EL UNIVERSO AFECTIVO (14). El apego a las creencias

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EL UNIVERSO AFECTIVO (14) El apego a las creencias

Por Juan Miguel Batalloso Navas

E n estos tiempos de incertidumbre en los que nuestras relaciones sociales se han hecho líquidas, fluidas, caducas y faltas de solidez, responsabilidad y compromiso como nos dice Zymunt Bauman (1925-2017) 1 Ref.BAUMAN, Zygmunt. Modernidad líquida. México DF: Fondo de Cultura Económica, 2003., es muy común que numerosas personas se aferren a viejas creencias originando así fundamentalismos de todo tipo.

         Aferrarse a las creencias es una suerte de dogmatismo mediante el cual los individuos se convencen de manera absoluta de que únicamente sus ideas son las que gozan de veracidad y fundamentación. Un aferramiento que termina por conducir a la cerrazón, a la imposición y a la imposibilidad de diálogo, algo que evidentemente es absolutamente pernicioso tanto para nuestra convivencia como para la Educación y para la Democracia.

         El apego a las creencias o a las ideas está basado en la imperiosa necesidad de llevar siempre razón en cualquier tipo de interpretación de los hechos de la realidad. Se trata por tanto de una de las muchas manifestaciones de nuestro Ego, cuyo motor es el deseo íntimo de salir victorioso o exitoso en todas las situaciones. Se trata también del deseo de ser reconocido por los demás como el más sabio, el que tiene mejores argumentos y datos para explicar la realidad ignorando, claro está, que los conocimientos de cualquier ser humano proceden de la herencia cultural. Nadie, por tanto, puede presumir o enorgullecerse de crear ideas originales porque al fin y al cabo todo lo que pensamos, decimos o escribimos son siempre, o síntesis de lo que dijeron y escribieron otros o reconstrucciones, interpretaciones y reelaboraciones de los que nos precedieron. Buscar entonces la originalidad total y absoluta no es más que una manifestación más del Ego en forma de soberbia, orgullo, vanidad y falta de humildad.

         Por otro lado, las personas que se apegan a sus creencias y las transforman en dogmas, parten de la convicción de que se puede realmente percibir objetivamente la realidad. Ignoran la evidencia de que, a lo sumo, los seres humanos podemos aproximarnos a conocer la realidad siempre que sepamos distinguir los obstáculos internos y externos que impiden la percepción. Y, por otro lado, es obvio, que somos sujetos y no objetos, en consecuencia, nuestra percepción será siempre subjetiva. Es más, nuestra mentalidad cartesiana y objetivista nos ha inducido a creer que la realidad es algo que está ahí fuera e independiente de nuestro ser y esto, como han demostrado Humberto Maturana (1928-2021) y Francisco Varela (1946-2001) desde la biología, no es así.2 Ref.MATURANA, Humberto y VARELA, Francisco. El árbol del conocimiento. Buenos Aires: Lumen, 2003

Como señalan estos autores, el conocimiento, más que una representación y/o la interpretación que un sujeto observador hace de los hechos y objetos de una realidad exterior, es una emergencia que el organismo vivo produce como efecto del acoplamiento estructural con el medio ambiente (social, natural e interno o psíquico) y sus interacciones con él. En consecuencia, ni los objetos, ni los hechos podrán nunca hablar por sí mismos, a no ser que haya un sujeto que los convierta en experiencia y los interprete.

         En este punto de la supuesta objetividad de nuestras percepciones, sabemos que el conocimiento está siempre sujeto a la posibilidad de todo tipo de errores, ya sean perceptivos, mentales, intelectuales o racionales, así como también a «cegueras paradigmáticas». Como dice Edgar Morin (1921):

«…no hay conocimiento que no esté, en algún grado, amenazado por el error y por la ilusión. Un conocimiento no es el espejo de las cosas o del mundo exterior. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones cerebrales, a partir de estímulos o signos captados y codificados por los sentidos; de ahí, es bien sabido, los innumerables errores de percepción que sin embargo nos llegan de nuestro sentido más fiable, el de la visión…» 3 Ref.MORIN, Edgar. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. París: UNESCO. 1999, p. 5

