Educación y condición humana

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Deseo de todo corazón agradecer desde aquí todas las colaboraciones que realiza mi amigo José Melero Pérez, gran educador y pensador con el que coincido plenamente en todos sus planteamientos. Esta vez se trata de los comentarios realizados a mi trabajo de hace años “Educación y condición humana1 Ref.Este trabajo puedes leerlo o descargarlo completo AQUÍ en el que ha sintetizado no solo lo más relevante y significativo de este, sino sobre todo aquellos elementos indispensables para tratar de concebir un nuevo tipo de Educación para el siglo XXI.
Muchísimas gracias José
Camas (Sevilla) a 29 de octubre de 2023.

Educación y condición humana

Por José Melero Pérez

1.¿Cuál va a ser la misión de las educadoras y educadores en un mundo en el que el «homo consumens» se ha constituido en el referente dominante .El homo consumens es el hombre cuyo objetivo fundamental no es principalmente poseer cosas, sino consumir cada vez más. El homo consumens se sumerge en la ilusión de felicidad, en tanto que sufre inconscientemente los efectos de su hastió y su pasividad. Cuanto mayor es su poder sobre las maquinas, mayor es su impotencia como ser humano; cuanto más consume más se esclaviza a las crecientes necesidades que el sistema industrial crea y maneja.¿Cuál va a ser su papel en un mundo dominado por las multinacionales de la telecomunicación y en el que las personas están cada vez más controladas por las redes electrónicas?

2. La ideología del «homo consumens» que promete la felicidad en forma de bienes materiales y los procesos de precarización y exclusión social han hecho que en determinados contextos se haya degradado de forma permanente la convivencia social. A base de economía sumergida, actividades ilegales o trabajo precario mal pagado, se ha ido progresivamente produciendo una quiebra social, educativa y cultural que se expresa en diversas manifestaciones de incivismo y de violencia callejera: robos, destrozos de mobiliario urbano, luchas entre pandillas, pequeñas mafias y un variado abanico de conflictos, son los síntomas de una sociedad que vive permanentemente en la precariedad y en las fronteras de la exclusión y que ha dimitido de soñar un futuro basado en la justicia, los derechos humanos y la dignidad humana.

3.Nuevas formas de ocio enajenante y destructivo. El aumento del tiempo de disposición personal o de ocio, ha producido en nuestras sociedades una gran paradoja. Mientras que la mayoría de los jóvenes y los trabajadores de hace cuarenta años empleaban su tiempo libre en la organización y autoorganización social y en la creación de numerosas y creativas formas de cooperación vecinal, social, laboral, educativa, etc. lo cual exigía la presencia en la calle, la necesidad de reuniones y encuentros, la programación de actividades conjuntas, etc, hoy el tiempo de libre disposición está orientado a que los individuos no salgamos de nuestros hogares y nos recluyamos en los espacios privados para que desde ellos podamos acceder a mundos virtuales que satisfacen nuestra insaciable capacidad de consumo.

4.Sin embargo la «normosis», siguiendo a Jean-Yves Leloup es sobre todo un sufrimiento interno provocado por el miedo y el temor a llegar a ser nosotros mismos en cuanto que nos resulta mucho más protector, cómodo y seguro asumir los criterios y categorías generales que son aceptadas como normales por toda la sociedad. En palabras de Roberto Crema «la normosis se caracteriza por la falta de inversión en el potencial psíquico, ético y noético, representando un estado de estancamiento de la evolución consciente propiamente humana» (CREMA, R.; 2010).

5.El aprendizaje y la enseñanza de la condición humana podría entenderse así, como un amplio e interminable proceso de desarrollo de la conciencia. En palabras de Edgar Morin, este proceso de desarrollo de la conciencia, implica trabajar sobre: la conciencia antropológica que reconoce nuestra unidad en nuestra diversidad; la conciencia ecológica, es decir la conciencia de habitar con todos los seres mortales una misma esfera viviente (biósfera); reconocer nuestro lazo consustancial con la biósfera nos conduce a abandonar el sueño prometeico del dominio del universo para alimentar la aspiración a la convivencia sobre la Tierra; la conciencia cívica terrenal, es decir de la responsabilidad y de la solidaridad para los hijos de la Tierra y la conciencia espiritual de la humana condición que viene del ejercicio complejo del pensamiento y que nos permite a la vez criticarnos mutuamente.

