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Aunque este libro lo terminé a mediados de 2025, lo dejé abierto a nuevas modificaciones como consecuencia de nuevas lecturas sobre esta temática que tuve la oportunidad de concretar a partir de mi colaboración en una serie de charlas en el Centro AMARA de Camas (Sevilla). En consecuencia, lo cerré a finales del del pasado año 2025.
En cuanto a los libros anteriores, al igual que todos los que HE realizado, los puedes ver ver en el apartado del menú principal de KRIRIS de PUBLICACIONES, si bien tendrás que verlos en pantalla de PC.

SINOPSIS
Con la obra “La formación personal y afectiva del profesorado” he querido ofrecer mucho más que un manual técnico sobre educación emocional. Mi propósito ha sido proponer un itinerario de transformación personal y profesional dirigido a quienes ejercen o hemos ejercido la docencia y sentimos que educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en acompañar procesos humanos profundos. Parto de una convicción esencial: no es posible cambiar la escuela sin cambiar antes al educador. Por eso, este libro nace de la necesidad de situar en el centro de la formación docente a la persona del profesor, con su mundo emocional, sus conflictos internos, sus búsquedas de sentido, sus límites y sus posibilidades de crecimiento.
A lo largo de la obra defiendo que la educación del siglo XXI exige una formación integral del profesorado, capaz de integrar saber pedagógico, conciencia emocional, ética profesional y desarrollo interior. Mi enfoque se inscribe dentro de la Educación Transdisciplinar, entendida como una propuesta que supera la fragmentación disciplinar y apuesta por una visión unitaria, integral y compleja del ser humano. Desde esta perspectiva, la formación personal y afectiva del docente no es un complemento opcional, sino un eje estructural de toda práctica educativa transformadora.
En el primer gran bloque del libro abordo el autoconocimiento como fundamento de cualquier proceso educativo auténtico. He querido mostrar que conocerse a uno mismo no es un ejercicio narcisista, sino una tarea ética y pedagógica imprescindible. Solo un docente que se comprende, que reconoce sus emociones, sus miedos, sus automatismos y sus contradicciones, puede educar desde la coherencia y el respeto. Por ello, dedico un amplio espacio a la práctica del autoconocimiento mediante técnicas de relajación, respiración consciente, meditación, mindfulness, visualizaciones, cuestionarios reflexivos y relatos autobiográficos. Estas prácticas no están pensadas como ejercicios aislados, sino como herramientas cotidianas para cultivar la serenidad, la atención plena y la claridad mental, tan necesarias en contextos educativos cada vez más complejos y exigentes.
En el segundo capítulo profundizo en la autoestima docente, diferenciando entre formas sanas, insanas y auténticas de autovaloración. Mi intención ha sido desmontar la idea de una autoestima basada en el éxito externo, el reconocimiento social o el rendimiento cuantificable. Defiendo, por el contrario, una autoestima arraigada en la aceptación personal, en la responsabilidad individual y en el respeto profundo hacia uno mismo. Analizo los obstáculos más frecuentes que dañan la autoestima —comparaciones, estereotipos, críticas destructivas, dependencia afectiva, falta de diálogo— y propongo pautas concretas para reconstruir una imagen personal más equilibrada y realista. Considero que un profesor con autoestima auténtica no solo enseña mejor, sino que transmite seguridad emocional, confianza y esperanza a su alumnado.
El tercer eje de la obra está dedicado a la regulación emocional, entendida como una competencia central de la profesión docente. Integro modelos contemporáneos de la psicología científica, como el enfoque procesual de James Gross, el modelo RE de Hervás y la Terapia de Aceptación y Compromiso, adaptándolos al contexto educativo. Mi objetivo no ha sido ofrecer recetas rápidas, sino ayudar a comprender cómo se generan las emociones, cómo se pueden gestionar de manera consciente y cómo es posible desarrollar actitudes de aceptación, flexibilidad psicológica y compromiso con los valores personales. También incluyo orientaciones prácticas para el desapego emocional saludable, inspiradas en propuestas terapéuticas humanistas, con el fin de reducir el sufrimiento innecesario y fortalecer el equilibrio interior.
En el cuarto capítulo abordo una dimensión más profunda del desarrollo humano: el ego y la sombra. Aquí propongo una lectura evolutiva de la conciencia, entendiendo la vida del educador como una peregrinación que va desde el dominio del tener y del hacer hacia una mayor centralidad del ser. Apoyándome en aportaciones de la psicología transpersonal, analizo los mecanismos del ego, las máscaras profesionales, las resistencias al cambio y las dinámicas inconscientes que condicionan nuestra práctica docente. Este apartado invita a un trabajo interior honesto, orientado a desactivar automatismos defensivos y a desarrollar una presencia educativa más auténtica, humilde y compasiva.
La obra adquiere una dimensión especialmente comprometida cuando analizo el malestar docente y el síndrome de burnout. He querido visibilizar el sufrimiento silencioso de miles de profesores que trabajan en condiciones organizativas, burocráticas y culturales que deterioran su salud emocional. No atribuyo este malestar exclusivamente a factores individuales, sino que lo sitúo en el marco de estructuras escolares rígidas, climas laborales tóxicos, sobrecarga de tareas y pérdida progresiva de sentido profesional. Frente a este diagnóstico, propongo una mirada crítica y transformadora que exige cambios institucionales, culturales y políticos, además de procesos de fortalecimiento personal.
En este contexto, dedico los últimos capítulos a la resiliencia, primero como constructo psicológico general y después específicamente como resiliencia docente. Recojo aportaciones de investigadores internacionales y las traduzco a propuestas prácticas para el ámbito educativo. Entiendo la resiliencia no como resistencia pasiva al sufrimiento, sino como capacidad activa para reconstruir el sentido, aprender de la adversidad y generar entornos escolares más humanos. Presento estrategias para fortalecer redes de apoyo profesional, promover comunidades de práctica, construir culturas escolares colaborativas y diseñar programas institucionales orientados al bienestar docente.
En conjunto, este libro es una invitación a repensar la formación del profesorado desde una lógica profundamente humanista. No propongo docentes perfectos ni modelos idealizados, sino personas reales, conscientes de su fragilidad y, al mismo tiempo, de su enorme potencial de crecimiento. Defiendo una educación que no se limite a preparar para el mercado laboral, sino que ayude a vivir con mayor lucidez, serenidad, sentido ético y compromiso social.
He escrito esta obra desde mi experiencia como maestro de escuela, orientador y formador, pero también desde mi propio proceso de desarrollo personal y las aportaciones de mi gran amiga y mentora, la profesora brasileña Maria Cândida Morares. Por eso, cada capítulo está atravesado por una convicción fundamental: educar es, ante todo, un acto de coherencia vital. Formarnos emocionalmente no es un añadido decorativo a la profesión docente, sino una condición imprescindible para construir escuelas más saludables, relaciones educativas más humanas y sociedades más justas y solidarias.
Juan Miguel Batalloso Navas.
Camas (Sevilla) a 4 de febrero de 2026.