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EL UNIVERSO AFECTIVO (16) El apego al poder
Por Juan Miguel Batalloso Navas
L os seres humanos somos seres de relación. De hecho, allí donde no haya relaciones de algún tipo, ya sea con el medio natural mediante la observación o la interacción, como con el medio social mediante los afectos, la comunicación y el diálogo, o con el propio mundo interior subjetivo del sí mismo de cada individuo, ni se puede construir conocimiento, ni puede existir aprendizaje, ni enseñanza, ni formación, ni educación. Los seres humanos somos seres de relaciones multidimensionales y nuestra existencia biológica, material, social, emocional y espiritual, como nos decía Martin Buber «…es el hombre con el hombre… un ser que busca a otro ser concreto, para comunicar con él en una esfera común a los dos, pero que sobrepasa el campo propio de cada uno… la esfera del “entre”…situada más allá de lo subjetivo, más acá de lo objetivo, en el “filo agudo” en el que el “yo” y el “tú” se encuentran…» 1 Ref.BUBER, Martin. Yo y Tú. Madrid: Caparrós. 1993. p. 146-149. En definitiva, los seres humanos existimos y somos conscientes de nuestra existencia, no sólo porque poseamos capacidades de simbolización y comunicación, sino sobre todo porque gracias a ese ese espacio “entre” el yo y el tú, espacio de habla y de escucha, verificamos nuestra existencia. Un espacio que no es otro que el del diálogo entendido como fin que sustantiva y define al ser humano, pero también un diálogo considerado como medio de interacción, de intercambio y de cooperación y sin el cual no es posible la existencia del hecho educativo.
Así pues, nuestra propia existencia como seres biológicos y sociales es una existencia de relación, comunicación, interacción e interdependencia. Sin embargo, en el cotidiano y al mismo tiempo milagroso acto de existir, cuya conciencia emerge también a partir de nuestras relaciones en el denominado «triângulo da vida» 2 Ref.D’ Ambrosio, U. 1998. Citado por MORAES, Maria C. Ecologia dos saberes. Complexidade, transdisciplinariedade e educação.São Paulo: Antakarana WHH-Prolibera, 2008, p. 40 siempre surge el fenómeno del poder. Un fenómeno que se expresa mediante la aceptación o prescripción de normas o procedimientos explícitos o implícitos de mando-obediencia o de resistencia-cooperación, ya sea en forma de control y apropiación de recursos o también como apropiación e imposición de discursos. Mas, ¿cómo definir el poder de una forma sencilla y visible?
Son numerosas las definiciones que se han dado a lo largo de la Historia del término “poder” y está claro que tener poder es lo mismo que tener capacidad para hacer, decir o realizar algo, como así expresan todos los diccionarios de las diferentes lenguas.
Desde un punto de vista psicológico el poder puede ser definido como la capacidad que tiene un individuo o un grupo para influir, condicionar e incluso determinar la conducta de otros individuos o grupos. Una influencia que puede ser directa, indirecta, manifiesta, oculta, intencional o no intencional. Las relaciones de poder atraviesan y se manifiestan en todos los ámbitos de la vida de las personas ya sean estos interpersonales, sociales, económicos, políticos, ideológicos etc. De aquí que podamos hablar de poder personal, social, económico, político e ideológico.
Desde un punto de vista social, lo que caracteriza la existencia y presencia del poder es el hecho de la desigualdad. Así, siempre que constatemos la existencia de una circunstancia, acontecimiento, situación, o una relación en la que esté presente la desigualdad de posibilidades, ya sean estas económicas, culturales, sexuales, de etnia o políticas, podremos establecer con garantías que el poder está presente. Como dice el prestigioso periodista y economista español Joaquín Estefanía:
Lo queramos o no, el poder atraviesa todas las instituciones y relaciones humanas. En consecuencia, todas las relaciones y procesos educativos son de naturaleza política, naturaleza que no solamente procede del propio carácter de las relaciones, sino también del hecho de que todo proceso educativo es en realidad un amplio y continuo proceso de transformación personal y social. Está ligado al desarrollo de la vida humana y por tanto necesariamente comprometido con la mejora de las condiciones materiales de su existencia y con la mejora de la propia condición humana. Al mismo tiempo, sabemos también que ningún tipo de conocimiento se produce en el vacío y está exento de influencias y condicionamientos históricos, sociales, culturales y económicos. No existe pues un conocimiento pedagógico o educativo puro, neutral e independiente de las condiciones históricas, sociales y políticas dadas y heredadas de antemano. Así como tampoco existe un curriculum o una metodología pedagógica o didáctica neutral o que no esté afectada o motivada por el paradigma civilizatorio dominante.