De entrada tendíamos que dejar bien patente que aprender y enseñar la condición humana, además de una finalidad educativa de carácter ontológico constituye igualmente un proceso permanente de construcción-reconstrucción, creación-recreación de nuestra propia humanidad y en el que se tejen y entretejen (se combinan complejamente) diferentes procesos como son entre otros: el conocimiento de sí mismo; la construcción de la propia identidad personal; el conocimiento y el control de las emociones propias y ajenas; el desarrollo de la atención y la sensibilidad; la adquisición y asunción de valores que fundamenten y justifiquen la conducta; los procesos de toma de decisiones; el mantenimiento de la motivación, así como la capacidad de sostener el esfuerzo y de tolerar frustraciones; el control de los propios impulsos; la construcción del autoconcepto y el desarrollo de una autoestima equilibrada; el desarrollo de la capacidad de amar, a sí mismo y al otro y/o de reconocer a cada ser humano en particular como un legítimo otro; el descubrimiento de nuestro mundo interno y de nuestras conexiones con la naturaleza y la sociedad para la construcción de armonía y coherencia; los procesos de autoayuda y de generación de estados de bienestar psicológico; el aprendizaje de la felicidad y la conquista de la madurez personal y desde luego los procesos de desarrollo de nuestra conciencia dirigidos a estimular, promover y hacer crecer nuestra inteligencia espiritual.

6. El autoconocimiento es el principio de la inteligencia y de la integración. La inteligencia no es un simple ajuste superficial; no es el cultivo de la mente, ni la adquisición de conocimientos. La inteligencia es la capacidad para entender los procesos de la vida. Conocerse a sí mismo significa básicamente ser capaz de utilizar nuestras capacidades de observación, exploración e introspección con el fin de identificar nuestras características personales, obteniendo así información sobre nosotros mismos para autodescribirnos. Conocerse a sí mismo significa entonces, ser capaz de identificar nuestros propios sentimientos, emociones, deseos, motivos, razones, intereses y valores

7. Aprender a ser sensibles resulta imposible también, si no somos capaces de distinguir, de discriminar, de darnos cuenta antes, durante y después de nuestras acciones, de cuáles son realmente las razones, motivaciones, intereses y valores que nos guían. Y esto lleva implícito al menos dos procesos que se complementan entre sí. Se trata de una educación con y para el corazón que envuelve lo emotivo y el sentir humano, pero también de una educación para la contemplación, el agradecimiento y la reflexión, que incluye lo ético, lo estético y lo más íntimo y más profundo de cada persona. Educar en la sensibilidad se convierte entonces en una especie de proceso de autorrealización poética y poiética en el que al mismo tiempo que producimos nuevos lenguajes más expresivos, sentimentales e integradores, somos capaces de generar vida, compromiso, solidaridad a partir de los sentimientos de bondad, compasión y generosidad que nos produce todo aquello que niega y obstaculiza la vida.

Los métodos para el desarrollo de una sensibilidad equilibrada se enfocan en dos aspectos principales. El primero es volverse más atento. El segundo es el responder de manera más sana y constructiva con emociones, sentimientos, palabras y acciones más apropiadas (BREZIN, A.; 1998). Enseñar y aprender la condición humana, exige desarrollar nuestra sensibilidad en su más amplio sentido, sentido que únicamente podremos encontrarlo si partimos del corazón, si somos capaces de conocer y reconocer nuestros propios sentimientos y emociones, pero también los de nuestros semejantes y de qué manera influimos e influyen en nuestra conducta y en la construcción y reconstrucción de nuestra vida. Para conocernos mejor y gobernar nuestros impulsos, no basta con una educación emocional, es necesario ir más allá. Es necesario que peregrinemos hacia aquellos lugares fronterizos y limítrofes entre los espacios cognitivos, racionales, emocionales y sentimentales, pero también hacia aquellos espacios en los que el saber de vida se transforma en acción y en experiencia a partir de vivencias de sentido, así como de expresiones y percepciones estéticas.

