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EL CHIVO EXPIATORIOu003cbru003eNuestras sociedades occidentales necesitan “chivos expiatorios”, como el tal Rubiales, para exonerarse de otras responsabilidades
Por Leandro Sequeiros San Román
Los medios de comunicación y las redes sociales están difundiendo hasta la saciedad las reprobables escenas que se han filmado durante y al final del Campeonato femenino de Fútbol que ha ganado España. Todos los medios reprueban, rechazan, condenan, exigen que pida perdón y dimita el nefasto protagonista de todo esto. Es más: muy probablemente pudieron acontecer vejaciones y abusos que no han sido recogidas por las cámaras. El tiempo irá aclarando todo esto.
Pero ¿es esto suficiente? Cuando el abusador de mujeres futbolistas dimita de sus cargos, ¿nos quedaremos todos tan tranquilos porque ha pagado el culpable en un cierto ejercicio de venganza? Todo este alborotado asunto me ha llevado a un filósofo poco conocido, René Girard (1923-2015), del que se cumplen en 2023 cien años de su nacimiento. En dos de sus libros traducidos al castellano [El chivo expiatorio, Editorial Anagrama (1986) y La violencia y lo sagrado, Editorial Anagrama (2005)] desarrolla su teoría de lo que llama “el chivo expiatorio”. Según Girard, en las comunidades humanas primitivas al culpable de una crisis se lo “sacrificaba” dándole muerte y así, cargando con nuestras culpas y pecados, nos libera, nos exonera de responsabilidades. Y pone el ejemplo de Cristo en la teología católica. De la misma manera en nuestra sociedad postsecular contemporánea se intentaría eliminar a quien se le ve como amenaza culpable a nuestro pretendido “orden” moral y esto tranquiliza las conciencias de los ciudadanos que se consideran dentro del “orden”.
Los libros de Girard – poco conocidos y apreciados – contienen una dura denuncia a la hipocresía de una sociedad farisaica que busca y sacrifica “chivos expiatorios” para que todo se siga moviendo para que nada cambie. Sus reflexiones suelen girar sobre la violencia de la sociedad humana, la violencia social, política y religiosa en la actualidad. Girard ha querido mostrar cómo los comportamientos religiosos de muchas sociedades son engendradores de comportamientos individuales y colectivos que llevan dentro una gran carga de odio y de violencia.
Por otra parte, – según Girard – algunas sociedades, culturas, grupos y clanes considerarían ilusoriamente que la paz anhelada llega con la eliminación (figurada o real) del enemigo, el “chivo expiatorio” con cuya muerte de borran nuestras culpas. Sin embargo, dicha eliminación del enemigo no haría mas que preparar nuevos escenarios para que surja nuevamente la violencia. En un clarificador ensayo “René Girard: El mecanismo del chivo expiatorio y el asesinato fundador. Los dobles miméticos”, 1 Ref.en: https://lanotasociologica.wordpress.com/2017/05/20/rene-girard-el-mecanismo-del-chivo-expiatorio-y-el-asesinato-fundador/ [Autor: Carlos Gutiérrez Lozano, Fuente: Gutiérrez Lozano, Carlos, René Girard, en Fernández Labastida, Francisco – Mercado, Juan Andrés (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL: http://www.philosophica.info/archivo/2016/voces/girard/Girard.html se desarrollan estos conceptos de Girard.
El deseo mimético
Para Girard, el filósofo de la violencia, el deseo mimético, por su estructura triangular, lleva a considerar al modelo como rival. Por supuesto, esta lectura la hace el modelo, ya que es inconsciente para el que desea. En el corazón de la teoría del deseo mimético, éste no aparece aquí como un deseo de identidad sino como un deseo primero de diferencia. De modo que, por querer ser distinto, por querer diferenciarse del resto de los otros siendo caballero, Don Quijote está condenado a imitar a Amadís.
