
EL HOMBRE ECUÁNIME
Esta es la significativa historia del hombre ecuánime. Era dueño de un caballo, pero cierto día por la mañana se despertó, fue al establo y comprobó que el caballo había desaparecido. Entonces vinieron los vecinos a condolerse y decirle:
—¡Qué mala suerte has tenido! Solo tenías un caballo y se ha marchado.
Y el hombre dijo: –Sí, sí, así es, así es.
Pasaron unos días y una mañana el buen hombre se encontró con que en la puerta de su casa no solamente estaba su caballo, sino que había traído otro.
Vinieron los vecinos y le dijeron: —¡Qué buena suerte la tuya! Ahora eres dueño de dos caballos.
El hombre repuso: —Sí, sí, así es.
Ahora, al disponer de dos caballos, el hombre podía salir a montar a caballo en compañía de su hijo. Pero un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Vinieron los vecinos y le dijeron:
—¡Mala suerte, muy mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo…
El hombre, tranquilamente, dijo: —Sí, así es.
Pasó una semana y estalló la guerra. Todos los jóvenes fueron movilizados, menos el hijo herido al caer del caballo. Y vinieron de nuevo los vecinos a verle y le dijeron:
—¡Tú sí que tienes buena suerte! Tu hijo se ha librado de la guerra.
—Sí, sí, así es —repuso él serenamente.
1 Ref.Fuente: CALLE, Ramiro. (1992). Recobrar la mente. Urano. Madrid
—¡Qué mala suerte has tenido! Solo tenías un caballo y se ha marchado.
Y el hombre dijo: –Sí, sí, así es, así es.
Pasaron unos días y una mañana el buen hombre se encontró con que en la puerta de su casa no solamente estaba su caballo, sino que había traído otro.
Vinieron los vecinos y le dijeron: —¡Qué buena suerte la tuya! Ahora eres dueño de dos caballos.
El hombre repuso: —Sí, sí, así es.
Ahora, al disponer de dos caballos, el hombre podía salir a montar a caballo en compañía de su hijo. Pero un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Vinieron los vecinos y le dijeron:
—¡Mala suerte, muy mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo…
El hombre, tranquilamente, dijo: —Sí, así es.
Pasó una semana y estalló la guerra. Todos los jóvenes fueron movilizados, menos el hijo herido al caer del caballo. Y vinieron de nuevo los vecinos a verle y le dijeron:
—¡Tú sí que tienes buena suerte! Tu hijo se ha librado de la guerra.
—Sí, sí, así es —repuso él serenamente.
1 Ref.Fuente: CALLE, Ramiro. (1992). Recobrar la mente. Urano. Madrid
La ecuanimidad es la capacidad de mantener la calma, la serenidad y el equilibrio emocional frente a diversas circunstancias de la vida, sean favorables o adversas. Es una virtud que permite enfrentar los desafíos sin dejarse llevar por emociones extremas como el miedo, la ira o la euforia descontrolada.
Mediante la práctica de la ecuanimidad nos ejercitamos en la adquisición de serenidad ante los cambios; el autocontrol de nuestras emociones emociones; en el discernimiento y la toma de decisiones siendo imparciales y justos; en la tolerancia, la paciencia y la aceptación consciente de aquello que no podemos controlar y no depende de nosotros
Mediante la práctica de la ecuanimidad nos ejercitamos en la adquisición de serenidad ante los cambios; el autocontrol de nuestras emociones emociones; en el discernimiento y la toma de decisiones siendo imparciales y justos; en la tolerancia, la paciencia y la aceptación consciente de aquello que no podemos controlar y no depende de nosotros

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