8.La educación espiritual no consiste en adicionar o completar los programas escolares con conocimientos esotéricos o religiosos, sino más bien todo lo contrario, se trata sencillamente de animar y estimular en todas las personas su sensibilidad, su capacidad de admiración y reverencia por todo lo creado y por todo lo vivo, fomentando en ellos al mismo tiempo el desarrollo de una conciencia ética planetaria. Se trata de alguna manera de propiciar un despertar a la sensibilidad y a la contemplación de y por la naturaleza; de fomentar la bondad, la generosidad y la compasión por los demás, por uno mismo y por todos los seres vivientes; de hacernos responsables socialmente explorando nuevos caminos a través de la creatividad, el arte, la poesía, la literatura, porque en definitiva la espiritualidad se materializa a través del arte, la creación, la vida y el amor.

9. Aprender a esforzarse, a mantener y a sostener la energía movilizadora de nuestras acciones. Aprender a automotivarnos y a realizar acciones de forma disciplinada y constante sabiendo mediatizar nuestros deseos y tolerar nuestras frustraciones. Comprender que el trabajo, el gasto de energía y su mantenimiento, la disciplina, la constancia, el aprendizaje de la renuncia y el sacrificio son aspectos esenciales para el aprendizaje del amor y la condición humana. Aprender a ser responsables, no sólo en el sentido de cumplir deberes elementales de ciudadanía o de cualquier otra índole, sino sobre todo en el sentido positivo de responder, de dar respuesta a las necesidades de nuestros semejantes y de todo aquello que contribuye a la generación y al mantenimiento de la vida. Dicho en palabras de Leonardo Boff, aprender a cuidar exige todo un conjunto de aprendizajes «…1) El cuidado de nuestro único planeta. 2) El cuidado del propio nicho ecológico. 3) El cuidado de una sociedad sostenible. 4) El cuidado del otro: ánimus y ánima. 5) El cuidado de los pobres, oprimidos y excluidos. 6) El cuidado de nuestro cuerpo, en la salud y en la enfermedad. 7) El cuidado de la curación integral del ser humano. 8) El cuidado de nuestra alma, de los ángeles y los demonios interiores. 9) El cuidado de nuestro espíritu, de los grandes sueños y de Dios. 10) El cuidado de nuestra gran travesía, la muerte…»