El error más común que se encuentra en las interpretaciones de Girard es el de pensar que en la teoría mimética, los hombres desean imitarse, y que por lo tanto desearían perder su identidad. El deseo mimético no es el desear imitar al otro sino exactamente lo contrario. Es querer diferenciarse del otro y estar condenado a imitarlo para hacerlo. Por lo tanto, muy lejos de querer conscientemente perder su identidad, los hombres tal como los piensa Girard, están en una perpetua lucha para diferenciarse los unos de los otros, es decir, para afirmar su identidad individual en contra de la del grupo.
No confundamos dos cosas: una cosa es imitar los deseos, otra cosa totalmente diferente es desear imitarlos. Una vez que entendemos que Don Quijote quiere ser caballero y, por lo tanto, desea diferenciarse del grupo, y que es a partir de un deseo fundamental de diferenciación que está condenado a imitar a Amadís, podemos entender la novedad que aporta la filosofía de Girard. La podemos resumir en una sola frase: es por un fenómeno de contraproductividad racional de la diferencia (fenómeno que vamos a explicar ahora) que al querer diferenciarnos de los otros estamos condenados racionalmente a imitarlos.
Reflexión de Girard sobre la ética
La palabra mimesis ha perdurado a través del tiempo, aunque no necesariamente en el mismo sentido. Se trata de una palabra que la encontramos tanto en Platón y Aristóteles, como en las diversas teorías educativas y estéticas. Sobre el mimetismo se basa lo que llamamos aprendizaje, educación, iniciación; así mismo, antes del advenimiento del individualismo, la mimesis era estimada en el campo literario, educativo, religioso, etc., ya que destacarse en cualquier actividad era seguir un modelo.
El concepto de mimesis corriente, descrito en la Poética de Aristóteles, y derivado de Platón, excluye dos tipos de conducta que también son sujetos de imitación por parte del hombre: el deseo y la apropiación. Para Girard, el deseo humano es esencialmente mimesis o imitación, es decir, nuestros deseos se configuran gracias a los deseos de los demás (en esto difiere de Freud ). En esta mimesis de deseo, los objetos se eligen gracias a la mediación de un modelo. Por otra parte, si un individuo imita a otro cuando este último se apropia de un objeto entonces nos encontramos con la mimesis de apropiación de la cual puede surgir la rivalidad o el conflicto, porque el objeto entra en disputa. En definitiva, el objeto puede caer en el olvido por parte de los antagonistas, entonces se pasa de la mimesis de apropiación a la mimesis de antagonista ya que el deseo mimético del objeto se transforma en obsesión recíproca de los rivales, y una vez que aumenta el número de rivales, los antagonistas tienden a escoger el antagonista del otro.
La mimesis de apropiación y la mimesis de antagonista no son exclusivas del ser humano, pues también se encuentran presentes en el resto de animales. En ellos se ha observado que, cuando se supera cierto grado de rivalidad, los antagonistas abandonan el objeto que pretendían apropiarse, para entrar en una confrontación. En el ser humano este proceso se convierte en una serie de desquites que se pueden definir en términos miméticos o imitativos. La mimesis ha sido considerada tradicionalmente como algo enteramente positivo, tal es el caso de la mimesis estética y educacional. Esta visión mutilada de la imitación se ha visto extendida a diversos campos como la filosofía, psicología, sociología y crítica literaria. La mimesis de la que trata Girard, y que es apenas percibida en Platón, pone énfasis en una mimesis potencialmente divisiva y provocadora de crisis, que se manifiesta en la propagación de la rivalidad mimética.
Si bien el deseo mimético es potencialmente provocador de crisis, esto no significa que en sí mismo sea malo, a pesar de ser el responsable de que surja la violencia. Girard afirma que, si nuestros deseos no fueran miméticos, se encontrarían fijados permanentemente en objetos predeterminados, en definitiva, constituirían una especie de instintos, de tal manera que no podríamos cambiar de deseo nunca.
