Esteban Tabares

Esteban Tabares Carrasco (Puente Genil, 1947) es “Maestro de Escuela”, estudios que finalizó en 1963 ingresando en el Seminario Mayor de Sevilla donde estudia Filosofía y Teología, siendo ordenado sacerdote en 1970. Ejerció su ministerio sacerdotal durante de 17 años decantándose como cura obrero-jornalero formando parte del “Equipo de Curas de la Sierra Sur de Sevilla” como párroco de Aguadulce, junto a Diamantino García (Los Corrales), Enrique Priego (Pedrera), Juan Heredia (Gilena) y Miguel Pérez (Martín de la Jara), equipo que conformó la denominada “Misión del Sur”, de la que Esteban fue fundador.

Participó y se comprometió activamente con todos los movimientos sociales de la comarca, especialmente con el movimiento obrero jornalero, contribuyendo a fundar el Sindicato de Obreros del Campo (SOC-SAT) en 1977.

Diez años más tarde, en 1987 abandona su ejercicio eclesiástico comprometiéndose y contribuyendo a fundar y a mantener la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía y la Fundación “Sevilla Acoge” de la que actualmente es su secretario. En estas instituciones sigue ejerciendo como animador socio-cultural y orientador familiar, trabajando incansablemente en las más diversas actividades de solidaridad, formación y acompañamiento, especialmente con los inmigrantes.

Forma parte también del Movimiento de Comunidades Cristianas Populares de Sevilla  contribuyendo a su organización, así como a la celebración de los más diversos encuentros y actividades, especialmente la gestión de las Semanas Teológicas de Andalucía que se celebran con cada dos años y que van ya por su XIX edición.

El hecho de traerlo al “Rincón Poético” obedece por un lado a su permanente contacto con Camas, especialmente con la Parroquia “Ntra. Sra. de Guía” de La Pañoleta y con Fernando Camacho Acosta y Antonio Suárez Nieto, pero además porque ha asistido y participado en diversas actividades tanto con el Grupo FOCODE, como con el Grupo de la Asociación “MEMORIA, LIBERTAD Y CULTURA DEMOCRÁTICA” por lo que está vinculado a nuestra ciudad. No obstante la razón más importante al traerlo aquí es porque Esteban es un poeta de la cabeza a los pies, pasando por el corazón y viviendo el día a día de los más excluidos y necesitados de Sevilla y de toda Andalucía, por eso para mí y aunque su humildad y sencillez no lo admitan, es realmente un personaje y un poeta de la misma talla que el insigne y heroico Monseñor Pedro Casaldáliga.

Estamos pues, no solo ante un poeta, sino también ante un místico que considera que “El cristianismo es una oferta de vida buena y alternativa, no es una religión evasiva para ganar el más allá, ni tampoco un camino de auto-realización puramente interior” y que por tanto combina la dimensión espiritual con la dimensión profética y sociopolítica de la fe. Su sabiduría, su coherencia, su radicalidad, su solidaridad y en nuestro caso la extraordinaria belleza y profundidad de sus poemas, constituyen un auténtico alimento para afrontar estos tiempos de incertidumbre, complejidad e injusticia.

Sin duda alguna, es un auténtico privilegio tenerlo aquí. Muchísimas gracias Esteban.

ÍNDICE DE POEMAS
Antonio Suárez Nieto, hombre del pueblo, hombre de Dios Sin distracciones Elegía a Fernando Camacho Las hojas no caen, se sueltan

ANTONIO SUÁREZ NIETO, HOMBRE DEL PUEBLO, HOMBRE DE DIOS

A la caída de la tarde, cuando se acercaba la noche y se disponía para dormir, el Sol llamó a la lamparita de aceite y le dijo: “Es tu turno, querida amiga”. Y la lamparita de aceite  respondió: “Se hará lo que se pueda, maestro” (Tagore). Como a la lamparita, algo parecido me sucede hoy. Me han pedido hablar de un hombre cuyas palabras siempre me han enseñado compromiso y corazón. He de hablar de un hombre a cuyo lado me siento como un nieto ante su abuelo, como un aprendiz ante un maestro de vida. Casi no sé qué decir ni por dónde andar; me siento como gorrioncillo de corto vuelo frente al águila majestuosa y de aguda mirada al suelo. Con el atrevimiento que me da la amistad, diré lo mismo que la lamparita de aceite le dijo al Sol: “Se hará lo que se pueda, maestro”…


Cuando un hombre hace de su vida
hogar abierto para los demás,
sin puertas cerradas, sin nada que guardar,
ese hombre queda para siempre viviendo
en las moradas y en los corazones a la par.

Cuando un hombre no se guarda para sí
viviendo incansablemente para los demás,
cuando no se enriquece en nada
y se sitúa sencillamente en el último lugar,
ese hombre recibe el mejor tesoro,
un regalo que nadie puede comprar:
el cariño, el respeto, la simpatía
de quienes a su lado siempre estarán.

Cuando un hombre presta sus manos, su corazón,
a todas las causas que llaman perdidas
-que son siempre las de los pobres-
y no se sienta junto a los de arriba,
porque sabe que sólo en los pequeños anida la esperanza y la vida,
ese hombre conoce la secreta felicidad
de comer el pan en las mesas sencillas
ofrecido por manos gastadas y limpias de hipocresía.