10. Somos sapiens-demens «…Mientras creamos que todos los males residen en el exterior, nuestra nave (como la del capitán Ahab de Moby-Dick) se verá amenazada por la fatalidad. Cuando, por el contrario, nos percatemos de que la capacidad de hacer el mal también mora en nuestro interior, podremos hacer las paces con nuestra sombra y nuestro barco podrá, por fin, navegar a salvo de las adversidades…» Andrew Bard Schmookler. Reconocer la totalidad de nuestro ser en el sentido de incluir nuestra condición sapiens-demens, bondadosa-maligna, racional-irracional, consciente-inconsciente, etc, es sin duda el primer paso para comprender desde la razón y la humildad que somos seres complejos, contradictorios, erráticos y que este reconocimiento es precisamente el que nos abre la puerta para nuestro desarrollo a través de la educación. Un desarrollo que no puede consistir exclusivamente en el ejercicio de aquellas capacidades que consideramos positivas, sino también en el reconocimiento, atención, vigilancia y control de aquellos aspectos y rasgos destructivos y/o negativos, que aunque emergen y se manifiestan por lo general de forma impulsiva e inexplicable en nuestra conducta, en realidad, permanecen escondidos en zonas inconscientes que deben ser integradas y asumidas como realidades innegables de nuestra condición humana. Rabia, ira, celos, resentimiento, envidia, mentiras, lujuria, pereza, vanidad, soberbia, ambición, gula y todo un amplio catálogo de emociones negativas, tendencias destructivas, suicidas y asesinas forman parte de nuestra condición humana y constituyen lo que conocemos como sombra personal. Sin embargo, como nos señala la psicóloga junguiana Liliane Frey-Rohn nuestra sombra no necesariamente se compone de rasgos negativos, apegos emocionales y síntomas neuróticos, como inicialmente creía Jung, sino que también posee aspectos positivos, talentos y aptitudes que no hemos podido ni sabido reconocer y desarrollar. Y es que la sombra al estar vinculada y anclada a las zonas más profundas de nuestro ser, está también conectada a todo aquello que nos transciende, a nuestras capacidades creativas ignoradas, así como a todo lo que nos hace humanos. (ZWEIG, C. y ABRAMS, J.; 2008). Para la psicoanalista Molly Tuby la sombra puede reconocerse en diferentes manifestaciones como en los sentimientos exagerados respecto a los demás; en las respuestas 32 negativas que nos sirven de espejo; en los impulsos o reacciones involuntarias e inadvertidas; en las situaciones en las que nos sentimos humillados; en aquellos enfados o reacciones emocionales despropocionadas debido al disgusto que nos causan los errores de los demás o también por aquellas acciones u omisiones que producen el mismo efecto perturbador en nuestras relaciones. La sombra se expresa pues en nuestras relaciones con nuestros semejantes, aunque también en nuestros actos fallidos, olvidos, sueños, así como también en nuestras capacidades imaginativas, creativas e incluso humorísticas, porque el humor puede constituir una forma de expresar aquello que hemos reprimido conscientemente.

11.Enseñar y aprender la condición humana exige pues a nuestro juicio, un trabajo con la sombra en el sentido de desenmascarar aquellos aspectos destructivos que entorpecen y dificultan nuestro desarrollo, pero también de desvelar aquellas capacidades y potencialidades que no hemos podido actualizar y desarrollar. Y este trabajo exige como mínimo las siguientes procesos permanentes de aprendizaje:

1. Autoconocimiento que reconoce, identifica y asume nuestros errores, desaciertos, reacciones, impulsos, emociones negativas, contradicciones, así como también que explora dimensiones y aspectos que nos pasan desapercibidos y pueden constituir una fuente de autorrealización.

2. Especial atención a aquellas emociones negativas y/o destructivas.

3. Aprender a generar, producir, mantener y desarrollar estados de calma, serenidad y sosiego, ya que éstos son los que crean el clima, el ambiente y el caldo de cultivo necesario, tanto para el reconocimiento de nuestras emociones negativas, como para el aprendizaje del camino de su transformación en positivas, ya que de lo contrario nuestras capacidades cognitivas y racionales se verán considerablemente mermadas, condicionadas y alteradas.

4. Reconocer aquellos mecanismos de defensa que habitual e inadvertidamente utilizamos para justificar y esconder nuestros errores, contradicciones y acciones poco éticas.

5. Liberarnos de la culpa, integrar el yo pasado y perder el miedo tanto a nuestros estados internos de malestar, como a aquellas informaciones y acontecimientos que manifestados en la conducta de los demás producen en nosotros estados de insatisfacción y dependencia. Aprender a desapegarnos, a desidentificarnos y a desaprender aquellos hábitos que nos convierten en autómatas, dependientes y demandantes continuos de atención y aplauso de los demás no irán poco a poco conduciendo a vivir la libertad como un estado permanente de nuestra conciencia que nos permite, como diría Anthony de Mello «disfrutar con todo y con nada»

6. Mejorar nuestras relaciones construyendo vínculos sanos de convivencia en los que podamos comunicarnos y dialogar reconociendo al otro como un igual que puede realmente abrirnos las puertas de un conocimiento más preciso y detallado de nosotros mismos, de forma que nos permita percibirnos de una forma más clara y objetiva.

