Espiritualidade. Um caminho de transformação

Este libro lo compré en una librería de Sao Paulo en noviembre de 2006 y me lo dedicó el propio Leonardo Boff, cuando lo entrevisté en Sevilla en junio de 2007. Su dedicatoria dice lo siguiente:

JUAN MIGUEL: CREER EN DIOS NO ES PENSAR DIOS SINO SENTIRLO EN TODO EL SER“.

Tiene un total de 12 capítulos muy breves y dirigidos más que a la lectura, a la meditación y degustación de las palabras, cosa que puede hacerse a partir de la grabación del CD, ya que el libro viene acompañado de un CD. Ni que decir tiene que es de una belleza y una simplicidad indescriptible.

Índice de citas de “ESPIRITUALIDAD: UN CAMINO DE TRANSFORMACIÓN”
1. 1Preguntas fundamentales 2. ¿Qué es la espiritualidad? 3. Religión y espiritualidad 4. Cuando la religión se olvida de la espiritualidad 5. La espiritualidad de Jesús: mística y política
6. Jesús predicó el Reino y en su lugar vino la Iglesia 7. La espiritualidad por el camino de Occidente
PREGUNTAS FUNDAMENTALES

«…Quiero hoy con ustedes tratar el tema de la espiritualidad en el contexto del drama que estamos viviendo a nivel mundial, captar la urgencia de la espiritualidad porque nosotros vivimos situaciones dramáticas hoy. Circulan en nuestra cultura mitos de la terminación de la especie, de liquidación de la biosfera, de amenaza de nuestro futuro. En momentos así dramáticos el ser humano se sumerge en las profundidades del ser y se sitúa en cuestiones básicas ¿Qué estamos haciendo en este mundo? ¿Cuál es nuestro lugar? ¿Qué podemos esperar para después de esta vida y como debemos actuar para que el futuro sea esperanzador para todos los seres humanos? Es en este contexto, en el que debemos colocar la cuestión de la espiritualidad. No es la única fuente, pero es una de las fuentes primordiales de inspiración, de esperanza humana, de generación de un sentido pleno y de la capacidad del ser humano de autotrascender…»

¿QUÉ ES LA ESPIRITUALIDAD?

«…¿Qué es la espiritualidad? Una vez preguntaron eso al Dalai Lama y él le respondió, yo quiero leer una pequeña historia que servirá de base para mi reflexión. Preguntaron una vez al Dalai Lama ¿Qué es la espiritualidad? Y él les respondió: “Espiritualidad es aquello que produce en el ser humano un cambio interior” Y esa persona preguntó nuevamente “Pero si yo practicara la religión y observara las tradiciones ¿Todo eso no es espiritualidad?” Y el Dalai Lama comentó: “Puede ser espiritualidad, pero si eso no produce en ti ninguna transformación, no es espiritualidad” Una manta que no es más que una manta que no calienta, deja de ser manta” Aquella persona le contestó: “Entonces la espiritualidad cambia” Y el Dalai Lama le dijo: “Como dicen los antiguos, los tiempos cambian y las personas cambian con ellos. Lo que ayer fue espiritualidad hoy no necesita serlo más. Lo que un momento se nombra como espiritualidad, no es otra cosa que el recuerdo de antiguos caminos y métodos religiosos. Hay que cortar de tal manera el manto para que se ajuste a los hombres, no corte a los hombres para que se ajusten al manto”. De ese pequeño diálogo del Dalai Lama, lo más importante es que la espiritualidad es aquello que produce dentro de nosotros un cambio y no necesariamente la religión produce dentro de nosotros un cambio. …» (Págs. 10)

