siempre facilitando locales de reunión. Donde él ha estado ha sido siempre un hombre de CC. OO. Él iba a las asambleas de Comisiones Obreras cuando estaba en Sevilla. Yo creo que Manolo era comunista, y aunque tenía mucha preocupación de que su familia no entendiera su compromiso, estuvo afiliado al Partido Comunista de España (PCE), porque yo mismo le entregué el carné. Era miembro de la Junta Democrática de España, participó como persona comprometida. En las reuniones del PCE, él intentaba catequizar a los comunistas, porque él era ante todo un defensor a ultranza de la familia jesuita, no renunció nunca a su fe e incluso cuando estudió marxismo en París con Althuser. A nivel humano, era en primer lugar un hombre entregado a la Compañía de Jesús, o digamos primero a Dios, a su creencia religiosa, creencia que no tenía ningún atisbo de duda y en la que jamás dio un paso atrás...» [4]

[1]     Declaraciones realizadas por Francisco Velasco Sánchez. Secretario General de la Confederación General de Empresas Pequeñas y Autónomos de Sevilla. Entrevista realizada el 27 de septiembre de 2001.

[2]     Esta carta fue publicada en el diario “El País” el 2 de enero de 1981.

[3]     El 5 de junio de 1976, José María Benavides, benefactor permanente de la Fundación SAFA, miembro de la Junta de Gobierno del Patronato y responsable de todas las relaciones públicas, decía de Bermudo lo siguiente: « El Padre Bermudo introdujo en su segundo Rectorado, con gente de fuera y contando con la ingenuidad de algún que otro religioso jesuita, una ideología marxistoide mal digerida y peor interpretada que en algunos centros grandes, como Úbeda, está produciendo un auténtico desconcierto» (BERMUDO, M.; 1996: 271)

[4]     Declaraciones realizadas por Francisco Velasco Sánchez. Secretario General de la Confederación General de Empresas Pequeñas y Autónomos de Sevilla. Entrevista realizada el 27 de septiembre de 2001.

8.4.- LOS NUEVOS PRINCIPIOS EDUCATIVOS

«Según el espíritu del Evangelio, el alumno debe sentirse solidario con “los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de los pobres y de cuantos sufren”[1] y despertarse a una sensibilidad que le saque del egoísmo y le invite a una acción liberadora en favor de los débiles.»

Principio Educativo Nº 24. SAFA.1974.

          Todo el gran conjunto de innovaciones que en los Rectorados del Padre Bermudo se habían desarrollado fueron la expresión, en la Institución SAFA, de toda una década de transformaciones económicas, sociales, culturales y religiosas, tanto a nivel nacional como internacional, por lo que casi de una manera lógica se tradujeron en una fuerte motivación pedagógica reformadora, no solamente en los Centros Educativos de la Compañía de Jesús, sino también en los Centros Estatales.

          Los que tuvimos la satisfacción de vivir aquellos años del 2º Rectorado de Bermudo en una Escuela Normal de Magisterio y en Centros de Primaria estatales, pudimos comprobar que todo aquel gran movimiento de renovación pedagógica fue en realidad la expresión de una gran crisis de desarrollo cultural y educativo, cuyo horizonte iba mucho más allá de lo estrictamente pedagógico puesto que se dirigía en realidad a reivindicar y a construir un nuevo modelo de sociedad basada en principios y estructuras democráticas de convivencia.

          El movimiento estudiantil universitario español de la década de los sesenta; el crecimiento imparable de lucha política y social organizada y hasta el vertiginoso desarrollo de todo tipo de movimientos culturales y ciudadanos, ponían de manifiesto la existencia de una convicción común: la de considerar la educación como la palanca más potente para el improrrogable cambio social y político que España demandaba. Por tanto, los métodos activos de la educación personalizada; las asambleas de clase y de centro; las escuelas de verano; los movimientos de renovación pedagógica; las plataformas para una alternativa democrática a la enseñanza; el nacimiento de aquellos primeros sindicatos asamblearios; la existencia de asociaciones de vecinos en la gran mayoría de los barrios obreros, asociaciones que contaban siempre con su comisión de enseñanza; la puesta en circulación de numerosos textos, libros, revistas, clandestinos unos y legales otros, en los que podíamos formarnos en nuevas estrategias de intervención social, política y cultural,  así como las incontables iniciativas de cursos, jornadas, encuentros, muchos de ellos promovidos por centros religiosos y dirigidos a estudiar nuevas metodologías como las de Paulo Freire, Celestin Freinet o Pierre Faure, ponían claramente de manifiesto que la dirección del cambio educativo, no era estrictamente escolar o académica, sino educativa y política al mismo tiempo, en el doble sentido de construir nuevas actitudes, de construir un nuevo modelo de ser humano, a la vez que se ponían los cimientos de nuevas estructuras políticas  y sociales más justas y democráticas.

