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Este libro lo terminé a finales de enero de de 2026, y es el segundo volumen que dedico a los fundamentos filosóficos. No obstante y poco a poco, iré incorporando nuevos volúmenes a este para mí, apasionante temas.
En cuanto a los libros anteriores, al igual que todos los que HE realizado, los puedes ver ver en el apartado del menú principal de KRIRIS de PUBLICACIONES, si bien tendrás que verlos en pantalla de PC.

La conciencia en la filosofía de la Edad Media. Hasta el siglo XIII
Juan Miguel Batalloso Navas Educación Transdisciplinar, Volumen 6. KRISIS, Camas (Sevilla), 2026
SINOPSIS
Una obra necesaria y desmitificadora
Este libro desafía uno de los prejuicios más arraigados en la historia del pensamiento occidental: la idea de que el estudio de la conciencia comenzó con Descartes en el siglo XVII. Con él pretendo demostrar con rigor, que los fundamentos conceptuales de la conciencia fueron elaborados sistemáticamente durante la Edad Media, con una profundidad y sutileza que no solo anticipa, sino que en muchos casos supera las reflexiones modernas y contemporáneas.
El propósito del libro es triple: ofrecer una reconstrucción clara y rigurosa de las concepciones medievales de la conciencia situadas en su contexto histórico; establecer un diálogo fecundo entre el pensamiento medieval y las teorías contemporáneas de la conciencia —filosofía de la mente, fenomenología, neurociencia cognitiva, psicología transpersonal—; y, finalmente, contribuir a una genuina Educación de la Conciencia, entendida no como mera transmisión de información, sino como proceso de interiorización, autoconocimiento y maduración personal.
El marco histórico: conciencia en el corazón de la Edad Media
El primer capítulo contextualiza la reflexión medieval en su matriz histórica. La caída del Imperio Romano (476), el feudalismo, el poder omnipresente de la Iglesia, el Renacimiento Carolingio de los siglos VIII-IX, el florecimiento de la Escuela de Traductores de Toledo y el nacimiento de las primeras universidades europeas en los siglos XII-XIII conforman las condiciones que hicieron posible una extraordinaria efervescencia intelectual. En este contexto, la conciencia medieval es esencialmente teocéntrica: el ser humano se concibe a sí mismo en relación con Dios, y la interioridad deviene el espacio privilegiado del encuentro con lo divino y con la verdad.
Los grandes pensadores: un recorrido por diez siglos de reflexión interior
El núcleo del libro lo constituyen diez capítulos dedicados cada uno a un pensador central, siguiendo una estructura pedagógica rigurosa y coherente: apuntes biográficos, aportaciones fundamentales y correlatos contemporáneos.
Agustín de Hipona (354-430) abre el recorrido como padre fundador de la filosofía de la conciencia en Occidente. Con sus Confesiones, inaugura el giro hacia la interioridad y desarrolla la primera fenomenología sistemática del tiempo, la memoria y el deseo. Su celebérrima exhortación —”no quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo”— funda una tradición que se extenderá durante más de mil años. El libro muestra cómo su análisis de la temporalidad consciente anticipa asombrosamente a Husserl y Heidegger.
Pseudo-Dionisio Areopagita (ca. 450-520) aporta la vía apofática o negativa como método de transformación cognitiva: la conciencia crece no acumulando conceptos sobre Dios, sino despojándose progresivamente de todo condicionamiento del ego. En este sentido, intento rastrear sus resonancias en la psicología transpersonal de Stanislav Grof, la neurofenomenología de Francisco Varela y la psicología integral de Ken Wilber.
Anselmo de Canterbury (1033-1109) es presentado no simplemente como autor del argumento ontológico, sino como un profundo analista de la estructura de la conciencia reflexiva. Su famosa fórmula fides quaerens intellectum revela una conciencia que se autocomprende en el acto mismo de buscar, anticipando las teorías de orden superior y la metacognición contemporánea.
Pedro Abelardo (1079-1142) inaugura una auténtica revolución ética: la moralidad de una acción no reside en el acto externo sino en la intención consciente del agente. Esta afirmación, radical en su tiempo, constituye el nacimiento de la ética de la autonomía y la responsabilidad personal, cuyas resonancias intento conectar con la psicología del desarrollo moral de Piaget y Kohlberg, y con los debates contemporáneos sobre neuroética y libre albedrío.
Bernardo de Claraval (1090-1153) desarrolla una fenomenología de la experiencia afectiva y una teoría de los cuatro grados del amor como itinerario de transformación de la conciencia. Para Bernardo, el amor no es una emoción pasiva sino una fuerza activa que reconfigura la manera de ser y de conocer. El libro establece vínculos con la neurociencia afectiva y la neuroplasticidad.
