Mundo en colapso y cristianismo radical

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MUNDO EN COLAPSO Y CRISTIANISMO RADICAL

Juan José Tamayo abre el 44º Congreso de Teología

Por Juan José Tamayo Acosta

El 44.º Congreso de Teología dio inicio con la presentación de Juan José Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, organizadora del evento.

El 44.º Congreso de Teología dio inicio con la presentación de Juan José Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, organizadora del evento Atendiendo a la convulsa e irracional realidad mundial que estamos viviendo, el tema de este año es ‘Un mundo en tinieblas. ¿Hay razones para la esperanza?’

El teólogo inició el ciclo con la ponencia ‘Mundo en colapso y cristianismo radical’, “un tema no fácil, pero de necesario tratamiento”, en sus propias palabras, identificando el colapso y sus sus principales manifestaciones, los brotes verdes que pueden permitir desbloquear el colapso e “intentó” responder a la pregunta por la posible contribución del cristianismo radical a dicho desbloqueo.

Buenos, días, buenas tardes, buenas noches, dependiendo del continente o país donde se encuentren. Damos comienzo al 44 Congreso de Teología, que venimos celebrando de manera ininterrumpida desde 1981, salvo el año de la pandemia, con la participación total de más de cuarenta mil personas. Atendiendo a la convulsa e irracional realidad mundial que estamos viviendo, el tema de este año es UN MUNDO EN TINIEBLAS. ¿HAY RAZONES PARA LA ESPERANZA? Se me ha pedido que haga la presentación en torno a MUNDO EN COLAPSO Y CRISTIANISMO RADICAL, tema no fácil, pero de necesario tratamiento.

Voy a dividir mi exposición en tres partes: en la primera trataré de identificar el actual colapso mundial y sus principales manifestaciones; en la segunda me ocuparé, más brevemente, de los brotes verdesque pueden permitir desbloquear el colapso; en la tercera intentaré responder a la pregunta por la posible contribución del cristianismo radical a dicho desbloqueo.

La principal constatación

La principal constatación se encuentra en la primera parte del título: vivimos en un mundo en colapso provocado por una serie de mega-problemas y de sistemas de dominación que impiden su desbloqueo. He aquí algunos de los que me parecen más significativos y desafiantes.

  • La pobreza estructural y la creciente desigualdad, que constituyen “el mal común”, como afirmaba Ignacio Ellacuría, y dan lugar al Estado de malestar, que afecta a las mayorías populares del Sur global.

  • La crisis y el letargo de la democracia, sometida a la dictadura de los mercados, a los populismos y a los gobiernos tecnócratas, que desemboca en antipolítica en un sector importante de la ciudadanía.

  • La pervivencia del capitalismo en su versión ultraneoliberal, que se traduce en necropolítica y necrocapitalismo, que decide quién debe vivir y quien tiene que morir.

  • La pervivencia del patriarcado a través del poder de las masculinidades hegemónicas que justifican las discriminaciones de género y desembocan en violencia contra las mujeres, en alianza con otros sistemas de dominación, así como la interseccionalidad de la discriminación de las mujeres: de género, identidad sexual, etnia, cultura, religión, clase social, procedencia geográfica, y el retroceso del feminismo en la educación y entre la juventud.

  • La depredación de la naturaleza, convertida en un basurero, que se traduce en ecocidio a través del extractivismo y de otros sistemas de explotación.

  • El armamentismo que, ochenta años después de Hiroshima y Nagasaki, puede desembocar en una guerra nuclear que destruya la humanidad y el planeta.

  • El choque de civilizaciones que considera la dialéctica amigo-enemigo en la relación entre los pueblos como la ley de la historia e impide el diálogo intercultural.

  • La proliferación y el fortalecimiento del fascismo social y del fascismo político con el consiguiente debilitamiento de los procesos democráticos, e incluso el peligro de su eliminación.

  • El imperialismo cultural, que considera la cultura occidental como referente del resto de las culturas y desemboca en epistemicidio, es decir, en destrucción de los saberes de los pueblos originarios.

  • La mercantilización de la vida, la cosificación del ser humano y la deshumanización de los adversarios.

  • Los fundamentalismos religiosos y los deicidios, que desembocan en guerras de religiones destructivas de vidas humanas y del planeta y lo justifican en nombre de Dios.

