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JMJ (2023) en Lisboa y “adolescencia prolongada” (y 3)
Por Leandro Sequeiros San Román
¿Cómo es la adolescencia prolongada? Un retrato robot
Como conclusión de este interesante estudio, puede decirse que los jóvenes españoles se insertan en la ideología dominante, o sea en los parámetros intelectuales de la llamada «postmodernidad», inspirados en una concepción materialista de la vida. Javier Elzo ha resumido en la tabla 5 el contraste de valores entre la modernidad y la postmodernidad, entre la generación joven y las anteriores

Estamos, por tanto, ante un modelo de cultura juvenil muy nuevo, en algunos aspectos extraordinariamente nuevo, que es necesario tener muy en cuenta en la tarea educadora, sobre todo cuando esta tarea se efectúa desde una determinada escala de valores.
Nuestros jóvenes se mueven por necesidades primarias, sólo les preocupa el presente más inmediato, son muy sensibles a determinados clichés mediáticos (por ejemplo, sobre la religión y el catolicismo en particular), bastante ajenos a la realidad que tienden a idealizar o a eludir en sus aspectos más concretos. Se sitúan en una ambigüedad moral calculada, fruto por un lado del relativismo postmoderno y de la incapacidad de compromiso.
En gran parte, este retrato —necesariamente simplificador— tiene bastante que ver con la educación recibida, basada muchas veces en un escepticismo metodológico, en fomentar muy poco el esfuerzo personal y, en el caso de los centros católicos, en una escasa o nula preocupación por transmitir una cultura católica sólida, intelectualmente atractiva y enseñada por un profesorado competente y consciente de su misión.
La educación —y las reformas educativas españolas son una muestra— ha tendido a la infantilización, a retrasar el proceso de maduración afectiva e intelectual de nuestros adolescentes.
Los profesores han denunciado constantemente la «primarización» de la enseñanza secundaria, convertida en una mera prolongación de la enseñanza primaria, la falta de una cultura del esfuerzo (baste recordar la promoción automática de curso promovida por algunas legislaciones educativas), o las concesiones demagógicas consecuencia de un paternalismo mal entendido (por ejemplo, la eliminación de la reválida al término del bachillerato).
El paleo-progresismo pedagógico imperante se ha cargado la autoridad del profesor —dificultando su tarea educadora—, del director (España sigue aferrado a un modelo de dirección escolar no profesional, en contra de la casi unanimidad de los sistemas europeos) y concibe la educación como una tarea más lúdica que académica. Así, difícilmente se forman personas maduras.
El resultado es una “adolescencia prolongada”, que sume al joven en una situación psicológica de inmadurez promovida y fomentada. Si en las generaciones anteriores la adolescencia y la juventud se entendían como una preparación para la vida adulta, ahora es todo lo contrario. La adolescencia se convierte en una etapa autónoma, a la que se mima con mensajes publicitarios y pautas de consumo y conducta fomentadas por seriales televisivos y prototipos en que mirarse poco fiables.
La prolongada inmadurez afecta a la educación afectiva y al desarrollo psíquico. Cuantos trabajan con adolescentes y jóvenes saben muy bien los problemas que derivan de esta inmadurez y falta de una educación afectiva coherente. La educación afectiva que reciben muchos adolescentes se reduce a una concepción materialista del sexo, a recomendarles preservativos, con el mensaje implícito de que pueden hacer lo que les venga en gana sin más precaución que el condón. Todo ello trae consigo que las relaciones sexuales sean más precoces, desligadas de una relación personal seria y que terminan por generar frustraciones cuando no desequilibrios: el número de depresiones y de visitas al psicólogo no paran de crecer entre los adolescentes.
