Cap. 1 Educ. Transd.

1.- VIDA, PROFESIÓN, VOCACIÓN y COMPROMISO
1.1.- Desarrollo profesional 1.2.- La profesora Maria C. Moraes 1.3.- Vocación y compromiso Referencias

«…El proceso de aprendizaje y de desarrollo intelec­tual de cada sujeto aprendiente está profundamente ligado a la vida de cada ser humano, a las experien­cias vividas, tanto personales como profesionales, al amor a sí mismo y a la profesión deseada y esperan­zadamente escogida…»

MORAES, Maria C. Histórias de vida docente.
Resgatando a utopia, o sonho e a esperança de ser professor.
Brasilia:  UNESCO-Liber Livros. 2014. Pág.: 51

La doctora María Cândida Moraes nació en Ribeirão Preto (SP-Brasil) en una familia de seis hermanos. Desde su más tierna infancia tuvo la oportunidad de vivir experiencias sumamente enriquecedoras e inolvidables de integración con la naturaleza, contemplación de la belleza, responsabilidad, cuidado y esfuerzo en el trabajo manual, pero sobre todo de sensibilidad, curiosidad y creatividad en las labores artesanales.
Su madre, profesora de Educación Primaria y su padre Ingeniero Agrónomo, pusieron en marcha una innovadora y productiva empresa de floricultura y de plantas frutales que fue pionera, tanto en la investigación de diferentes variedades, como en la innovación productiva y a gran escala.
Podría decirse que su experiencia infantil entre flores y frutos, trabajo artesanal y el amor incondicional de sus padres, marcaría indeleblemente su trayectoria personal, intelectual, académica y profesional. No en vano, la doctora María Cândida, como creadora de lo que puede considerarse una de las mejores aportaciones teóricas a la Filosofía y a la Teoría de la Educación del siglo XX, bebe en gran medida de las experiencias emocionales, estéticas, espirituales y educativas que tuvo la fortuna de vivir en su infancia, lo cual explica a nuestro juicio tanto su evolución personal, intelectual y profesional como su actitud transdisciplinar ante la vida.

        Sus estudios primarios los cursó en el Colegio María Auxiliadora, de Ribeirão Preto, de las Hermanas Salesianas, ingresando como alumna interna a la temprana edad de siete años. Un acontecimiento que María Cândida siempre recuerda con una triste nostalgia: «…Yo tenía solamente siete años y estaba acostumbrada a vivir en libertad y a jugar libre y suelta corriendo por los caminos y por los campos del Jardín de Santa Martha, el sitio donde vivíamos. Era una niña feliz. Recuerdo también el momento en que fuimos llevadas mi hermana y yo al Colegio interno para estudiar. Estaba anocheciendo y recuerdo que deberían ser las 19 horas, aunque para mí ya estaba oscuro como la brea. O mejor, mucho más oscuro y triste había quedado mi vida, pues me sentía como un pajarillo aprisionado en una jaula, alguien que no podría más jugar en el campo, coger flores, pasear a caballo, bañarse con la lluvia y con mi hermano, pescar con el colador en el río que pasaba cerca del granero. Recuerdo que, llorando, subí una escalera bien alta cogida de la mano de la directora y me despedí de mi madre que estaba al pie de la escalera diciéndome adiós e intentando confortarme diciendo que los días pasarían rápidos y que luego estaríamos juntos nuevamente. Fue uno de los días más tristes de mi infancia. Incluso después de haber pasado tantas décadas, recuerdo la salida del internado y de la vuelta definitiva para nuestra casa. ¡Qué alegría y que alivio para mi corazón! Pero, al mismo tiempo, que tristeza tener que separarme de amigas tan queridas, con las cuales había convivido más de cinco años…»  (MORAES, M.C.; 2014: 48 y 49).

Los estudios secundarios de carácter científico los realiza en un centro público, el Colegio Otoniel Mota, del que guarda también innumerables recuerdos, dado que fue en este Centro en el que nuestra autora comenzó el camino de transformación de adolescente en mujer y su pasión por la ciencia y el conocimiento, así como su preocupación por las cuestiones sociales. María Cândida en su juventud, estuvo comprometida social y políticamente con organizaciones de Acción Católica que se destacaron fuertemente en los ambientes asociativos juveniles por la lucha contra la dictadura de 1964, pero siempre a partir de valores éticos cristianos. Ya en 1966, inicia sus estudios académicos y profesionales (Bachalerado), graduándose como Ingeniera Agrónoma, título que consigue en 1970 por la Universidad Estadual Paulista Júlio de Mesquita Filho (UNESP), de São Paulo.

        Tras su graduación, periodo en el que comienza su interés por la formación profesional en agronomía y la adopción de nuevas metodologías más acordes con las necesidades sociales y profesionales en sintonía con las innovaciones tecnológicas, la joven ingeniera María Cândida obtiene una plaza de investigadora en el Instituto de Investigaciones Espaciales en 1971 (INPE/CNPq), institución en la que permanece durante más de cinco años, realizando todo tipo de proyectos y realizaciones aplicadas a la formación técnico-profesional y al uso de los medios audiovisuales y tecnológicos para la divulgación y el aprendizaje técnico-profesional, todos ellos asociados al Proyecto SACI (Satélite Avanzado de Comunicación Interdisciplinar). Es precisamente en este periodo 1971-1975, en el que María Cândida obtiene su Maestría en Ciencias y específicamente en Tecnologías Educativas, con la tesis “Sistema Escola Fazenda: uma nova proposta curricular” (1975), en la que trata de aplicar el Modelo de Diseño Instruccional Gagné-Briggs al planeamiento curricular de las Escuelas de Formación Profesional Agrícola.

        De este periodo, María Cândida recuerda especialmente a su orientadora, la doctora Vathsala Stone, profesora originaria de India, hoy docente en la Universidad de Buffalo y doctora por la Universidad de Florida. Una mujer, según nuestra autora, de una inteligencia extraordinaria que llamaba la atención por su serenidad y capacidad de diálogo, que le permitió comenzar a comprender la importancia y el valor de la escucha sensible y activa, del diálogo y del amor como elementos esenciales de las actitudes transdisciplinares. Fue esta profesora, la que inició a María Cândida en el conocimiento de nuevos autores con los que se podía acceder a una comprensión más abierta para trabajar con las tecnologías educativas.

1.1.-   Desarrollo profesional

        Desde que obtuvo su Maestría en el INPE en 1975, María Cândida fue seleccionada para ser coordinadora de planificación y de evaluación, del Departamento de Estudios Suplementarios (DSU/MEC), que cuidaba de la educación de adultos y de los exámenes en ámbito nacional para, posteriormente, ocupar el cargo de Directora de Planeamiento de la Fundación Centro Brasileiro de Televisión Educativa (FUNTEVE), subordinada a la Secretaría de Educación Tecnológica (SEAT), del Ministerio de Educación de Brasil. Posteriormente, pasó a ejercer funciones técnicas como asesora de Planeamiento hasta 1997, conociendo de primera mano e interviniendo en la implementación de las diferentes políticas educativas ministeriales desarrolladas por los diferentes gobiernos.