Cuando un hombre ve que la tierra mal repartida está,
que la gente más pobre va forzada a emigrar
o tragarse el paro en las calles sin protestar,
que los jóvenes se hacen adultos
sin saber qué será de ellos ni a donde irán
y ese hombre lo siente todo como en carne propia,  
su palabra se hace ejemplo y testimonio de la verdad.

Cuando un hombre gasta mucho de su tiempo
consolando a quienes lloran, acompañando a enfermos,
rezando por los que sufren o se van, jugando con los niños,
dialogando con quienes no distinguen la “o” del cero…
ese hombre no habrá vivido en balde y su tiempo será eterno.

Cuando un hombre vive su fe cristiana
no para dar brillo al templo, ni adormecer con cantos,
sino para enjugar los llantos;
no para recitar largas letanías
sino para contagiar compromisos, esperanzas y alegrías;
no para hacer procesiones
sino para gritar ¡justicia! en las manifestaciones…
entonces ese hombre enseña y anima a creer
porque antes muy a fondo lo vive él.

Cuando un hombre se fía de Dios y se entrega por completo a Él,
con una fe hecha no de rezos ni de incienso
sino fraguada en el compromiso fiel
por implantar la justicia y sembrar la hermandad…
ese hombre verá que las semillas de sus obras
llegarán a germinar en un futuro-primavera
para una Nueva Humanidad.

(Amigo Antonio: Terminaré este comentario sobre tu vida con un pequeño poema que tú siempre me recuerdas y pides que te recite)

SIN DISTRACCIONES

Si cuantos piensan en Dios
dedicasen algún tiempo
a pensar en los humanos,
Dios bajaría de las nubes ilusas,
las palabras religiosas,
saldrían del ocio y del incienso
para hacer Felicidad y Misterio.
Si cuantos hablan del más allá
dedicasen algún tiempo
a remediar el más acá,
sería fácil descubrir
que no hay distancia ni dos mundos,
ni se puede ser neutral
fantaseando con el allí
pues el allí nace aquí.
El problema no está en Dios.
Son los dioses bien cercanos
los que dominan, oprimen
y nos tratan como gusanos.
Queda, pues, en nuestras manos
defender no los Derechos de Dios
sino los Derechos Humanos.
Esteban Tabares
Camas (Sevilla) 10.11.2016

ELEGÍA A FERNANDO CAMACHO

¡Suéltame. Déjame. Déjame verlo!
Deja mis lágrimas correr por los surcos del silencio
y que fertilicen mis gritos y misterios.
¡No, no quiero!
No quiero rezar en secreto.
Que todos me vean llorar, gemir, imprecar, sin consuelo.
¿Por qué, mi amigo, te has muerto?
¿No ves que tu Pañoleta,
como marinero sin timón, o torre sin veleta,
queda envuelta en dolor,
deshecho su maltrecho corazón?
¡Ay! ¡Quien pudiera darme tijeras de albahaca
para cortar el sudario blanco de tu caja
que aprisiona tu cuerpo, pero no tu alma!
Al extinguirse la hoguera, ¿adónde se fue tu llama?
Más allá… Mirad más allá…
Donde los misterios y los pobres
entretejen filigranas de utopías
con dolores, con amores, hasta el final de los días.
¿Es ahí donde ahora vives y nos sigues guiando
hermano, amigo querido, Fernando?
¿Te quedarás ahí, quieto, yerto, muerto?
No… Calla… No digas nada…
Que sea Dios, si quiere, quien rompa el silencio.
Sí, sí… ¡Háblame! Quiero saberlo ya.
Dime: ¿Dónde estás, amigo?…
Allí, allí donde todo se acalla,
allí donde el Amor es Fuego y Palabra.
Esteban Tabares.8-1-2018

LAS HOJAS NO CAEN, SE SUELTAN

Las hojas no caen, se sueltan.
Siempre es bonito ver caer las hojas en otoño
con sus tonos ocres.
Aunque ninguna hoja “se cae”
sino que, llegado el escenario del otoño,
bailan la danza del soltarse.
Las hojas no caen, se sueltan,
se desprenden en un gesto
de generosidad y de sabiduría.
Cada hoja que se suelta es una invitación
a saber desprendernos.
La hoja que no se aferra a la rama
y se lanza al aire,
sabe del latido profundo de la vida
que está siempre en movimiento y renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el
espacio vacío que deja es la matriz generosa
que albergará el brote de una nueva hoja.
El baile de las hojas soltándose y danzando en la
sinfonía del viento es un canto de libertad
y nos interpela a los árboles humanos que somos.
Las hojas no caen, se sueltan.
Cada hoja al aire me está susurrando
al oído del alma:
¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!…
Cada hoja que se desata de su rama
queda unida invisiblemente
a la brisa de su propia entrega y libertad.
Con este gesto la hoja anuncia la llegada de la
próxima primavera.
Confieso que soy un árbol al que le cuesta soltar
muchas de sus hojas. Tengo miedo
ante la incertidumbre del nuevo brote.
Me siento tan cómodo con mis viejas hojas,
con mis ideas añejas y mi conducta prefijada…
Quiero sumarme a esa sabiduría de las hojas
que se sueltan.
Quiero lanzarme al viento otoñal que me sumerge
en fe, confianza y entrega.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su
propia consciencia y libertad,
desprenderme de la rama es mucho menos
doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten serán arrancadas
por un viento mucho más impetuoso
y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.
Las hojas no caen, se sueltan.
Esteban Tabares.(Parafraseando
a José María Toro en “La sabiduría de vivir”)En memoria de Fernando Camacho. 7-1-2019

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