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Haciendo Memoria

HACIENDO MEMORIA: sumario
1.- La memoria se hace 2.- Memoria del corazón 3.- La Memoria Histórica y Democrática 4.- Recononocer y agradecer 5.- La Memoria Histórica es algo del presente 6.- ¿Qué es entonces “hacer memoria?
7.- Responsabilidad social compartida 7.1.- Programas municipales 7.2.- Fomentar la cultura ética y democrática 7.3.- Reivindicar el laicismo 7.4.- Reivindicar testimonios de valores encarnados 8.- Memoria que denuncia y anuncia
© JMBN. 03.06.2020

«La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido (…) Tener conciencia de un acto no es pensarlo sino sentirlo..

MILAN KUNDERA

1.- La Memoria se hace

Sin duda alguna, la Memoria sin el conocimiento carece de soporte y fundamento. La Memoria sin datos contrastados y verificados no puede sostenerse y corre siempre el riesgo de ser tergiversada, distorsionada, manipulada y patrimo­nializada. La Memoria exige pues investigación, rigor, documentación, prue­bas y datos de hechos contrastados. Pero, aun así, aun siendo esta Memoria imprescindible, a los humanos nos resulta totalmente insuficiente.

        Ni información, ni datos, ni ideas, son suficientes para desarrollarnos plenamente como humanos. Aquel viejo “Cogito ergo sum” de Descartes que nos hizo creer que bastaba con ser capaz de pensar para dar noticia de nuestra humanidad es desde hace mucho tiempo inservible para explicar la complejidad de nuestra condición humana. No basta con pensar racionalmente un hecho y tratar de buscarle explicaciones a base de supuestas leyes sociales inexorables. Hay necesariamente que ir más allá y comprender que además de racionales, o mejor, al mismo tiempo, somos seres emocionales, sociales, prosaicos y poéticos, apolíneos y dionisíacos, angelicales y demoníacos, individualistas y solidarios.

        Estamos hechos de dicotomías, errores. contradicciones pero si hay algo que nos salva como diría Ernesto Sabato, es el amor y sobre todo las mujeres. Por eso “hacer memoria histórica y democrática” no es solo recordar y verificar hechos mediante pruebas, testimonios y documentos, es sobre todo comprender que por debajo de esos hechos hay siempre un corazón que siente y una convicción que apuesta, arriesga e incluso da la vida por un ideal de valores éticos. Pero además entender, que los hechos humanos, no solo son producto de la cabeza y del corazón, sino también de un contexto social e histórico que condiciona, enmarca, situa e incluso dispara la emergencia de esos hechos.

        Todo esto, explica que “hacer memoria histórica y democrática” no solo sirve para conocer la verdad, sino también para hacer resplandecer la justicia y activar así nuestra responsabi­lidad social e individual en la transformación y mejora de nuestras condiciones materiales de existencia.

2.- Memoria del corazón

        Hay pues otras Memorias que van siempre mucho más allá y se sitúan por debajo de los hechos, anécdotas, circunstancias y datos. En nuestra condición humana no todo es lógica, razón, conocimiento y verdad. No somos seres puramente racionales y aunque esto ya lo sabemos, es bueno recordar y “Hacer Memoria” de que somos también seres sintientes. Seres que se alegran y entristecen; que se regocijan y se duelen; que se indignan y se rebelan; que se acomodan y se asustan, pero seres también capaces de crear y desarrollar afecto, cariño, amistad, amor y proyectos de desarrollo personal y social. Hay pues una Memoria del “Pathos” o del Corazón, porque no todo es “Logos” o Razón y es que una Razón sin Corazón, no es solamente una Razón incompleta, sino que es también una Razón profunda y cruelmente inhumana.