        Desde 1989 a 1991, María Cândida ayudó a crear y fue directora del primer Centro de Informática Educativa de Brasil (CENIFOR), así como Coordinadora de Planeamiento de Informática del Ministerio de Educación y Coordinadora General del Programa Nacional de Informática Educativa (PRONINFE/MEC), siendo también Coordinadora Nacional del Proyecto Multinacional de Informática Aplicada a la Educación Básica de la Organización de Estados Americanos (OEA), institución a través de la cual prestó cooperación técnica a ocho países latinoamericanos.

        Según nos cuenta el doctor Demerval Bruzzi, el último de sus orientandos en la Universidad Católica de Brasilia, Maria Cândida fue la primera que ayudó a establecer políticas públicas, dirigidas a la creación y la implementación de proyectos educativos, que darían lugar al PROINFO: «…A ideia de envolver Universidades Federais, realizar projetos piloto antes da implementação de projetos de envergadura nacional, criar programas de formação específicos, criados há 24 anos pela Professora Maria Cândida Moraes, foi a base que este pesquisador utilizou enquanto Diretor do Ministério da Educação na criação e implementação de projetos educacionais (…) outra ação importante foi à instituição do Programa Nacional de Informática Educativa (PRONINFE), na Secretaria Geral do MEC, em 1989, o qual visava a formação contínua e permanente de profissionais em todos os níveis de ensino. Este Programa foi elaborado pela Professora Maria Cândida Moraes e previa o estabelecimento de uma infraestrutura de núcleos e centros junto às secretarias de educação, colégios técnicos e universidades que dessem suporte às ações (…) Moraes já era conhecedora deste cenário ao observar que, em nosso cotidiano, aprendemos que não se muda um paradigma educacional apenas colocando uma nova roupagem, camuflando velhas teorias, pintando a fachada da escola, colocando telas, televisões nas salas de aula, se o aluno continua na posição de mero espectador, de simples receptor, presenciador e copiador e se os recursos tecnológicos disponíveis pouco fazem para ampliar a cognição humana…» (BRUZZI, D.; 2017)

        La doctora Maria Cândida, ejerció también la coordinación del Proyecto de Ciencias para Menores en Riesgo, patrocinado por la OEA. Al mismo tiempo, participó en la fundación del Instituto de Estudios del Futuro, en São Paulo mientras cursaba su doctorado en la PUC/SP, siendo a su vez seleccionada para disfrutar de una beca como investigadora del CAPES y, posteriormente, del CNPq, lo que le ha posibilitado ser investigadora visitante, en 1995, de la OEA, en Washington.

        Durante su estancia en el INPE (1971-1975) como investigadora, es cuando María Cândida comienza su interés por los desarrollos de la Teoría General de Sistemas, iniciados por Von Bertalanffy y su aplicación al ámbito formativo e instruccional en proyectos de tecnologías educativas. Años más tarde (1993),  empezó a estudiar las implicaciones educativas y aplicaciones didácticas de las teorías de Seymour Papert, Jean Piaget, Humberto Maturana y Francisco Varela, para finalmente construir una original síntesis de aportaciones a la Teoría de la Educación, a partir del legado de reconocidos autores como José Armando Valente, Ubiratán D’Ambrosio, Pierre Weil, Paulo Freire y Edgar Morin, autores que han ejercido un extraordinario influjo en su obra y con los que ha mantenido permanentemente relaciones de colaboración y amistad.

        Poco a poco, nuestra insigne profesora fue descubriendo y comprendiendo que los fenómenos educativos y formativos son siempre de naturaleza compleja y no pueden ser abordados desde la linealidad y el mecanicismo, comenzando así una andadura de numerosas lecturas y síntesis que la llevan a embarcarse en estudios de ontología, epistemología y metodología aplicados a la educación, estudios que desarrollará ampliamente en la realización de su Tesis Doctoral.

        La trayectoria y la experiencia profesional de María Cândida Moraes como asesora de planeamiento, investigadora y coordinadora de diversos proyectos de educación y formación en tecnologías educativas, le permitió muy pronto darse cuenta de que una gran mayoría de los proyectos ministeriales auspiciados para modernizar tecnológicamente los procesos formativos de las diversas instituciones educativas, ignoraban las condiciones reales de aprendizaje de los alumnos, así como sus necesidades, expectativas e intereses. Descubrió que bajo la aparente innovación y modernización que suponía la incorporación de las nuevas tecnologías a las escuelas, los modelos pedagógicos tradicionales dominantes continuaban ejerciendo un influjo muy poderoso, dado que aunque los nuevos medios se ofreciesen bajo una seductora y atractiva presentación, en realidad no aportaban nada original puesto que se basaban en una profunda separación entre el sujeto y el objeto de conocimiento haciendo así posible una nueva forma de reproducción y legitimación de las rutinas de la pedagogía tradicional. Es decir, servían para “optimizar lo pésimo” impidiendo así una más profunda y coherente transformación de los procesos de enseñanza y aprendizaje (MORAES, M.C.; 2007: 16).

        A  la luz de estas constataciones, comenzó a concebir la idea de que los problemas educativos y las didácticas específicas, no son reductibles a la utilización de recursos tecnológicos por muy innovadores y eficientes que estos sean, ya que los problemas y necesidades educativas y formativas, no pueden abordarse desde la linealidad y el mecanicismo de la aplicación indiscriminada de nuevos métodos y medios. Descubrió en suma, que las necesidades y problemas educativos son fenómenos complejos que se inscriben en realidades más amplias atravesadas por dimensiones económicas, políticas, organizativas, culturales, curriculares, psicosociales, cognitivas, afectivas, emocionales e incluso espirituales.

        La doctora María Cândida se dio cuenta de que los grandes problemas de la Educación no son de naturaleza técnica, sino especialmente de naturaleza ontológica y epistemológica. Observó que el modelo de ciencia o el paradigma científico dominante en un determinado periodo histórico, impregna, atraviesa y fundamenta las teorías del aprendizaje, la concepción que se tiene del sujeto que aprende y las prácticas pedagógicas que resultan de ellas. Para ello nuestra autora se embarca en una larga y profunda investigación personal, intelectual y educativa, que partiendo de su propia experiencia profesional como asesora de planeamiento y coordinadora del PRONINFE (Programa Nacional de Informática Educativa), así como de su pasión por el conocimiento, el estudio y la transformación de la Educación, la llevan finalmente, en 1996, a obtener Doctorado con una brillante y original Tesis titulada “O paradigma educacional emergente”, constituyendo al día de hoy, una obra de obligada referencia en la gran mayoría de las Facultades de Educación de Brasil y Latinoamérica y que en su versión editada por Papirus, ha alcanzado la 17ª edición y más de una decena de reimpresiones.