7. Reconocer aquellas acciones y conductas, o acontecimientos que protagonizamos o en los que participamos y que de una forma consciente o inconsciente, directa o indirecta, por acción o por omisión, colorean, impregnan y climatizan las relaciones y los ambientes psicosociales de una determinada forma.

8. Hacer uso de nuestra imaginación, así como de nuestras capacidades creativas y artísticas con el fin de expresar y comprender la condición humana y especialmente nuestra sombra mediante cualquier forma de arte, ya sea literatura, pintura, música o cualquier otro ya sea de carácter sagrado o laico, popular o académico, individual o colectivo.

12. «…Cuando estoy en la transición de este mundo al otro, sé que el cielo o el infierno están determinados por la forma como vivimos la vida en el presente. La única finalidad de la vida es crecer. La lección última es aprender a amar y a ser amados incondicionalmente. En la Tierra hay millones de personas que se están muriendo de hambre; hay millones de personas que no tienen un techo para cobijarse; hay millones de enfermos de sida; hay millones de personas que sufren maltratos y abusos; hay millones que padecen discapacidades. Cada día hay una persona más que clama pidiendo comprensión y compasión. Escuche esas llamadas, óigalas como si fueran una hermosa música. Le aseguro que las mayores satisfacciones en la vida provienen de abrir el corazón a las personas necesitadas. La mayor felicidad consiste en ayudar a los demás…» Elisabeth Kübler-Ross .

13. Una de las respuestas y/o salidas que los seres humanos hemos buscado siempre para afrontar la incertidumbre, el dolor o el displacer que nos producen esos tres fenómenos inevitables de nuestra existencia que son la enfermedad, la vejez y la muerte, ha venido siendo en nuestra cultura, la construcción personal y social de ese estado deseable de bienestar .Y esto ya nos lo advirtió Einstein, cuando nos decía que hay solamente dos cosas infinitas en el mundo, el universo y la estupidez, de las cuales la primera no era segura, pero la segunda sí. Ser feliz en el sentido expresado anteriormente, no es por tanto, la forma más adecuada y comprehensiva de enfocar el problema del dolor, la enfermedad o la muerte, entre otras razones porque en este planeta enfermo y con esta sociedad en la que un 20% se come más del 80% de la riqueza del mismo, el proyecto de ser feliz, como nos indica Pascal Bruckner. Paralelamente la felicidad, si la entendemos como gozo, placer y satisfacción de deseos, necesariamente conducirá al aburrimiento, a la saciedad e incluso al hastío, en el sentido de que una vez satisfecho el deseo y obtenido el estado placentero que nos proporciona la sensación de felicidad, de nuevo nuestra mente se verá catapultada a nuevos deseos. Nuevas ambiciones y fuentes de placer se nos presentarán como necesarias, todo con el fin de volver a restaurar ese estado singularmente orgiástico y eufórico que nos proporciona la sensación de felicidad. La felicidad tal y como acostumbramos a entenderla en la sociedad de hiperconsumo en la que vivimos, huye del dolor y del sufrimiento de una forma neurótica y patológica, haciendo manifiestamente incompatible cualquier actitud de tolerancia con las frustraciones o con las pérdidas. Pero paradójicamente al entregarse al hedonismo, al consumo incesante y a la búsqueda compulsiva de bienestar físico y psíquico, nos produce curiosamente todo lo contrario: ansiedad, inquietud, insatisfacción y malestar permanentes. De este modo de tanto perseguir el placer o de tanto huir de lo contingente, de las dificultades, del dolor, del sufrimiento o de la muerte existencia…» (BRUCKNER, P.; 2001: 18). Por tanto el problema de felicidad como respuesta a la muerte, al dolor o cualquier otra contingencia inevitable, no puede ser una contrapartida plenamente desable, porque si en los esfuerzos por huir, escapar o esconder el dolor buscando incansablemente la felicidad, negamos nuestras posibilidades de libertad, transformación, creatividad, autorrealización y aprendizaje, difícilmente podremos conseguir una respuesta personal satisfactoria, bien fundada y duradera.