El doble vínculo
Este fenómeno es llamado por algunos psicólogos double bind (doble vínculo). El modelo es visto como aquel ser que posee algo de lo que yo carezco: es admirado por su plus-en-el-ser, pero al mismo tiempo es odiado por el hecho de desear aquello mismo que yo. Surge así un comportamiento típico en la mitología de todos los tiempos, el fenómeno de los dobles: tanto el sujeto como el modelo se imitan mutuamente, siendo prácticamente iguales en sus palabras, gestos y actos: Rómulo y Remo, Caín y Abel.
Pues bien, lo nuevo e importante en R. Girard es «la generalización posterior de este mecanismo del double bind (mímesis de deseo – rechazo leído como rivalidad) primero a la génesis de las sociedades, y luego a la explicación de las crisis sociales…» 2 Ref.González Faus, Violencia, religión, sociedad y cristología, introducción a la obra de René Girard, «Actualidad Bibliográfica» 18 (1981), pp. 7-37.1981: 16.
¿Cómo llega Girard a esta generalización? Véase: «Digamos también una palabra sobre lo que yo llamo la mediación del doble, para comprender mejor el desbocamiento de la crisis. Ese deseo que es el suyo y que yo voy a imitar, puede ser que fuera insignificante en el punto de partida, puede ser que no tuviera una intensidad muy fuerte. Pero, cuando me dirijo hacia el mismo objeto que usted, la intensidad de su deseo aumenta. Se va a convertir en mi imitador, como yo soy el suyo. Lo esencial, es el proceso de feed-back que hace que toda pareja de deseos pueda convertirse en una máquina infernal. Produce siempre más deseo, siempre más reciprocidad y, por tanto, siempre más violencia» 3 Ref.Girard 1996: 25. En este sentido, se puede alinear a Girard en la lista de aquellos pensadores que han estudiado al hombre desde la crisis. Por ejemplo, ya Heráclito afirmaba que «la guerra es el origen de todas las cosas». Tomas Hobbes, por su parte, declaraba que «el hombre es lobo para el hombre».
El chivo expiatorio
Esta estructura mimética, cargada inexorablemente de violencia, está presente en todos los hombres, llevando tarde o temprano a la violencia general, no de manera concreta, sino difusa. En este contexto, la misma estructura mimética lleva a la violencia de todos contra todos a la violencia de todos contra uno, puesto que se imita incluso el odio del otro: «Deseando la misma cosa, los miembros del grupo se hacen todos antagonistas, en parejas, en triángulos, en polígonos, todo lo que usted quiera. La contaminación significa que ciertos individuos van a abandonar su antagonismo personal para ‘elegir’ el del vecino. Vemos eso todos los días, cuando, por ejemplo, diferimos sobre los políticos el odio que constatamos para nuestros enemigos privados, sin osar satisfacerlo contra éstos. De tal forma es así que aparecen chivos expiatorios parciales, a los cuales, el mismo fenómeno de concentración, va a reducir progresivamente en número y a aumentar la carga simbólica…» 4 Ref.Girard 1996: 31.
Es muy necesario insistir en el hecho de que todo este mecanismo se realiza de manera inconsciente, pues muchas de las interpretaciones de Girard lo presentan como una solución que la comunidad toma voluntariamente. Para evitar que se le compare con el inconsciente freudiano, Girard utiliza la palabra méconnaissance (desconocimiento). González Faus explica: «Cuanto más desconocido es este proceso y más cree la gente que la eliminación de la víctima no es obra de su violencia sino de un imperativo absoluto, más consigue el sacrificio poner fin a la violencia» 5 Ref.González Faus 1981: 10.
Así pues, el chivo expiatorio aparece como el causante de todos los males de la comunidad. Incluso, él mismo se experimenta culpable de todo. Véase el clásico ejemplo de Edipo, quien se experimenta culpable de la peste que asola a Tebas por haber cometido asesinato e incesto. Así, la crisis mimética se resuelve de manera sacrificial, puesto que es necesario acabar con el chivo expiatorio.