        María Cândida Moraes realizó sus estudios de doctorado, en la Pontificia Universidad de São Paulo teniendo la fortuna de recibir cursos presenciales a cargo del insigne pedagogo universal Paulo Freire, descubriendo que, para construir una nueva forma de entender la Educación, era de radical transcendencia disponer de nuevas bases ontológicas, epistemológicas y metodológicas que implicasen también nuevos fundamentos sociológicos. Y es que la visión que tiene la doctora María Cândida de la Educación va mucho más allá de lo puramente conceptual, procedimental o técnico, porque, aunque es indudable que sin claridad epistemológica o sin cambios conceptuales es imposible transformar las prácticas educativas, sin fundamentos sociológicos enraizados y sostenidos en la convivencia tampoco.

        Nuestra autora es plenamente consciente también, de que los fenómenos educativos son fenómenos de carácter social y político que se generan en singulares ambientes de convivencia atravesados por afectos, intereses, motivaciones, pero especialmente porque los mismos forman parte del desarrollo humano. Por ello la Educación para María Cândida es, además de un proceso de transformación en la convivencia, como diría Humberto Maturana, un Derecho Humano Universal y por tanto, toda acción, programa, proyecto o proceso educativo, vendrá a tener siempre, como nos enseñó Paulo Freire, una dimensión política en cuanto que sirven para liberar a los seres humanos de nuestras opresiones exteriores e interiores.

        A partir de la obtención de su Título de Doctora en Educación (1996), María Cândida inicia una nueva etapa profesional como Profesora Asistente de Doctorado en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC/SP), función que desempeña hasta 2007, año en el que es nombrada Profesora de Pos Grado de la Universidad Católica de Brasilia (UCB), cargo docente que ha desempeñado hasta 2017. No obstante, y en los veinte años transcurridos desde la realización de su Doctorado en la PUC/SP, su actividad docente, académica, intelectual, bibliográfica, como organizadora y promotora de Seminarios y Congresos, como conferenciante nacional e internacional ha sido abundantísima, por lo que su contribución como teórica, divulgadora e impulsora de la construcción de un nuevo paradigma educativo y de la Educación Transdisciplinar, podría calificarse de absolutamente excepcional y única.

        La doctora María Cândida Moraes ha publicado como autora o como organizadora 35 libros y tiene en su haber 55 capítulos como autora en diferentes obras sobre Educación Transdisciplinar en colaboración con diversos autores. A su vez, ha intervenido como orientadora en numerosas tesis de Maestría y Doctorado que han contribuido a diseminar y aplicar sus contribuciones en diferentes Universidades e Instituciones Educativas de Brasil y Latinoamérica, participando, al mismo tiempo, como cualificada y prestigiosa conferenciante en más de 170 Seminarios, Encuentros y Congresos nacionales e internacionales. Todo ello, sin olvidar su extraordinaria labor como promotora y organizadora de Cursos de Formación y Conferencias Internacionales, además de su papel como fundadora y directora de diversos proyectos de investigación del Grupo de Investigación ECOTRANSD, de la Universidad Católica de Brasilia. En este punto, es de fundamental importancia destacar aquí su labor como profesora e investigadora visitante de la Universidad de Barcelona, actividad que ha venido desempeñando desde el año 2002, formando parte del Grupo de Investigación de Asesoramiento Didáctico de dicha Universidad  (GIAD/UB) y colaborando estrechamente en numerosos trabajos y producciones sobre creatividad y didáctica transdisciplinar con eminentes y prestigiosos profesores como el doctor Saturnino de la Torre y la doctora María Antonia Pujol, con los que ha trabajado y elaborado originales y creativas estrategias y actividades basadas en la Transdisciplinariedad y a partir de constructos como el “Sentipensar” y la “Ecología de los Saberes”.

1.2.-   La profesora Maria Cândida Moraes

        La primera constatación que podemos realizar de la larga trayectoria como asesora, consultora, investigadora y profesora de la doctora Maria Cândida Moraes, es algo que hemos podido verificar en diversos encuentros en los que hemos participado con sus alumnos y con profesionales que la han acompañado en su trayectoria. Aunque nuestras observaciones son sin duda muy limitadas, dado el escaso tiempo del que hemos dispuesto para realizarlas y el desconocimiento de los contextos sociales y profesionales concretos de las personas que han estado cerca de ella, hay algo que desde el primer momento nos llamó la atención: el hecho de que sus alumnos declararan pública y privadamente que su orientadora Maria Cândida había contribuido a desarrollar en ellos de una forma especialmente significativa procesos de transformación personal y profesional que sin su orientación hubiesen sido imposibles.

Afortunadamente de esta constatación personal hoy podemos tener un registro lo suficientemente amplio como para comprobar que en efecto la doctora y profesora Maria Cândida, ha sido una figura clave tanto para el impulso y la promoción de un nuevo tipo de Educación, como para las transformaciones personales y profesionales de muchos de sus alumnos. En este sentido creemos de suma importancia reflejar aquí, algunos de los testimonios referidos a la obra, trayectoria y persona de la profesora Maria Cândida [1] como nuestra autora encarna una actitud verdaderamente transdisciplinar, tanto en su vida personal, como en su trayectoria profesional:

«…Ao refletir sobre minhas atividades educativas nos últimos 18 anos, percebi tal imbricamento entre tudo que fiz, criei e gerei a partir do pensamento de Maria Cândida Moraes, que mudei o tom, compreendendo o longo processo de aprendizagem, formação e transformação pelo qual passei e passo. À medida que estudava e participava das aulas com Maria Cândida, fui me auto-organizando constante e intensamente. Nas orientações, no diálogo, na pesquisa e escrita da dissertação e tese, vivenciei e vivencio o cenário inspirador de uma parceria que iniciou com a relação orientadora/orientanda e continua, desde então, na amizade que transforma a aprendizagem numa simples consequência de conviver…» (ARNT, R.; 2017)

«…Como orientandas – duas de nós, Adriana e Lucila – tivemos o privilégio de desenvolver nossas dissertações e teses em meio a um clima de muita confiança e respeito, no tocante às nossas escolhas teórico-metodológicas. Estes tempos de profícua construção de saberes no campo da pesquisa educacional marcaram indelevelmente nossos percursos. Os sólidos fundamentos teóricos tecidos ao longo do tempo nos auxiliaram a amadurecer no campo da investigação científica e docência universitária, de tal forma que alçamos, em poucos anos, nossas carreiras universitárias em programas stricto sensu. Maria Cândida é uma grande mulher, é um ser autopoiético, pois expressa essa característica coerentemente na sua forma de ser e integra transversalmente os aspectos pessoais, afetivos, intelectuais e uma singular feminilidade. Como pessoa de profunda sensibilidade, despertou em nós uma disposição sensível para valorizar a dimensão humana na realidade em que vivemos…» (DI GRADO, A.M; ROCHA, A.; PESCE, L.; 2017)