RELIGIÓN y ESPIRITUALIDAD

«…Lo primero que tenemos que distinguir pero también no separar es religión y espiritualidad. El libro “Una ética para el nuevo milenio” del Dalai Lama, es un libro que merece ser leído porque hoy hay una confusión muy grande acerca de lo que es la espiritualidad y la religión y también sobre el tema ética y moral. Todos hablamos de eso pero no tenemos las ideas claras. Nunca vi a nadie con tanta claridad y con tanto convencimiento hablar de esas realidades como el Dalai Lama y lo considero una de las personalidades más mesiánicas de este final de siglo, porque es una de las personas que más consuela a los afligidos, que más llena de sentido a los desesperados, de las que más predica la paz como diálogo entre las religiones, como abrazo de los pueblos, si quisiéramos salvar a la humanidad, como familia y garantizar un futuro para la casa común que es el planeta. Él recorre todo el mundo predicando eso. “Las religiones solamente salvan y permiten el acceso al nirvana y a la transfiguración de las personas, si consiguen transformar la visión recta del mundo en una práctica profundamente coherente, en una amorosidad con los otros, en una compasión con los que sufren, en un sentido de responsabilidad por sus semejantes y una vida de despojamiento que nos deje abiertos para acoger todo lo que viene de la realidad. Si conseguimos desarrollar esa práctica, entonces seremos capaces de construir un camino que lleva inexorablemente para aquello que es el cielo, que es el nirvana, que es la suprema realización del ser humano.El objetivo de la práctica espiritual y consecuentemente de la práctica ética es transformar y perfeccionar el estado general del corazón y de la mente y así nos transformamos en personas mejores” …»

CUANDO LA RELIGIÓN SE OLVIDAD DE LA ESPIRITUALIDAD

«…Las religiones constituyen una de las construcciones de mayor excelencia del ser humano. Todas ellas trabajan con lo divino, con lo sagrado, con lo espiritual. Pero ellas no son lo espiritual. La espiritualidad es otra cosa. Las religiones pueden ser sustantivas y autonomizarse. articulando los poderes religiosos como otros poderes en el juego no siempre claro de intereses. Hubo épocas en Occidente en que el poder sagrado poseía absoluta dominación, poniendo y deponiendo Reyes, promoviendo guerras e imponiendo pacificaciones. Esos siglos de alianza entre el trono y el altar, pero sobre de hegemonía del altar, tal vez hayan sido los siglos de mayor violencia que el Occidente ha conocido: la violencia religiosa, hecha en nombre de Dios, quemando dos millones de brujas, silenciando y condenando a millares de personas en la Inquisición y promoviendo guerras religiosas de alta devastación. Al sustantivarse e institucionalizarse en forma de poder, sea sagrado, social, como cultural y militar, como en los Estados Pontificios de ayer, las religiones pierden la fuente que las mantiene vivas, pierden la espiritualidad. En el lugar de los hombres carismáticos o espirituales, pasan a crear burócratas de lo sagrado. Al revés de los pastores que se coloca en el medio del pueblo, generan autoridades eclesiásticas, por encima del pueblo y de lado para él. No quieren fieles creativos, pero si obedientes; no propician la madurez de la fe, pero si el infantilismo de la subordinación. El resultado es la mediocridad, la acomodación, el vacío de profetas y mártires y el enmudecimiento de la palabra inspiradora del nuevo ánimo y de la nueva vida. Las instituciones religiosas pueden transformarse, con sus dogmas, ritos y morales, en la tumba del Dios vivo. Al contrario coma los padres fundadores de los caminos espirituales Buda, Isaías, Jesucristo, San Pablo y, modernamente, Luther King, Gandhi, Dom Helder Cámara y Don Óscar Romero, de la parte del cristianismo liberador, son siempre personas profundamente carismáticas qué penetraron de forma extraordinaria en el misterio del Ser, que tuvieron y testimoniaron el encuentro con la realidad última. Personas que, al encontrarse con Dios, consiguieron transformar sus vidas a partir de una profunda transformación interior…» (Págs. 27-29)

