José Matías Gil

José Matías Gil (Hinojos, 1946), es “Maestro de Escuela” jubilado, profesión que ha ejercido durante una dilatada vida laboral en la vecina Santiponce. Vive en Camas desde 1974, año en el que llega para incorporarse al Grupo de Salesianos “Buen Aire”,  junto a Miguel Fernández Villegas, Antonio Durán, Luis Martín Blanco y Lorenzo Rastrero. Un Grupo que con todo merecimiento forma parte de la Memoria Histórica y Democrática de nuestra ciudad promoviendo, impulsando y materializando tanto en compromisos y realizaciones culturales, como en acciones en favor de la lucha contra el franquismo, las libertades democráticas y los Derechos Humanos Universales los valores y principios del nuevo tipo de Iglesia surgido a partir del Concilio Vaticano II.

Toda su vida la ha dedicado a fundir de una forma singular y única, los valores estéticos de la poesía con los valores éticos que fundan y sostienen las libertades democráticas. Pero además, su pasión por las letras, la literatura y la poesía, junto a sus extraordinarias capacidades y dotes para el estudio y la expresión escrita, lo han llevado a conseguir metas de un extraordinario valor cultural, académico y literario. Pepe Gil es también un Gran Maestro de Poesía y de Extensión y Promoción Cultural, siendo al mismo tiempo doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, grado que obtuvo con la tesis “Vida y poesia de Alberto Lista. Estudio biográfico y textual” en 1992.

Como poeta, ha sabido combinar el rigor y el respeto a las formas clásicas y populares de la poesía con las más innovadoras creaciones llenas de simbolismo. Su obra poética más conocida es “Romances andaluces“, de la que se han realizado cuatro ediciones, siendo la primera de 1976. Una obra, por cierto, de extraordinario compromiso sociopolítico y de inmensa belleza estilística y popular. Su mejor y mayor obra de militante comprometido con la cultura y con la poesía, ha sido sin duda la de haber fundado la Asociación Literaria “Gallo de Vidrio“, que cuenta con una dilatada historia de producciones y realizaciones de más de 45 años y cuya trayectoria ha sido académicamente reconocida y estudiada en diversas tesis doctorales y en particular en el Evento Conmemoritivo de su 40º Aniversario organizado por la Universidad de Sevilla en 2012 y bajo el título de “La Comunicación Vigilante“.

ROMANCES ANDALUCES

Me duele el dolor del puebloLa bicicletaA los olivaresEstás sacando aguaMiedo
Hombres de HuelvaLa tortuga proletariaA mí me basta el silencioRomance verso del puebloAquí nadie es más que nadie
El amigo sabrosoEl orgullo de ser puebloEspaña es de toda EspañaSevilla y madrugadaPorque el pueblo es lo primero

Me duele el dolor del pueblo

ME duele el dolor del pueblo
como mi propio dolor:
un dolor que me ha parido,
mezcla de grito y sudor.
Fui niño. No pasé hambre
porque mi madre me dio
la parte que le tocaba
del pan, del sueño, del sol.
Y, cuando cumplí tres años,
tuve escuela que pagó
mi madre barriendo aula,
escalera y corredor.
Mi padre estaba en el campo,
maderero, leñador,
sacando al pino resina
y astillas de amor a amor.
Pueblo, ¡hombres y mujeres
sólo dueños de un clamor
que, traspasando mi pecho,
retumba en el corazón!
No tengo más ideal
que un pueblo libre y señor.
Porque yo soy ese pueblo
y es su dolor mi dolor.
Sevilla, 1974

La bicicleta

YO tengo una bicicleta
como no he visto otra igual.
Le falta el faro, los frenos,
el timbre y el manillar,
nunca ha tenido sillín
ni cadena ni pedal,
ha perdido las dos ruedas
y no tiene nada más.
Mi bicicleta veloz,
ilusión de mi soñar,
como los pájaros vuela
pero jamás rodará.
Ay, alegre compañera,
yo te siento jadear
aquí dentro, en la cabeza,
disparada sin parar.
Montado en una quimera
no ceso de pedalear
porque sé de dónde vengo
y adónde quiero llegar.
Mérida, 66? — Camas, 11/3/78

A los olivares

A los olivares
de verdes olivas
salen las muchachas
a la recogida.
Llevan los canastos,
el pan, la morcilla,
y al son de los pájaros
sus voces se animan.
El sol tempranero
va vereda arriba
con polvo de gloria
y soplos de brisa.
Suenan cien rebuznos
y cien campanillas
de lentos ganados
y cien seguidillas.
Por los olivares,
afán de cuadrillas:
del sudor del pueblo
brota la alegría.
Mundo olivarero
que trabaja y vibra,
mundo que renace,
mundo que germina,
remanso de otoño
en Andalucía.
Mérida, 11/67 — Camas, 4/77