Hugo de San Víctor (c. 1096-1141), pedagogo de la Escuela Victorina, articula una teoría del conocimiento como ascenso progresivo desde la percepción sensible hasta la contemplación mística. Su célebre teoría de los “tres ojos del conocimiento” —el ojo de la carne, el ojo de la razón y el ojo de la contemplación— dialoga directamente con la epistemología integral de Ken Wilber, la educación holística y la pedagogía contemplativa actual.
Buenaventura de Bagnoregio (1217-1274), el Doctor Seraphicus, traza en su Itinerarium mentis in Deum una cartografía sistemática de los estratos de la conciencia, desde la percepción sensorial hasta la unión mística. Contra el intelectualismo dominante, integra magistralmente razón y afectividad, sosteniendo que la verdadera sabiduría es conocimiento “saboreado” que transforma al sujeto. Desarrollo también sus conexiones con la Teoría de la Información Integrada de Tononi, la neurociencia contemplativa y la transdisciplinariedad.
Tomás de Aquino (1225-1274) construye la síntesis monumental entre filosofía aristotélica y teología cristiana. Su análisis del sensus communis, del intellectus agens y de la “conciencia acompañante” ofrece una comprensión estructural de la conciencia que integra las dimensiones cognitiva, afectiva y volitiva, con resonancias en las teorías contemporáneas de la intencionalidad, la cognición encarnada y la neuroplasticidad.
Ramon Llull (1232-1316) emerge como un genio anticipatorio: su Ars Magna es un sistema lógico-combinatorio que prefigura la inteligencia artificial. Llull concibe una pedagogía de la iluminación orientada a transformar la conciencia mediante el descubrimiento de las estructuras profundas de la realidad.
Juan Duns Escoto (1266-1308) cierra el recorrido con su teoría de la haecceitas (individuación) y la primacía de la voluntad sobre el intelecto. Para Escoto, la libertad y la creatividad son dimensiones constitutivas de la conciencia, no accidentes secundarios. En este sentido, intento conectar su pensamiento con los debates contemporáneos sobre singularidad de la experiencia consciente, voluntarismo y libertad.
Una metodología rigurosa y abierta
Creo que una de las virtudes del libro es su método. Cada capítulo culmina en una sección de correlatos contemporáneos que establece puentes explícitos, evitando tanto el anacronismo como la erudición estéril, entre el pensamiento medieval y teorías actuales: la fenomenología de Husserl, Merleau-Ponty y Marion; la neurociencia cognitiva y afectiva; la psicología del desarrollo de Piaget, Kohlberg y Kegan; la psicología transpersonal de Grof y Assagioli; la pedagogía crítica de Freire; el aprendizaje transformador de Mezirow; la teoría integral de Wilber; y el pensamiento complejo de Morin.
Las referencias bibliográficas siguen la norma ABNT, en coherencia con la vocación latinoamericana de la colección y con el diálogo explícito que el autor mantiene con el “Paradigma Ecosistémico” en educación de la investigadora brasileña Maria Cândida Moraes.
¿A quién va dirigido y por qué importa?
El libro está escrito con una doble audiencia en mente: la comunidad académica —filósofos, psicólogos, pedagogos, teólogos— y el lector culto, educador o practicante espiritual que busca comprender la conciencia más allá de los reduccionismos actuales. La prosa, aunque tal vez demasiado rigurosa y académica a veces, es perfectamente, a cualquier lector interesado. Contiene, además, abundantes notas al pie que permiten una lectura continua sin sacrificar la precisión conceptual.
En una época donde la educación se reduce con frecuencia a competencias técnicas e información cuantificable, creo que este libro nos recuerda que educar es transformar la conciencia, que los grandes métodos pedagógicos medievales —la lectio divina, la quaestio, la disputatio, el examen de conciencia, el itinerario contemplativo— fueron diseñados precisamente para cultivar las dimensiones cognitiva, afectiva, volitiva, ética y espiritual del ser humano.
Así pues, la Edad Media no fue un periodo oscuro, sino una época de luz interior, de exploración sistemática de las profundidades de la conciencia y de elaboración paciente de sabidurías que hoy necesitamos más que nunca.
En suma, este sexto volumen de la colección Educación Transdisciplinar creo que puede ser una obra de referencia indispensable para quienes trabajan en la intersección entre filosofía, psicología, educación y conciencia: una invitación a descubrir que las raíces del pensamiento que necesitamos hoy llevan creciendo, en silencio y profundidad, desde hace más de mil años.
Juan Miguel Batalloso Navas.
Cala (Huelva) a 3 de marzo de 2026.