LA ESPIRITUALIDAD DE JESÚS: MÍSTICA Y POLÍTICA

«…Creo que Jesucristo tuvo dos experiencias de base, verdaderos pilares que hasta hoy sustentan el cristianismo como camino espiritual y como Iglesia: una experiencia mística y una experiencia política. La primera, la mística, es la experiencia de sentirse hijo de Dios. Ella se expresa por la palabra Abbá que viene directamente de la boca del Jesús histórico Abbá es el lenguaje de los niños para con sus padres y abuelos. Traduce confianza coma entrega, ternura y total acogida . Abbá significa simplemente mi querido padre. Abbá-padre tiene todas las características de la madre coma porque está lleno de infinita misericordia, porque perdona a los ingratos y a los malos. Él es el padre del hijo pródigo que vigila la curva de la carretera para ver si su hijo regresa y, cuando lo ve, corre a su encuentro y lo llena de besos. No es solo el hijo que se convierte al padre. Es también el padre que se convierte al hijo. Aquí reside la originalidad de la experiencia espiritual de Jesús. Por tanto, es un Dios que tiene entrañas y, por eso, se transforma interiormente y se conmueve, es un Dios más Padre que Madre y más Madre que el Padre, tomados aisladamente. Mejor, es una Madre paternal o un Madre maternal. Ahora, todo aquel que habla con Dios llamándolo de Abbá-padre se siente su hijo querido. Esa es la conciencia de Jesús: de ser hijo del padre. Podemos discutir cuánto queramos, como hacen los estudiosos de los textos en el Nuevo Testamento, sobre el tipo de conciencia que Jesús tenía de sí mismo. ¿Cómo se consideraba? Muchas son las respuestas, todas polémicas. ¿Se sentía profeta escatológico? ¿Mesías liberador? ¿Hijo del Hombre? Sobre todos esos contenidos podemos discutir. Indiscutible, por eso es el hecho asegurado que Jesús llamó Dios al Padre y se llamó de Hijo en sentido absoluto. Entre el padre y el hijo hay una natural correspondencia. Quién dice padre coma dice también hijo, y, quien dice hijo, dice también padre.Es una cuestión de lógica, qué Jesús no era lógica, sino una experiencia de afecto, de amor y de extrema intimidad. Como Jesús es un hermano nuestro, portador de la misma humanidad que nosotros. Él abrió la posibilidad de que nosotros también hiciéramos esta experiencia de Dios como padre y de sentirnos como sus hijos e hijas queridos. Esa es nuestra Suprema dignidad: de ser de la familia de Dios, descargarnos Dios dentro de los otros y de Dios cargarnos dentro de él.
Hasta hoy el cristianismo no consiguió universalizar esa experiencia para todos los seres humanos, por más diferentes y humildísimos que sean: todos hijos e hijas queridos del padre y de la madre celestial. Como sería diferente el estado de conciencia de la humanidad, con ricas consecuencias prácticas coma si todos supiesen y fuesen acogidos y respetados como hijos e hijas de Dios. Gandhi vivió de ese sueño político religioso. Obtuvo fuerzas para su no-violencia activa y para su compromiso de liberación de la India de la dominación inglesa y para dignificación de los parias considerados no personas.
La 2ª experiencia de Jesús es de naturaleza político religiosa. Ella se expresa en su predicación. El no predicó la Iglesia, ni a el mismo, ni las tradiciones de los antepasados. El anuncio del Reino de Dios que está inminente y que ya se encuentra en nuestro medio.Reino de Dios significa la política que el padre conducen la historia y en su creación. Reino de Dios es aquella presencia activa y revolucionaria de Dios dentro del universo: presencia cósmica, comunitaria, social,como personal, presencia íntima en cada persona humana. Porque es dentro de cada persona o dónde está el Reino de Dios, es a partir del interior de cada ser humano qué Dios mismo produce transformaciones. El Reino de Dios es la presencia transformadora de un Dios que se acercó a nosotros y vino a buscar lo que es suyo: sus hijos e hijas, para rescatarlos, purificarlos y así transfigurarlos, coma a ellos y a todo lo que le rodea, a la naturaleza y al universo. Jesús anuncia esa gran utopía, esa revolución absoluta, alegría para todo el pueblo, como dice San Lucas en su Evangelio. La conversión que Jesús quiere es la transformación espiritual. Él quiere que realicemos la esencia de la espiritualidad, como la definió el Dalai Lamaaquello que produce una transformación en nuestro interior. Pero esa transformación no comienza y termina en el interior de cada ser. A partir del interior, ella desencadena una red de transformaciones en la comunidad, en la sociedad, en las relaciones con la naturaleza y con el universo entero. Para Jesús esa transformación debe iniciarse por los últimos de los últimos, qué son los pobres y los condenados de la tierra. El Reino de Dios comienza por ellos: bienaventurados los pobres porque de vosotros es el Reino. Jesús tuvo su experiencia espiritual en estas dos esferas: en la intimidad y en la política. Y el se transformo: dejó a la familia, se puso a predicar por los caminos, a curar a los enfermos, a consolar a los afligidos , a perdonar pecados y a resucitar muertos. Pero por encima de todo provocando en las personas un encuentro amoroso e íntimo con el Abbá-padre e inaugurando una ética de amor incondicional, de perdón ilimitado y de confianza irrestricta en los designios del Abbá-padre…» (Págs. 31-36)