Por tanto, y dado que el binomio individuo-sociedad es inseparable del binomio mente-cultura, lo queramos o no, siempre nos vamos a encontrar con relaciones de poder que expresan posiciones y situaciones de igualdad-desigualdad, de mando-obediencia o de superioridad-inferioridad. Esto se puede constatar con suma claridad en las organizaciones, que por lo general siempre están profundamente jerarquizadas estableciendo normas, procedimientos y roles mediante los cuales unos individuos obedecen y otros mandan o controlan. Esta es la razón por la que creo que efectivamente como dice el economista y periodista Joaquín Estefanía, toda relación de poder siempre se basa en una situación de desigualdad previa o permanente que mantiene y sostiene esas relaciones.
No obstante, las relaciones de poder también se manifiestan en las relaciones personales, en la medida en que las actitudes egocéntricas y egolátricas por lo general conducen a imponer criterios, normas, deseos, ambiciones y opiniones a los demás. La conciencia de que se tiene poder personal o influencia sobre la conducta de los demás, siempre va asociada a la sensación de superioridad y de confianza en uno mismo y dado que esta sensación genera seguridad y certidumbre, los individuos con poder personal tienden siempre a mantener posiciones de superioridad. En el fondo y como nos dijo Erich Fromm, los individuos que ambicionan el poder siempre poseen mayores o menores dosis de temor, miedo y ansiedad a ser descubiertos en sus debilidades o a ser ridiculizados o humillados por los demás. Este miedo irresoluble procede de la angustia del complejo de inferioridad que los lleva finalmente a adoptar posiciones autoritarias, dogmáticas, de control de la conducta de los demás y en definitiva de ambición por el poder. Así comienzan los denominados comportamientos sádicos que son los que consisten en infligir daño a los demás con tal de hacer patente la superioridad y el poder. Este es el caso, por ejemplo, del recientemente elegido presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuya ejecutoria nos está poniendo de manifiesto que desea y ambiciona fervientemente convertirse en el emperador del mundo y convertir a todos los habitantes del planeta en siervos y súbditos.
Siguiendo las aportaciones del prestigioso politólogo David Easton (1917-2014), la existencia y mantenimiento de relaciones de poder requiere de la posesión de un conjunto de medios o recursos, así como de diversas estrategias de imposición 4 Ref.EASTON, David. Esquema para el análisis político. Buenos Aires: Amorrortu, 1969. Entre los medios, caben destacar los medios físicos y los simbólicos. Los medios físicos están constituidos por el propio cuerpo; los recursos materiales y económicos de los que se dispone, las armas o cualquier instrumento o procedimiento de castigo o agresión. Los medios simbólicos son aquellos que tienen que ver con la cultura social dominante, como el lenguaje, las creencias, el dinero, el estatus social, la posición en la jerarquía de poder, atributos, etc.
En cuanto a las estrategias de imposición y mantenimiento de posiciones de poder se encuentran:
- Todas las formas de agresión (intimidación, coacción, castigo, maltrato, tortura, homicidio).
- Las formas de seducción.
- La manipulación (engaño, soborno, intriga).
- La imposición de normas morales, jurídicas o administrativas y culturales.
- La transacción (negociaciones, alianzas, intercambios).