        Hoy está muy de moda hablar del corazón y de la necesidad de prestar atención a nuestros sentimientos. En todos los medios de comunicación el éxito de los “programas del corazón” es cada vez mayor y no hay día que pase sin que la televisión no haya mostrado la descarnada desnudez de las emociones más primarias y las reacciones sentimentales más pueriles e incontroladas. Hasta incluso los procesos y campañas electorales se ven inmersos en una vorágine de primitivismo emocional y maniqueo sustentado en argumentarios llenos de mensa­jes simplistas y estúpidos con el fin de que el electorado se deje llevar por impulsos momentáneos de simpatía o antipatía hacía los líderes. Pareciera como si de pronto, del orbe cultural occidental hubiesen desa­pa­re­cido la razón, el análisis lógico, la reflexión consciente y pau­sada sobre nuestra conducta, para dar paso a la improvisación, la espontaneidad, la estupidez, la superchería y la sensiblería más infantil y todo ello adornado con las más excéntricas creencias acerca de nues­tro origen, destino y misión.

        Sin embargo, acudir a la llamada del corazón y “Hacer Memoria” a partir de esa llamada, no es encerrarse en el capa­razón de la intimidad para regocijarnos o lamentar las satisfacciones o insatisfacciones que la vida nos ha dado, ni mucho menos seguir los frenéticos impulsos de una mente excitada que se desconoce a sí misma, como tampoco ejercer de cirujano para analizar científica­mente nuestras heridas emocionales. “Hacer Memoria”, no solo desde la razón, sino sobre todo desde el corazón es sin duda, algo muchísimo más profundo y complejo que todo eso.

        Me lo dijo un día el prestigioso teólogo brasileño Leonardo Boff en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle aquí en Sevilla: «…Lo primero que debemos tener es corazón, tener sensibilidad, tener capacidad de afectar y de sentirse afectado. Hoy se dice que está todo en Internet, que está todo en la computadora, pero no es cierto, por­que la computadora no puede extender el brazo y consolarnos, ni enju­gar nuestras lágrimas, pero yo puedo hacerlo, puedo tener sensi­bilidad, sentir con el otro. Hoy existen las venganzas, el terrorismo, el fundamentalismo: las personas no tienen corazón. Pero lo que más importa es la cordialidad, la ternura y la amorosidad, esa capacidad de sentir el latido del corazón del otro y acompasarse a él para sentir esa sintonía, para que se cree esa sintonía fantástica de mentes y es­píritus en la construcción de una humanidad más rica, de una nueva humanidad. Y es que el lugar de los valores, el lugar de donde nace la ética no es la razón, es el afecto, es el corazón, el corazón como el cen­tro del ser humano, el centro que unifica el espíritu, la mente, el cuerpo, el corazón que siente y vibra, sufre, ama. Para mí el corazón es una categoría central de la ética. Creo que eso hace mucha falta hoy en el mundo porque no hay cordialidad, no hay ternura, por eso hay que reinventar la ética, no desde las tradiciones éticas de los griegos o desde los orientales sino de lo que es lo más profundo del ser humano (…) No basta tener una jerarquía de valores, sino lo que me mueve a vivir esos valores, ahí está el corazón que es el motor principal de la ética…»

3.- Memoria Histórica y Democrática en España

        Es evidente, que a pesar de que la Ley 52/2007 de Memo­ria Histórica fue a mi juicio una Ley de mínimos muy condicionada por un alterado ambiente social en el que la Iglesia Católica puso en marcha una de las mayores ofensivas contra un gobierno legítimo en este siglo, aquella Ley fue un importante avance.

        Fue gracias a esa Ley del Gobierno Zapatero, el que hoy sepamos que existen 2382 fosas comunes identificadas por el Ministerio de Justicia, lo que coloca a España en el 2º país del mundo, después de Camboya, en mayor número de desaparecidos y de fosas comunes. Y es evidente por otra parte, independientemente de que se discrepe o no con algunos aspectos de su articulado, o con su estructura legal y de desarrollo, que la Ley 2/2017 de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía es un avance importantísimo, cuando además ha permitido poner en marcha diversas acciones de coordinación y compromiso entre las diversas Co­munidades Autónomas en relación con el tema memorialista y todo lo que conlleva. Avance al que desgraciadamente ya se ha puesto el freno y el bloqueo por el actual gobierno de derechas que salió adelante por el pacto del Partido Popular, Ciudadanos y Vox.