JESÚS PREDICÓ EL REINO Y EN SU LUGAR VINO LA IGLESIA

«…Esta es la espiritualidad de Jesús, base sobre la cual se construyó el edificio histórico del cristianismo. En primer lugar se hizo una traducción de la experiencia de Jesús que fue consignada en los cuatro evangelios. Enseguida se crearon comunidades que tomaron a Jesús como referencia de vida y de sentido. Nacieron las iglesias. Junto con ellas surgieron los primeros himnos de celebración, ritos sacramentales, credos doctrinarios y códigos de conducta ética y moral. Lentamente se constituyó el cristianismo como cuerpo histórico.
Pero atendamos bien. Jesús no anunció una Iglesia. El anunció del Reino de Dios y la transformación interior, la conversión. Posteriormente, en su lugar, surgió la Iglesia como Comunidad de fieles que creen en Jesús. Esa evolución es casi fatal y férrea. Pero ella es otra cosa. No puede ser identificada con la experiencia original de Jesús. Ella está subyacente a la Iglesia YA sus instituciones, pero no se identifica con ellas. Una cosa es la fuente de agua cristalina. Otra cosa es su canalización para el aprovechamiento humano. El caño de agua no es el agua.
Infelizmente, muchas veces los cristianos identificaron el Reino de Dios con la Iglesia , y a Jesús con el Papa, con el obispo o con el sacerdote. Esa identificación representa una patología y una decadencia. El medio se transforma en fin. la Iglesia, al revés de presentarse como camino de salvación, se presenta, erróneamente, como la propia salvación, como si la imagen del Pan fuese el propio pan. Las autoridades eclesiásticas, en vez de ser representantes de Dios y del pueblo religioso, ocupan el lugar de Dios por la reverencia y la obediencia total que exigen. La Iglesia debe ser como la vela encendida. Lo que ilumina es la llama, no la vela. La vela es el soporte para que la llama queme, irradiando luz y calor. La vela es la Iglesia, la llama es Jesús y su experiencia fundadora.
Pero lo que más cuenta fundamentalmente en el cristianismo en sus múltiples iglesias es la experiencia singular de Jesús de Nazaret. Nosotros seremos herederos de Jesús no porque habitemos en la institución cristiana y sigamos sus preceptos . Seremos herederos si intentamos continuamente rehacer la experiencia de Jesús, si entramos en el movimiento de Jesús, sí nos sentimos hijos e hijas de Dios, y, al mismo tiempo, miramos a los otros también como hijos e hijas, tratándolos con sumo respeto, como quien contempla, reverente, Dios naciendo dentro de cada uno y haciendo de cada mujer, de cada hombre, sus hijos e hijas, nuestros hermanos y hermanas.
Si la religión cristiana, en sus variadas formas eclesiales e institucionales, produce continuamente esta experiencia, ella se transforma en camino espiritual. Ella representa la espiritualidad pura. Pero si ella no transforma nuestra interioridad. Si continúa siendo solamente una religión de consuelo y medio de salvación por miedo de la perdición, ella se transmuta en opio. Sí permite que sus ritos y símbolos sean usados y abusados en el mercado religioso, especialmente por los grandes medios, para solamente suscitar conmoción y no aquella transformación interior derivada de la experiencia de Dios vivo Y de compromiso por la justicia, por la paz y por la integridad del creador, ella se transforma en un simple fetiche. Con la religión podemos hasta pecar contra Dios y por la religión ahogar la espiritualidad . Por eso esa vía la prescripción del decálogo al prohibir, en el 2º mandamiento, el uso del Santo nombre de Dios en vano. Tal vez sea el mandamiento contra el cual las religiones más pecan, especialmente las iglesias mediáticas. En las radios y programas de televisión es Jesús para acá y Jesús para allá, sin cualquier sentido de reverencia y de moderación. Se banaliza lo sagrado, como si Dios, Jesús y las escrituras fuesen una moneda circulante para todas las finalidades. El nombre de Dios pasa a ser usado para los intereses de los hombres, no para los intereses de Dios, en disonancia con la naturaleza de los sagrados y de lo espiritual…» (Págs. 37-41)