Otra muestra de la adolescencia prolongada es la incapacidad de compromiso y, en consecuencia, el rechazo a cuanto les pueda recordar ligámenes más o menos estables. La crisis ideológica postmoderna traducida en individualismo puro y duro afecta al comportamiento de los jóvenes que se encuentran indiferentes ante opciones políticas, morales y, no digamos, religiosas. El mercantilismo explícito en las relaciones sociales, el capitalismo elevado casi a pensamiento único, favorecen el individualismo de nuestros jóvenes, a quienes se les inculca la necesidad de competir más que la de amar. Costo y beneficio son criterios más aceptados que los de bien común. La publicidad que inunda sus mentes a través de la televisión es un medio poderoso para favorecer el individualismo consumista.
¿Y las familias? El entorno familiar es fundamental en la madurez de los adolescentes. Pero este entorno se ha resquebrajado en gran medida. Los chicos y chicas que viven en unidades familiares «desestructuradas» es muy elevado.
Según el Instituto Nacional de Estadística, hubo en España 211.492 matrimonios y 115.188 separaciones y divorcios en el año 2002. El porcentaje de divorcios por cada cien matrimonios es de 18, y es una cifra que aumenta anualmente y aún es mayor si se le suman las separaciones. La facilidad en el trámite de divorcio aprobada por el Gobierno socialista disparará en el futuro estas cifras. Muchos adolescentes sufren las consecuencias de los problemas previos y posteriores a una ruptura familiar, lo que en muchos casos incide negativamente en su vida.
Además, la autoridad de los padres ha sido cuestionada y criticada. Cuesta mucho que los adolescentes se integren en un modelo relacional positivo de familia. Según el sociólogo Javier Elzo, un 15% de las familias españolas pueden ser calificadas de «conflictivas», en la que sus miembros se llevan muy mal entre sí, y nada menos que un 43% (la gran mayoría) son descritas como «nominales», en las que las relaciones internas entre padres e hijos casi no se dan. El citado sociólogo las califica como de «coexistencia pacífica más que de convivencia participativa»
El resultado es que el papel socializador de la familia se ha diluido considerablemente. Muchos padres transfieren sus responsabilidades a la escuela, que se ve desbordada por el rol que ha de desempeñar. El resultado es que muchos adolescentes buscan modelos de socialización (muchas veces negativos) en los grupos de amigos o en héroes de ficción transmitidos por el cine o la televisión. La situación más patológica de la falta de un ambiente socializador positivo es la caída de bastantes adolescentes en sectas o en tribus urbanas.
Este es el perfil genérico de muchos jóvenes. Pero no de todos. En el panorama sociológico de la juventud se observa —más en otros países que en España— una revolución silenciosa que hace a muchos preguntarse seriamente por su vida, profundizar en su ser y realizar una serena autocrítica de las pautas de conducta que no llevan ninguna parte.
Existe una minoría de jóvenes que buscan el compromiso con los demás: los vemos en ONG o en grupos religiosos. En estos grupos se produce un proceso de socialización paralelo y alternativo al que ofrece la sociedad postmoderna, en torno a modelos de vida que en sí mismos ya son una tremenda crítica al individualismo y materialismo de la mayoría.


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LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla).
La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS..
Las crisis sociales, como las personales, son necesarias. Son las lecciones que nos da la vida. Si tomamos la actitud adecuada ante ellas aprendemos, damos un salto en nuestro camino personal o en nuestro tránsito social. Todo tiene sentido. Cada generación tiene sus propias dificultades en el misterioso camino de esta dimensión. Se habla ahora mucho de la pérdida de valores religiosos. Pero sabemos, los que tenemos cierta edad, los de la generación conocida como boomer y las que nos precedieron, de la anulación de la autoestima que sufrimos, causada principalmente por el adoctrinamiento de la iglesia católica, con todos los miedos que ello conllevaba. No me refiero al mensaje liberador de Jesús, sino al represivo que utilizó durante siglo la iglesia católica y las iglesias ligadas al poder. No me cabe duda que después de la tormenta perfecta que vivimos, vendrá la calma.
Muchísimas gracias por tu comentario, querido. Coincido plenamente. Un fuerte abrazo.