El apego a las creencias, además del deseo de llevar siempre razón, consiste en imaginar que nuestras opiniones acerca del mundo, la realidad, los demás y nosotros mismos son realmente opiniones objetivas, racionales y lógicas. Sin embargo, una gran parte de nuestras ideas se basan en el hecho de que únicamente prestamos atención a aquellas informaciones que confirman y legitiman nuestras ideas, ignorando así, aquellas que no se identifican o son contrarias a lo que nosotros pensamos. Esto es lo que en Psicología se conoce como “Sesgo de confirmación”, una distorsión cognitiva que nos impide percibir objetivamente la realidad y vernos como realmente somos.

El apego a las creencias está muy bien representado por un sencillo cuento que Anthony de Mello nos ofrece:

«…El Maestro había colocado en la biblioteca del monasterio un gran letrero con una calavera y dos huesos cruzados y la siguiente leyenda: “Los libros matan”. Cuando alguien le preguntó el por qué, el Maestro dijo: “Porque los libros engendran ideas, y éstas pueden degenerar en creencias, originando una esclerotización de la mente y una percepción deformada de la realidad” …» 4 Ref.MELLO, Anthony de. Un minuto para el absurdo. Bilbao: Sal Terrae, 2003, p. 177

         El apego a las creencias, en definitiva, hace que nuestra mente razone de una forma distorsionada, sesgada y falsa. Pero además lo más peligroso es que las personas apegadas creen realmente que sus formas de pensar distorsionadas son las únicas verdaderas. Esto, indudablemente, les provoca ansiedad y sufrimiento cuando se enfrentan a un diálogo o a un debate abierto con los demás y comprueban que no pueden confirmar sus percepciones e interpretaciones. Un sufrimiento, que en casos extremos los lleva a una intolerancia y un rechazo absoluto de aquellas personas que piensan o creen de forma diferente. Obviamente se trata de personas egocéntricas, es decir, creen irracionalmente que la realidad, los acontecimientos, así como los pensamientos y sentimientos de las demás personas, únicamente pueden ser interpretados y evaluados en función de lo que ellas piensan y sienten. En consecuencia, cuando se encuentran con alguien que no piensa, razona o siente como ella, pues se decepcionan, se contrarían, se enfadan e incluso se sienten rechazadas e inferiores llegando incluso a la depresión.

         Este tipo de personas también pueden adoptar actitudes contrarias llenas de soberbia, superioridad y con tendencia a la ira. En otras palabras: consideran que su Ego es el centro y la fuente de toda objetividad y de toda verdad, por eso son egocéntricas. Todo lo que perciben, sienten e interpretan pasa por el centro de su Ego y necesariamente manifiestan siempre imperiosos e insaciables deseos de llevar razón. Son incapaces pues de descentrarse, de observar en perspectiva o de contextualizar y por tanto su forma de percibir la realidad, a los demás y a sí mismas está caracterizada por los errores de razonamiento provocados por la centración en su Ego.

         Estos pensamientos erróneos y equivocados que las personas con mentes irracionales y tóxicas producen y automatizan y que finalmente terminan por convertirse en formas estereotipadas y distorsionadas de ver a los demás y de verse a sí mismas, es lo que el prestigioso psiquiatra Aaron Beck ha denominado «errores en el procesamiento de la información» o también «distorsiones cognitivas».

         El prestigioso psiquiatra Aaron Beck (1921-2021) es el creador del denominado «Modelo cognitivo de la depresión», modelo que realizó y desarrolló a partir de numerosas observaciones e investigaciones sistemáticas y experimentales con pacientes depresivos, del cual surgió lo que se conoce hoy en Psiquiatría y Psicología como «Terapia cognitiva conductual» 5 Ref.BECK, Aaron; RUSH, John; SHAW, Brian y EMERY, Gary. Terapia cognitiva de la depresión. Bilbao: Descleé de Brouwer. 2005..

         Este modelo propone tres conceptos para explicar el origen y las causas de la depresión, conceptos que son: (1) la tríada cognitiva, (2) los esquemas, y (3) los errores cognitivos (errores en el procesamiento de la información)

         La tríada cognitiva consiste en tres patrones o tendencias del pensamiento que inducen a las personas a considerarse a sí mismas, su futuro y sus experiencias de un modo muy singular y particular atravesado y caracterizado por la negatividad.

