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Hace unos días me publicaron en ATRIO una reflexión sobre el fenómeno mediático del tal Rubiales dentro del contexto de lo que René Girard denomina “el chivo expiatorio”. Desde mi punto de vista, en las sociedades occidentales domina lo que se ha dado en llamar la “cultura de la banalidad”. El vivir para disfrutar, gastar, dar una imagen. Pero eso genera insatisfacción y en muchos casos “culpa”. Y un modo de exonerarse de la culpa es buscándose un “chivo expiatorio”, alguien sobre quien cargo mi vaciedad existencial y mi malestar para que expíe (aquí la expiación es importante) por mí, mis culpas y pecados.
De alguna manera, es lo que ha escrito mi compañero González Faus en Religión Digital y lo que hace años escribió el filósofo Zygmunt Bauman y que intento glosar en Pensadores para los tiempos de banalidad cultural, (publicado en Fronteras CTR el 9 marzo, 2022). Decía allí que nuestro mundo occidental vive momentos de banalidad cultural. Los recientes fenómenos de la gran crisis sanitaria provocada por el coronavirus han mostrado que en occidente no tenemos capacidad para vivir la soledad y activar la capacidad de pensar. Un libro del profesor Manuel Fraijó (Semblanzas de grandes pensadores. Conferencias. Editorial Trotta, Madrid, 2020) invita a abrir nuestra mente a las diversas propuestas sobre el sentido de la vida, la reflexión sosegada sobre la realidad, las experiencias de interacción social, de espiritualidad y de trascendencia.
Usar y tirar: la sociedad de la banalidad
Los sociólogos insisten en que hemos construido y estamos construyendo una sociedad cada vez más banal, más vacía, más consumista de evasiones. Tal vez siempre lo haya sido, pero antes se intentaba disimular, se consideraba un hecho negativo, mientras que ahora no hay ningún empacho en aceptar la banalidad. Es una banalidad que abarca muchos aspectos y que se ha infiltrado en el sistema circulatorio de la vida social, aunque probablemente no tenga ese carácter peyorativo que, a priori, pueda parecer, pues el ser banal no deja de ser una opción más de las muchas que ofrece la existencia humana.
Es un hecho que en las nuevas generaciones de ciudadanos occidentales, en general, aumentan las actividades banales; no hay más que fijarse en la forma en que reciben la información, siempre en exceso, pero de forma muy ligera, procesan cantidad de información en soportes de fácil asimilación: en audio o en pantalla, con mensajes cortos, que apenas requieren esfuerzo intelectual, o a través de las redes sociales, que suelen ser el mayor canto que se ha inventado a la banalidad. Las generaciones emergentes huyen de la prensa escrita y, en particular, de los artículos largos de opinión; les basta, en el mejor de los casos, con leer titulares, aunque, naturalmente y gracias a Dios, hay honrosas excepciones.
Esta banalidad se plasma en el ‘usar y tirar’ que tanto se está instalando en la nueva sociedad: se utiliza ropa de usar y tirar, comida de usar y tirar -léase comida instantánea en abundancia, con cantidad de sobras que acaban en el contenedor de basura-, muebles de usar y tirar… hasta parejas de usar y tirar; la vieja costumbre de parejas bastante estables está dando paso a numerosas y sucesivas parejas de duración efímera y escaso compromiso.
Un amigo, tertuliano en medios de comunicación, me comentaba que la banalidad estaba alcanzando a la institución del matrimonio, justificándolo en la facilidad con que muchos deshacen y rehacen sus vidas familiares. Yo no iría tan lejos en la afirmación de que cambiar de pareja sea un asunto banal pero, al menos, plantearía la duda. Llamaba, a esta forma de entender la vida como una sucesión de banalidades, sin gran apego por casi nada y con una gran dosis de provisionalidad, ‘pensamiento Ikea’ y por extensión, a los afectados por esta corriente ideológica, ‘generación Ikea’. Y daba a entender con este símil mueblístico la preferencia de estas generaciones por lo inmediato, sin planteamientos de futuro ni de permanencia, a lo cual, sin duda, colabora la provisionalidad de buena parte de los trabajos y los sueldos de la actual clase trabajadora, que no permiten proyectos estables de futuro, aunque tampoco me parece suficiente motivo para abrazar esa banalidad generalizada en la que está inmersa la sociedad.
