Rocío Angulo

Rocío Angulo Dorado es estudiante de 1º Bachillerato de Humanidades en el IES CAMAS, de Camas (Sevilla).  Ha vivido toda su vida entre laberínticos pasadizos de infinitos libros y  ha crecido entre historias que acabaron conformando la suya. Con tan solo 16 años, ya apunta maneras en el mundo de la escritura. Enamorada del mundo clásico y de las lenguas muertas que a su juicio están más vivas que nunca, cursará Doble Grado en Filología Clásica e Hispánica en la Universidad de Sevilla. Y, aunque bien sabe que la vida a veces se pueda tornar oscura, siempre llevará su lema por bandera: Amor Omnia Vincit.

En esta su primera obra, nos ofrece un conjunto de historias que surgen desde lo más profundo de su ser, de leer a las personas, de quererlas y ser querida de vuelta. De este libro dice que “es la vida, porque si algo he aprendido es que los sentimientos y emociones son comunes a todos, sin importarla edad que tengas. Encontrarás en él los dos grandes misterios de la vida: la muerte y el amor. No moriré del todo porque el amor todo lo vence. No moriré del todo porque mis letras surgen del amor que me dais y doy cada día, y el amor, es inmortal. Sé tú mismo” 

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Sevilla

Cuando el sol baña de oro a la Giralda,
y el cielo se abre dejando paso a Triana.
Cuando revolotean las golondrinas
en o alto de la Campana,
y el olor a azahar renueva mente, cuerpo y alma.
 
Cuando recorres las místicas calles de Santa Cruz,
y subes a la Torre del Oro y divisas todo el sur.
Cuando revives mitos y leyendas en el Real Alcázar, y despiertas todos tus sentidos en la Real Maestranza.
 
Cuando te vistes de gala
para cantar a la Macarena,
y al santísimo Gran Poder le lloras tus penas.
Cuando la majestuosa Plaza de España
  te hace caer rendido, y en los parques de la infanta
ante los amores de Bécquer te sientes atraído.
 
Cuando tú me preguntas dónde ocurren
todas esas maravillas,
  yo te respondo con una sonrisa que brilla:
¿Pues dónde va a ser hermano?
  En Sevilla

Recuérdame

Cuando tenga que marcharme,
dejar atrás estas tierras,
volver a desarmarme,
y empezar otra guerra.
Recuérdame.

Cuando no me quede esperanza,
cuando ya nadie me llore,
cuando la muerte busque venganza,
y se apague el canto de los ruiseñores.
Recuérdame.
 
Cuando no quede más que mi legado,
cuando los niños crezcan y se hagan nobles,
cuando entiendas cuánto te he amado,
y descanse en la eternidad bajo un roble.
Recuérdame.
 
Cuando comprendas que tan solo supe ser,
cuando me busques en las letras,
cuando te queme el alma, desees desaparecer,
y entiendas que a la vida nosotros la hacemos compleja.
Entonces, sí, recuérdame.

Qué sabrán

Qué sabrán ellos,
esos que nunca viajaron sin moverse del asiento.
Qué sabrán,
De lágrimas elegidas, y otras sin querer.
Qué sabrán,
de olor a historias viejas que permanecen en el tiempo.
Qué sabrán,
 Aquellos que huyen de la sabiduría, dejando ignorancia y soberbia en las huellas de su camino.
Qué sabrán,
Esos que nunca fueron magos, caballeros, guerreras y personajes de otros cuentos.
Qué sabrán,
Aquellos que no ven más allá de la portada.
Qué sabrán,
Quienes no se atreven a soñar con princesas y espadas.
Qué sabrán,
de tardes de café y sonrisas.
Qué sabrán,
De escapadas a mundos maravillosos y extraños.
Qué sabrán,
Aquellos que nunca abrieron un libro en su vida,
Qué sabrán,