        En este punto soy de la opinión que el Movimiento Memorialista, por su carácter fundado en los principios de Verdad, Justicia y Reparación y dado los extraordinarios y costosos esfuerzos realizados para identificar y localizar fosas, exhumar víctimas, darles honrosa sepultura, acompañar a sus familiares, no ha tenido tal vez todavía el suficiente sosiego y la suficiente coordinación para entender y diferenciar que Recuperar la Memoria no es exactamente lo mismo que “Hacer Memoria”, aunque evidentemente sean funciones inseparables.

        Para el que escribe esto, “Hacer Memoria” es ahondar en las raíces más profundas de nuestra cultura social, política, ideológica, económica e incluso antropológica y psicológica con objeto de tratar de explicar, comprender y contextualizar los hechos que han producido estas tragedias que han impactado en la conciencia de todas las personas que las sufrieron. No basta por ello a mi juicio, aunque se hubiesen exhumado todas las fosas, se hubiesen resuelto todas las demandas de entierros dignos para las víctimas o se les hubiesen concedido todos los honores por su compromiso de lealtad con la IIª República y por la conquista de las Libertades, cerrar el ciclo y terminar definitivamente con este asunto. De lo que se trata es de hacer posible y visible que estas tragedias no vuelvan a suceder y en esta tarea creo que hay que estar permanentemente vigilantes, comprometidos y en permanente acción. Por eso entiendo que, a los tres principios de Verdad, Justicia y Reparación, hay que añadirle de forma transversal e inseparable, el de No-Repetición, que es además el complemento indispensable de toda Reparación.

4.- Reconocer y agradecer

        Es indudable que recuperar y hacer Memoria Histórica y Democrática son antes que nada actividades cuyo objeto es reconocer con gratitud que somos hijos de las generaciones que nos precedieron y que éstas, no sólo nos legaron cultura y formas de vida, sino sobre todo valores imperecederos que hay que mantener y desarrollar. Y es que los seres humanos somos seres de memoria. Sin memoria no podemos aprender. Sin memoria no podemos corregir nuestros errores. Sin memoria, en suma, no podemos avanzar, desarrollarnos y progresar personal y colectivamente. Es necesario pues “Hacer Memoria” para rescatar la verdad, porque solamente la verdad nos hace libres. Pero además es necesario “Hacer Memoria” desde el corazón para agradecer, porque el agradecimiento es en realidad un acto de reconocimiento y de bondad que sienta las bases de la reparación y abre las puertas a la justicia.

        “Hacer Memoria” es entonces reconocer y agradecer sabiendo que los humanos recordamos y aprendemos a partir de las experiencias del corazón, a partir del cariño, los afectos, la amistad, el amor y los buenos sentimientos. Y es esta cualidad afectiva y social, la que nos permite afrontar el difícil trago de las frustraciones, del dolor o del sufrimiento, siendo capaces misteriosamente, de convertir las dificultades en posibilidades.

        El odio, el rencor, el resentimiento o cualquier recuerdo basado en la revancha, la venganza y la violencia, solamente puede conducirnos a nuestra propia destrucción. O también: la crispación, el pensamiento reactivo, la manipulación o exaltación de emociones negativas, la simplificación, la mentira, la exageración, el insulto o la agresión verbal y en general todos aquellos procedimientos que fomenten el odio, la venganza o la ira, no pueden en ningún caso crear climas de convivencia pacífica y democrática.

5.- La Memoria Histórica es algo del presente

        Lamentablemente esto es algo no solamente del pasado, sino también del presente y que podemos comprobar en el comportamiento irresponsable, ignorante, estúpido y lleno de rabia de muchos de los líderes políticos actuales. Ahí están por ejemplo Donald Trump, Jair Bolsonaro o los nuevos líderes de la derecha política española que anuncian y proclaman el infierno si no son ellos los que señalan lo que es o no es democrático y/o constitucional. Por cierto, nunca antes en la reciente historia de España, salvo en aquellos tiempos del golpismo guerracivilista y del “Por el Imperio hacia Dios“, habíamos visto una alianza de las fuerzas políticas de derechas de tal calibre, que amparándose en un españolismo de banderita y pandereta, pretenden retrotraernos a aquel siglo XX atravesado por una tragedia que si debemos recordar, es para que hagamos todo lo posible por evitar fracturas sociales, conflictos de convivencia y arengas para consumo de gregarios, exaltados e irreconciliables.