Insisto en que, cuando hablo de banalidad, no lo hago de forma peyorativa -uno ya tiene edad suficiente como para no dar consejos a nadie sobre la manera de conducir su vida- sino como una constatación, mezclada con sorpresa, de que los hábitos, sobre todo intelectuales, están cambiando y que el antiguo valor del esfuerzo y la sólida formación está dando paso a la liviandad, a la ligereza… a la banalidad. Opción, por supuesto, absolutamente respetable, aunque, eso sí, a mí no me gusta.
Zygmunt Bauman y la ceguera moral de la cultura
En un artículo publicado en FronterasCTR en 2017 reflexionaba sobre la banalidad en el artículo La ceguera moral de la Modernidad líquida podría arrinconar a las tradiciones religiosas a propósito del sociólogo Bauman fallecido con 91 años. El 9 de enero de 2017 falleció en su casa de Inglaterra el sociólogo de origen polaco Zygmunt Bauman a los 91 años de edad. Desde su punto de vista, la modernidad líquida –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados. La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones y por unos principios éticos inciertos. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, y se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la realidad virtual. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida que puede licuar incluso a las religiones.
Con anterioridad, en un artículo publicado en Tendencias21 de las religiones 13 de junio de 2012 sobre Zygmunt Bauman, (que tuvo 35 amplios comentarios de los lectores) insistíamos sobre la incidencia que la modernidad líquida podría tender a “licuar” a las religiones desposeyéndolas de su capacidad crítica hacia la sociedad.
Tal como han apuntado los comentaristas, la modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro.
Este es el sombrío panorama que nos describe Zygmunt Bauman,un sociólogo, filósofo y ensayista polaco. Bauman es ahora muy conocido por acuñar el término, y desarrollar el concepto, de la llamada «modernidad líquida». Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman es ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.
El fallecimiento de Bauman el pasado día 9 de enero a los 91 años, ha vuelto a reavivar el fuego de la polémica sobre sus propuestas demoledoras para la sociedad del futuro inmediato. Por nuestra parte, estamos interesados por la tendencia que marca para el futuro de las tradiciones religiosas.
El último de sus libros traducidos al castellano, la ceguera moral, insiste más aún sobre las consecuencias extremas a la que puede llevar la modernidad líquida: a la pérdida del rumbo moral, a la ausencia de unos principios éticos de validez universal y perenne den cierta solidez al edificio de las sociedades occidentales.
Pero ¿qué lugar puede ocupar la experiencia religiosa en este contexto? Si las religiones suelen ofrecer fortaleza y seguridad, ¿qué se puede esperar en la época de la modernidad líquida? ¿Abre Bauman alguna posibilidad? ¿Hay brotes de un posible retorno de lo religioso (como apuntaba José María Mardones) en un mundo deseoso de certezas?
Los rasgos pesimistas de la sociedad occidental según Zygmunt Bauman
El fallecimiento de Bauman ha reactivado el interés por sus ideas. En un ensayo que nos ha parecido iluminador, 5 ideas de Zygmunt Bauman que retratan a la sociedad moderna, y escrito por Mónica Redondo, se apuntan cinco claves para entender lo que está pasando en nuestro mundo.
Quién no ha pensado alguna vez lo diferente que es la forma de pensar de sus padres o abuelos en comparación con la suya. Han estado casi toda la vida con la misma persona, la misma con la que se casaron cuando las fotos eran en blanco y negro. Han tenido el mismo trabajo desde que salieron de la universidad con 23 años. Y conservan el reloj que les regaló su padre cuando cumplieron los 18 años.
La vida líquida de Bauman rompe con las estructuras fijadas en el pasado. La filosofía de vida, los valores y lo que se considera ético y moral ha cambiado radicalmente en los últimos años, a causa de los cambios políticos y sociales ocurridos a partir de la segunda mitad del siglo XX.
En el libro Modernidad líquida, Zygmunt Bauman es capaz de explicar los fenómenos sociales de la era moderna y qué es lo que nos diferencia de las generaciones anteriores. A partir del año 2000, año de publicación de Modernidad líquida, el filósofo polaco publica una serie de obras que resumen sus conceptos sobre la realidad que nos rodea: Amor líquido (2003), Vida líquida (2005) y Tiempos líquidos: vivir una época de incertidumbre (2007).