«…Quem se dedica a fazer o bem, geralmente, não tem a dimensão do bem que faz (…) nos sulcos ontológicos e epistemológicos abertos por Moraes, cada um é convidado a pisar na terra e jogar sua semente. Cada sulco, cada linha de plantio, torna-se assim uma nova trilha para quem decide caminhar por ali (…) As experiências dos quinze encontros da disciplina serão associadas a marcas que o trabalho docente de Moraes deixou em nossas trilhas, serão quatro pegadas eternizadas em nossa terra existencial: a pegada do pensamento representa o caminho percorrido nas trilhas de aprendizagem das concepções e dimensões ontológicas e epistemológicas em direção ao universo da docência transdisciplinar; a pegada das estratégias metodológicas refere-se às diferentes possibilidades didáticas para trabalhar as bases teóricas que fundamentam a docência transdisciplinar; a pegada das atitudes relaciona-se ao jeito de mediar e experienciar a docência pelas bases da transdisciplinaridade; e, por fim, a pegada identitária de cada um de nós, alunos de Maria Cândida e autores de um novo jeito de fazer a docência, inspirados pela pioneira do paradigma sistêmico e educacional emergente (…) Maria Cândida Moraes, desde o primeiro encontro, alça suas ações, contemplando atitudes de respeito, tolerância, humildade, comprometimento,  responsabilidade,  amor à vida, ao conhecimento, às pessoas. A flexibilidade na construção do planejamento dos instrumentos metodológicos sempre foram suas marcas na mediação pedagógica, tanto para trabalhar a teoria quanto à dimensão prática. Sendo assim, as diferentes estratégias, por vezes previstas, eram também, modificadas, dinamizadas, movimentadas nas aulas como algo que se tecia continuamente, com espontaneidade e suavidade, de acordo com as necessidades colocadas no ato formativo, possibilitando a integração entre o saber ser, conhecer, fazer e conviver, considerando o conhecimento e a aprendizagem como processos constantes de vir a ser, portanto, inacabados, incompletos (…) O ser, o conhecer e o fazer da professora Maria Cândida são tão imbricados em sua atuação docente, que possibilita aos estudantes experiências de aprendizagem extremamente significativas, permeadas por processos intensos, prazerosos e profundos de reflexão e de transformação de suas ações. Com afetividade, profundo conhecimento disciplinar e um olhar transdisciplinar, a professora buscou utilizar recursos diversificados (vídeos, imagens, textos) como forma de atender à diversidade de estilos cognitivos. Trabalhou as dimensões de auto, hetero e ecoavaliação; buscou compartilhar seu feedback de forma sistemática, tanto nos encontros presenciais quanto nas interações em ambiente virtual; demonstrou uma escuta sensível, que conduziu à criação de relações de confiança; acolheu cada estudante em suas diferenças, dificuldades, inquietações e potencialidades; mostrou-se atenta às emergências, propiciando momentos de pausa para atender temáticas exigidas pelo grupo ou percebidas como necessárias (…) A disciplina permitiu a cada estudante experimentar o exercício do pensar complexo aplicado na prática; estabelecer conexões entre os conteúdos e as suas vivências, seus espaços de trabalho e convivência; experimentar uma evolução intelectual; estabelecer um diálogo consigo, com o ambiente, com o outro e com todos os complexos temáticos estudados. Possibilitou a cada estudante sentir-se único, valorizado e reconhecido em sua essência e se abrir a oferecer e compartilhar com o grupo o que tinha de melhor, a partir de suas trajetórias profissionais, acadêmicas e pessoais, com o intuito de contribuir para a aprendizagem de todos. A docência vivida e exercida por Maria Cândida foi a base e a referência para que nós, no caminho intelectual da educação, pudéssemos pisar a terra da mudança paradigmática e marcar, com os pés de quem começa o trajeto, o chão da intelectualidade. Ser aluno de Maria Cândida, abrindo-se as suas provocações no exercício autônomo e instigante, é experimentar a transformação não somente racional, de compreensão do mundo, mas também ontológica, existencial e de sentido para o viver neste mundo, permeado por desafios...» (JORDÃO, M.;  COSTA, A.;  HERTZOG, A.; 2017)

«…Em cada aula, diálogo, encontro pudemos refletir, aprender algo mais que conceitos como complexidade, transdisciplinaridade, pensamento ecossistêmico, ecoformação, autoconhecimento, cultura de paz etc., aprendemos sobre coisas da alma e do coração, coisas que estão para além dessa dimensão do corpo e da razão. Maria Cândida nos ensinou também sobre o amor, o diálogo, a paz. Com ela vivenciamos na paz e a paz, na serenidade e no amor partilhado. Assim, amorosidade e paz! É assim que se faz se vive!…» (FORTES, M.D.; DE HOLANDA, M.J.; 2017)

«…A atuação da Maria Cândida como orientadora sempre ocorreu de forma cuidadosa, atenciosa, respeitosa, paciente, compreensiva e  carinhosa no relacionamento interpessoal com seus diversos orientandos e orientandas dos cursos de Mestrado e Doutorado, cujos processos internos e externos fluem em decorrência de uma racionalidade aberta permeada pela inteireza humana e suas peculiares necessidades, metanarrativas, motivações, sentidos, esperanças, intuições, objetivos e sonhos, a partir de escuta sensível, atenta e amorosa – sem seguir uma receita ou modelo –, estabelecendo uma parceria intelectual (…) Todos os cuidados tomados por essa educadora no relacionamento orientador/orientando estão voltados para (a) o desenvolvimento, a ressignificação e a transformação do sujeito aprendente nos processos de ensino e aprendizagem e de reflexão, evolução da consciência, desapego, conexão, religação e encontro consigo mesmo, resultando em resgate da autoestima e autoconfiança; (b) a libertação do sofrimento, do autoritarismo e da arrogância intelectual; (c) a construção de autonomia intelectual – relativa, como ensina Morin; e (d) a passagem da condição de pesquisador solitário para solidário (…)  Maria Cândida demonstra, no seu caminhar, no seu fazer pedagógico e na sua trajetória intelectual – em palestras, aulas, seminários, congressos e outros eventos educacionais –, plena e autêntica coerência com as ideias, ideais, referenciais, pensamentos, teorias, fundamentos, princípios, propósitos e práticas semeadas em sua valiosa obra. O trabalho dessa semeadora rende sempre generosos frutos materializados em transformações – pessoais e profissionais – daqueles que têm a grata oportunidade de participar de ações educativas sob sua condução ou organização (…) Maria Cândida Moraes é uma educadora, escritora e pesquisadora, de uma educação possível – do presente e do futuro –, uma nutridora de esperanças, que resgata a centralidade do sujeito aprendente colocado à margem da vida pelas epistemologias limitadoras e parcializantes…» (CUNHA, C.; OLIVEIRA, F.; 2017)

«…Este contato direto e indireto com Moraes, destaco, foi colaborativo para a minha conscientização, do meu papel no mundo. Favoreceu interligar alguns saberes pautados nos diálogos da autora com outros humanistas na Teoria da Complexidade e na abordagem transdisciplinar à Educação, atentando para os sentidos da vida à vida. Reforço, para atenção aos conhecimentos oportunizados que se articulam e se convergem em relação aos propósitos de ressignificação da educação para a formação da cidadania, de dinâmica pelos sentidos na e para a defesa da vida…» (CORRÊA, P.; 2017)