          Vista desde hoy, la educación personalizada y los métodos activos, podrían considerarse como pasados de moda, sin embargo y como también el mismo Bermudo nos ha mostrado con su empeño renovador, cuando unos principios educativos se encarnan de tal manera en la actividad de profesores y alumnos, de forma que consiguen estructurar su personalidad disponiéndolos permanentemente para buscar, aprender, cooperar, participar, intervenir en los procesos sociales o sencillamente preparándolos para ser y vivir como personas, entonces no puede hablarse de que esos principios y los métodos que de ellos se derivan sean una moda pasajera, sino más bien los pilares que deberían a nuestro juicio fundamentar toda práctica educativa que se precie. Y es por esta razón, por la que los 46 números de los Principios Educativos de la SAFA que fueron aprobados el 5 de noviembre de 1974, son algo muchísimo más profundo que la expresión concreta de un momento histórico, en cuanto que apuntan a concepciones educativas estratégicas, tremendamente útiles en una época de crisis y desorientación de valores humanos como la actual.

          Estos nuevos Principios Educativos de la SAFA de 1974, obra de Bermudo y de las Comisiones Ideológicas de la Compañía y del personal de la SAFA, son además de la expresión de una concepción cristiana del ser humano, la síntesis de todo un conjunto de experiencias y reflexiones educativas que se desarrollaron en aquellos años y especialmente son el fiel reflejo, como veremos más adelante, de las que el grupo de profesores que protagonizó la Experiencia de Riotinto desarrolló en a lo largo del primer año de la misma, en el curso escolar 1970-1971, Principios por otra parte que aunque conservan las raíces profundas de la Institución dan un giro importantísimo a las concepciones y estrategias educativas dominantes y mayoritarias en la SAFA anteriores a 1969.

          Básicamente, estos Principios instauran todo un proceso de renovación y consolidación jurídica e ideológica de la SAFA, proceso que da lugar al desarrollo de una clarísima y fuerte apuesta por un modelo educativo más coherente y evangélico y sobre todo más acorde con las necesidades sociales y con las nuevas aportaciones que surgen de la década de los sesenta y de la propia Educación Personalizada de inspiración ignaciana, pero sin perder el carácter fundacional de opción por las clases obreras y populares que otorga identidad a toda la Institución.

          De los Principios Educativos del Ideario Pedagógico de la SAFA, y a los efectos de comprender globalmente la aportación social y pedagógica que la Escuela Profesional de Riotinto y la Experiencia de Reforma Educativa que en ella se desarrolló, habría que destacar, dado su valor y vigencia, los siguientes:

  1. Educación integral, personalizada y popular. Opción preferencial por las clases populares, «…preferencia por los alumnos de las clases populares necesitadas. Ningún alumno será excluido de nuestras enseñanzas por falta de medios económicos…» (Principio 1 y 38) dirigida no solamente a la capacitación técnica o a la mera instrucción, sino al desarrollo integral de la personalidad en la perspectiva de la inserción activa en la sociedad (Principio 1). Educación y formación entendidas como proceso continuo de desarrollo dirigido a la realización de la propia vocaciónpersonal (Principio 2). Formación en el respeto y la estimulación de los valores de la juventud y acorde con los cambios sociales e históricos: formación propiciadora de cambios (Principio 3).
  2. Educación en valores. Formación integral y en profundidad dirigida al ejercicio de la responsabilidad personal social y comunitaria, orientada a la asunción de compromisos y obligaciones que surjan de las propias convicciones y motivaciones internas (Principios 4 y 7). Educación para el aprendizaje y el ejercicio de la libertad para la adquisición «…de una capacidad crítica ante las personas, los acontecimientos y una defensa interior ante el autoritarismo y las coacciones impuestas por el ambiente o por la sociedad… » (Principio 5). Educación para la autenticidad, la sinceridad y la coherencia, para el acortamiento de las distancias entre pensamientos, palabras y obras «…El alumno SAFAdebe no disociar su pensamiento de su palabra y de su conducta…» (Principio 6). Educación para el descubrimiento y adquisición de valores auténticos «…la verdad, la justicia, el amor, la libertad, la paz…» así como para el respeto y conservación de los valores populares (Principio 8). Educación global e integradora de las distintas dimensiones y aspectos de la cultura técnica y de la cultura humanista, en la perspectiva de una formación continua y permanente (Principio 9).
  3. Educación cristiana. Educación dirigida a formar cristianos que den testimonio (Principio 10), pero siempre ofrecida en un espíritu de libertad y de aceptación responsable de la fe capaz de hacer posible la transformación de la «…fe sociológica y rutinaria en personal y permanente.» (Principios 11 y 12). Educación basada en la consideración de que «…la fe cristiana ha de traducirse en un compromiso humano de entrega a los demás y de configuración del mundo en estructuras justas…» (Principio 13).
  4. Formación integral y personalizada. Dirigida al desarrollo de todas las potencialidades y dimensiones de la persona: físico-deportiva, psico-sexual, afectiva, artística, expresiva, del ocio, de la creatividad, de las relaciones interpersonales, de las capacidades manuales (Principio 16 y 17), de las capacidades intelectuales «…La SAFAha de pretender el desarrollo de una inteligencia armónica, crítica y profunda, que supere todo memorismo. Para ello se fomentará la enseñanza activa el estudio personal y la formación del juicio valorativo. El alumno debe ser capaz de aprender y juzgar por sí mismo…» (Principio 18) y sobre teniendo en cuenta que debe atender a la diversidad de capacidades y por tanto, en cada alumno «…ayudarle a descubrir sus valores personales y la posibilidad de hacerlos rendir al máximo en su propia realización al servicio de los demás.» (Principio 19).
  5. Educación social, liberadora y para los derechos humanos. Dirigida a desarrollar actitudes solidarias y de servicio mediante «…la ayuda desinteresada a los compañeros, a la propia institución educativa y a la población donde está enclavado el Centro…» (Principio 21) así como una educación centrada en el amor al prójimo lo cual requiere, además de «una entrega a ideales de justicia» la capacidad crítica necesaria para que los alumnos puedan juzgar «…las estructuras sociales y la necesidad de que éstas sean justas, humanas y eficaces…» tomando conciencia de su «responsabilidad como miembro de la sociedad, de la mejora y cambio de la misma aun con riesgosa y sacrificios personales» (Principio 22). Una educación en suma dirigida a promover «…la realización social de una mayor igualdad humana y el ejercicio de las libertades individuales y sociales, la aplicación del código de los derechos humanos, la mayor democratización… y la no manipulación del hombre por la sociedad y el Estado» (Principio 23) pero sobre todo orientada a despertar en el alumnado «…a una sensibilidad que le saque del egoísmo y le invite a una acción liberadora a favor de los débiles. ».
  6. Formación institucionalizada, participativa, justa y abierta. Basada en la coherencia y en la prefiguración en la propia institución del modelo anunciado, con «una estructura educativa cuya organización y estilo de convivencia deberá reflejar ante el alumnado el ideal de una recta organización social…» (Principio 28). Abierta a la participación de todos los sectores tanto en la misión educativa como en el gobierno de los Centros (Principios 29-36). Orientada por la justicia en sus relaciones humanas y laborales y abierta a la sociedad, «…a los movimientos culturales de nuestra época.» y especialmente a la comunidad local (Principios 37-45).

[1]     Concilio Vaticano II. Constitución pastoral sobre La Iglesia y el mundo actual n.1.

8.5.- CONCLUSIONES

        Lo más importante a destacar en cuanto a la contextualización de nuestra Experiencia reside en el hecho de que la Escuela Profesional SAFA de Riotinto no era una isla, no se trataba de un Centro educativo que actuaba con independencia y autonomía de la estructura y finalidades generales de la Institución SAFA, sino que formaba parte integrante de la misma, participando obviamente de toda su organización y alimentándose del clima de renovación que se había generado en el 2º Rectorado de Bermundo.