- La realidad líquida de Bauman consiste en una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. En el pasado, la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida. En la modernidad, el filósofo polaco afirma que las personas ya han conseguido desprenderse de los patronesy las estructuras, y que cada uno crea su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida. La sociedad actual se basa en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera.
- En la vida líquida, según Bauman, la sociedad se basa en el individualismoy se ha convertido en algo temporal e inestableque carece de aspectos sólidos. Todo lo que tenemos es cambiante y con fecha de caducidad, en comparación con las estructuras fijas del pasado. Muchas de las cosas que explicó Bauman hace 17 años en su obra Modernidad líquida y las que la siguieron se han convertido en una realidad en nuestros días. El sociólogo logró explicar el funcionamiento de la sociedad actual y determinar la relación de las nuevas generaciones con conceptos como el amor, el trabajo o la educación.
- El amor líquido en la red social Tinder. Muy poco tienen que ver las relaciones de nuestros abuelos con la nuestra. Miedo al compromiso, rollos de una noche, desengaños amorosos… Para muchos jóvenes (y no tan jóvenes) este puede ser el pan de cada día. Para Zygmunt Bauman, estas relaciones son las que dan nombre a su concepto de amor líquido. Según su patrón, el miedo al compromiso y a las cosas a las que hay que renunciar, como la libertad, son la razón principal por la cual existe este miedo a comprometerse y a darlo todo por una pareja. La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales. Las relaciones amorosas acaban convirtiéndose en breves episodios, en los que priva la búsqueda del beneficio personal. Cuando una pareja deja de ser rentable, se deja de lado y se busca una nueva. Ni más ni menos que la filosofía de Tinder. Historias de amor para siempre han ocurrido gracias a la aplicación de búsqueda de parejas, aunque la mayoría de los usuarios desliza rostros en su pantalla hasta encontrar el indicado para pasar la noche.
- Ciudadanos del mundo. Si hay algo que no queremos, son ataduras, ni el en amor ni en nuestra forma de vida. En la era moderna, es bastante común entre los jóvenes hacer un viaje de varios meses por América Latina o el Sudeste Asiático, con el objetivo de romper con las barreras y ser testigos de realidades distintas a las de su país de origen. La realidad líquida de Bauman describe precisamente este escenario, que invita al movimiento, al flujo y a la búsqueda de nuevas experiencias, pero sin echar raíces en ningún lugar. Son ciudadanos del mundo pero de ningún lugar al mismo tiempo.
- No más trabajos para toda la vida. Esta filosofía basada en la búsqueda de nuevas experiencias y ser ciudadano de mundo también se ve reflejada en el ámbito laboral dentro de las sociedad líquida. Nuestros abuelos y padres entraron a trabajar en una empresa cuando acabaron la universidad, y se jubilaron en el mismo lugar 40 años después. Las personas no quieren ataduras ni en el amor ni en el trabajo, según Bauman. En la actualidad, no existe el llamado trabajo de nuestra vida. Los empleos son cambiantes y el mercado actual necesita renovaciones dentro de las empresas cada poco tiempo. Por otro lado, Bauman identifica en sus obras la necesidad de cambio en los trabajadores, a los que se les reclama cada día más volatilidad y capacidad de trabajo en diferentes áreas. Las empresas buscan a personas volubles, con capacidad de reinventarse y que puedan viajar a otra ciudad cuando sea necesario. Personas que lo den todo en el trabajo aun sabiendo que pueden ser reemplazadas en cualquier momento si no cumplen con las expectativas.
Es oportuno, importante e incluso necesario recuperar la capacidad de reflexión sobre el sentido de la vida
La figura de Bauman y la oportunidad del libro del profesor Manuel Fraijó Semblanzas de grandes pensadores. Conferencias. Editorial Trotta, Madrid, 2020), nos invita a leer para repensar nuestra vida. Una sociedad que tiene el peligro de “encefalograma plano”, que solo piensa en pasarlo bien, evadirse, consumir y usar y tirar, necesita algún tipo de revulsivo como el mismo Fraijó insinúa. Los recientes debates en Europa sobre la necesidad de volver a introducir la formación filosófica en los currículos educativos de secundaria nos abren a la esperanza.