Del amor hacia la literatura. Qué sabrán,
De la magia de la poesía. Qué sabrán…

LITERATURA

Qué bonito nombre tienes.
Literatura, dime, ¿De dónde vienes?
Tú, que naciste en castillos de épocas olvidadas,
que tuviste mil nombres y una sola llamada.
Literatura, qué fantasías oigo de ti.
Literatura, dime, ¿es verdad que haces sentir?
Tú, que supiste ser consuelo de aquel que lo necesitaba,
que rompiste corazones y otros tantos remediabas.
Literatura, qué extraña melodía te rodea.
Literatura, dime, ¿eres capaz de invocar las mareas?
Tú, que aún a día de hoy resistes a la adversidad,
que te escondes detrás de un frágil cristal.
Literatura, qué cruel puedes llegar a ser.
Literatura, dime, ¿A cuántos hiciste caer?
Tú, que fuiste puñaladas que hicieron llorar,
que contaste mil aventuras y algún que otro cuento fugaz.
Literatura, qué cansada estás.
Literatura, dime, ¿cuántos años tienes ya?
Tú, que pocos te recuerdan y te buscan sin cesar,
que te invocan en poemas y te encuentran en la verdad.
Literatura, qué contenta paseas por la ciudad.
Literatura, dime, ¿acaso traes la felicidad?
Tú, que nunca supiste otra manera de avanzar,
que no fuera amando y gritando tu verdad.
Literatura, qué de preguntas me haces hacerte.
Literatura, dime, ¿aquel que te invoca atrae a la suerte?
Tú, que has sido, eres, y serás,
arte en el tiempo, en la vida, y en la eternidad.
Literatura, estoy contigo, no te pienso abandonar.
Literatura, tú siempre vencerás.
Así que ahora te toca a ti, ve, y pregúntales….
Pregúntales,
a aquellos que nunca cogieron lápiz y papel.
Pregúntales,
qué saben ellos del amor, la literatura y el saber
.

Sueño

 Sueño con que algún día la educación despierte la misma ilusión en la humanidad con la que lo hace un gol.
Sueño con que algún día aprender sea un juego y no una obligación.
Sueño con que algún día a cada persona se le establezca una meta y no la misma para todos.
Sueño con que algún día no escuche más “Esto no sirve para nada”.
Sueño con que algún día se le deje de reprochar a los profesores la falta que se cultiva en casa.
Sueño con que algún día se deje de clasificar a las asignaturas como “más o menos importantes”.
Sueño con que algún día descubrir despierte la misma emoción que una canasta en el último segundo.
Sueño con que algún día los profesores reciban todo el respeto y mérito que se merecen.
Sueño con que algún día reinen las ganas de aprender en las aulas.
Sueño con que algún día se deje de ver al docente como un enemigo.
Sueño con que algún día la población ame ir a la escuela.
Sueño con que algún día los educadores sean lo que son por vocación y no obligación.
Sueño con que algún día no todo se limite a “aprobar”.
Sueño con que algún día la pereza deje de ser el gran mal que impera en la juventud.
Sueño con que algún día abrir un libro sea una aventura y no una desgracia.
Sueño con que algún día se sepa ver el potencial que duerme en cada persona.
Sueño con que algún día se invierta más en educación que en electrónica.
Sueño con que algún día los jóvenes dejen de creer que aprender no sirve para nada.
Sueño con que algún día a los profesores se les reconozca su gran labor.
Sueño con que algún día el Estado no manipule más a la educación.
Llámenme ilusa,
mas sueño con que algún día,
deje de soñar, con esta fantasía.
Pues espero no tener que luchar más,
por algo que, a día de hoy, debería de ser real.