  • La xenofobia,el racismo y la aporofobia hacia las personas y los colectivos migrantes, refugiados y desplazados pobres, que desembocan con frecuencia en prácticas violentas.

  • La idolatría, que consiste hoy en la adoración no del becerro de oro, sino del oro del becerro, y el despertar, con frecuencia patológico, de las religiones.

  • La sistemática transgresión de los derechos humanos por parte de los Estados y las instituciones internacionales que tienen como misión velar por su cumplimiento.

  • El colonialismo y el neocolonialismo, cuya pervivencia, aun después de los procesos independentistas, se traduce en la colonialidad del ser, del tener y del poder.

  • El nacimiento del cristoneofacismo como nueva religión con numerosos seguidores, que consiste en la alianza entre la extrema derecha política y cultural, con el apoyo del neoliberalismo, y los movimientos cristianos fundamentalistas, con el apoyo de dirigentes cristianos integristas, y se traduce en discursos de odio.

  • El triunfo de las distopías, no solo como género literario, sino como fenómeno real, que cierra toda posibilidad de un pensamiento y unos proyectos utópicos.

  • Las narrativas belicistas, que descalifican lenguajes y prácticas pacifistas y privilegian discursos y prácticas de confrontación armada.

  • La naturalización y la normalización de la violencia en la vida cotidiana y en las relaciones internacionales. Su modalidad más destructiva, nihilista y atentatoria contra la vida hoy es el proyecto colonial y sionista de Israel contra el pueblo palestino que, basado en los principios de “pueblo elegido” y “tierra prometida”, está provocando asesinatos y centenares de miles de ocupaciones de tierras por los colonos israelíes en Cisjordania, y el genocidio en la Franja de Gaza con el asesinato de más de 63 mil personas, de las cuales el 70% son mujeres, niñas y niños, el 90% de los edificios destruidos, el hambre como arma de guerra especialmente contra los niños y las niñas con numerosos fallecidos y la limpieza étnica a través el desplazamiento forzoso de todos los habitantes para la construcción de un centro tecnológico y turístico, que es el proyecto de Trump. Y todo ello se está produciendo con la inoperancia de la ONU y otros organismos internacionales, la inacción cómplice de Europa, de la mayoría de los países del mundo, incluidos los países árabes, el apoyo incondicional de Estados Unidos y el silencio de la mayoría de los líderes religiosos mundiales, con la honrosa excepción de los patriarcas latinos y ortodoxos que han condenado enérgicamente la invasión de la Ciudad de Gaza.

¿Es irreversible el colapso?

Llegados aquí, la pregunta es obligada: ¿Es irreversible el colapso generado para la acumulación de megaproblemas y sistemas de dominación coaligados que operan hoy en el mundo? ¿Hay alternativa al colapso o tenemos que vivir instalados en él sin posibilidad de salida?

No podemos caer en el fatalismo y en la desesperanza, sino buscar salidas, caminos de esperanza, al menos de manera fragmentaria. Yo creo que existen brotes verdes que hay que ayudar a crecer como tentativa de respuesta al colapso. He aquí algunos: los movimientos de lucha contra la pobreza; el despertar de la democracia participativa más allá de la democracia representativa; las prácticas económicas alternativas en favor del bien común; la globalización contrahegemónica y los movimientos alter-globalizadores; la nueva conciencia ecológica que da lugar al paradigma holístico eco-humano y a la ética del cuidado; los movimientos feministas que trabajan por la no discriminación de las mujeres, la igualdad y la justicia de género y el reconocimiento de los derechos de los colectivos LGTBIQ+ como derechos humanos; el respeto al pluriverso cultural y el diálogo simétrico entre cosmovisiones, culturas y saberes; las movilizaciones populares en favor de la descolonización e independencia del pueblo palestino y contra el genocidio, la limpieza étnica y el desplazamiento forzoso de los gazatíes.

¿Qué papel puede jugar el cristianismo radical?

Seguimos preguntándonos: ¿qué papel puede y debe jugar el cristianismo radical para contribuir a salir del colapso paralizador de tantas energías utópicas como se están perdiendo?

