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Causas y estrategias (1)
Introducción
Las grandes crisis y conflictos políticos y sociales de los últimos siglos, que suscitan perplejidad y un gran interés en los libros de historia (Revolución Inglesa de 1688, Revolución Francesa de 1789, Revolución Americana de1776, Independencia de América Española 1815-1825, Revolución Rusa de 1717 ), no son patrimonio del pasado, sino también realidades del presente reciente: la Gran Guerra (1914 – 1919), la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945 ), Corea, Vietnam, Camboya..etc. Sin embargo, nuestro tiempo ha sido y continúa siendo testigo del sufrimiento de millones de personas victimas de la guerra (Irak, , Gaza, Sudán, Somalia, Rhodesia, Etiopia, República del Congo, Nigeria, Malí), el hambre, las epidemias, la pobreza, que obligan a su desplazamiento como refugiados y a la emigración, imágenes que nos llegan a través de los medios de comunicación, suscitando compasión y horror.
En este contexto, el presente artículo pretende analizar las causas y el alcance de las crisis en las vidas de quienes las han sufrido y continúan padeciéndolos. Más allá de cualquier reflexión teórica alejada de la realidad, el punto de partida que se sustenta, es que liberarse de la guerra y de la violencia, la búsqueda de la paz, la libertad, la erradicación del hambre, de la pobreza y de las epidemias, impulsan a muchos pueblos a dar sentido y esperanza a su existencia. ¿Qué explicación tienen los graves conflictos políticos y sociales que aquejan periódicamente a la humanidad? Nuestra visión tiene fundamentalmente varias perspectivas:
a).- Política; en la medida que el ser humano se estructura en el seno de la polis, de la nación y del Estado, constituyéndose en el sujeto central de la Ciencia Política.
b).- Económica y Social; en la medida que su conducta transformas y necesita de los recursos naturales, para obtener los bienes que le garantizan el bienestar material para su supervivencia, como objeto central de la Ciencia Económica
c).- Ética; porque el “homo politicus” y el “homo economicus”, se enmarcan en unas coordenadas de valores más profundos que determinan la virtud y la justicia de las acciones humanas, frente a la arbitrariedad, la coacción y la violencia.
Perspectiva política
La dimensión política de algunos de las más graves crisis y conflictos antes indicados, han girado en torno a un conjunto de cuestiones abordadas por el pensamiento político relativas al poder. Para ello, una mejor comprensión de los mismos, hace aconsejable profundizar en las cuestiones básicas que constituyen el nucleo central de la Ciencia Política, a saber :
Legitimidad e ilegitimidad del poder
El origen y la titularidad del poder político, según sea, el pueblo, el rey, el ejercito, el caudillo, o el partido, ha sido objeto de grandes debates en el pensamiento político. En numerosos países se ha impuesto la cultura liberal democrática ( no en todos ), en virtud de la cual se reconoce que el poder y la soberanía radica en el pueblo, formado por los ciudadanos que viven en un determinado territorio y que están sometidos a las leyes que libremente y conforme a la voluntad mayoritaria, se otorgan para su autogobierno.
El reconocimiento de esta soberanía es la que da legitimidad de origen al poder establecido, principio que no suele respetarse y está en el origen de numerosos conflictos. La cuestión relativa al origen y a la legitimidad no es baladí, ya que es el fundamento del ejercicio del monopolio del poder y de la fuerza del Estado y del Estado de Derecho. La aceptación del pricipio democrático, conduce a la libre expresión de la voluntad de los ciudadanos integrantes de un pueblo titular de la soberania y sujeto del poder, mediante elecciones libres en los que elige a sus representantes.
Por ello, todo poder no democrático, al margen de lo dispuesto en las leyes que definen las reglas del sistema político, es ilegítimo. Sin embargo, tras la aprobación de la Carta de Naciones Unidas en 1945, prevalece el principio de respeto a la soberanía de los Estados, a sus fronteras y a la integridad territoial de los mismos, aún en el supuesto de falta de legitimidad del poder ( Rusia, China, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela etc ).
No obstante, es frecuente en la sociedad actual, con ayuda de muchos medios de comunicación, crear un ambiente de desinformación, difamación y manipulación informativa intentando deslegitimar a los Gobiernos e instituciones que no son de su orientación ideológica, que fueron elegidos conforme a la ley electoral, por no compartir decisiones políticas concretas. Esta actitud está en la raíz de los intentos de desestabilizar el sistema democrático con tal de acceder al poder político por cualquier medio, al margen de la ley.
Seguridad y Libertades
La seguridad de las personas frente al Poder sólo es aplicable en el marco de un Estado de Derecho en el que el principio de legalidad y la tutela judicial son los instrumentos que garantizan la protección de la vida, la integridad de las personas, el honor, la inviolabilidad del domicilio, de sus comunicaciones, la no privación de su libertad, la libre circulación y otros derechos humanos.