LA ESPIRITUALIDAD POR EL CAMINO DE OCCIDENTE

«…Quiero dejar por un instante el campo específicamente cristiano para introducir una reflexión más básica de la espiritualidad, subyacente a los dos grandes caminos recorridos por la humanidad, en oriente y en occidente. Son caminos espirituales paradigmáticos, grandiosos a su riqueza interior, diferentes y, con todo, complementarios. A partir de esos dos tipos de experiencia se erigirán majestuosos edificios institucionales y religiones de gran fuerza de atracción, frecuentadas por la gran mayoría de la humanidad. Lo queríamos es extremadamente esquemático, pues nos concentraremos solamente en la institución originaria de cada uno de esos caminos espirituales.
Las dos afirmaciones básicas son estas dos. Existe el camino de la comunión personal con Dios que incluye el todo. Existe el camino de la comunión con el todo que incluía Dios.
El primero es el recurso occidental. El segundo es, el oriental. El oriente y el accidente se abrazaron y nos entregan la posibilidad de una experiencia comprensiva y totalizadora de Dios, o de lo Divino, o del Misterio.
De salida suspendo cualquiera juicio de Valor sobre esos dos caminos. No quiero preguntar, como muchos equivocadamente hacen, cuál de ellos es el mejor, o más contemporáneo o más conforme a la voluntad de Dios. Ya que nos hemos referido varias veces al Dalai lama de permito hacer una confidencia de un pedazo de conversación que mantuvo con el, hace algunos años, y que nos ayudará a entender la cuestión que voy a abordar. En el intervalo de una mesa redonda sobre religión y paz entre los pueblos, en la cual ambos participábamos, yo, maliciosamente, pero también con interés teológico, le pregunté en mi inglés parte:- santidad, ¿Cuál es la mejor religión?
Esperar a que él dijese: esperaba que el dijese ” es el budismo tibetano” o “son las religiones orientales, mucho más antiguas que el cristianismo”. El Dalai Lama e hizo una pequeña pausa, sonrió, me miró bien a los ojos, lo que me desconcentró un poco, porque ellos había de la malicia contenida en la pregunta, y afirmó:
-La mejor religión es aquella que te hace mejor.
Para salir de la perplejidad delante de tan sabía respuesta, volví a preguntar:
-¿y qué te hace mejor?
Y él respondió:
Aquello que te hace más compasivo, y ahí sentí la resonancia tibetana, budista, taoísta de su respuesta, aquello que te hace más sensible, más de esa pegado, más amoroso, más humanitario, más responsable …
La religión que conseguía hacer eso de ti es la mejor religión. Callé maravillado, y hasta los días de hoy estoy rumiando su respuesta sabía a irrefutable.
Entonces no podemos aseverar que el cristianismo por sí solo, como se afirma actualmente los sectores más altos y cerrados del Vaticano, tenga todo el arsenal absoluto a y perfecto o de los medios de salvación, dispensando las aportaciones de otras religiones, y que sea el único camino querido por Dios para llegar a él. Además de arrogante, esta afirmación es teológicamente errónea, porque todo el océano divino no cabe en nuestro recipiente y toda la grandiosidad de Dios no se reduce a nuestros discursos.
A la luz de lo que dice el Dalai Lama, cada uno de los otros están desafiado preguntarse:
” ¿Cuál es el mejor camino? ¿Dónde se desarrolla mejor mi humanidad? ¿Dónde puedo tener un encuentro más radical con Dios y dar a él el nombre de mi reverencia? ¿dónde puedo transformar me realmente en un ser de irradiación, capaz, junto con otros, de crecer en más humanidad, el más perdón, el más capacidad de inclusión de todos, para que nadie quede excluido de nuestro mundo, de nuestra comunidad y de nuestro amor?”
Veamos, en pocas palabras, el camino de occidente. él fue fundamentalmente marcado por la experiencia judaico cristiana. ésta está centrada en el encuentro con Dios, un Dios que se revela, diciendo su nombre, Javé, que significa: ” yo soy aquel que estaba plenamente ahí, que camina contigo, que acompaña y, el cual tú estableces un diálogo.”
La relación con Dios es personal y dialogal. Es un encuentro yo-tú, encuentro entre desiguales, que por la apertura, la amistad y el amor establecen comunión a ir auguran una alianza. El diálogo es fundamental, como han demostrado los filósofos del encuentro asistencial, como Martin Buber y otros.