          Lo que en Riotinto se hizo, al margen de las singularidades que más adelante mostraremos, no puede calificarse como una aventura de un grupo de profesores independientes, ni tampoco de un acontecimiento aislado, sino que por el contrario, tanto los fundamentos como la iniciativa fueron el resultado del amparo y el estímulo de la propia SAFA, en cuanto que ella misma era la que estaba muy interesada en la renovación de los métodos y estrategias didácticas con el fin de hacer más visible y coherente la orientación educativa obrera y social que se pretendía imprimir y que constituían las señas de identidad más genuinas y originales de la Institución.

          En el periodo de tiempo comprendido entre 1968 y 1974 y que corresponde al 2ª Rectorado de Bermudo, es en el que se producen en la SAFA todo un cúmulo de transformaciones pedagógicas que giran en torno a la Educación Personalizada y Comunitaria del Padre, también jesuita, Pierre Faure y que poseen una fuerte orientación en valores sociales y del mundo obrero que impregnará al conjunto de toda la Institución de tal forma que al mismo tiempo que en Riotinto se lleva a cabo la Experiencia, en otros Centros de la SAFA también se están aplicando medidas pedagógicas innovadoras de Educación Personalizada aunque cada una con sus propias singularidades.

          Así por ejemplo, desde Úbeda, el Centro matriz de toda la Institución se promueve y aplican procedimientos que cambian por completo la naturaleza de los procesos educativos, especialmente en relación a los efectos que producían en la conciencia y en las actitudes sociopolíticas de los alumnos de Formación Profesional, la existencia de asignaturas como Sociología y Formación del Espíritu Nacional, materia esta última que fue cambiada completamente de finalidad, de metodología y de orientación, como más adelante podremos comprobar en el caso de Riotinto. Y en igual sentido, experiencias similares se producían también en Linares, Centro en el que a comienzos de 1971, al mismo tiempo que se hacían Jornadas de Convivencia religiosa dirigidas por Tomás Malagón, antiguo Consiliario Nacional de la HOAC, se desarrollaban también Cursillos de Eneñanza Personalizada.

          Aunque con matices y diferencias individuales para cada Centro, prácticamente todas las Escuelas de la SAFA en aquel periodo eran un auténtico hervidero de renovación religiosa e innovación pedagógica en el que el objetivo central consistía en la construcción de una mayor coherencia personal de fidelidad a los valores centrales de solidaridad y fraternidad evangélicas. La iniciativas de Úbeda, Linares, de Alcalá la Real, Baena, Écija y sobre todo la actitud de apoyo y estímulo de lo que en Riotinto se hacía, nos hacen pensar que aquello no fue solamente un hecho aislado e independiente de la SAFA, de lo que es prueba también el Cursillo de Formación que el equipo de la SAFA de Riotinto impartió en agosto de 1972 en Burgos para todo el profesorado de la Institución y los propios testimonios del profesorado: «…todos teníamos por encima una empresa que nos apoyaba, la SAFA y un Miguel Ángel que nos decía “queremos renovación”…» (LAMPAYA LATORRE, M.C.; 2000)

          En este último sentido hay que señalar también que al igual que la propia SAFA se consolida y avanza en su renovación religiosa, pedagógica y social gracias al empuje de personas carismáticas, decididas, llenas de firmeza, coraje y pasión como Villoslada o Bermudo, no hay tampoco dudas de que sustancialmente y con el mismo espíritu, será también una persona la que asuma el riesgo de impulsar y poner en marcha la Experiencia: el Padre Miguel Ángel Ibáñez, con lo cual se pone de manifiesto, a pesar de las veladas críticas que el propio Bermudo hace en su obra de él, que en Riotinto no se hizo más que concretar y hacer visible todo el clima de renovación que había sido puesto en marcha y que ya comenzaba a formar parte de un nuevo estilo educativo en la SAFA.