El Estado Democrático y de Derecho reconoce las libertades ya sean de ideas o creencias políticas o religiosas, artisticas, libertad de expresióm o información, que no conculquen la verdad y las libertades de las personas. Por su carácter especialmente sensibles, pueden ser objeto de control por los poderes económicos a través de los medios de comunicación o del poder político mediante subvenciones directas o publicidad. Un aspecto que suscita conflictos políticos es el ejercicio de aquellas libertades cuya dimensión colectiva ya sea la libertad de reunión, manifestación o de huelga, puede entrar en colisión con otras libertades
Asimismo, el mantenimiento de la paz, el orden interior y exterior de los pueblos, han de ser fruto de la tolerancia y el respeto a las libertades individuales en los sistemas democráticos, frente a aquellos sistemas autoritarios que ejercen la represión y la coacción sobre los individuos. El dilema orden / libertad no se puede plantear en el Estado de Derecho, ya que éste ha de garantizar la paz interior y exterior de los pueblos sin menoscabo de las libertades y derechos individuales.
Igualdad y desigualdad ante el poder
En el Estado Moderno, la dignidad de los seres humanos radica en gran medida, en el privilegio de la igualdad de todos ante la ley, frente a la desigualdad que caracterizó a la sociedad feudal y señorial hasta el siglo XVII, en el que cada estamento (nobleza, clero y burguesía) tenia un tratamiento social y fiscal distinto. La exigencia de una igualdad formal es parte esencial del principio de legalidad y una conquista de la revolución liberal del siglo XVIII, frente a la arbitrariedad. Sin embargo, no siempre la ley ha de ser igual para todos los ciudadanos, por ser éstos desiguales entre sí por circunstancias diversas ( discapacidad, sociales, económicas ) que requieren políticas adecuadas desde los poderes públicos, para que prevalezca el principio de igualdad de oportunidades
De otra parte, la igualdad comporta no sólo la obligación que tienen los ciudadanos de contribuir al sostenimiento de los servicios públicos de Estado, en función de su capacidad económica, sino también que el Estado garantice a los ciudadanos, la protección de la salud, la educación, las pensiones de jubilación y enfermedad, la discapacidad y la atención a los más vulnarables, con los impuestos y otros gravámenes fiscales que percibe.
Asimismo, la igualdad contribuye a la solidaridad entre los ciudadanos, al constatarse que por sólo el esfuerzo, el trabajo, el mérito y la competitividad, no se garantiza la solidaridad y la erradicación de la pobreza y bolsas de marginados y vulnerables de la sociedad. Es necesario reforzar los valores de una sociedad solidaria, para que prevalezca la justicia, frente a la discriminación y la desigualdad.
Nación y Estado como identidad
Una de las cuestiones suscitadas por el pensamiento nacionalista, y causa de tensiones y conflictos, es la subordinación de los derechos y libertades individuales a la Nación, al interpretar que la defensa de la conciencia e identidad nacional prevalece frente a los valores universales , de la libertad y dignidad de las personas. La exhaltación de la identidad nacional ( lengua, etnias, historia, religión, costumbres ) ha sido utilizada por diversos totalitarismos ( nazismo, fascismo, franquismo, etc…) y por actuales ideologias de extrema derecha para defender al patriota frente al extranjero y negar o recortar las libertades consagradas en la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948. Los recientes conflictos bélicos, suscitados en Ucrania, en Gaza, Siria, Sudán, República Democrática del Congo, Pakistán, Somalia, ponen de manifiesto la identidad cultural como uno de los factores desencadenante de aquellos, además de otros.
La generalización del nacionalismo y de la identidad nacional, obliga a los Estados a modificar la configuración de los Estados, en sus estructuras administrativas y políticas, en los que coexisten diversas identidades culturales, con voluntad de constituirse en Estados independientes. Sin embargo y de forma simultanea, se ha asistido al nacimiento de superestructuras políticas de ámbito superior a los Estados y supranacionales, al ser conscientes de las limitaciones que tienen en diversas materias ( defensa, seguridad, moneda, financiación, comercio y energia ), como ha sido la creación de la Unión Europea.
Ante conflictos de naturaleza política
En el análisis precedente se constata el origen de innumerables conflictos políticos, enfrentamiento y violencia que se desencadenan por causa de la vulneración de derechos y libertades, así como por el no reconocimiento de la legitimidad de quienes ejercen el poder, cuyo origen radica en pronunciamientos militares o vulneración de las leyes electorales y normas que arbitran los actores políticos, no garantizando adecuadamente la participación de los ciudadanos y sus distintas ideologias. Generalmente estas crisis se sitúan en sistemas políticos monopolizados por ideologias no democráticas radicalizadas, en las que se enfrentan distintas identidades nacionales. En este contexto, algunos sectores en las sociedades pluralistas, no aceptan la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, libremente expresadas y conforme a las leyes electorales. La superación de estos conflictos no es tarea fácil por su complejidad. En todo caso, vendrá del reconocimiento y afirmación de los valores consagrados en la Carta de Naciones Unidas de 26 de Junio de 1945:
En la Introducción:
a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles.
a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas
a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto
a las obligaciones de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional
a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad
y con tales finalidades
a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos
a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar mediante la aplicación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común y
a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.”
Artículo 1
En esta Carta de Naciones Unidas quedaban reguladas las funciones de sus órganos, y las bases del multilateralismo, entre otros: la Corte Internacional de Justicia como jurisdicción competente para dirimir las controversias y conflictos. Asimismo la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de diciembre de 1948 formulaba solemnemente los Derechos y Libertades de las personas.

Jerónimo Sánchez Blanco, es Doctor en Derecho, Licenciado en Ciencias Políticas y Ex Diputado Constituyente.
Vaya desde aquí nuestro más sentido agradecimiento por honrarnos con sus colaboraciones.