        De lo que no existe ninguna duda, como así nos enseña la Gran Maestra que es la Historia, es que los pueblos que, con los cambios de regímenes y sistemas políticos, o con los cambios legítimos y legales de gobiernos, permanecen instalados en el rencor y en la venganza, abandonan consciente o inconscientemente la meta principal que se persigue cuando intentan transformar la sociedad y mejorar sus condiciones de vida, que no es otra que la de promover e impulsar formas de convivencia pacífica y democrática.

        El establecimiento de la soberanía popular, así como la consolidación y el avance de un Sistema Político basado en la Libertad, la Justicia Social y los Derechos Humanos Universales, nunca puede, ni podrá hacerse sin el concurso de la magnanimidad, la generosidad, la ecuanimidad, la misericordia y la compasión, cualidades o virtudes todas ellas que nacen, se alimentan y se desarrollan en y a partir del corazón humano que es el lugar central de la ética como dice Leonardo Boff. Por eso, nos corresponde a nosotros, ciudadanos y ciudadanas de diferentes generaciones de españoles, hacer todo lo posible por reconocer nuestras heridas, pero no para hurgar en ellas utilizándolas, patrimonializándolas o usándolas como un arma arrojadiza contra el adversario político, sino por el contrario, para cauterizarlas, cerrarlas y cicatrizarlas definitivamente mediante el reconocimiento de la verdad, la práctica de la justicia, la dignificación de las víctimas, la reparación de lo que podamos reparar y el compromiso individual y colectivo firme por la no-repetición. Este es el único camino que nos puede conducir a una auténtica y coherente reconciliación.

        Esta es la razón fundamental que refuta el extendido pensamiento erróneo de los que creen que “Hacer Memoria” es remover viejas heridas que deben ser ocultadas para garantizar la paz o la concordia. Ni la paz, ni tampoco la concordia, pueden ser el fruto del silencio, el ocultamiento, el miedo, la mentira, la injusticia y el olvido. La paz no es un valor pasivo, acomodaticio y alejado de nuestra vida cotidiana. Por el contrario, la paz es un valor activo que no teme al conflicto, sino que lo afronta como algo natural de la condición humana y por tanto no es un ideal abstracto y lejano, sino concreto y cercano que se construye en cada instante y que emerge siempre como consecuencia del reconocimiento de la verdad y del ejercicio de la justicia. Por eso, en estos tiempos de paz, democracia y libertad, recordar a nuestras familias, a nuestros amigos y a todas aquellas personas que dieron su vida defendiendo unos valores que son los que nos permiten hoy tener una Constitución basada en el respeto a los Derechos Humanos y en la soberanía popular, no solamente es un acto de justicia y de restitución, sino también un solemne compromiso de reconciliación, tolerancia, convivencia y paz.

6.- ¿Qué es entonces “hacer memoria“?

¿En qué consiste pues esta nueva dimensión de “Hacer Memoria”? ¿Es posible ir más allá de lo que es el recuerdo, la recuperación y el reconocimiento de los hechos del pasado?

        La clave de esta dimensión activa de la Memoria Histórica y Democrática, particularmente la entiendo en el sentido de garantizar por todos los medios a nuestro alcance, que existan condiciones objetivas y subjetivas que impidan de una otra forma, que estas tragedias no vuelvan a repetirse jamás. Y es que, si nuestra Historia sirve para algo, debe servirnos al menos para no cometer los mismos errores que cometimos en el pasado a pesar de que sepamos que los seres humanos somos los únicos que tropezamos dos o más veces en la misma piedra.