          Por todo esto y dado el carácter de solidaridad obrera, de conciencia y sensibilidad social y de innovación pedagógica que existía en la SAFA, siempre en tensión obviamente con las corrientes religiosas y educativas tradicionales, no tiene nada de extraño que se produjeran conflictos, como el ocurrido entre la SAFA y la Empresa “Metalúrgica SANTANA” de Linares o con la Empresa minera de Riotinto (UERT) que daría lugar a la terminación de la Experiencia. De hecho, los líderes sindicales y del movimiento obrero de estas empresas fueron precisamente alumnos de la SAFA que había sido educados en esos principios educativos de pedagogía social y compromiso a los que hemos hecho mención, líderes que serían con posterioridad militantes destacados de organizaciones y partidos políticos de izquierda, porque en la SAFA, en aquel periodo podría decirse que se hacía una pedagogía de izquierda «…en la que se daban valores de compartir, de responsabilidad, de respeto al individuo, de socialización y estos son valores de toda la izquierda, pero nunca patrimonio de ningún partido…» (LAMPAYA LATORRE, M.C.; 2000)

          Por último tampoco puede olvidarse que lo ocurrido en la SAFA en aquel periodo del 2º Rectorado de Bermudo (1968-1974) forma parte también de un movimiento general de renovación educativa que se extiende por todo el país y que consecuentemente no sólo se instala en la SAFA, sino que es ella misma también la que decididamente lo impulsa, aunque no sin las tensiones propias generadas por las resistencias al cambio. Un movimiento general de renovación educativa del que nosotros mismos fuimos testigos y que fructificó como consecuencia al menos de cuatro factores generales: los cambios socioeconómicos y culturales de la década de los sesenta; los nuevos planteamientos pedagógicos surgidos a raíz de la Ley General de Educación que cambiaría también la estructura de todo el sistema educativo; los nuevos tiempos de exigencias democráticas y de desarrollo del movimiento obrero y la renovación religiosa surgida a partir del Concilio Vaticano II.

          Dicho de forma resumida: lo sucedido en la SAFA de Riotinto, no fue únicamente un producto genuino de la condiciones históricas, sociales y biográficas del contexto de la cuenca minera, sino también de la Institución SAFA. La Experiencia de Reforma educativa allí desarrollada es sobre todo hija de la SAFA, se debe sin duda a sus protagonistas, pero se fundamenta, apoya y legitima en la Institución SAFA, a pesar de que algunos dirigentes de la misma no hubiesen preferido llegar tan lejos. Y en esta medida hay que reconocer también el mérito de una Institución, que en unos tiempos de dictadura, supo no solamente adaptarse a las nuevas circunstancias sociales surgidas en la década de los sesenta, sino sobre todo sacar provecho y utilidad a las facilidades que tenían de las autoridades gubernamentales, para promover un educación enraizada en valores profundamente humanos y que llevados a sus últimas consecuencias pondrían en cuestión la situación sociopolítica de falta de represión y libertades y en esta medida la SAFA también jugó un papel muy importante en la promoción, no solamente de actitudes democráticas sino de personas comprometidas en la lucha por las libertades políticas y sindicales.

          No vamos a negar que hubo contradicciones y que una vez iniciada la transición, tras la muerte de Franco y legalizados todos los partidos políticos en 1977, los dirigentes de la SAFA en el intento de evitar conflictos y de preservar de alguna manera su independencia, llegan a cuestionar lo realizado en el periodo 1968-1974 e incluso se despide improcedentemente a un profesor por haberse presentado a candidato a diputado en las listas del Partido Comunista de España para las elecciones de 1977, como fue el caso de José María Arranz (“Chema”) profesor destacado en el impulso y el desarrollo de la Experiencia de Riotinto, y sin embargo todo lo sucedido en la SAFA en aquel periodo del 2ª Rectorado de Bermudo y en relación a la renovación religiosa y educativa, explica en gran parte el hecho de que la Experiencia de Riotinto se iniciara, ya que sin la SAFA de aquellos años hubiese sido imposible.

8.6.- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS EDUCATIVOS

BERMUDO DE LA ROSA, Manuel. (1996). SAFA, medio siglo de educación popular en Andalucía. Historia de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. 1940-1990. Universidad de Jaén-Ediciones Octaedro. Barcelona.

LAMPAYA LATORRE, M. C. (2000) Entrevista. Sevilla, 1 de febrero de 2000.

SAFA (1974) Principios Educativos. SAFA. Úbeda.

VELASCO SÁNCHEZ, F. (2001) Entrevista. Sevilla,  27 de septiembre de 2001.