La sopa Dawkins no se puede comer con tenedor tomista

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La sopa Dawkins no se puede comer
con tenedor tomista

Hacen falta nuevas herramientas para
tender puentes en una cultura líquida

Por Leandro Sequeiros San Román

H ace unos días, en redes sociales, participaba en un debate sobre “El espejismo de Dios” de Richard Dawkins. Era un debate desigual entre un científico que se proclama “ateo” y un filósofo claramente seguidor de Tomás de Aquino.

            El debate (amistoso) se me antoja desigual cuando no mediáticamente tendencioso. Porque echaban a discutir a un prepotente con un inferior. Me recordaba el debate circense que Galileo describe en sus “Diálogo sobre los dos sistemas del Mundo”, en el que uno de los contendientes planchaba al otro por la fragilidad de sus argumentos.

            Y es verdad. En el moderno encuentro (que no pelea, ni apologética) entre racionalidades (las racionalidades científicas y las racionalidades religiosas) las viejas herramientas conceptuales y epistemológicas son obsoletas para poder tender puentes con la racionalidad científica.

            Por eso, me ha parecido didáctica esta expresión (que dejé escrito en el chat del debate citado): “la sopa Dawkins no se puede comer con tenedor tomista”.

              Nos ha tocado asistir a la emergencia de una nueva civilización humana. Nace una sociedad diferente. El mundo, gracias a las nuevas tecnologías de la información, cambia muy aprisa. Y los últimos acontecimientos geoestratégicos mundiales nos empujan a resetear nuestras mentes para poder ser resilientes en un mundo social, político, ecológico, emocional, cultural y religioso muy diferente al que vivíamos hace muy pocos años.

            Muchas personas están viviendo esta situación con zozobra y con angustia ante un futuro plagado de incertidumbres, de preguntas sin respuesta, de situaciones nuevas que no son fáciles de controlar. Estas personas se sienten incómodas porque se sienten en un mundo que ya no es el suyo. Bajo sus pies, la realidad se ha movido muy aprisa y se sienten inseguras, amedrentadas, añorando un pasado empedrado de seguridades que ya no existe.

            En los años 90 del siglo pasado, el sociólogo Zygmunt Baumann habló con mucha fuerza sobre el tsunami de la “cultura líquida”, el “amor líquido”, la “ética líquida”. Por influjo de las filosofías del fragmento y del rechazo de los grandes relatos de los postmodernos franceses (como Jacques Derrida) se habría derrumbado todo el edificio de la modernidad y el relativismo individualista, el “carpe diem” serían el modo de vida del futuro.

            Para Baumann, esta cultura de la banalidad, del individualismo consumista, de la ausencia de valores permanentes racionales asumidos por los humanos, corroe no solo la sociedad sino también los fundamentos de la democracia, aunque sea liberal y burguesa. En esto estaría acompañado por Jürgen Habermas quien en 2001 proclama que entramos en la era de la post-secularidad, y los demócratas deben contar con el gran potencial simbólico de las religiones para trabajar juntos por las libertades de todos.

            Por otra parte, desde las diversas comunidades científicas del mundo se teje la conciencia del valor de las Ciencias y de las Tecnologías en la era emergente de la nueva biología y del procesamiento de la información, la mal llamada IA. Pero los científicos y tecnólogos son cada día más conscientes de que vivimos en un “universo enigmático”. El 80 % del universo es “materia oscura”. Y de lo que puede ser captado por las sondas espaciales, cada vez es más difuso y complejo poder hacer afirmaciones fiables sobre lo que todavía se llama la “realidad” (en filosofía cada vez se discute más sobre lo que significa la realidad, del mismo modo que se discute la naturaleza del “conocimiento humano”, de “la verdad”, de la capacidad del ser humano para poder conocer)

            Esta actitud no debe llevarnos al escepticismo, sino a una postura de humildad ante el valor de lo que se ha dado en llamar “el progreso humano”. No se trata de lanzarse al mar proceloso del “no saber”, sino aceptar que lo que llamamos “la realidad” es algo que se nos escapa del poder de las neuronas para construir una imagen adecuada de lo que existe fuera de nosotros.

            A esto se añade que muchas personas que, no son malas, sino que “han aprendido” a odiar y a enriquecerse y que forman “la humanidad”, en un intento de supervivencia individual se construyen sus propios mundos explotadores de los demás. Son los “supremacismos” (blancos, hombres, ricos, occidentales.. y yankis)

            Hoy se habla mucho de las “fake news”, las noticias falsas, los bulos. En Andalucía se usa mucho la palabra “embustero”. Esta expresión es más fuerte que “mentiroso” porque incluye connotaciones morales: el “embustero” no solo miente con la intención de mentir, sino que además lo hace para arrebatar a los demás parte de sus vidas y de sus libertades. Creando confusión, “a río revuelto ganancia de pescadores”.

            Todos somos conscientes de que cada vez es más necesaria una racionalidad crítica que contribuya a construir entre todos unos sistemas de creencias, unas representaciones racionales del mundo, en las que el individuo humano no se constituya en señor y tirano de los demás de la casa común (la Tierra).

            Entre toda la sociedad civil mundial urge asumir la conciencia de “mente colectiva” que no solo busca sobrevivir, sino sobre todo tejer entre todos un universo en el que la solidaridad, la tolerancia, la comprensión mutua, el respeto a la diversidad (y sobre todo a las minorías) sean valores determinantes.

            En definitiva, el triunfo del amor sobre la cultura del despilfarro, el acaparar, la rivalidad y el odio. Probablemente esta sea también la razón por la que Teilhard escribió una vez en 1934:

“Algún día, después de dominar los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, aprovecharemos para Dios las energías del amor, y luego, por segunda vez en la historia del mundo, el hombre habrá descubierto el fuego”1 Ref.(Pierre Teilhard de Chardin, Toward the Future , pág 86; y “La evolución de la castidad” [1934 (febrero), en: Las direcciones del porvenir. Taurus, Madrid, 1974, volumen XI, pp. 55-78, y  en: Sobre el amor y la felicidad . PPC, Madrid, 1997, pp 19-22

            Ahora, más que nunca, es necesario que la sociedad civil, formada en una racionalidad crítica, “resetee” su mente y busque nuevas herramientas para comprender, amar y vivir en el este mundo. La sopa antigua no se puede comer con tenedor.

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LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.
    En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla).
    La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS.

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One thought on “La sopa Dawkins no se puede comer con tenedor tomista

  1. Comparto la preocupación y las inquietudes de Leandro Sequeiros en su artículo. Sin duda alguna la sopa ha de tomarse con cuchara. Llama la atención en los debates interdisciplinares centrarse en lo que discrepamos en lugar de lo que nos une y compartimos. Existen numerosos campos donde la cooperación y el diálogo no solo es posible sino necesario para afrontar los retos.y desafios. Algunos de ellos son: la pobreza y el hambre; las guerras y la destruccion; los movimientos migratorios, la defensa de los derechos humanos y de las libertades democráticas en el Estado de derecho, el calentamientos del planeta, la sanidad, la educación y otros. Es un amplio abanico de asuntos que pueden ser abordados por los poderes públicos y la sociedad civil con diálogo sincero y respeto, lejos de dogmatismo e intolerancia.

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