Empiezo por afirmar que el cristianismo o es radical o no es cristianismo, entendiendo por radical ir a las fuentes del ser, del vivir y del convivir, a las raíces evangélicas. Han sido las personas cristianas radicales quienes han salvado al cristianismo de las múltiples crisis por las que ha pasado a lo largo de la historia y lo están salvando ahora.

Si el cristianismo no quiere caer en la irrelevancia social y cultural, económica y política y en la pérdida de sentido en el colapso que estamos viviendo, si quiere ser históricamente significativo, crítico y relevante en el campo de los saberes y de la transformación del mundo, si pretende mantener la dimensión liberadora que caracterizó sus orígenes, si busca transmitir un mensaje de esperanza en la oscuridad del presente y apostar por la utopía en estos tiempos distópicos, debe tener las siguientes características:

  • liberador de las personas más vulnerables, los colectivos empobrecidos y los pueblos oprimidos;

  • contrahegemónico: crítico de los imperialismos y neoimperialismos;

  • alterglobalizador, que incluya a quienes la globalización neoliberal excluye y practique la mesa compartida donde desaparecen las diferencias de rango y de clase social;

  • feminista, que respete las diversas identidades afectivo-sexuales, más allá de la heteronormatividad y de la binariedad sexual; cuestione el sexismo, la LGTBIQ+fobia y las masculinidades hegemónicas; condene las diferentes formas de violencias contra las mujeres: sexual, simbólica, religiosa, étnica, laboral, jurídica, etc., en la sociedad y en las religiones, defienda la igualdad y la justicia de género y apueste por una comunidad fraterno-sororal;

  • ecológico, que defiende la dignidad y de los derechos de la Tierra, con el mismo empeño con que defiende la dignidad y los derechos de los seres humanos;

  • comprometido con la paz basada en la justicia. Hasta ahora se ha elaborado una teología de la guerra justa, que ha legitimado los sistemas de dominación. Es hora de elaborar una teología de la paz justa;

  • empeñado en la práctica de la democracia en el seno de sus instituciones;

  • interétnico, que reconozca y respete las identidades de las culturas originarias en diálogo e igualdad de condiciones con otras identidades culturales;

  • un cristianismo de la gratuidad, y no del mercantilismo;

  • que reconozca el pluriverso religioso así como la pluralidad de saberes y formas de vida en su seno y en la sociedad y el diálogo entre ellos;

  • que defienda los derechos humanos y la igual dignidad de todas las personas, especialmente de aquellas personas que los tienen más amenazados;

  • anti-idolátrico, que denuncie la idolatría al Dinero convertido en Dios al que se rinde culto;

  • no dogmático, no enrocado en imposibles certidumbres, sino interrogativo, en actitud de búsqueda y abierto a la duda.

  • hospitalario, samaritano con las personas migrantes, refugiadas y desplazadas;

  • decolonial, que no imponga su concepción occidental al resto de las culturas;

  • en alianza con la izquierda alternativa ecosocialista y con los movimientos sociales;

Si el cristianismo radical desea contribuir a superar el actual colapso y aportar luz en medio de las tinieblas en que vivimos, tiene que un cristianismo en policromía, es decir, que compagine el rojo de la justicia, el verde de la ecología y de la esperanza, el arco iris del LGTBIQ+, el morado del feminismo y el blanco de la paz.

Para acercarnos a la compleja y convulsa realidad a la que he intentado aproximarme globalmente, contamos en este Congreso con especialistas en ciencia política, ciencias de la información, teología de la liberación y teología ecofeminista, que ofrecerán rigurosos análisis sobre algunas de las crisis más importantes de nuestro mundo y harán propuestas para un cristianismo de liberación, ecológico y ecofeminista en el horizonte de la revolución política, económica y ecológica llevada a cabo por el papa Francisco como respuesta a dichas crisis. Vamos a escucharlos.

Muchas gracias.