¿Qué hacer entonces? ¿Qué posibilidades tenemos de aprender y enseñar la condición humana a partir de la comprensión y aceptación de aquello que nos resulta inevitable como la vejez, la enfermedad y la muerte? ¿Debemos aprender a morir y a comprender la inevitabilidad del dolor, la enfermedad, la vejez y en general de todo lo contingente? ¿Por dónde empezar? El primer paso de todos es sin duda comprender, darnos cuenta y sentir en nosotros mismos, que todos los seres humanos sin excepción, como nos enseña Jean-Yves Leloup, nos desarrollamos y evolucionamos a través del deseo y del miedo. De este modo si nuestros miedos no son superados y nuestros deseos no son comprendidos y desbloqueados, estaremos abocados a padecer neurosis y psicopatologías. (LELOUP, J.I.; 2001: 34). Hay que aprender a manejar el dolor, a hacer frente al sufrimiento, a conducirnos ante las contingencias, ante la enfermedad, ante la vejez o ante la muerte. Aceptar y agradecer todo lo bueno que la vida nos proporciona por pequeño que esto sea, sabiendo que todo es móvil, cambiante e inseguro y que la alegría y la tristeza, el placer y el dolor, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte no son realidades dicotómicas, sino caras de una misma moneda. Por ello tal vez, una de las mayores virtudes a desarrollar y ejercitar permanentemente sea la ecuanimidad, o esa conformidad de largo alcance que se alegra con todo y con nada y que construye en el interior de nuestra conciencia esa luz de comprensión que nos hace entender que todo es para bien. Y he aquí una vez más la presencia del cariño y el amor como emoción central, como proceso de donación, cuidado, conocimiento, respeto y responsabilidad, o sencillamente como ayuda mutua y ternura, el que hace posible todo tipo de trans-formaciones. Es el amor el que cura, es el amor como lenguaje el que permite trans-cender todo tipo de sufrimiento. Dice E. Kübler-Ross que la muerte física de un ser humano puede compararse al nacimiento de la mariposa que sigue al abandono del capullo de seda dejando atrás su fase de crisálida. Y es el deterioro irreversible del capullo, es decir, de nuestro cuerpo físico, el que hace emerger y liberar a la mariposa creadora de vida en toda su extensión. Es entonces la muerte la que libera el alma-mariposa, anunciado una especie de resurrección o transmutación una vez que hemos aprendido nuestras dolorosas, pero también enriquecedoras lecciones, por ello, aprender a tomar contacto con nuestro ser profundo, aprender a desprendernos y a superar el miedo, es el camino para descubrir el amor incondicional. (KÜBLER-ROSS, E.; 2000).

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Añado la importancia de la educación medioambiental como recurso imprescindible para salvar nuestra tierra común. https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20231024/educacion-medioambiental-cobra-protagonismo-aulas-93715743

También urge educar en evitar el acoso para desarrollar el respeto entre compañeros y compañeras.

Hay también un problema muy grave que representa todo un reto educativo: el uso excesivo de las pantallas por los adolescentes, dedicándoles entre 5 y 6 horas diarias. Eso les impide estudiar, leer, salir con los amigos o dedicarse a actividades interesantes.

La lista de nuevos retos educativos es muy larga y afrontarlos supone un trabajo colectivo: padres, maestros y maestras, políticos, control de los medios audiovisuales. Al fin y al cabo, educar tiene un significado muy intersasnte de origen latino : “ sacar de dentro” todo lo bueno que tiene una persona dentro.


JOSÉ MELERO PÉREZ, nació en Madrid el 15 de septiembre de 1941. Está licenciado en Psicología y en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona. Profesor jubilado. Actualmente escribe en su blog OJO CRÍTICO y en la sesión “Entre Todos” de El Periódico.
Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento por participar en este humilde sitio que es KRISIS.

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