A partir de estas aportaciones de Easton referidas a las organizaciones, podemos establecer que los individuos que disponen de poder personal poseen medios y recursos, ya sea en forma de capacidades físicas, psicológicas o sociales, así como también disponen de estrategias para ejercer su poder. Así pues, los individuos con poder personal disponen de altas dosis de autoestima, autoconfianza y capacidades para seducir, convencer e influir en los demás. Pero a su vez y dada su tendencia al narcisismo, la megalomanía o su creciente egocentrismo, acostumbran a minusvalorar o a despreciar las opiniones ajenas incapacitándose así para el ejercicio de la empatía. Paradójicamente este tipo de personas que disponen de poder personal, asumiendo y aplicando estrategias de control, mando e imposición y dotándose de todo tipo de medios, lo hacen para obtener seguridad, certidumbre, estabilidad y bienestar personal. Sin embargo, y a medida que van desarrollando actitudes autoritarias y de control de la conducta de los demás, se alejan de actitudes empáticas y de comprensión humana por lo que vuelven a sentirse rechazados, aislados, inseguros y temerosos, con lo cual refuerzan aún más sus actitudes autoritarias y sus comportamientos sádicos.
Las personas con apego al poder tratan siempre de controlar la conducta de los demás, o imponen criterios y deseos derivados de su necesidad de mantener y reproducir su poder económico, político o ideológico. Se trata de personas que por lo general están inmersas en ciclos de bienestar y malestar que se retroalimentan y se manifiestan en conductas de mayor control, dominio e imposición, utilizando para ello todos los recursos y estrategias a su alcance.
Una consideración de sumo interés para analizar los comportamientos de los individuos apegados o aferrados al poder es la que nos ofrecen los psicólogos sociales John French y Bertrand Raven, al describir diversos tipos de poder en los individuos y en las organizaciones. Para estos autores, existen diversos tipos de poder entre los que se encuentran 5 Ref.FRENCH, John; RAVEN, Bertrand. The Bases of Social Power. Universidad de Michigan, 1959. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/215915730_The_bases_of_social_power :
- Poder coercitivo: o poder imponer sanciones, castigos, amenazas. Social y políticamente este es poder que utilizan los Estados para controlar a la población y hacer cumplir leyes y normas. Individual o personalmente es el poder de infligir daños, agresiones o amenazas a otra persona, poder que obviamente se basa en la arbitrariedad y el sadismo.
- Poder de recompensa. Es la capacidad de ofrecer refuerzos positivos bien para producir cambios en la conducta de los individuos o para estimular, reforzar y asegurar su comportamiento. En las organizaciones este poder se utiliza otorgando premios y reconocimientos. En los individuos este poder se usa para reforzar conductas mediante adulación, regalos, promesas etc. En el comportamiento sádico de los individuos apegados al poder acostumbran a utilizarse las recompensas con los castigos, agresiones o amenazas. En las conductas de violencia machista o de género, es bastante habitual esta combinación.
- Poder legítimo. Socialmente el poder legítimo es aquel que deriva de las leyes y normas establecidas de obligado cumplimiento. Desde un punto de vista psicológico, personal o individual, no existe formalmente un poder legítimo que obligue a someter, imponer o hacer que otra persona satisfaga nuestros deseos o siga nuestros criterios. No obstante, determinados sistemas de creencias y las normas morales que se derivan de ellos, presuponen que existen poderes legítimos en las relaciones personales. Así por ejemplo, en el Antiguo Testamento de la Biblia, ya en el Génesis se dice «… A la mujer le dijo: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará”…». Lo cual obviamente y en el siglo XXI, es una completa aberración.
- Poder de experto. Es el que deriva de las capacidades, talentos, competencias y habilidades de una persona en un determinado ámbito de las profesiones o el conocimiento. Ejercido de una forma apegada significa que el experto se considera a sí mismo infalible e inapelable y que por tanto no admitirá la crítica, el juicio o la opinión de alguien ajeno a su ámbito de conocimiento o profesión. Esta conducta se da hoy con cierta frecuencia en profesores especializados o incluso en profesionales de la medicina, lo cual es sin duda una estrategia para defenderse del intrusismo en su profesión o del miedo a la desautorización, ignorando así que hoy, cualquier individuo puede acceder a numerosas fuentes de información y contrastar de forma eficiente las orientaciones que cualquier especialista les ofrezca.