«…Podemos dizer que Maria Cândida nos acolheu como em um abraço carinhoso, em nossas inteirezas, com nossas histórias, necessidades e sonhos; que ela nos escutou com sensibilidade, de maneira atenta aos nossos anseios, ao que precisávamos em termos de teorias, de leituras e de aprofundamento. Respeitou nossas escolhas, nos permitiu caminhar com nossos pés, com autonomia, ainda que estivesse por perto para nos amparar com amorosidade e confiança (…) a realização da caminha de mestrado guiada pela professora Dra. Maria Cândida Moraes significou um processo de profundas transformações, de descobertas, de encontros, de construção e reconstrução de significados e de novas experiências. A sua forma de orientar é complexa em sua simplicidade, única em sua inteireza e incomum aos olhos cartesianos, porém eficiente e eficaz em todas as formas (,,,) Desde o início, a orientação foi sensivelmente regada à abertura e à escuta. Abertura da alma, de estar ali, em um movimento de escuta sensível, atenta, amorosa, humana, presente, para te acolher… acolher suas ideias, seus sentimentos, suas emoções, suas lágrimas, seus sorrisos, seus encantos e desencantos, suas dúvidas, suas descobertas(…) Não é somente o que ela diz, embora suas propostas sejam sempre importantes e atinjam com precisão o centro da questão, mas é como ela fala e a liberdade que nos oferece para expressar o que pensamos e sentimos. Como aluna de Maria Cândida e na convivência como sua orientanda aprendi a ser uma professora mais aberta, mais corajosa para aceitar cometer erros, reconhecê-los e transformá-los em acertos. Aprendi a confiar mais em minhas intuições, mas também a estudar muito para ter apoio teórico, pois estamos no espaço da academia e novas ideias nem sempre são bem aceitas (…) As três narrativas apresentadas, ainda que distintas, compuseram uma única narrativa: a da orientação, representada aqui pelas quatro características marcantes que identificamos: acolhimento, escuta sensível, autonomia e respeito…» (GALVÃO, C.; SCHERRE, P.; SCHECHTMAN, S.; 2017)

        Los testimonios anteriores ponen de manifiesto y acreditan que la función docente desempeñada por Maria Cândida, no se redujo a lo que habitualmente acostumbramos a encontrar en las instituciones educativas. Frente a visiones y actitudes academicistas, eruditas, pretenciosas y alejadas del sujeto que aprende, nuestra profesora ha sabido poner en el centro de todas sus aportaciones a los contenidos propiamente disciplinares, lo que podría denominarse una actitud apasionada de generosidad, humildad y amor a la persona concreta del aprendiz. Y esta actitud central de servicio humano, al mismo tiempo que intelectual, es la que ha permitido que sus alumnos puedan testimoniar, que no solo han aprendido conceptos, sino que se han conseguido transformaciones personales y profesionales. Se trata pues de transformaciones relativas al desarrollo de la conciencia personal y profesional, que son las que están para Maria Cândida en el núcleo de todo proceso educativo.

        Así pues, el legado teórico y práctico de la profesora Maria Cândida, podríamos decir que ha consistido en inaugurar un nuevo puerto para la navegación educativa en el que pueda construirse, desarrollarse y realizarse una nueva visión y misión de la Educación que es concebida desde la perspectiva de la conciencia, la complejidad y la transdisciplinariedad.

        La profesora Maria Cândida ha seguido un proceso de desarrollo profesional enteramente original y único cargado no solo de estudio, sino también de sensibilidad, intuición, inspiración y creatividad. En este punto, su originalidad reside también en el hecho de que su graduación inicial como académica procede de las ciencias físico-naturales, así como de su formación en aplicaciones de tecnología educativa. Se trata pues de un proceso de desarrollo de ecoformación docente de carácter educativo, autoformativo, vocacional y evolutivo, porque su pasión por la Educación y su transformación ha ido poco a poco jalonando etapas y metas, gracias sobre todo a sus extraordinarias capacidades intelectuales, creativas, intuitivas y de sensibilidad social y espiritual, de forma que sus aportaciones están ligadas a sus propios procesos personales de transformación y de desarrollo de su conciencia: «… A partir de mi experiencia como docente y formadora de formadores, percibí, que, muchas de esas vivencias y contactos con las matrices pedagógicas [2] existentes dentro de mi ser, constituyen verdaderos momentos mágicos inolvidables, instantes transformadores que activan, no solamente las dimensiones racionales, sino principalmente las dimensiones intuitiva, imaginaria, emocional, sentimental y espiritual que afloran al tocar las profundidades del ser…» (MORAES, M.C. 2014: 61).

        En consecuencia, podemos afirmar igualmente, que Maria Cândida no es solamente la que ha abierto las puertas de la Educación Transdisciplinar y de la Ecología de los Saberes, sino que es ella misma, en su biografía y en su persona, en sus actitudes y valores, en sus formas de pensar, sentir, hacer y vivir, la que encarna y hace visible esa Educación Transdisciplinar.

     Son diversas las fuentes que a nuestro juicio Maria Cândida ha utilizado para llegar a esta coherencia personal y docente entre el ser, el conocer y el hacer que la ha llevado también a una sed permanente de conocimiento y a su pasión por cambiar desde las raíces la educación de nuestro tiempo. La primera de ellas, como hemos mencionado, está inserta en las experiencias vividas en su infancia, una infancia feliz y llena de amor, seguridad, protección, curiosidad y armonía entre naturaleza, familia, belleza y paz. Es la propia Maria Cândida, la que ha manifestado en público y en privado en diversas ocasiones, que toda su trayectoria biográfica personal y profesional está marcada por el privilegio de haber disfrutado de una infancia plenamente feliz, llena de paz, alegría y amor y que fue la figura tierna, amorosa y paciente de su padre, el Ingeniero Agrónomo, Leo Gomes de Moraes la que le permitió experimentar situaciones de auténtica belleza y armonía gozando de lo que ella misma denominaba un “mar de flores” y cantos de pajarillos que marcaban lentamente un devenir colmado de dulzura y experiencias novedosas. Esta es pues, la motivación principal que la llevó a comprometerse y a graduarse, al igual que su padre, en Agronomía, descubriendo muy pronto que su verdadera vocación, más que el cuidado de plantas y flores era el cuidado y la ayuda a personas que están en proceso de formación.

        Desde su primer destino como profesora de Formación Profesional Agrícola, comprendió y asumió que se dedicaría, de por vida, a la docencia y a la educación. Y así lo muestra toda su carrera, en la que la docencia, la investigación y el exquisito cuidado y atención que siempre prestó a todos sus alumnos, han constituido la principal fuente de autorrealización y desarrollo personal y profesional.