        Esta es la razón más sólida que puedo ofrecer para oponerme radicalmente a toda esa crispación llena de rabia, rencor y resentimiento en la que los partidos de la derecha extrema y de la extrema derecha de nuestro país (PP y VOX) continúan intentando sumergirnos a base de mentiras, simplezas y loas a un supuesto orgullo patrio que disculpa y justifica la corrupción, mani­pula deliberadamente a la opinión pública con mentiras y “fake news” y exige autoritarismo, medidas fuertes, cen­tralización, mando único y poder total y absoluto para imponer sin concesiones sus puntos de vista. “Hacer Memoria” pues, es también opo­nerse de forma activa a cualquier comportamiento indi­vidual o colectivo que genere odio, enfrentamiento, fractura social, autorita­rismo, dogmatismo o que niegue el diálogo, la negociación y la resolu­ción pa­cífica de conflictos.

7.- Responsabilidad social compartida

        Aunque evidentemente carezco del conocimiento y la experiencia suficiente para establecer un Programa Marco o un Libro Blanco de “Hacer Memoria” capaz de orientar e implementar proyectos de acción social, cultural y política que generen una mayor conciencia y una mayor y mejor Cultura Democrática, a los efectos de esta presentación, lo primero que habría que hacer es poner el foco en nuestras instituciones sociales educativas, formativas y escolares, pero especialmente en las familias y en la responsabilidad de madres y padres de educar a sus hijos en la paz, el diálogo, la escucha, el respeto y en los valores de la Democracia, no tanto como fórmula electoral, que también, sino como actitud interior y como forma de vida.

        Desde luego lo primero y lo que creo más importante, sería pensar, planificar, programar y ejecutar una gran Reforma de todos los contenidos y programas escolares, desde la Educación Infantil hasta la Universidad pasando por los Centros de Formación Profesional, incluyendo en ellos todo tipo de actividades y de estudios sobre Educación para La Paz, los Derechos Humanos Universales, la Ciudadanía y la Responsabilidad Social, la Igualdad de Género y la Educación no discriminatoria por razón de etnia, condición sexual, religiosa, de nacionalidad o de cualquier otro orden.

        Desgraciadamente hoy, todos los programas escolares “oficiales” del mundo y las prácticas mayoritarias que se realizan en sus aulas es­tán orientadas por el economicismo, el pragmatismo, el profesiona­lismo, la competitividad y la selectividad. Algo por cierto que se ha pro­ducido como consecuencia de todo el proceso de globalización econó­mica neoliberal que a través de los más diversos organismos interna­cionales han puesto la Ética, la Filosofía y las Ciencias Humanas en ge­neral, a los pies de los caballos. Y es que los Estados nacionales no so­lamente han perdido soberanía política y económica, sino también so­beranía educativa para poder orientar las Políticas Educativas Públicas hacia una formación humana integral que ponga su máximo acento en la Ética. Y esto obviamente es imposible sin una Reforma profunda de los planes de Formación Inicial y Permanente del Profesorado y sin una estrategia política y cultural consensuada que responsabilice a los grandes medios de comunicación de masas y en general a toda la “in­dustria de la conciencia[1], en la promoción de una auténtica Cultura Democrática.

        Por otro lado, y al mismo tiempo que se pone el foco en la Educación formal e institucionalizada, como informal y de la calle, es sumamente necesario y trascendente también, si es que queremos realmente “Hacer Memoria” e ir más allá de la simple anécdota o acontecimiento empaquetado, lo siguiente:

7.1.- Programas municipales

Promover programas y proyectos culturales y educativos de ámbito municipal y comunal, centrados, focalizados y fundamentados en valores éticos universales, intentando llegar al corazón, que es lugar en donde se gestan estos valores, que no es otro que el de las familias, los vecinos del barrio o la calle. Programas que necesariamente tienen que promover los poderes públicos de una manera coherente y encarnada.

Por ejemplo, no puedo estar haciendo talleres locales de Paz y de Participación, cuando yo como promotor no demuestro con mi conducta que soy pacífico o funciono de un modo individualista, distante, narcisista, egocéntrico o autocrático.