- Poder de referente. Es la capacidad de influir en la conductas y creencias de otras personas en función de la admiración, reverencia y adhesión que estas le muestran o profesan. La importancia de este tipo de poder social se refleja en el hecho de las alianzas que establecen las organizaciones políticas y los gobiernos con los poderes religiosos o con figuras de gran fama y prestigio con el fin de dar legitimidad y generar consenso social en torno a las medidas políticas que se adoptan. Las personas apegadas a este poder tienen la tendencia a considerarse iluminadas o dotadas de cualidades extraordinarias o supuestamente divinas y por tanto creen que lo que sienten, piensan, dicen y hacen es siempre la verdad, dada la iluminación de la que creen que están dotadas. Obviamente y aunque predican la humildad, no son para nada humildes y en el fondo, aunque prediquen también la fraternidad no son ni empáticas ni comprensivas dado que se alimentan de dogmas, falsas creencias y un sentimiento de superioridad que las aleja de la vida real y de los demás. A su vez las personas que les siguen, obedecen y admiran son incapaces de relativizar y cuestionar sus mensajes, de dudar de sus orientaciones o de ejercer de forma autónoma un pensamiento racional y crítico dado que en el fondo se guían exclusivamente por emociones.
- Poder de información. Este poder consiste en hacer uso de la información de la que se dispone para manipular, controlar o influir en la conducta de los demás. Socialmente este poder generalmente está en manos de grandes grupos empresariales de comunicación que son los que dirigen, controlan y regulan lo que debe o no ser conocido por la mayoría de la población o la ciudadanía, poder que obviamente obedece y se somete a los intereses ocultos o manifiestos de los propietarios de dichas empresas. Personal y psicológicamente las personas apegadas a este poder son aquellas que se obsesionan con acumular información y datos para hacer valer su autoridad o su prestigio ante los demás. O también aquellas que manejan la información de la que disponen controlando los tiempos y las secuencias de su distribución con el fin de manipular o influir en las creencias, opiniones y valoraciones que los demás hacen de ellas.
Tras lo expuesto, no cabe ninguna duda de que el apego al poder, tanto en su uso como en su abuso, causa efectos perversos y dañinos tanto en las personas que ejercen el poder como en las personas que obedecen y se someten a él. La Historia de la Humanidad está repleta de acontecimientos protagonizados por personas, dirigentes y líderes sociales y políticos apegados al poder. Un poder, que, aunque se proclame como instrumento para servir a la ciudadanía, en un gran número de ocasiones, por no decir en casi todas, se comporta como un fin en sí mismo que debe ser reproducido, mantenido y eternizado. Las personas apegadas al poder son aquellas que se consideran indispensables, insustituibles y a menudo infalibles y es esta falsa creencia o esta distorsión cognitiva la que los lleva a mantener y conservar el poder a toda costa utilizando para ello todos los medios y recursos que sean necesarios. Se trata por tanto de personas incapaces de razonar objetivamente y de comprender la complejidad de los hechos humanos y sociales, así como también de razonar éticamente o en base a valores éticos universales, dado que lo único que les interesa por encima de todo es seguir ocupando el poder indefinidamente.
En el libro “La Paradoja del poder: cómo ganamos y perdemos influencia”, de Dacher Keltner, se describe el fenómeno de “la paradoja del poder”’ como:
En definitiva, “podemos” efectivamente concluir afirmando el ya clásico aserto sobre el poder: “EL PODER CORROMPE Y EL PODER ABSOLUTO CORROMPE ABSOLUTAMENTE“


Juan Miguel Batalloso Navas, es Maestro de Educación Primaria y Orientador Escolar jubilado, además de doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, -España–.
Ha ejercido la profesión docente durante 30 años, desarrollando funciones como maestro de escuela, director escolar, orientador de Secundaria y formador de profesores.
Ha impartido numerosos cursos de Formación del Profesorado, así como Conferencias en España, Brasil, México, Perú, Chile y Portugal. También ha publicado diversos libros y artículos sobre temas educativos.
Ha sido miembro del Grupo de Investigación ECOTRANSD de la Universidad Católica de Brasilia y pertenece al Consejo Académico Internacional de UNIVERSITAS NUEVA CIVILIZACIÓN, donde ofreció el Curso e-learning: ‘Orientación Educativa y Vocacional’.
En la actualidad, casi todo su tiempo libre lo dedica a la lectura, escritura y administración del sitio KRISIS cuya temática general está centrada también en temas educativos y transdisciplinares. Su curriculum completo lo puedes ver AQUÍ
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