        En segundo lugar, otra de las más importantes fuentes de conocimiento que han permitido a la doctora Maria Cândida articular toda una original y sólida obra de Educación Transdisciplinar orientada al desarrollo permanente de su propia conciencia personal, como al de su competencia y excelencia profesional, ha sido sin duda, su experiencia como asesora de planeamiento y consultora del Ministerio de Educación de Brasil. Una tarea a la que se dedicó más de dos décadas y que le permitió conocer en vivo y en directo, no solo los problemas reales de los diferentes estados de su país, sino también las dificultades y posibilidades de implementación de proyectos y programas gubernamentales de los diversos gobiernos y administraciones educativas. Su papel como asesora y coordinadora de proyectos de innovación tecnológica y de implantación de recursos informáticos en las escuelas de todo Brasil, así como en los numerosos cursos de formación docente que ha promovido y en los que ha intervenido, bien como especialista en tecnología educativa o de planeamiento, o como ponente y divulgadora de orientaciones para la implementación de proyectos, le ha permitido adquirir un conocimiento vivo y una experiencia directa única de la realidad socioeducativa de todo su extenso país. Por ello, sus contribuciones, no son el resultado de especulaciones, como tampoco de nichos académicos alejados y aislados de la realidad, sino la expresión de una síntesis personal que recorre un largo camino que va de lo práctico a lo teórico, de lo experimentado como necesidades educativas reales de la ciudadanía a la necesaria reflexión crítica y autocrítica ilustrada permanentemente por el conocimiento científico y la conciencia ética.

        Tal vez sea Maria Cândida Moraes, una de las pocas personas capaces de realizar un diagnóstico certero de los problemas y necesidades educativas de Brasil durante casi medio siglo, desde la perspectiva de la propia Administración Pública Federal de la que ha formado parte y de su papel como docente e investigadora de dos de las Universidades más prestigiosas e importantes de su país. Una experiencia que le ha permitido, también, una visión más amplia y contextualizada de la situación educativa en toda Latinoamérica, gracias a su labor como asesora de la Organización de Estados Americanos (OEA).

        Así pues, no son exclusivamente los conceptos teóricos y abstractos obtenidos de lecturas y estudios, los que han enseñado a Maria Cândida a contextualizar, redimensionar, construir y reconstruir, establecer relaciones y vínculos o comprender las interacciones, retroacciones y la ecología de las acciones, sino su propia experiencia personal y profesional. Una experiencia que le ha permitido gozar de un lugar privilegiado de observación para fundamentar sus rigurosas críticas a un sistema educativo incoherente e ineficaz por su tradicionalismo burocrático y su incapacidad para satisfacer las más auténticas y humanas necesidades educativas.  Una experiencia, reiteramos, que ha estado indisolublemente unida también, como en cualquier otro ser humano, a los avatares, circunstancias y decisiones de la propia vida personal y el original proceso de maduración, de desarrollo de su conciencia y de construcción del sentido de la vida que cada persona realiza en su trayectoria biográfica y en interacción permanente con el medio social y el mundo de relaciones y vínculos que establecemos.

1.3.- Vocación y compromiso

        ¿Qué es la docencia? ¿Un acto de ofrecimiento de información? ¿Una práctica de transmisión de conocimiento? ¿Una función genuina de unos profesionales especializados llamados profesores? ¿Es que acaso el conocimiento es algo que se puede transmitir y adquirir? ¿O es que tal vez el docente es aquel que sabe y tiene conocimiento y el discente el que no sabe y no tiene conocimiento? Un docente no es aquel que formalmente enseña, ni tampoco el que muestra, ni tan siquiera el que conoce su disciplina, aunque esto evidentemente sea imprescindible. El docente es algo más, muchísimo más que un enseñante y profundo conocedor de su disciplina. Ninguna disciplina existe aisladamente y ninguna disciplina existe sin historia y sin condiciones sociales que la hacen posible y ninguna disciplina existe tampoco sin una ética social, personal y disciplinar.

        Si para ser docente de cualquier nivel educativo, únicamente fuese necesario el conocimiento profundo de la disciplina, condicionaríamos a los profesores a consagrar eternamente la división entre enseñanza y aprendizaje, además de legitimarlos con un poder omnímodo frente a aquellos, que, desconociendo la disciplina, quieren aprenderla. Nuestra experiencia nos ha enseñado que muy menudo, el docente se presenta como el que sabe y el alumno, como el que no sabe y así el profesor trabaja en un escenario en el que él, es el único legitimado para determinar lo que debe o no saberse y cómo acceder o construir dicho saber o conocimiento. En otras palabras: el docente se convierte entonces en el encargado de reprimir o limitar toda capacidad o acción del alumno destinada a aprender por sí mismo, ya que la única y exclusiva fuente de conocimiento sería el saber del profesor.

        Todo docente en realidad enseña muy poco. Cada ser humano aprende de una forma originalmente singular y muchas veces, a pesar y en contra de lo que supuestamente enseñan los profesores y los esquemas organizativos y normativos de la institución. Sin renunciar a las disciplinas, la construcción de un nuevo rol docente exige ir más allá de ellas o entre ellas, que es el primer significado del término “transdisciplinariedad”.

        La profesora y doctora Maria Cândida Moraes, al asumir y encarnar en su persona y en su función docente desde una actitud plenamente transdisciplinar y tal como manifiestan sus alumnos, ha conseguido en sus aulas crear las condiciones ambientales, psicosociales y de comunicación necesarias para que cada persona, de forma singular y autónoma produzca, construya o reconstruya conocimiento, es decir, aprenda. Por decirlo con una parábola evangélica, la profesora Maria Cândida ha ejercido su docencia, renunciando al papel burocráticamente establecido de dirigir e imponer en todos los detalles el curso de acciones y decisiones que debe normativa o rutinariamente realizar el alumno para lo que supuestamente significa aprender. Es decir, ha actuado de alguna manera como la semilla de trigo, que al ser sembrada en la tierra, muere para que se multiplique después en fructíferas y variadas espigas.

        En realidad, y después de tantos años como alumno y como profesor, tenemos la convicción de que el mejor de los docentes es aquel que no es necesario, o al menos el que en su quehacer, crea básicos y mínimos procesos de andamiaje o ayuda que, al mismo tiempo va destruyendo para que sus alumnos aprendan por sí mismos y en cooperación. El docente en realidad es una figura destinada siempre a un papel secundario, porque su objetivo no es mostrar lo que sabe, sino hacer posible que los protagonistas del aprendizaje sean sus alumnos, sobre todo cuando sabemos, que cualquier ser humano por el hecho de serlo, no solamente puede aprender por sí mismo, sino que además siempre tiene algo que enseñar a otro. Esta es la razón por la que un nuevo tipo de docencia, más que centrarse en la enseñanza, debe sobre todo fundarse y desarrollarse en el aprendizaje.