En el largo, fatigoso y a veces estéril camino de la reflexión no estamos solos. Muchos hombres y también mujeres (pero estas apenas aparecen en los libros de texto de filosofía) nos han precedido. No vamos solos sino que avanzamos sobre lo que otros han elaborado antes.
Los medios de comunicación y las revistas de cotilleo se centran sobre el morbo de si “el pico” fue consentido o no.. Pero evaden el fondo del problema: la crítica a una sociedad donde la cultura de la banalidad, del vivir bien, del individualismo, del amor líquido, y en el fondo de la insatisfacción y de la huida de los grandes relatos.
Y una sociedad y unos medios incapaces de impulsad otra cultura, la cultura de la búsqueda de valores para la transformación de la sociedad hacia la justicia, la equidad, el respeto a nuestro hogar la Tierra y la desaparición de las desigualdades.

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LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN nació en Sevilla en 1942. Es jesuita, sacerdote, doctor en Ciencias Geológicas y Licenciado en Teología. Catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza , de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Asesor de la Cátedra Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José Acosta (ASINJA).Es autor además, de numerosos libros y trabajos que se ofrecen gratuitamente en versión digital en BUBOK.En la actualidad reside en Granada continuando sus investigaciones y trabajos en torno a la interdisciplinaredad, el diálogo Ciencia y Fe y la transdisciplinariedad en la Universidad Loyola e intentando relanzar y promover la Asociación ASINJA que preside. Un nuevo destino después de haber trabajado solidariamente ofreciendo sus servicios de acompañamiento, cuidado y asesoramiento en la Residencia de personas mayores San Rafael de Dos Hermanas (Sevilla).
El presente artículo fue publicado en la Revista digital ATRIO el pasado 30 de agosto de 2023
La persona de Leandro Sequeiros es un referente de testimonio evangélico, de excelencia académica, de honestidad y rigor intelectual de primer orden. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento más sentido por honrar con sus colaboraciones este humilde sitio de KRISIS..
Gracias Leandro por esta reflexión sobre La cultura de la banalidad ligada al concepto de Modernidad líquida de Bauman que me da pie a relacionarlo con el artículo de mi querido amigo Juan Miguel Batalloso “Ser de Camas”, donde casi al final dice que le llama la atención “por un lado, la pervivencia del confesionalismo y del infradesarrollo del laicismo en nuestro país”.
¿Tenemos que seguir preguntándonos si son compatibles la razón y la fe?.
Tú dices por un lado que “la modernidad líquida podría tender a “licuar” a las religiones desposeyéndolas de su capacidad crítica hacia la sociedad” y por otro que “la modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta”. Yo te pregunto: ¿cuándo las religiones dogmáticas, unidas al poder, trabajaron a favor de inculcar una capacidad crítica a la sociedad?, ¿no hicieron todo lo contrario imponiendo unos dogmas irracionales en las mentes indefensas de un pueblo inculto en su mayoría?. Aquí en España sabemos que en el Siglo de las Luces el grupo reducido de ilustrados fueron expulsados o tuvieron que emigrar por miedo al poder con la ayuda de la Iglesia Católica que tanto sabía de persecuciones de los más iluminados. Antes y después de este siglo esta iglesia ha perseguido a los mejores de los suyos, siguiendo la buena tradición de otras religiones hermanas. El mismo Jesús de Nazaret fue víctima de su propia religión por su lucidez. Mientras persistan estas religiones dogmáticas que siguen lavando el cerebro con dogmas irracionales, apoyadas por tradiciones festivas ancestrales, tendremos que “asumir los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta”, hasta que tomemos consciencia de nuestro SER, haciéndonos cada uno dueños de nuestra mente y comprendiendo nuestra pertenencia a esa unidad misteriosa que gobierna todo el universo.
Muy importante y aleccionador el articulo del filosofo Bauman. Pero….
Pero yo tengo un peral; aunque este no es el fondo de la cuestión, un “pico” sin consentimiento es un agresión sexual. ¿O, NO?
Yo creo firmemente, que la lucha contra la agresión sexual, (en el caso conocido como el “pico” de Rubiales) es la lucha por el cambio de paradigma en nuestra sociedad moderna
“liquida”, tan magistralmente teorizada por Bauman