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Juan José Tamayo Acosta es teólogo vinculado a la Teología de la Liberación. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII. Conferencista nacional e internacional y autor de más de 70 libros. Articulista habitual en prestigiosos periódicos nacionales e internacionales, así como reconocidos sitios como Religión Digital.
Entre algunas de sus publicaciones se encuentran: San Romero de América, mártir por la justicia (Editorial Tirant, 2015);  Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed.)De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanc, 2019); ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?  (Biblioteca Nueva, 2020, 3ª ed.); Hermano islam (Trotta, 2019).Pedro Casaldáliga. Larga caminada con los pobres de la tierra; (Herder, noviembre 2020); ¿La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2020).
Ha escrito también, editada por Fragmenta en 2021, La compasión en un mundo injusto y esta última de titulada Cristianismo radical editada por Trotta en 2025, que puedes adquirir como todas las demás, AQUÍ
Este artículo fue publicado en la Revista Religión Digital, el 22 de agosto de 2025.
      Vaya desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por honrar con sus colaboraciones este sitio.

One thought on “Mundo en colapso y cristianismo radical

  1. Comentario realizado por RAFAEL FALCÓN CASTRO…
    Es un buen artículo de denuncia y de claves para superar el colapso en el que parece estar nuestro mundo. Gracias Juan José por tu buen hacer, con el deseo de que el 44.º Congreso de Teología de buenos frutos.
    Yo añadiría “al papel que puede jugar el cristianismo radical”, el mensaje principal que nos transmitió Jesús el de Nazaret: el amor y el perdón. No estoy seguro si estas dos palabras están presentes en el escrito, no las recuerdo, pero creo que es fundamental que la compasión sea la actitud que nos oriente y que nos una a cristianos, judíos, musulmanes, budistas, personas de cualquier creencia o ateos para conseguir un mundo mejor. Hombres y mujeres de buena voluntad, conscientes del valor de la Vida de la que formamos parte todos los seres que integramos la Naturaleza, unidos de corazón. Todo lo que acontece tiene sentido, todo, por muy reprochable y doloroso que nos parezca. El dolor, físico o mental es una advertencia y como tal un regalo de la Vida para no perdernos. Muchas veces nos viene dado por el otro, que puedo ser yo. El otro y el yo asumimos un papel en el teatro del mundo en el que todos somos actores necesarios para el buen desarrollo de esta representación llamada acertadamente por los hindúes “maya” (lo ilusorio) o “escuela de la vida” en nuestra filosofía occidental. Todo está organizado para conquistar el nivel de conciencia al que estamos llamados. En esta dimensión en la que estamos encarnados, las lecciones que tenemos que aprender y superar, en muchas ocasiones, son muy duras para los individuos y para el cuerpo social, pero necesarias. Entiendo que según las leyes justas que nos marcamos, para que sea posible la buena convivencia, hay que juzgar, condenar y apartar al delincuente, pero a su vez, en nuestro corazón, debemos ser compasivos. “Odia el delito y compadece al delincuente” nos dijo acertadamente Concepción Arenal. Estos delincuentes y genocidas que sufrimos ahora y a lo largo de la historia hemos padecido, no ejecutan sus atroces crímenes solos. Son y han sido apoyados, elevados al poder, por una parte importante de la sociedad. Lo estamos presenciando en muchos de nuestros países democráticos. ¿En qué medida somos todos responsables?. Jesús los llamaba ciegos que guían a otros ciegos. Él sabía mucho de ambos, sin embargo, y a pesar de ser condenado injustamente en la cruz por ambos, pidió al Dios de la Infinita Compasión que los perdonara, porque no eran conscientes de lo que hacían. Ése es el mensaje más radical y liberador de Jesús: el perdón y la compasión.
    La compasión será el escudo que nos proteja del odio, de volver al “ojo por ojo”. Con él no nos sentiremos víctimas, sino sujetos capaces de inyectar amor al inconsciente colectivo para restaurar las heridas que debilitan nuestro tejido social. Esta actitud interior, unida al compromiso por los más necesitados que señalas en el apartado del “papel que puede jugar el cristianismo radical”, que debemos tener todos, cristianos o no cristianos, nos reconduciría a la senda de la conquista de la utopía. Confiemos en el Diseñador del que formamos parte, con el recurso del discernimiento que podemos adquirir en el silencio, y sin perder la esperanza, superando los retos necesarios, construyamos la parte que nos corresponde en la Naturaleza. El mundo es ya mejor si cada uno lo hacemos mejor con el compromiso, con el perdón y con la compasión que nos debemos.

Me encantaría que hicieras un comentario. Muchas gracias.

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