        Profundizando algo más, creemos sinceramente que el mejor profesor, la mejor docente, no es aquel o aquella que conoce muchas cosas y escribe muchos libros destinados a cumplimentar las exigencias burocráticas. La mejor profesora es aquella que de forma racional y sistemática, pero sobre todo intuitiva, creativa y sensible va poco a poco aprendiendo autónomamente su profesión, al mismo tiempo que va tejiendo una red de vínculos de convivencia, de espacios de confianza, de relaciones afectivas, de estrategias de cooperación, que permiten la emergencia y la creación de conocimiento compartido, cooperativo, contrastado y dialogado. La docencia por tanto más que una función dotada de un conjunto de competencias es en realidad una profesión de aprendizaje permanente, un proceso que me atrevería a calificar como profundamente humano y vital, por eso entiendo que el término “transdisciplinar” es muy adecuado para describirlo, aunque dicho término no agote la complejidad de sus funciones. Y en este punto, con la experiencia y el conocimiento que nos permite el haber colaborado con Maria Cândida en diversos encuentros y aulas, así como la observación atenta de las actitudes de sus alumnos, podemos afirmar que estamos ante una profesora excepcional con un alto nivel de desarrollo profesional y de compromiso, tanto con sus alumnos como en la construcción y producción de conocimiento.

        Es obvio que la docencia es una profesión humana, en el doble sentido de que se trabaja con personas y que necesita de humanidad como valor mo-ral. Pero también se trata de una profesión, que, de una u otra manera, se desarrolla siguiendo un proceso vital ligado a la propia autorrealización y a la búsqueda del sentido de la vida. Un sentido que tiene muchas veces su origen y va poco a poco encontrándose, gracias a una incipiente y original sensibilidad social que va creciendo y madurando hasta convertirse en un compromiso de ayuda, servicio, entrega y donación a los demás y espe-cialmente hacia aquellos sectores sociales, grupos o personas que más lo necesitan. Y este es a nuestro juicio el caso de la doctora Maria Cândida.

        La vocación docente de Maria Cândida se inició en su juventud, cuando era estudiante de Agronomía y recibió al final de su carrera enseñanzas de Didáctica y Psicología del aprendizaje destinadas a aquellos alumnos interesados en trabajar como profesores en centros agrícolas en actividades de extensión rural o de formación de jóvenes y adultos de zonas rurales, cuya finalidad era desarrollar habilidades técnicas o modificar sus hábitos y actitudes en relación a aspectos sociales, económicos e incluso domésticos. Fue en ese periodo, en el que nuestra autora comenzó a interesarse por el mundo de la formación y de la educación. Fue en definitiva una vocación social, un deseo personal por ayudar y cooperar al mejoramiento de las capas sociales más desfavorecidas, pero al mismo tiempo una vocación epistemológica y metodológica que buscaba y encontraba nuevas formas de hacer docencia.

        Cuando terminó sus estudios de Agronomía pasó a dar clases de Tec-nología de Alimentos en el Colegio Agrícola de Jaboticabal, en el interior de São Paulo. El interés y alegría de los alumnos que provenían de familias humildes por aprender a producir alimentos que pudiesen mejorar las comidas del Colegio y al mismo tiempo servir de mejoría financiera para su subsistencia familiar fueron para Maria Cândida, según ella misma nos informa, de una alegría, un placer y un sentido de autorrealización extraordinarios.

        Dos años después comenzó a trabajar en el Instituto de Investigaciones Espaciales (INPE/CNPq) produciendo videos didácticos para el proyecto brasileño de Educación a Distancia mediante Televisión Educativa. Al mismo tiempo participó y trabajó en el Proyecto SACI destinado a la formación de profesores y agricultores de la región nordeste de Brasil, lo que consolidó su vocación docente y su interés y amor apasionado por la educación. A partir de aquí Maria Cândida hizo el Maestrado en Tecnologías Educativas, realizado también en el INPE, abriendo así la posibilidad de cambiar de área de trabajo e iniciando un nuevo proceso de desarrollo profesional con la educación de adultos en el Ministerio de Educación de Brasil.

        Creemos que en el caso de Maria Cândida, su vocación ha seguido el ciclo vital que va desde el ejercicio de una especial sensibilidad cuyo desarrollo comienza en la infancia, para transformarse después en interés por determinados temas o disciplinas que está ligado también a la necesidad interior de ser útil socialmente. De esta forma, las experiencias emocionales vividas en su juventud en contacto con el mundo rural; los concomimientos vivos obtenidos mediante la observación y la interacción social, unidos a una curiosidad epistemológica y un interés por aprender consolidados en su carácter, vendrán a convertirse después en un enamoramiento apasionado por la educación, desembocando finalmente en un amor maduro multidimensional que se expresa y manifiesta de forma sencilla, simple y sin discursos racionalizadores, en el amor a la vida, el amor a la verdad, el amor al conocimiento y el amor a las personas.

         La docencia es pues una actividad básicamente amorosa, por eso no hay docencia sin discencia como nos decía Paulo Freire, no hay maestros si estos no son al mismo tiempo aprendices y alumnos, o si se prefiere, no hay amor si no hay entrega y donación incondicional. Visto así y de la misma forma que no hay verdadero aprendizaje si no hay implicación de la persona entera, tampoco hay verdadera enseñanza si la persona del docente no está implicada en todas sus dimensiones. La docencia y la discencia no pueden entonces consistir en realizar acciones de transmisión, inculcación, inoculación, compra, venta, adquisición, memorización, sino más bien procesos de intercambio gratuito, de colaboración y cooperación, amorosos, en suma. Ser docente entonces, desde una perspectiva transdisciplinar, es decir, situándonos más allá de las disciplinas y entre ellas, yendo más allá de las competencias específicas de carácter profesional, es además de un asunto de conocimientos, saberes, habilidades, un asunto de actitudes, de actitudes de apertura, flexibilidad, rigor, tolerancia, humildad, diálogo, cooperación, solidaridad y responsabilidad.

        ¿Es entonces Maria Cândida Moraes una profesora vocacional y comprometida con su misión y su función docente? No nos cabe ninguna duda, sobre todo si tenemos en cuenta que su trabajo como docente ha servido de puente, de conexión, de instrumento para que sus alumnos desarrollen originales procesos de transformación y desarrollo personal y profesional a partir de aprendizajes verdaderamente significativos para sus vidas obtenidos gracias a su mediación.

        A su vez, la profesora Maria Cândida, ha sabido contagiar rigor intelectual, curiosidad epistemológica, además de confianza, tolerancia, respeto, humildad, perseverancia, esperanza y sobre todo fe. Pero no nos referimos aquí a la fe religiosa, ni a ningún tipo de creencia en particular que proceda de iglesias religiosas o laicas, sino a la confianza radical en las posibilidades de perfeccionamiento, mejoramiento y transformación de las personas y en la creencia de que la esperanza es un elemento ontológico de la condición humana (FREIRE, P.; 1993). Si no creyésemos que los seres humanos pueden ser mejores, pueden aprender, pueden perfeccionarse, pueden ser hábiles, cultos, excelentes trabajadores, buenas personas o creativos y sensibles artistas, la educación desde luego no tendría ningún sentido y además sería inútil. Tener fe en cada ser humano, en cada alumno en particular, apostar siempre con firme convicción de que lo que se presenta aparentemente como dificultad, puede convertirse en la mejor de las oportunidades que permita dar saltos cualitativos de transformación insospechados, es sin duda un valor a rescatar.