Educación

Definirte sería difícil, diría que eres una mezcla de amor y odio, que te tienen esclava en sus cadenas y que no dejan que levantes la voz. Buscando en el baúl, ahondé en tus principios… Sonreír, ser tú mismo y vivir. ¡Joder! ¡Cómo te han dejado! Registré en documentos quemados los nombres de tus hijos, aquellos que deambulan perdidos huyendo del mal que los acecha. Ellos llevan tu verdad a todas partes “educar con el corazón“, susurran. El mal sigue sus pasos, no quiere, ni debe, hacer que la voz cante en el viento. Te han dejado olvidada en la esquina del universo y ahora, en cambio, todo se limita a cuatro paredes. Han soltado a su plaga, esa de extraños sin vocación, que pierden el tiempo por unos cuartos. ¿Lo peor? Le han puesto el mismo nombre que a tus hijos: docentes. “Están creando máquinas“, susurra el viento. “Máquinas obsoletas“, aclaran tus polluelos. ¿Dónde han tirado a las letras? No sabría decirte, en qué jodido momento, las humanidades se quedaron atrás. Ahora todo se limita a saber e investigar. ¿Pero cómo te han podido silenciar? ¿Acaso no saben que el amor es la única verdad? Desde que desapareciste, las aulas han perdido su color. Han hecho creer a los jóvenes que todo se limita a un 5 en la evaluación. ¿Dónde han guardado las ganas de aprender? ¿Por qué ahora es todo frío, soberbio y gris? ¡Qué la gente se está olvidando de sonreír! Esto va de mal en peor, el miedo impera en las calles y los jóvenes están perdiendo su pasión. ¿Dónde han quedado las risas y los llantos? ¿En qué momento le cortaron el brazo a la mano amiga y al apoyo del compañero? ¿Qué ha pasado aquí? Cada vez es mayor el número de infantes sin sueños, les están haciendo creer que todo se reduce a billetes y monedas. ¿En qué jodido momento se perdió la carrera? Les agachan la cabeza y los ponen a todos a copiar, cuando saben de sobra que así malgastan su potencial. Tus hijos están escondidos y aprovechan la mínima ocasión para salir a campo abierto. Ellos luchan con todo su empeño en lograr que a ti, educación, no te cambie el gobierno. Habrá que defender a los que todavía sueñan con el amor, a los que creen que rendirse no es una opción. Sé que tus hijos lo pasan mal, educación, ellos quieren enseñar y transmitir su pasión, y sin embargo, no encuentran ninguna puerta para salir al exterior. Esto es una lucha constante, entre el querer y el poder. Te tienen presa y no te dejan respirar. ¿Cuánto tiempo más podrás aguantar? Joder, es duro ver cómo todo va muriendo poco a poco, cómo se apagan los sueños, cómo se callan las voces, cómo se pierde el brillo en las miradas de los jóvenes. Educación, definirte sería difícil, pero es más difícil aún aguantar cuando todo está en derrumbe. ¿Pero sabes qué? Que no nos vamos a rendir. Si no hay una puerta… La inventaremos nosotros. Sí, nosotros, los que todavía creemos en tu verdad, los que luchamos cada día por mejorar. Educación, esto no va a ser fácil, pero sé que entre todos, lo vamos a lograr.
Educar con el corazón“, esa, es la verdadera profesión.

Docente

Esto es para ti, docente.
No me importa de dónde vengas, ni cuántos años lleves desempeñando la fantástica labor de profesor/a. Tampoco qué tan bien o tan mal te desenvuelvas en las clases, ni cuántas espadas te hayan clavado en la
espalda. No me importa cuánto tardes en corregir los exámenes, ni si se te olvidan los deberes que mandaste el otro día. Tampoco si algún día llegas cansado/a a clase y no tienes ganas de aguantar a la chusma. Porque sí, hay gente que merece el calificativo de chusma.
¿Sabes qué me importa?
Me importas tú, como persona. Sí, me importa la persona que hay detrás de la armadura de docente. Me importas porque te has atrevido a realizar la labor más difícil de todas: enseñar. Me importas porque tienes vocación, porque pones pasión en lo que haces. Me importas que te preocupes por tus alumnos, que te esfuerces por comprenderlos y darles lo mejor. Me importas porque amas lo que haces y haces lo que amas. Me importas porque aguantas todo tipo de burlas, de chismorreos y comentarios imperdonables y aún así, vas con una sonrisa a clase. Me importas porque trabajas dentro y fuera del centro, porque das siempre lo mejor de ti. Me importas porque enseñas con el corazón y alimentas el alma de sabiduría. Me importas porque quieres y te quieren, porque apoyas y te apoyan. Me importas porque vienes dispuesto/a a darlo todo.
Sí, docente. Tienes la profesión más bonita del mundo. Siéntete orgulloso/a porque eres digno/a de admirar.
Feliz día docente. Sigue transmitiendo tu magia al mundo.
27 de noviembre, Día del Maestro.
A todos los profesores del mundo,
en especial a aquellos con vocación con los que he tenido el privilegio de coincidir en las aulas.