Esto hace que Girard afirme que el asesinato está en la base de toda sociedad, tanto de las antiguas como de las nuevas: el asesinato de Remo por Rómulo (gemelos=dobles miméticos) como fundamento de la civilización romana; el asesinato de Abel por Caín como fundamento de la civilización cainita; el asesinato de Luis XVI como fundamento de la moderna democracia, etc. Que estos asesinatos son camuflados, transfigurados o incluso borrados en las narraciones, se verá a continuación.
Tabúes, ritos y mitos: el nacimiento de la cultura y la civilización
La paz adquirida no es atribuida a la capacidad de la comunidad, sino al mismo chivo expiatorio. Es aquí donde lo sagrado emerge con una naturalidad extraordinaria: «A la idea de que éste puede destruir la comunidad se añade, de ahora en adelante, la de que puede reconstruirla. Es la invención de lo sagrado, que la vieja etnología había comprendido que existe en todas las culturas» 6 Ref.Girard 1996: 33.
El otrora chivo expiatorio se convierte en una clase de divinidad que suscita nuevamente la imitación y la contraimitación de tinte netamente religioso. Sólo en relación con la víctima se entienden las muy distintas prohibiciones, así como los ritos y los mitos:
«Se ve bien, pues, no imitar a esa víctima en todo eso que hace o parece hacer para suscitar la crisis: los antagonistas potenciales se evitan y se separan los unos de los otros. Se obligan a no desear los mismos objetos. Se toman medidas para evitar la misma contaminación mimética general: el grupo se divide, separa a sus miembros mediante las prohibiciones. Cuando la crisis parece amenazar de nuevo se recurre a los grandes medios, y se imita lo que la víctima hizo, parece ser, para salvar a la comunidad. Ella acepta hacerse matar. Se va a elegir una víctima sustitutoria y que morirá en su lugar, una víctima sacrificial: es la invención del rito. Por último, se va a recordar esta visita sagrada: a eso se le llama mito… En el sacrificio se rehace el mito. Para procurar que el mecanismo del chivo expiatorio funcione de nuevo y que restablezca una vez más la unidad de la comunidad se tiene buen cuidado de copiar con exactitud la secuencia original. Se comienza pues, por sumergirse deliberadamente en una imitación de una crisis mimética» 7 Ref.Girard 1996: 33.
Aquí puede observarse uno de los puntos más significativos de la teoría mimética: hasta ahora no había un modelo convincente que explicara el hecho de que todos los pueblos primitivos poseen tabúes, ritos y mitos, pero que al mismo tiempo aclarara el porqué de las notables diferencias entre los mismos. Por ejemplo, en algunas culturas el incesto es estrictamente prohibido, mientras que en otras se tolera, o bien, en algunas se prohíbe durante el tiempo normal mientras que en el tiempo del rito se permite. Girard ha postulado una hipótesis de trabajo que permite comprender la unidad y diferencia de los ritos y mitos de una manera clara y sencilla. Ciertamente, tal teoría ha recibido muchas críticas por su pretensión de explicar todos los fenómenos, tanto culturales como religiosos.
Dado lo anterior, González Faus resume las aportaciones de Girard de la siguiente manera: «1) el mecanismo victimario es el fundamento de la religión. 2) Es a partir de él como surge el proceso de hominización y se van generando la cultura y las instituciones. 3) Todos los mitos (y, posteriormente a ellos, los textos de persecución) contienen ese linchamiento fundador camuflado» 8 Ref.González Faus 1981: 19.
Iniciamos estas reflexiones al hilo de los repugnantes sucesos acaecidos en la final del campeonato del mundo de Fútbol femenino. Y por supuesto, todo esto no supone indulgencia hacia aquel que ha cometido unas acciones contra las mujeres que todos repudiamos. Pero si deseamos que cada uno ponga su mano en el pecho para reconocer con sinceridad si hemos sino coherentes con nosotros mismos.

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LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla).
El presente artículo fue publicado en la Revista digital ATRIO el pasado 30 de agosto de 2023
La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS..
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