        En el mismo sentido, Maria Cândida como docente ha demostrado que todo fenómeno educativo, se produzca donde se produzca o ya sea formal o informal, escolar o extraescolar, cognitivo o emocional, procedimental o actitudinal, siempre tiene un profundo carácter ético y político. Nos lo decía Paulo Freire, cuando nos hablaba que la pregunta radical, no es primariamente de carácter metodológico, ni pedagógico siquiera, sino básicamente político (FREIRE, P.; 1990), porque debajo de toda intervención educativa late la cuestión del beneficio o el perjuicio social y personal

        ¿A quién beneficia y a quién perjudica que en las instituciones educativas se enseñen cosas de escasa significatividad personal y social? ¿A quién beneficia y a quien perjudica que las profesoras y profesores no sean capaces, no puedan o se desentiendan de la necesidad de servir de mediadores para que sus alumnos aprendan por sí mismos la realidad en la que viven, así como también su propio mundo interior? ¿A quién beneficia y a quién perjudica que en las escuelas y en las universidades no se promueva y enseñe a dialogar, a trabajar cooperativamente y en equipo, o a pensar críticamente aprendiendo a formular preguntas relevantes? Toda pedagogía pues, tiene un componente transdisciplinar de carácter ético y político y pensar que el profesor de una determinada disciplina, únicamente lo hace de su materia, es por lo menos una ingenuidad.

        Estamos pues ante una docente y una profesional de la educación en permanente proceso de desarrollo vocacional. Un proceso que es dinámico, continuo, multidimensional, complejo y transdisciplinar, que ha hecho posible que Maria Cândida haya encontrado nuevas vías, nuevos caminos que le han permitido expandirse y abrirse al aprendizaje de nuevas competencias. Nuevos caminos que ha combinado e integrado con el trabajo directo con alumnos; el estudio y actualización de su disciplina; la profundización en temas educativos y pedagógicos; el compromiso personal y la adhesión a valores éticos universales.

        El desarrollo vocacional y profesional de Maria Cândida es pues un proceso, que incluye muchos más aspectos y aprendizajes que la simple formación permanente de carácter específico o disciplinar, y por tanto caben en él muchas experiencias. Experiencias biográficas, experiencias profesionales, experiencias como estudiante, experiencias sociales, gustos culturales, experiencias con los alumnos, experiencias que interaccionan entre sí permitiendo abrir nuevos caminos de autorrealización, desarrollo vocacional, desarrollo personal, autoestima profesional, responsabilidad ante el desempeño y sentido de la profesión. Por ello y como muestra Maria Cândida con su práctica docente, un desarrollo vocacional y profesional efectivo, necesariamente tiene que ir más allá de los esquemas cerrados de la organización institucional, de las necesidades inmediatas de la institu-ción o de las normas burocráticamente establecidas, para centrarse con legitimidad en las necesidades personales y profesionales del profesor a largo plazo. (DAY, C.; 1998: 32 y 33).

        Finalmente, creemos necesario señalar que la vocación no la entendemos aquí como una llamada metafísica, ni tampoco como el resultado de la suma de diversas decisiones y ocupaciones laborales, sino más bien como la expresión de un proceso complejo y misterioso de construcción de sentido, sentido que en el caso de la profesión docente resulta esencial y que tiene mucho más que ver con satisfacciones intrínsecas que extrínsecas. Es por tanto responsabilidad de las instituciones socializadoras y educativas ofrecer posibilidades y oportunidades para que cada ser humano, sea capaz de construir su original sentido de la vida, del trabajo, de su misión y de sus objetivos existenciales y personales. Sentido, que no es algo que se adquiere de una vez por todas, sino que evoluciona con el tiempo y en función del propio proceso de maduración personal. Y esto es algo que también ha puesto de manifiesto la profesora Maria Cândida en toda su larga trayectoria académica y docente.

        En definitiva, la trayectoria biográfica, profesional, vocacional y de compromiso de la doctora Maria Cândida, ha consistido en alimentar ese sentido de la docencia, promoviéndolo, interpretándolo, enjuiciándolo críticamente para a al mismo tiempo, ampliarlo, modularlo e integrarlo en el sentido de la propia vida personal, una tarea que es esencial para cualquier proceso de formación del profesorado. En última instancia, será ese sentido que cada docente construye como persona y como profesional, el que le permitirá abrir espacios de coraje, apuesta, esfuerzo, compromiso y esperanza para hacer frente a las tareas de la profesión y a todas las dificultades y problemas a los que tiene que responder. Conocerse a sí mismo; conocer el entorno y saber leer la realidad; tener capacidad de riesgo y de prudencia; afrontar los propios miedos; hacer frente a las sombras; sostener el esfuerzo; aprender a tomar decisiones; son entre otros, aprendizajes muy vinculados a la madurez vocacional, al desarrollo personal e indispensables para el ejercicio de la función docente y que Maria Cândida ha mostrado con sencillez y humildad a lo largo de toda su vida.

Notas

[1]     Nos estamos refiriendo a la obra SUANNO, Marilza V. R. (Org.) Caminhos arados para florescer ipês: complexidade e transdisciplinaridade na educação – Homenagem à Maria Cândida Moraes e suas obras. Palmas: EdUFT, 2017.

[2]     El concepto de “matriz pedagógica”  ha sido elaborado y desarrollado a partir de las investigaciones realizadas por la doctora Ecleide C. Furnaletto de la Universidad de la Ciudad de Sao Paulo cuyas aportaciones le han permitido concluir que «…los profesores al reflexionar sobre sus historias de formación, perciben que sus prácticas, además de expresar los contenidos aprendidos en los cursos de formación, revelan, que se aprende también a partir de experiencias significativas. Descubren un “profesor interno” compuesto por dimensiones conscientes e inconscientes que se revelan en su hacer pedagógico. Y a esas referencias las denominamos “matrices pedagógicas”. Comprendemos que las “matrices pedagógicas” se presentan como archivos existenciales, que contienen registros sensoriales, emocionales y cognitivos a los que se accede cuando el profesor desarrolla su práctica en los espacios pedagógicos…» (FURNALETTO, E.; 2009). Este concepto se revela también a nuestro juicio, por el hecho evidente de que en toda práctica educativa y/o pedagógica, al ser una práctica humana, comunicativa, social y cultural, siempre reproduce de uno u otro modo, o en mayor o en menor grado, los conceptos, procedimientos y actitudes aprendidos (consciente o inconscientemente) por la persona del profesor a lo largo de su vida personal. Esta evidencia nos lleva a considerar que los profesores explicamos y disertamos sobre lo que sabemos o conocemos, pero lo que realmente enseñamos es lo que somos.

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