Non omnis moriar

Cuando me muera, no quiero flores, tampoco grandes adornos ni que las campanas jueguen con el aire anunciando mi partida. Cuando me muera, no quiero lujosas ropas, ni cosméticos en la piel, tampoco quiero collares ni ningún adorno de Chanel. Cuando me muera, no quiero ser recibida por alguien que no he visto en mi vida, no quiero que se ruegue por mi alma entre cuatro paredes de una iglesia perdida. Cuando me muera, no quiero ser ceniza, quiero que me entierren bajo un árbol en lo alto de la colina. Cuando me muera, quiero descansar bajo la fértil tierra, en un lugar tan alto, que pueda contemplar mi maravillosa ciudad, que vea cada día el sol salir y oiga a la luna susurrarme. Cuando me muera, no quiero que nadie llore porque me he ido, sino que sonrían, porque he vivido. Cuando me muera, no quiero que sea noticia, quiero que apenas nadie lo sepa. Cuando me muera, solo quiero ver al lado de mi tumba a la gente que de verdad me amó mientras vivía. Aquellas personas a las que le di todo lo que tenía y me devolvieron más si cabía. Cuando me muera, no quiero que nadie se vista de negro, que se derrame lágrimas por mi alma solo por pura cortesía. Cuando me muera, quiero que alguien queme mis poemas y haga una hoguera en nombre de mi legado. Cuando me muera, no quiero ser recordada como una heroína, ni por mis logros ni por mi inteligencia. Cuando me muera, solo quiero que me recuerden por el amor que desbordaba de mi alma a cada respiración de mi ser. Cuando me muera, solo desearé que las aves sigan cantando cada mañana y que jueguen con el viento a conjugar la palabra libertad. Cuando me muera, cruzaré los dedos para que la Humanidad no olvide cuál es la esencia de la vida. Cuando me muera, por favor, no quiero que me olviden. Cuando me muera, solo te pido una cosa: que ames a quien te ama y que seas feliz contigo misma, nunca sabes cuándo te tocará irte a ti. Así que, por si lees o escuchas esto, solo quiero que sepas una cosa… Cuando me muera, no me habré ido del todo, pues el amor que dejo en cada letra, perdurará hasta la eternidad.
                           “Vida, amé y fui amada, estamos en paz“.