         El primer elemento de esta Triada se caracteriza por la visión negativa de sí mismo. La persona depresiva o con tendencia a la depresión se siente por lo general desgraciada, torpe y de poca valía, atribuyendo sus experiencias desagradables o sus frustraciones a un defecto o una incapacidad personal. De este modo se infravalora y se siente incapacitada para alcanzar alegría, felicidad y paz interior.

         El segundo elemento consiste en interpretar las experiencias que vive de una forma también negativa, creyendo que los demás le hacen demandas exageradas o que existen obstáculos insuperables para alcanzar los objetivos que se ha propuesto.  Acostumbra a interpretar los acontecimientos personales en términos de incapacidad, inutilidad, derrota o frustración

         En cuanto al tercer elemento de la Triada consiste en la visión negativa acerca del futuro. Cuando la persona se embarca en proyectos de largo alcance, generalmente acostumbra a anticipar dificultades y obstáculos inexistentes o sin evidencias, ante lo cual se introduce en estados más o menos intensos de ansiedad. Esta forma de pensar, inevitablemente la conduce también a que sus expectativas sean siempre de fracaso y de sufrimientos interminables.

         Respecto a los esquemas mentales de pensamiento o formas singulares con las que cada individuo procesa y estructura la información procedente del exterior o de su propio interior, las personas depresivas o con tendencia a la depresión consiguen automatizar percepciones absolutamente negativas de lo que les sucede. Así, acostumbran a repetirse a sí mismas recuerdos negativos, experiencias de frustración, sentimientos de decepción, etc, siendo incapaces de valorar sus logros y de generar expectativas positivas.

         Por último, las distorsiones cognitivas o «errores en el procesamiento de la información» son, entre otros, los siguientes:

  • HIPERGENERALIZACIÓN: hacer de un hecho o conducta aislada una regla general.
  • DESIGNACIÓN GLOBAL: utilizar un atributo peyorativo como característica general de la persona.
  • FILTRADO: prestar atención selectiva únicamente a los aspectos negativos sin valorar lo positivo ya sea de uno mismo o de los demás.
  • PENSAMIENTO POLARIZADO: razonar en términos excluyentes y totalizadores, o todo o nada, o siempre o nunca, o blanco o negro, o me gusta o no me gusta…
  • AUTOACUSACIÓN: culparse permanentemente de cosas que no son debidas a uno mismo. Creer que se tiene siempre la culpa de todo, o casi de todo.
  • PERSONALIZACIÓN: creer que todo tiene que ver con uno mismo y compararse negativamente con los demás. Ser incapaz de ver y comprender los hechos, acontecimientos o conductas desde la perspectiva del otro: ausencia total de empatía.
  • LECTURA DE LA MENTE: suponer que uno es despreciado o que no gusta a los demás, sin tener evidencias que lo prueben. Considerar cualquier detalle o aspecto de la conducta de los demás imaginando que desean dañar o perjudicar.
  • FALACIAS DE CONTROL: sentir que se tiene una responsabilidad total sobre todo o todos, o bien sentir que no se tiene control sobre nada, que se es una víctima desamparada.
  • RAZONAMIENTO EMOCIONAL: suponer que las cosas, los hechos y las personas son tal y como uno las siente. Dar prioridad absoluta al sentir del instante que se disfraza y autojustifica como intuición o un supuesto ojo clínico.
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Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ

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One thought on “EL UNIVERSO AFECTIVO (14). El apego a las creencias

  1. Es cierto que las creencias, sean de la índole que sean, responden a la necesidad de llevar siempre la razón, a pesar de que no tienen fundamento racional ni científico, y suelen desembocar en dogmatismos que no aceptan ser cuestionados. Son, por tanto, un insulto al homo sapiens, al ser sustituido por el homo credens.
    De acuerdo que las creencias constituyen una deformación de la realidad, construidas precisamente para configurar una realidad que dé confianza, seguridad y “certeza”.
    El homo sapiens busca la verdad, mientras que el homo credens cree tenerla.

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