Estás sacando agua

ANDAR, andar siempre
llevando tu carga.
Correr, afanarse,
cansarse. Pisadas,
tropiezos, caídas,
olvidos, nostalgias.
La vida es la noria
que nunca descansa:
gira que te gira,
ya sube, ya baja.
Nadie quiere ver
que estás sacando agua.
Mas deja la sombra;
surja la cantata
del trabajo en ti,
alegre y con gracia.
Porque tú reflejas
a la luna mágica
y cientos de estrellas
se bailan en tu alma
y tu acequia riega
mil flores, mil ansias,
y sobre tu cielo
hay palomas blancas.
Mérida, 68

Miedo

SI fueras un reloj,
qué torpe desarreglo:
las agujas paradas,
agonizante el péndulo,
la maquinaria mohosa
de polvo y de silencio,
los números caídos
tras el cristal enfermo.
¡Un trasto melancólico
muriendo de recuerdos!
Somos occidentales
relojes descompuestos
que no damos la hora
que sólo damos miedo,
que andamos a la caza
de gente a quien comernos.
Al gran reloj del mundo
le hemos roto el concierto
y no hay tictac de vida;
nos pudrimos por d entro.
Mérida, 69 — Camas, 11/3/78

El amigo sabroso

QUE bien te sienta, cuerpo,
el roce y compañía
en paz, amor y gloria
cual luz más luz.
                              Es fría
la hora del recuerdo.
Ilusoria, huidiza
es la futura flor.
Este momento es vida
total, la vida toda:
abundancia sencilla,
placer de lo pequeño,
muy sabrosa comida
el tiempo sin agobio,
jugosa la alegría,
la cabeza en su hora
y el corazón, sandía.
Sanlúcar la Mayor, 1/70? — Camas, 14/2/78

Hombres de Huelva

MARINERIA del Sur,
pescadores de mi Huelva,
hombres recios, impasibles
y alegres en la faena,
con la mirada en la mar
y el corazón en la tierra,
descendientes de los héroes
que llegaron a las selvas
de indios y papagayos
allende el mar.
                           Una vela,
un viento, una ilusión,
unos hijos que se dejan
en adioses de pañuelos
y lágrimas.
¡Blanca estela
la del barco que se pierde
cargado de redes nuevas…!
Sevilla, 2/72

La tortuga proletaria

QUE triste va la tortuga
con la cesta de la compra:
¡tiene tan poco dinero
para comprar zanahorias!
Se desayuna lechuga;
el almuerzo, una cebolla;
de merienda no hay merienda
y, para cenar, la sopa.
¡Qué ganas tiene la pobre
de comerse una alcachofa!
Pero no tiene dinero
para regalar su boca.
La tortuga proletaria
—trabaja más de ocho horas—
se ha apuntado a un sindicato
porque piensa que la explotan.
Sevilla, 2/6/72 — Camas, 9/77

A mí me basta el silencio

A todas vuestras palabras
respondo con mi silencio.
Vale más que la tormenta
el tiempo sereno y denso.
Tanto gallo de pelea,
tanto chorlito parlero,
tanta cotorra zumbona
y tanto loro sin seso,
no merece otro auditorio
más que de incautos y necios:
triunfe su labia entre bobos
que aplaudan sus embelecos.
Yo, solo, escucho noticias
que me trae mi amigo el viento:
meditando al aire limpio,
sé del suelo y sé del cielo.
Su corral a cada gallo;
a mí me basta el silencio.
Sevilla, 74

Romance, verso del pueblo

UNA poesía desde el pueblo,
el romance erguido y llano.
¡Qué bien le suena a la gente
el verso sentido, claro,
que despliega su asonancia
como música en los álamos
del viento en cualquier ribera!
Versos con eco de campo,
fresca savia vegetal,
libertad de inquietos pájaros,
maduros como el otoño,
arrogantes como gallos.
Versos limpios de retórica;
no un producto alambicado,
sino fluido manantial
que nos tiemble entre los labios.
Romance, ¡verso del pueblo!,
tan cordial y tan gallardo,
tan antiguo y tan vigente
cuanto el amor y el trabajo.
Camas, 11/1/75 – 28/2/81

Aquí nadie es más que nadie

AQUI nadie es más que nadie,
aunque digan lo contrario
el tabernero, el tendero,
el maestro, el boticario.
Aquí hemos nacido todos
y aquí tienen que enterramos.
De fuera llegan los curas.
Médicos, veterinarios
nunca fueron de esta parte;
un día se presentaron
con más orgullo que ciencia
y, gruñiendo y recetando,
amontonaron riqueza
que sudó el hombre del campo,
compraron lindo automóvil,
piso en la ciudad y, cuando
tuvieron hijos crecidos,
se fueron y nos quedamos
en el pueblo los de siempre
ni más cultos ni más sanos.
Nadie de aquí juntó como
para tener un criado;
sí hay algunas ambiciones
y, a veces, nos envidiamos
vanidades, sutilezas;
pero proclamamos alto
que todos somos iguales
y no queremos tiranos.
Hinojos, 4/8/75