Voz extraña

Aquella voz incansable que sonaba en lo más profundo de mi ser y me repetía una y otra vez: “No te rindas, todavía queda mucho por vivir” Aquella fuerza que nacía de mi interior, que me empujaba hacia delante, que me obligaba a seguir. Y aunque la despreciara, aunque le gritara “¡Bastar!”, ella seguía ahí, inamovible, silenciosa, quemándome el alma. Me despertaba cada mañana con un “¡Vamos, tú puedes!”, y yo, por no llevarle la contraria, me vestía con mi mejor sonrisa y salía al campo de batalla. Aquella voz que no me abandona, que me elogia, que me enseña… Aquella voz que está a la espera de que me caiga, para luego levantarme con fuerza y gritarme al oído: “¡Todavía no se ha acabado!”. Es verdad que en un principio la odiaba, por ser tan testaruda y no dejarme en paz. Le grité mil veces que se fuera, lloré y pataleé, pero ni se inmutó. Entonces, cuando caí en el oscuro abismo, cuando todo era negro y sentía que nada tenía sentido… Ella apareció. Llegó como una luz cálida y reconfortante, acogedora y tranquila. Me extendió sus brazos y me dijo “Ven aquí”. Entonces, yo, que daba todo por perdido, me resguardé en su regazo y me dejé vencer por el sueño, un sueño que se me antojaba esperanzador. Al despertar, intuí que no estaba sola. Alguien me acompañaba, pero mis ojos no veían a nadie. De repente, empezó a latirme el corazón, un latido rítmico y melodioso. Y la vi, allí estaba, en un rincón de mi corazón, mirándome con sus misteriosas ojos. Con un movimiento de la mano me indicó que me
acercara a ella. Asustada, así lo hice. Y cuando la tenía a varios centímetros de mí, la abracé con todas mis fuerzas. Entonces, ella me abrazó todavía más fuerte y me susurró al oído: “Estoy contigo”. Sentí como las lágrimas brotaban de lo más profundo de mi alma, agua pura y cristalina, que reía y gritaba:
“¡Te quiero!” Desde ese momento, desde el precioso momento en que acepté a aquella extraña voz, todo empezó a mejorar. De ella aprendí que por más dura que fuese la adversidad, valía la pena vivir. Me enseñó que la felicidad única y exclusivamente depende de mí, que nada ni nadie puede decirme quién soy y qué debo hacer. Me enseñó a apreciar las pequeñas cosas de la vida, un paseo al atardecer con tu perro, viajar por un buen libro o la sonrisa de felicidad de la persona a la que quieres… Me enseñó que era bueno llorar, pues somos seres sentimentales y las lágrimas no son otra cosa que pequeños sentimientos que se escapan del alma. Me enseñó a ser yo misma, a decir lo que pensaba y sentía. Me enseñó que las mejores personas son aquellas que nos hacen ser mejores personas a nosotros mismos. Me enseñó a levantarme cada día con una enorme sonrisa y dispuesta a comerme el mundo. Me demostró la satisfacción que se sentía cuando te levantas de una dura caída. Me enserió a amar la vida.
El otro día, después de tantas cosas vividas, me di cuenta de que no conocía el nombre de aquella fuerza que me había ayudado tanto. Entonces, le pregunté: ” ¿Cómo te llamas?”.
Amor propio“, me dijo.

Frases

Una juventud que aplaude al alcohol y rechaza los libros, está condenada desde mucho antes de ser juventud.

Yo no sé escribir poesía, pero sí sé hacer el amor, que viene a ser lo mismo.

¿Cómo pisar tierra firme si la que tiembla soy yo?

Le cortaron las alas más de una vez; y sin embargo, cada vez que se asomaba al precipicio, saltaba.

Borremos la frontera entre cordura y corazón, seamos responsablemente locos de la muerte de la razón.

Me insultaron, me humillaron, me hicieron odiar mi propia existencia… Lo que ellos no sabían es que tarde o tempano, me acabaría haciendo más fuerte.

Querida yo: saldremos adelante como siempre hemos hecho. Solas, pero juntas.

Estás hecha de la felicidad que produces a aquellos a los que quieres y te quieren.

Estás hecha de la felicidad que produces a aquellos a los que quieres y te quieren.

Tengo mil demonios en la cabeza, un corazón que se desangra a cada latido y el miedo que muerde con fuerza las entrañas. Y sin embargo, mírame. Sigo en pie.

Las lenguas muertas… Están más vivas que nunca.

Me he lanzado a lo desconocido con la certeza de que es el único camino para conocerme a mí misma.

Esto no es poesía, son desgarros de una guerra, que lucho todos los días.

Tu cuerpo vive en el presente, pero… ¿Y tu mente?

¿Cómo puedo ser feliz? Pregúntale al espejo.

¿Qué clase de horrible lugar es este? La realidad.

Soy mujer, y he venido a revolucionar el mundo.