En términos antropológicos, es en ese diálogo yo-tú en el que se formara la identidad humana. Es a partir del tú como descubrimos nuestro propio yo. No se trata de un encuentro meramente intelectual con un Dios que cabría solamente en nuestra cabeza. Es una experiencia fundamentalmente amorosa, en la que nos sentimos envueltos por la realidad divina. Es un encuentro en la totalidad, porque nueve no está interioridad, llevándonos a caer de rodillas, como moisés o Sampedro, a llorar, a danzar y a magnificar. Nosotros dialogamos amorosamente con Dios y queremos conocer lo, pero en un auténtico proceso de enamoramiento. Cuando nos enamoramos de una persona, todo de ella se transforma en interesante: donde nació, como es su familia, quién son sus amigos, donde estudió, que es lo que le gusta. Cada detalle adquiere importancia y se transforma en sacramental. Porque es en ese encuentro que crecemos, no se está seamos y hacemos la experiencia de nuestra más radical apertura al otro, hasta el punto o de querer sacrificar todo para estar con él, unir en nuestro destino a él y, en definitiva, fundirse con él. En esa experiencia nosotros nos sentimos radicalmente humanos, y no conseguimos pensar la felicidad y la eternidad sino como prolongación, de forma infinita, de esa experiencia plena de sentido. Por querer de unirnos a la persona amada, cambiamos nuestros hábitos, aceptamos mi renuncias, no contamos el tiempo ni medimos dificultades, aunque las encontraremos. Fue en esa línea de experiencia que el occidente hizo su encuentro con Dios: encuentro en un amor creciente que nos lleva a quedar entenderlo cada vez más, para amar lo mejor, incesantemente. Keller las grandes místico cristianos, como San Juan de la cruz, Santa Teresa de Ávila y el Maestro Eckart, se encuentra con esa experiencia de amor. Solamente quien tiene un encuentro radical de amor con Dios sería capaz de escribir como San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual:
Muestra tu presencia Mátame a tu vista y hermosura
Mira que la dolencia
De amor no se cura
Sino con la presencia y la figura
O Santa Teresa de Ávila, en su aspiraciones de vida eterna, conocida también como glosa de Santa Teresa:
” vivo ya fuera de mi
Después que muero de amor;
Porque vivo en el Señor,
Que me quiso para sí:
Cuando le di el corazón
Coloque en el este letrero,
que muero por qué no muero”
Volviendo San Juan de la cruz, en sus canciones de amor entre la alma y tíos, constatamos el carácter de búsqueda permanente del amor que se entrega y se recoge:
Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Tales expresiones solamente son posibles en el supuesto o de una relación mística de yo tú, de encuentro donde siempre hay el desencuentro y donde, por más que se conozca y se ame a la persona, nunca su misterio es desvelado totalmente. Ella se vela y se revela, se edad y se retrae. Por eso es un encuentro de magia, de fascinación, lleno de cuida de reverencia, donde los límites necesitan ser respetados, porque el menor gesto puede oscurecer toda la experiencia del encuentro.
Como todo está ligado umbilical mente a Dios, es a partir de Dios que encontramos el todo. Dios se refleja en el universo y penetra en el corazón de cada cosa. El universo es cada cosa encontrándose en Dios. Para expresar esa mutua presencia, la teología cristiana creo o la expresión panteísmo. Significa: Dios está en todas las cosas y todas las cosas están en Dios. No es el panteísmo, donde todo indiferentemente es Dios. Dios y mundo guardan sus diferencias, pues es un creador y el otro es criatura. Pero ellos se interpenetran y se hacen presentes uno al otro. Dios presente en todas las cosas y viceversa, sin ninguna distancia. él está en la profundidad de nuestro corazón, y por eso nosotros no estamos distantes de el. En el nosotros vivimos. En el que nos movemos. En el nosotros somos, como recordaba San Pablo sus interlocutores en la plaza pública de Atenas. Estamos en él como dentro del aire que respiramos. Y él está en nosotros como nuestros pulmones vivificados de aire.