El orgullo de ser pueblo

UNA pasión imposible
se desliza por las venas.
Vaga la mente, cabalga
hasta remotas estrellas.
Inventa el deseo verdades
porque verdades florezca
el espino de la historia
florecido de insolencias.
Se nazca como se nazca,
una casilla te espera,
que los siglos fabricaron
casillas como sentencias:
A ti te toca ser rico;
a ti, trabajar la tierra;
a ti, disfrutar placeres;
a ti, no saber de letras.
Si tantas desigualdades
crea quién manda y ordena,
si fueron prefabricadas
por las leyes de la fuerza,
por intereses de quienes
a Dios y al hombre manejan,
¿por qué no las sacudimos
con valor y por vergüenza
pues vemos que no triunfa
la razón ni la conciencia?
No impera aquí la justicia;
la que impera es la violencia.
Los que gemimos abajo
opongamos resistencia,
levantemos nuestras manos
para arrancar las cadenas,
alcemos sobre las botas
que ahora nos pisotean
el orgullo de ser Pueblo,
icemos nuestras cabezas
y hagamos una llanura
sin barrancas ni laderas:
que nadie sea más que nadie
y callen las metralletas.
Camas, 4/76

España es de toda España

CORONAN los pedregales
alambradas de silencio.
Hoces encandilan ojos
abrumados de luceros.
Corta el aire los contornos
de los árboles eternos
y el viento azuza siluetas
como a coléricos perros.
Trepan por tapias reptiles,
reptan por colinas ecos,
aquieta el agua su curso,
los surcos vibran en fuego.
Aquí trajinan los brazos,
aquí pisan pies concretos,
aquí se curvan espaldas,
aquí sudan jornaleros,
aquí braman como toros
hombres de pelo en el pecho.
No son suyas estas tierras
que labraron sus abuelos,
no son suyas las cosechas
ni los granos ni graneros;
suyos son los resoplidos,
suyos son los quebraderos,
suyas son las destemplanzas
del agosto y del enero.
¿A qué vinisteis al mundo,
fornidos troncos de cedros?
¿Para servir como esclavos?
¿A balar como borregos?
¿Para qué tanta guitarra,
tanta sal y tanto cuento?
Empuñad vuestras azadas,
derribad vallas y setos,
allanad todo este campo
vedado por tanto tiempo
y anunciad por los caminos
que acabaron los logreros,
que España es de toda España
y no hay más amo que el Pueblo.
Camas, 4/76

Sevilla y madrugada

REQUILORIOS despampanan
las crestas de los cristales,
quiebra el viento los azogues
de las alas de los ángeles
cuando chispean candeleros
entre inciensos y azahares.
Las estrellas son veletas,
las veletas son mensajes,
jeroglíficos con fondo
como aljibes sin brocales
llenos de dolor de espuelas
que crucifican el aire.
Torres mandan, desafían;
espadañas tiemblan, laten.
Magnolios ensanchan sombras;
palmeras alzan varales.
Hay humedades del Río,
hay misterio por las calles,
hay regusto de canela,
hay rumor de colmenares.
Dormitan ciegos palacios
que apolillan alamares,
que oxidan rejas vetustas,
que desploman soportales,
que devanan ambiciones,
explotaciones y sangre
del pueblo al que fatigaron
señoritos de olivares
y caballos y cortijos.
Tras los palacios, corrales;
tras los corrales, los barrios;
tras los barrios, arrabales
apilan carne indefensa
que malvive y que malparte
del mundo a la eternidad
entre quejidos y achaques.
¡Pueblo andaluz de las penas!
¡ Pueblo andaluz de las hambres!
¡Pueblo andaluz bajo el peso
de una historia de pesares
más pesada que mil losas,
que una montaña de mármoles!
¡ Pueblo, sacude la espalda,
alza la frente, cantares
de esperanza entona y grita
propósito irrevocable
de quebrantar las cadenas,
de acabar con los linajes,
de alzar plazas de justicia,
de inventar las igualdades!
Camas, 4/76

Porque el pueblo es lo primero

EL pueblo es lo más antiguo,
lo que viene de más lejos:
cuando comenzó la lengua,
ya era el pueblo;
cuando se alzaron las casas,
ya era el pueblo;
cuando labramos la tierra,
ya era el pueblo;
cuando abrimos los caminos,
ya era el pueblo;
cuando cruzamos los mares,
ya era el pueblo;
cuando subimos al cielo,
ya era el pueblo, ya era el pueblo.
Nadie conoce el principio.
Nadie sabe cómo fue esto.
Se sabe que lo más grande
es el pueblo.
Sé que, cuando yo no era,
ya era el pueblo;
que cuando no era mi padre,
ya era el pueblo;
que cuando no era mi abuelo,
ya era el pueblo;
y sé que yo y tú y aquella
somos pueblo;
y que tu gente y mi gente
es el pueblo, es el pueblo.
Cuando no existían caciques,
ya era el pueblo.
Cuando no había fronteras,
ya era el pueblo.
El pueblo es lo más genuino.
El pueblo es lo más auténtico.
El pueblo vivirá siempre
porque el pueblo es lo primero.
Digo “pueblo” y digo “todo”
y, si lo digo, retiemblo
y me exalto y canto y lloro.
El pueblo es lo más eterno.
El pueblo vivirá siempre.
¡Viva el pueblo, viva el pueblo!
Granada, 6/6/76 — Camas, 10/3/78