Se trata en suma de incrementar la Educación para la Ciudadanía con el fin de que poco a poco consigamos ciudadanos más críticos, más solidarios, más justos, más responsables y si me permiten más cordiales, afables y amorosos. Y esto es algo que puede y debe hacerse recurriendo a historias de vida y experiencia de aquellas personas que se han destacado en la defensa de los Derechos Humanos Universales y las Libertades Democráticas.

7.2.- Fomentar la Cultura Ética y Democrática

Multiplicar por doquier todo tipo de actividades en los más di­ferentes formatos y con los más diversos procedimientos de divulgación y comunicación. Hacer posible que el fomento de la Cultura Ética y Democrática tenga el mismo nivel de prioridad que otras esferas de actuación de los municipios. Y en este punto resulta de fundamental e indispensable importancia co­nocer, comprender, profundizar y aprender Ética y Democracia de aquellas etapas históricas que se destacaron por las más am­plias libertades y por las iniciativas políticas más valientes y coherentes dirigidas a conquistar mayores cotas de Justicia y Libertad.

En otras palabras: “Hacer Memoria” en nuestro país, significa poner en valor en todos los ámbitos del conocimiento y de la actividad cultural y social la experiencia política y el cúmulo de valores éticos presentes en la IIª República Española. “Hacer Memoria” hoy y en España, quiérase o no, implica dignificar la IIª Repú­blica como periodo de intenso compromiso y esperanza por sacar a nuestro país del caciquismo, el patriarcado, el confesiona­lismo, la explotación de los más débiles y el secular atraso. Ser o sentirse Memorialista es lo mismo que apreciar el valor de la IIª República con todos sus aciertos y errores, utilizando el co­nocimiento histórico y cultural para construir nuevas bases más sólidas y extensivas de Democracia. Es imposible y tremenda­mente contradictorio e incoherente, o al menos a mí me lo parece, formar parte del Movimiento Memorialista y no traba­jar por el Reconocimiento y los Valores de la IIª República, abriendo puertas y ventanas para conseguir que la Monarquía forme parte de los recuerdos históricos de un pasado caciquil, analfabeto, autoritario, dogmático y clerical.

7.3.- Reivindicar el laicismo

Reivindicar el laicismo a todos los niveles de las instituciones y en nuestra propia conducta personal, comprendiendo que las creencias religiosas o espirituales forman parte de la siempre respetable vida interior y más íntima de las personas y que no deben en ningún caso ser impuestas, utilizadas o ligadas a la instituciones públicas que las usan como moneda de cambio para sus intereses electorales, ligándolas a supuestas tradicio­nes incuestionables a las que necesaria y obligatoriamente hay que rendir culto o pleitesía.

Hacer Memoria”, es también conocer y comprender como las figuras intelectuales y polí­ticas no están ligadas a la visibilidad de un solo sexo, lo cual éticamente exige traer al conocimiento público el papel de las mujeres en nuestra supervivencia y en la construcción de un nuevo tipo de Ética: la Ética del Cuidado. Y “Hacer Memoria” es también denunciar toda forma de teocracia o toda forma de in­fluencia del poder de las Iglesias en las competencias de los Estados, lo que exige sin duda medidas valientes y consensua­das de carácter político, como por ejemplo acabar en nuestro país con el Concordato con el Vaticano, las inmatriculaciones o cualquier trato de favor a las Iglesias sean de la religión que sean.

Pero, además, “Hacer Memoria” es exigir de todos los cargos públicos que no mezclen el poder civil con el poder reli­gioso dando muestras con su conducta de una exquisita inde­pendencia y elegancia democrática, ya que los cargos se deben al pueblo que los ha votado que es por su propia naturaleza in­terreligioso, creyente, ateo o agnóstico y no a las Iglesias y es­tructuras de poder que mediante las más diferentes prácticas de influencia y seducción han intentado promoverlos para obtener beneficios y plusvalías ideológicas.