Es lo que Theilard de Chaldrin, ese extraordinario místico y científico moderno, llamaba ” el medio divino”. Nosotros estamos dentro de Dios. Nunca salimos de Dios, ni vamos a Dios, porque estamos siempre dentro de Dios. La tarea del hace es descubrir ese Dios que está presente en todas las cosas. Pero oculto bajo mil señales. El universo eso un gran sacramento. La materia es sagrada. La naturaleza es espiritual. ¿Por qué? Porque es templo de Dios. Dios está en todo y todo está en Dios, todo se refleja dentro de Dios. El universo no es indiferente y Dios, está en su corazón y pertenece al reino de la Trinidad.
San Francisco de Asís, en su mística cósmica, vivió emocionalmente es espiritualidad de Dios en el todo y de todo en Dios. Por eso universal hizo la filiación divina y la hermandad con todos los seres, el Hermano sol y la Hermana luna, la Hermana agua y el Hermano fuego, bien como el Hermano cuerpo y la Hermana muerte.
Pienso que es profundamente consolador que el Papa Juan Pablo II nos diga, algo que repite muchas veces en su peregrinación por el mundo, que nacemos de un paro amoroso de Dios que estamos anclados en el corazón del Padre. Si esta afirmación fuese solamente traducida en una doctrina, puede ser una entre tantas. Pero sí la transformamos en una conmoción del corazón, entonces hacemos una experiencia de espiritualidad y de profunda liberación. ¿por qué temer, si Dios está por nosotros? ¿por qué temer, si estamos en sus manos? ¿por qué arrebatarse si nuestro corazón está habitado por el altísimo? La vida se torna leve, se transforma en encantamiento o y en poesía. Porque, como los poemas de San Juan de la cruz o en el cántico al Hermano sol, de San Francisco de Asís, todo nos habla de Dios. Es la oveja, la campiña, el aire, el agua, el fuego son los muchos rostros de Dios en todo lo que nos rodea. La experiencia de C viva transfigura y sacar a mentalizar la realidad, y despeja todas las contradicciones que nunca dejan de existir. Ellas están siempre presentes, pero no consiguen apagar las señales dejadas por el amor. Bien decía Pascal: ” creer en Dios no es pensar Dios. Creer en Dios es sentir Dios.” Y quien siente Dios es el corazón.
Nuestro desafío consiste entonces en descubrir cómo pasar de la cabeza, donde está la doctrina sobre Dios, para el corazón, donde se encuentra la realidad viva de Dios. Dios está en nuestro corazón. San Juan, en la primera carta, dice son de una forma extremadamente feliz: ” aquel que nosotros tocamos, que nuestros ojos ven, que nuestros oídos oyen, ese nosotros le comunicamos”. Es una experiencia concreta: tocar, sentir, ver. El cristianismo occidental hizo esa experiencia espiritual que le posibilitó sintetizar toda la realidad en Dios,
Esa fe debe ser vigorosa para poder ver a Dios, realmente, en todas las cosas, incluso en las más contradictorias.Hasta incluso en los campos de exterminio nazis muelas a las de tortura de nuestros regímenes militares de seguridad nacional. Para quien experimenta Dios en todo, hasta esa anti realidad no se encuentra fuera de Dios, por más escandaloso que eso pueda parecer.
Tal vez no sepamos dar las razones de la presencia divina dentro de esa terrible ausencia, por más que intentemos elucidar ese misterio. Seguramente, al final, debemos concluir como Santo Tomás de Aquino en su tratado sobre el mal: ” no entendemos el mal, pero creemos que Dios es tan poderoso que puede cambiar el mal por un bien porque, si así no fuera, Dios no sería todopoderoso”
Solamente a partir de esa fe viva podemos cantar como lo hace de la liturgia católica en la noche de pascua: ” la feliz culpa por la cual experimentamos la misericordia de Dios en la pequeñez humana y que nos hizo percibir que jamás estamos lejos y fuera de Dios”. Es a partir de esa experiencia de encuentro que se formaron las muchas familias espirituales que testimonian Dios en el todo y todo en Dios, en una profunda comunión y amorosa inter retro conexión, sea por la mística sufí de Rumi y de Ibn El Arabí, sea por la mística cristiana de San Francisco de Asís, de San Juan de la cruz y de Theilard es Chaldrin. Es el camino espiritual de occidente.…» (Págs. 43-57)

Continuará…