7.4.- Reivindicar testimonios de valores encarnados

Finalmente, “Hacer Memoria” es reivindicar todos los testimo­nios, ejemplos, realizaciones, producciones de aquellas perso­nas que dieron sus vidas o lo mejor de ellas por contribuir al desarrollo de los Derechos Humanos Universales. “Hacer Me­moria”, no es únicamente identificar y denunciar las tragedias exigiendo la condena de sus responsables. “Hacer Memoria” es sobre todo construir colectivamente conocimiento público compartido resaltando y profundizando en los valores, actitu­des, comportamientos, motivaciones y razones que movieron a nuestros predecesores a comprometerse radicalmente con la Justicia y la Libertad aun a riesgo de sus vidas.

En este punto, traer al gran público las biografías de aquellas mujeres y aque­llos hombres que lo dieron todo por los Derechos Humanos y por la causa de los más pobres y necesitados, utilizando para ello todos los espacios educativos, culturales y de comunica­ción, es una tarea no solo indispensable, sino también que hay que hacer de forma continua, objetivo que atraviesa y da sen­tido a todas y cada una de las páginas de este humilde sitio.

Con otras palabras: se trata de leer en positivo la Historia y la Vida real de personas concretas y sencillas, como contribuyentes y constructoras de Cultura Democrática y Solidaria, llevando a las Escuelas y a todos los Centros Formativos y Culturales, no solo saberes de ciencia, ya sean Naturales o Humanas, sino es­pecialmente “saberes de experiencia” que son esos que no se aprenden en los pupitres de las aulas, leyendo libros o haciendo exámenes, sino que son el producto del “saber vivir” es decir, los modos y procedimientos con que todas la personas vivimos, convivimos, organizamos y damos sentido a nuestras vidas

8.- Memoria que denuncia y anuncia

        “Hacer Memoria” en suma es adoptar una actitud permanente de vigilancia con cualquier forma de poder, ya sea este económico, político o ideológico, haciendo posible que el poder, en sus más diversas manifestaciones e instituciones, sirva realmente para garantizar la inviolable dignidad de cualquier ser humano y no obedezca a oscuros o manifiestos intereses particulares de acumulación, explotación, promoción, carrera o exclusivamente lucrativos. “Hacer Memoria” es combatir cualquier forma de corrupción, ya sea exterior e instalada en las instituciones y en las organizaciones, o interior motivada por la ambición, el deseo de acumulación, el ansia por imponer visiones individuales y llevar siempre razón o por los impulsos narcisistas y egocéntricos que forman parte de nuestra condición humana.


[1]     El término “industria de la conciencia” lo utilizo aquí para designar el conjunto de grandes empresas, medios de producción y recursos tecnológicos que se encargan de la comunicación y de la información (prensa, radio y TV) y que junto a la “industria del ocio” de los grandes espectáculos de masas, así como la “industria cultural” de grandes editoriales y productoras cinematográficas y también de la “industria escolar” de todas las entidades formativas y educativas, configuran, orientan e imponen por diversos procedimientos y estrategias, los modos de pensar, sentir, comunicarse y vivir de las grandes mayorías del Planeta o de un determinado país. En general, la industria de la conciencia sirve para configurar, cohesionar, normalizar o naturalizar una determina visión o concepción del mundo, una especie de pensamiento único o de conciencia única y universal por la que se legitima o se considera como normal el orden social y político establecido. Se trata de una industria que bajo la apariencia de diversidad, creatividad y mediante los más sutiles procedimientos propagandísticos nos hace creer, que somos libres y dueños de nuestras opiniones, creencias y convicciones, cuando realmente estamos siendo conducidos y orientados por poderes impersonales que escapan a nuestro control y anulan o disminuyen nuestra capacidad de discernimiento, de crítica, autocrítica e imaginación, obstaculizando o impidiendo así que los ciudadanos podamos construir una cultura y una educación auténticamente liberadoras y unas relaciones sociales basadas en la colaboración, la cooperación y la responsabilidad individual y colectiva en el más amplio desarrollo de los Derechos Humanos Universales.

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